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Un dragón en la cocina

01_Fru_Castellano

Bartolomé Adalberto Fructuoso del Churrusco y Quequemo VI era, como su nombre indica, el sexto de su linaje que llevaba este nombre. Solo los primogénitos más feroces de esta saga de dragones, que desde hacía siglos aterrorizaban la región de Pantagualago, lo habían llevado. La familia de dragones Churrusco y Quequemo era la última que quedaba en la tierra.

Al pobre dragón le pesaba tanto su nombre, que había decidido, en contra de la voluntad de toda su familia, que lo llamaran Fru.

Fru vivía con su madre, su padre, sus cuatro abuelos, sus ocho bisabuelos y catorce de sus dieciséis tatarabuelos, ya que dos de ellos habían decidido mudarse a la playa. Eran ya muy ancianos y el clima húmedo de Pantagualago era muy perjudicial para su reuma. Habitaban todos juntos en un inmenso castillo que había pertenecido a la familia desde ya nadie recordaba cuándo.

Como único heredero de tan rancia estirpe, Fru era educado por los mejores maestros de la zona, que le enseñaban las técnicas más depuradas del control del fuego, de los bramidos más espantosos, del vuelo en picado y, en fin, de todas aquellas habilidades en las que se espera que destaque un buen dragón.

Pero aunque Fru se esforzaba muchísimo por contentar a su familia, no había forma de que aprendiera a ser un dragón perfecto. En lugar de una terrible llamarada, de su nariz solo salía un pequeño chorro de fuego, claramente insuficiente para reducir a cenizas un bosque o un pueblo entero; en lugar de un bramido terrorífico, de su garganta salían alegres gorgoritos que más que aterrorizar a la gente la hacía reír. Y el más grande de los problemas: se mareaba al volar. En cuanto empezaba a alejarse del suelo y miraba hacia abajo, su piel pasaba del verde brillante al rosa pálido, a su alrededor todo daba vueltas y lo máximo que había conseguido era elevarse cuatro palmos del suelo antes de caer.

Y es que eso de ser un dragón normal, a Fru no le hacía ni fú ni fa. Él no quería quemar ni aterrorizar y muchísimo menos aún quería volar, por mucho que todos los Bartolomés Adalbertos Fructuosos del Churrusco y Quequemo de su estirpe lo hubieran hecho durante siglos antes que él. Lo que más deseaba en el mundo Fru era ser cocinero.

Cuando la noticia llegó a oídos de la familia, se armó un jaleo espantoso y más de una nariz empezó a echar llamaradas de indignación. Su madre, su padre, sus cuatro abuelos, sus ocho bisabuelos y catorce de sus dieciséis tatarabuelos trataron de convencerlo de que su idea era peregrina. Incluso los dos tatarabuelos que vivían en la playa fueron a visitar a Fru para intentar razonar con él. Nada de lo que le dijeron sirvió de nada. Después de haberlo meditado mucho, Fru había tomado una decisión y nada ni nadie podían hacerlo cambiar de idea.

A la mañana siguiente, después de despedirse de toda la familia, se dirigió hacia la ciudad y allí pidió trabajo en una salchichería. Con el fuego que salía de su nariz, en lugar de quemar bosques y pueblos, asaba las más deliciosas salchichas con queso y lechuga que nadie hubiera probado jamás. Y aquella salchichería, con su súper fruchicha especial, se convirtió en la más famosa del mundo.

Su madre, su padre, sus cuatro abuelos, sus ocho bisabuelos y sus dieciséis tatarabuelos no tuvieron más remedio que reconocer que Fru había tomado una decisión muy acertada, así que, siguieron su ejemplo y dejaron de aterrorizar a los habitantes de la región de Pantagualago, se trasladaron con Fru a la ciudad y todos se pusieron a asar salchichas.

A partir de entonces, no se han vuelto a ver dragones sobre la faz de la tierra, pero sabemos que aún existen porque hay salchicherías y en cada una de ellas se esconde un dragón cocinero.

FIN

Reader Interactions

Comments

    • 😀 😀 ¡A este paso me alcanza y os quedáis sin cuentos que leer! Suerte que muchas veces piden volver a escuchar algunos.
      ¿Así que le ha gustado de verdad? ¡Qué contentaaaaaaaaa! Este lo escribí yo y si le ha gustado a él, estoy más que orgullosa, porque los niños son los críticos más exigentes.

      • ¿Lo escribiste tú? Pues valdrá menos, pero a mí también me gustó, anoche mientras lo leía pensaba “Jo, este podría ser uno de los 9”, está muy bien. Sin saber quién lo había escrito, porque son tan impacientes que no me dejan entrar en ‘Quién escribe e ilustra’, jejeje. Al final se quedó ahí, iba a leer el de la Gallina Guillermina y el otro de Barni, pero se pusieron a dar guerra y a no hacer caso y les mandé a dormir (tras tres avisos, jeje). Esta noche quizá! 😉 Besitos martes.
        PD. Eres toda una artista. Me encantan tus cuentos. Los tuyos propios, me refiero.

        • No, ese no es uno de los seleccionados para el libro, pero lo apunto por si hay un segundo.
          😀 😀 Bueno, tu opinión vale un poco menos, pero ¡también es muy valiosa! El de Guillermina también es mío. Si en la parte derecha del blog filtras por categorías puedes leer los “Cuentos de Martes de cuento.” Un abrazo inmenso.

  1. ¡Hola!

    ¡Qué cuento más divertido! Fru es un dragón superadorable:) Voy a tener que pasarme por su salchichería para probar esas deliciosas salchichas con queso y lechuga:p

    Un beso.

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