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¡Qué cochinada!

01_Celso

La mayor parte del tiempo, Celso estaba solo. Deseaba tener amigos, pero era imposible invitar a nadie a su casa.

¿Por qué?

La verdad es que se sentía avergonzado. Su familia era muy holgazana y muy sucia. No limpiaban nunca la casa, no barrían nunca el suelo, no fregaban los platos y no hacían las camas. Se bañaban solo una vez al año; ¡y eso si no tenían más remedio!

La casa estaba tan sucia que era incluso peligroso andar por ella. Celso siempre resbalaba con los juguetes, que nunca estaban en su lugar. En la familia siempre había alguien enfermo o herido.

Los padres de Celso no se ocupaban de nada. La mayor parte del tiempo se la pasaban durmiendo.

Cada mañana, Celso se levantaba temprano y se marchaba al colegio. Sus hermanos todavía dormían, se levantaban siempre muy tarde y luego, en el último momento, saltaban de la cama y corrían detrás de Celso hacia la escuela, sin ducharse y sin coger el desayuno.

El maestro siempre les decía a los hermanos de Celso que se sentaran aparte. Eran, simplemente, sucios y malolientes, incluso podría decirse que eran unos puercos. A Celso le hubiera gustado que sus hermanos cambiaran, aunque solo fuera un poco, pero eso parecía imposible.

Un día, en clase tenían que pintar un dibujo. Podían pintar lo que quisieran y Celso decidió pintar un arcoíris.

Trabajó mucho en el dibujo y al terminar, el arcoíris de Celso era el dibujo más bonito de todos. El maestro lo enseñó a toda la clase y le dio el primer premio.

—¡Lo has hecho muy bien!

Celso no estaba acostumbrado a los premios y sintió un poco de vergüenza.

—No es tan bueno -dijo, intentando no darle importancia.

Pero estaba muy contento de su éxito. «¿Qué dirán mamá y papá?», se preguntó mientras caminaba con su dibujo hacia casa.

Para su sorpresa, en casa quedaron muy impresionados:

—¡Mirad esto! ¡Tenemos un auténtico artista en la familia! -dijo su papá con orgullo.

—Es el arcoíris más bonito que he visto nunca —añadió la mamá de Celso.

El abuelo asintió con la cabeza y dijo que aquel dibujo era obra de un artista.

—Lo colgaremos aquí, en esta pared —dijo el padre.

—¡Mmmm!… no sé… —intentó decir Celso, pero su papá añadió con firmeza:

—No seas vergonzoso, hijo mío, ¡todo el mundo tiene que ver el dibujo!

Cuando el dibujo ya estuvo colgado, Celso lo miró:

—¿No creéis —dijo bajito— que quedaría mucho mejor si la pared estuviera un poco más limpia?

—Probablemente, hijo mío, —dijo el padre— Tal vez tengas razón. Intentaré limpiar la pared.

El papá de Celso empezó a fregar la sucia pared con agua y jabón.

—¡Mirad! —exclamó— ¡Hay papel pintado debajo!

—Y es muy bonito —dijo la mamá.

Después, Celso le dijo a su padre:

—Gracias por limpiar la pared. La verdad es que ahora el cuadro se ve mejor.

—¡Cierto! Y es que un cuadro bonito como este, necesita un lugar bonito. Pero ahora que la pared ya está limpia, no está bien que el suelo esté sucio. Tal vez deberíamos hacer algo con esta paja vieja.

—¡Dejadme a mí! —interrumpió el abuelo— hace ya cincuenta años que quiero cambiar la paja y no encontraba el momento. Ahora tengo un buen motivo para hacerlo.

Y sacó la paja vieja y puso de limpia por todos sitios.

Toda la familia estuvo de acuerdo en que el cuadro de Celso lucía mejor en un entorno limpio.

—¡Pero nos hemos olvidado de las cortinas! —dijo la mamá de Celso— ¡No podemos dejarlas así! Las limpiaré.

Las descolgó y las llevó al lavadero para lavarlas. Necesitaron mucha agua y mucho jabón y, como había tanta espuma, algunas burbujas los salpicaron. Esto gustó tanto a la familia que, de repente, todos se metieron en el lavadero para tomar un baño de espuma. Pasaron toda la tarde bañándose y jugando, gritando y riendo.

Ahora Celso se sentía bien. Incluso invitó a algunos de sus amigos de clase a su casa. Su mamá les dio galletas y su papá sacó su vieja armónica y tocó bonitas canciones. También el abuelo jugó con ellos. Los amigos de Celso quedaron encantados con la familia y Celso estuvo de acuerdo con ellos.

Desde ese momento, la vida de Celso y de su familia fue muy agradable. Animado por sus padres, fue a clases de dibujo para desarrollar su talento. La madre, el padre el abuelo, e incluso sus hermanos mantuvieron la casa limpia y ordenada – y ellos también se mantuvieron limpios. Solo, de vez en cuando, retozaban en el barro y Celso también retozaba con ellos.

FIN

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Comments

  1. Cada semana me sorprendes con un cuento a cual más bonito. Éste tiene un trasfondo precioso y me quedo con el mensaje de que la belleza y el arte puede existir dónde menos esperamos. Y lo bueno de ésta es que es contagiosa, tal como pasó con el cuadro de Celso, que cambió su mundo y el de los que le rodeaban.

    Felicita nuevamente a quienes han creado este maravilloso relato. Muchísimas gracias por compartirlo. Un beso muy, muy fuerte. 🙂

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