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Cuando lloro, llueve

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Ilustración: Travis King

Cuenta una antigua leyenda que las lágrimas que se escapan de nuestros ojos, aunque parece que caen, en realidad, vuelan. Se elevan hacia las nubes y desde allí, en forma de lluvia, regresan a la tierra y nos mojan cada vez que una nube llora sobre nosotros.

Según el motivo de nuestro llanto, las lágrimas son atraídas por uno u otro tipo de nubes. Así, que solo tenemos que estar atentos cuando vemos llover para saber qué lágrimas han provocado la lluvia.

La lluvia que cae después de una sequía está provocada por lágrimas de felicidad. Las que vertemos, sin saber exactamente por qué, cuando nos sentimos muy bien. Las podemos reconocer porque suelen hacer cosquillas en la nariz y nos hacen ver borroso.

Las lágrimas de risa, las que salen mezcladas con carcajadas y hacen que nos sujetemos la barriga para no partirnos por la mitad, provocan las lluvias de verano y suelen llegar acompañadas de un arcoíris multicolor. Duran poco y estallan con fuerza contra el suelo, rompiéndose en miles de gotitas que lo salpican todo y refrescan lo que tocan.

La lluvia que cae con furia, golpeando sobre el tejado o repiqueteando en los cristales, aquella que viaja a lomos de truenos y rayos, está provocada por lágrimas de rabia. Estas lágrimas se reconocen fácilmente, porque hacen mucho ruido. Son las que nos salen cuando estamos muy enfadados. Cuando van acompañadas de muchos gritos, es seguro que estamos fabricando una gran tormenta que durará toda la noche o incluso varios días.

También está la lluvia que cae tan despacito que dirías que flota, la que parece que no moja, pero que acaba empapándonos. Esa, está provocada por las lágrimas de pena o de dolor, aquellas que se nos acumulan en la garganta formando un nudo que parece que quisiera ahogarnos y después resbalan por las mejillas sin que podamos hacer nada por evitarlo.

Y, finalmente, están las lágrimas que no se pueden llorar. Esas son las peores, porque se lloran por dentro y como no pueden volar hacia las nubes, se quedan estancadas dentro de nosotros y son las que forman los desiertos.

De entre todos los desiertos más desiertos de nuestra Tierra, existió uno al que las nubes nunca iban. Un árido desierto en el que el implacable sol quemaba el suelo desnudo con sus inmisericordes rayos y en el que parecía que la vida no hubiera existido jamás. En medio de ese desierto vivía el hombre que no sabía llorar.

Habitaba una casa llena de polvo, con muebles llenos de polvo, comida llena de polvo y días llenos de polvo. Aquel hombre nunca había sido feliz, nunca se había reído, nunca se había enfadado y nunca había estado triste, porque aquel hombre no sentía. Vivía lejos de todo y de todos y nadie, ni siquiera las nubes, había oído hablar de él.

Aquel hombre solo lloraba por dentro y, cuanto más lloraba más grande hacía el desierto que lo rodeaba. Desde que se levantaba hasta que se acostaba, lo único que hacía era barrer y barrer su casa y sacar el polvo a los muebles. No descansaba nunca, porque aún no había terminado de limpiar, cuando ya todo volvía a estar cubierto de polvo y tenía que volver a empezar de nuevo, y como lo que hacía no servía de nada, lloraba y lloraba por dentro y su vida era cada vez más y más inútil y más y más polvorienta.

Un día, al mirar por la ventana, vio que en el patio trasero se había acumulado una gran montaña de arena, así que decidió salir a barrer. Al abrir la puerta, provocó una ráfaga de aire que levantó un remolino de polvo. Un diminuto granito de arena fue a parar dentro de su ojo derecho y, por primera vez en su vida, lloró.

Una solitaria lágrima resbaló por su polvorienta mejilla y voló hacia el cielo formando una nube casi transparente. El hombre se rascó el ojo y al hacerlo, brotó un río de lágrimas que salió volando y fue a reunirse con la primera. Muy pronto se formó una gran tormenta. Las nubes se arremolinaron sobre la casa del hombre que no sabía llorar y empezó a llover y a llover. El agua cayó durante un mes entero y limpió a su paso todo el polvo acumulado durante años. Por primera vez también, el hombre fue feliz, y entonces lloró de felicidad; con su llanto aprendió a sentir; y al sentir, el desierto empezó a florecer a su alrededor.

FIN

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Comments

  1. Casualidades de la vida…No hace mucho le explicaba a mi hija que, como su mama, es de lágrima fácil y la criticaran en el cole por ello, que llorar permite que nuestro corazón no se ahogue. Y que si sabemos cuando llorar, no deberiamos avergonzarnos de ello. Pero lo cierto es que el llanto está mal visto, incomoda a quien no acostumbra a valerse de él, pese a que junto a la risa es la mejor medicina para mantener sano el corazón. Me ha encantado la historia porque expresa exactamente lo que le contaba a Victòria con el añadido de la magia y la poesia a la que nos tienes acostumbrados. Gracias Martes por tu dedicació dentro y fuera del Blog!! Besazo

    • Cierto, Bruji, es necesario que los sentimientos afloren, incluso las lágrimas, porque si no lloramos somos como un inmenso pantano, que si de vez en cuando no abre sus compuertas acaba por reventar. Llorar no es malo cuando es necesario. ¡Abrazos!

  2. “Un día, dijo la lágrima a la sonrisa:
    Te envidio porque te veo siempre feliz!
    La sonrisa respondió:
    Te equivocas, porque muchas veces yo soy el disfraz de su dolor!”

    (Lo siento por mi español no es muy correcto)

    • Tu español es casi perfecto. Yo sólo cambiaría el “su” final por un “tu” si es que quieres referirte a que la sonrisa es el disfraz de la lágrima.
      El español de España es, en ocasiones, un poco distinto al de Hispanoamérica, en el que se usa la tercera persona en lugar de la segunda. En el caso de España, esa tercera persona implica respeto o distancia, es lo que llamamos “hablar de usted”.
      ¿De dónde eres tú? He intentado entrar en tu blog para tener más información, pero no lo he conseguido.
      Tu poesía es preciosa, ¡gracias por compartirla! Y es verdad, muchas veces escondemos nuestras lágrimas con sonrisas, pero cuando lo hacemos, yo creo que no lo conseguimos del todo, porque la tristeza, aunque creemos que queda oculta, se suele escapar por los ojos y si una persona sabe leerlos, puede descubrirla.
      Un abrazo y no dejes de escribirnos. ¡Nos encantan tus mensajes!
      Gracias por seguirnos.

      • Un placer tenerte por aquí.
        Si algún día quieres participar en este espacio enviando algún cuento o poesía infantil de tu país, será un placer.
        También puedes enviarnos alguna creación tuya porque, a juzgar por esos fragmentos tan poéticos que envías, me parece que lo haces muy bien.
        Un abrazo.

  3. Wow!
    Qué historia tan hermosa y maravillosa!

    Las lágrimas fluyen suavemente de nuestros ojos y cuando pasan por nuestros labios, sentimos su sabor salado y límpido, producto de nuestros sentimientos más profundos. Las lágrimas disminuyen la profundidad del dolor y nadie merece tus lágrimas de tristeza, y que merecen, te hará llorar de alegría.

    Una sonrisa muy grande para usted!

    • Nos alegra que el cuento de hoy te haya gustado.
      Recibimos con agrado y alegría esa sonrisa que nos regalas y te enviamos un abrazo muy grande.
      Muchas gracias por leernos y muchas gracias por tus comentarios. Saber que hay alguien a quien le gusta lo que hacemos, nos da ánimos para seguir buscando y escribiendo nuevos cuentos.

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