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¡Es la pura verdad!

01_gallinas

Ilustración: Juliana Daniluski

—¡Es una historia espantosa! —decía una gallina desde el extremo de la ciudad donde no había ocurrido la historia—. ¡Es una historia espantosa la de ese gallinero! ¡Yo no me atrevo a dormir sola esta noche! ¡Menos mal que somos varias en cada percha!

Y la contó de tal manera, que a las demás gallinas se les pusieron las plumas de punta y al gallo se le bajó la cresta de golpe. ¡Es la pura verdad!

Pero empecemos por el principio; que aconteció en un gallinero en el otro extremo de la ciudad. El sol bajaba y las gallinas subían; una de ellas, de plumas blancas y patas cortas, ponía su huevo reglamentario y, como gallina, era respetable en todos los sentidos, pero al subir a su percha se atusó con el pico y perdió una pluma.

—¡Allá va! —exclamó—. ¡Cuanto más me desplumo, más guapa me pongo!

Lo dijo en broma, siendo como era la bromista del gallinero y por lo demás, como ya se ha dicho, muy respetable. Y después de decir esto se quedó dormida.

Reinaba la oscuridad, las gallinas descansaban unas junto a las otras y la que estaba a su lado no dormía. Escuchaba y no escuchaba, como hay que hacer en esta vida para poder vivir en paz y tranquilidad. Sin embargo, no pudo evitar decir a su vecina:

—¿Has oído eso? No miro a nadie, pero ¡cierta gallina quiere desplumarse para estar más guapa! ¡Si yo fuera gallo la despreciaría!

Encima de las gallinas estaba la lechuza con su lechuzo y sus lechucitos. En esa familia todos andaban muy finos de oído y oyeron todas y cada una de las palabras de la vecina. Bizquearon y la lechuza madre se abanicó con las alas:

—¡No escuchéis! ¿Habéis oído lo mismo que yo? Lo he escuchado con mis propios oídos. ¡Lo que hay que oír! Una de las gallinas ha olvidado hasta tal punto lo que se espera de una gallina ¡que se está arrancando todas las plumas mientras el gallo la mira!

—Prenez garde aux enfants! —dijo la lechuza padre—. ¡Éstas no son cosas para niños!

—¡Esto tengo que contárselo a la lechuza de al lado! ¡Es tan honorable!

Y la madre emprendió el vuelo.

—¡Uh, uh! ¡Uhuh! —ululaban las dos en el palomar vecino a las palomas—. ¿Habéis oído? ¿Habéis oído? ¡Uhuh! ¡Hay una gallina que se ha arrancado todas las plumas por el gallo! Se está muriendo de frío, ¡eso si no está muerta ya, uhuh!

—¿Dónde? ¿Dónde? —zureaban las palomas.

—¡En casa del vecino! ¡Prácticamente lo he visto con mis propios ojos! ¡Es una historia casi indecente! ¡Pero es la pura verdad!

—¡Cierto, cierto, palabra por palabra! —dijeron las palomas, y bajaron zureando a su gallinero—. Hay una gallina, bueno, hay quien dice que son dos, que se han arrancado todas las plumas para no ser como las demás y así llamar la atención del gallo. Es un juego arriesgado, podrían acatarrarse y morir de fiebres, ¡y ya están muertas las dos!

—¡Despertad! ¡Despertad! —cantaba el gallo mientras subía volando a lo alto de la valla con el sueño aún pegado en los ojos; pero aun así cacareo—: ¡Tres gallinas han muerto de amor no correspondido por un gallo! ¡Se habían arrancado las plumas! Es una historia repugnante y yo no quiero quedármela, ¡que circule!

—¡Que circule! —gemían los murciélagos, y las gallinas cacareaban y los gallos cantaban:

—¡Que circule! ¡Que circule!

Y la historia corrió como la pólvora de gallinero en gallinero hasta que al final regresó al lugar del que había salido.

Hay cinco gallinas —se decía ya— que se han arrancado todas las plumas para ver cuál de ellas había adelgazado más por amor al gallo, y después se han dado de picotazos hasta sangrar y caer muertas, ¡para vergüenza y oprobio de sus familias y enorme perjuicio de su dueño!

La gallina que había perdido la pluma, como es natural, no reconoció su propia historia y, como era una gallina respetable, comentó:

—¡Siento desprecio hacia esas gallinas! ¡Pero hay muchas como ellas! No debemos pasar por alto algo así, y yo pondré de mi parte para que esta historia salga en los periódicos y recorra el país. ¡Se lo tienen merecido esas gallinas, y con ellas, sus familias!

Salió en el periódico y se imprimió en letras de molde, y es la pura verdad: ¡una pluma puede acabar convirtiéndose en cinco gallinas!

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “¡Es la pura verdad!” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. Historias como ésta llegan todos los días a nuestros oídos.En cada uno de nosotros está el saber tomárselas a risa o en serio, yo al menos con la vuestra me he reído un montón. 🙂 🙂

    Lo que es curioso es que por muchos siglos que transcurran nunca se pasará de moda el “chismorreo”; de hecho, está implantado en nuestra sociedad como el deporte nacional (por detrás del fútbol claro). Siempre habrá bulos y leyendas urbanas circulando a su campar de boca en boca. Así que hay que circular por la vida con el piloto del “sentido común” puesto todo el tiempo.

    Felicidades por esta divertida y realista historia. Un beso muy fuerte.

    • Como tú dices, siempre habrá estas historias, porque cada receptor interpreta los hechos a su manera y a todos nos encanta escuchar “cuentos”.
      Lo que es de verdad importante, es que sepamos detener a tiempo los rumores dañinos, los que pueden hacer daño o provocar sufrimiento a los demás y, sobre todo, que los niños aprendan a hacerlo con el ejmplo de cuentos como este.
      Mayko, muchas gracias por leernos y muchas gracias por tus comentarios, que siempre nos hacen reflexionar y nos enriquecen un montón.
      ¡Un abrazo!

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