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El niño y la ballena

01YUKO

Yuko vivía en una aldea japonesa cuyos habitantes capturaban ballenas.

También el papá de Yuko las capturaba.

Un día, Yuko le preguntó a su papá:

—Papá, ¿por qué matas ballenas?

—Porque capturar ballenas es la única cosa que sé hacer —le contestó su padre.

Pero Yuko no lo entendió, así que fue a ver a su abuelo y le preguntó:

—¿Por qué mi papá mata ballenas?

—Tu padre hace lo que debe —contestó el abuelo—. Déjalo en paz y pregunta al mar.

Entonces, Yuko, se fue al mar. Allí, pequeñas criaturitas de diferentes especies se pusieron a nadar entre sus piernas.

De pronto, vio una ballena varada sobre la arena, entre las piedras. La ballena estaba muy asustada y sin fuerzas; solo podía girar los ojos, grandes como las manos de Yuko…

Yuko comprendió que la ballena no podría vivir mucho tiempo fuera del agua.

—Intentaré ayudarla —dijo el niño.

¿Pero cómo? ¡La ballena era grande como una montaña!

Yuko corrió hacia el agua. En la orilla, llenó su cubo y empezó a echar agua sobre la enorme cabeza de la ballena.

—¡Tú eres tan grande y yo soy tan pequeño y débil! —se quejó— ¡Pero te echaré mil cubos de agua y no pararé!

Yuko iba y venía con los cubos llenos. Echaba cubos de agua sobre el cuerpo de la ballena, cuatro sobre la cola y tres sobre la cabeza.

Muchas, muchas veces llenó Yuko el cubo. Le dolían los brazos y la espalda, pero siguió echando agua sobre la ballena hasta que, finalmente, se cayó y ya no pudo levantarse porque las piernas no lo sostenían.

De repente, sintió como su abuelo lo recogía y lo ponía a la sombra de una roca.

—Ya has trabajado bastante, pequeño, ahora deja que te ayudemos.

Y en aquel momento, Yuko escuchó unas voces. Era su padre y la gente del pueblo, que llegaban corriendo a la orilla. Todos llevaban cubos, baldes, barreños, o cualquier otra cosa que sirviera para transportar agua.

Algunos cogieron su ropa, la empaparon y la pusieron sobre el cuerpo de la ballena. Muy pronto, el cuerpo de la ballena estuvo completamente mojado.

Poco a poco, el nivel del mar fue subiendo hasta que cubrió por completo la gran cabeza de la ballena y Yuko, entonces, supo que estaba a salvo.

El padre de Yuko estaba a su lado:

—Gracias, papá, por haber traído a todos los habitantes del pueblo para ayudarme —le dijo Yuko.

—Eres un chico fuerte y valiente —contestó su padre— pero para salvar una ballena, se necesitan muchas manos.

Mientras tanto, la ballena esperaba a que las olas avanzaran. Una gran ola cubrió la roca. La ballena aguardó pacientemente hasta que, por fin, sacudió la cola y nadó hacia el mar.

En silencio, los pescadores la observaron hasta que se alejó de la costa. Después, todos regresaron al pueblo.

En el camino de vuelta a casa, el pequeño Yuko se quedó dormido en brazos de su padre. Había transportado mil cubos de agua y estaba muy cansado.

FIN

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Comments

  1. ¡Enternecedora historia! No la conocía pero me ha encantado, tiene una bella moraleja detrás. Al leerla he comprendido la necesidad de algunas tribus o personas que se dedican a la caza de animales simplemente por tradición o porque no tienen otro medio de subsistencia. Y eso no quiere decir, ni mucho menos, que no respeten la vida de esas especies, sino que simplemente es su único medio para sobrevivir.

    Gracias por compartir la historia de Yuko. Un valiente muchacho que contra viento y marea, y frente a tradiciones sociales y adversidades naturales, es capaz con su empeño y valentía de salvar a la ballena.

    Felicita de nuevo a sus autores, una vez más ¡chapeau! Besos. 😉

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