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Los tres cerditos

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Ilustración: Lucas S. Lopes

Había una vez, tres hermanos cerditos que vivían en el corazón de un espeso bosque.

En el mismo bosque, vivía un feroz lobo que siempre los perseguía porque quería comérselos. Así que, para escapar de la fiera, los tres cerditos decidieron que cada uno se construiría una casa.

El cerdito más pequeño, que lo único que quería era irse a jugar sin perder ni un minuto, construyó su casa con la paja seca que le servía de cama y después se fue corriendo a retozar por el prado.

El cerdito mediano, que también quería ir a jugar, construyó su casita de madera con las ramas de los árboles que tenía más cerca. Cuando la hubo terminado, se marchó corriendo a jugar con su hermano pequeño.

El cerdito más mayor decidió construir su casa de ladrillo. Trabajaba con mucha paciencia, alineando, midiendo, colocando los ladrillos y uniéndolos con barro para subir, poco a poco, las paredes.

Los dos cerditos juguetones, al verlo trabajar tanto, se burlaban de su hermano mayor, pero él seguía con su trabajo sin hacerles caso diciendo:

-Cuando venga el lobo, ya veréis lo que pasará con vuestras casas. Deberíais hacer como yo y construir las vuestras también con ladrillos.

Pero los dos cerditos siguieron jugando, sin hacer caso del consejo de su hermano mayor.

Ya estaba el sol muy alto, cuando las orejas del lobo aparecieron tras un árbol.

El cerdito pequeño, al verlas, se asustó y empezó a correr hacia su casa para refugiarse. Entró en ella y cerró la puerta. El lobo, al ver la casa se rio del cerdito pequeño y le dijo:

-Cerdito tonto, tu casa de paja es muy endeble, así que soplaré y soplaré y en un momento la derribaré.

Y dicho y hecho. Sopló y sopló y la casa de paja derribó.

El cerdito pequeño salió corriendo y se dirigió hacia casa de su hermano mediano. Al llegar allí, entró, cerró la puerta y le contó a su hermano lo que había sucedido.

Al poco rato, llegó el lobo y al ver la casa se rio del cerdito mediano y le dijo:

-Cerdito tonto, tu casa de madera es muy endeble, así que soplaré y soplaré y en un momento la derribaré.

Y dicho y hecho. Sopló y sopló y la casa de madera derribó.

A los dos cerditos les faltó tiempo para salir corriendo hacia casa de su hermano mayor mientras el lobo los perseguía.

Casi sin aliento, con la fiera pisándoles los talones, llegaron a casa del tercer hermano y le contaron todo lo que había sucedido. El hermano mayor cerró bien las puertas y las ventanas.

Al poco, llegó el lobo y al ver la casa se rio del cerdito mayor y le dijo:

-Cerdito tonto, tu casa de ladrillos es muy endeble, así que soplaré y soplaré y en un momento la derribaré.

Y dicho y hecho. Sopló y sopló. Y sopló y volvió a soplar… pero la casa de ladrillos no pudo derribar.

El lobo, muy enfadado, empezó a dar vueltas alrededor de la casa, buscando un sitio por el que poder entrar. Al mirar hacia arriba y ver la chimenea, pensó que podría colarse por allí, así que cogió una larga escalera y empezó a subir por ella.

El cerdito mayor, al oír el ruido que hacía el lobo con las pezuñas sobre el tejado, comprendió sus intenciones y, a toda velocidad, puso una gran olla con agua en la chimenea y encendió el fuego.

El lobo descendió por la chimenea y, al llegar abajo, en lugar de pisar el suelo se metió de cuatro patas en el agua hirviendo y se escaldó.

Con todos los pelos chamuscados, escapó corriendo de allí, mientras lanzaba unos aullidos tan terribles que se oían por todo el bosque. Cuentan que, después de aquello, nunca jamás quiso volver a comer cerditos.

FIN

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Comments

  1. Siempre pensamos que a pesar de intentar hacer el mejor que podemos y sabemos, nadie tras nosotros irá a apreciar el resultado de nuestro trabajo. Sí, Dios lo Ve. Pero estoy seguro de que siempre habrá alguien para perscrutar y evaluar el fruto de nuestra realización. Y ese sencillo ser terreno, es el fulcro de nuestra felicidad.

      • ¡Hola!
        Es siempre muy gratificante leer tus cuentos. Existe siempre algo de nuevo para pensar y escribir.
        Y aquí tienes:

        El lobo aterrado y uivando de miedo, huyó para la espesura del bosque, mientras los tres cerditos abrazados, reían a las carcajadas y mofaban de él.
        Los tres hermanos se pusieron a trabajar y construyeron una casa grande y bonita, con ladrillo y barro, muy fuerte y resistente, con el fin de vivir juntos en la seguridad de su hogar.
        El lobo tras esta humilhante y dolorosa derrota, nunca más pensó en volver allí, quitando por completo los tres cerditos de su menú.

        Que quede en nuestra memoria de que el trabajo árduo ejecutado con dedicación, es gratificante y compensador y que debemos siempre ejecutar nuestras tareas de la manera más correcta.

        ¡Un fuerte abrazo!

        • 🙂 Fiel a tu cita, Joma. Qué ilusión tenerte cerca, y que ilusión saber que hay lectores tan atentos en el mundo todavía.
          Tu conclusión: “debemos siempre ejecutar nuestras tareas de la manera más correcta”, me trae a la memoria un libro que leí hace tiempo titulado Dios lo ve”, de Oscar Tusquets. En ese libro, este famoso arquitecto habla de la perfección en el trabajo y de que, aunque nadie lo vea, las cosas se deben hacer bien porque por uno mismo, porque estás convencido de que ha de ser perfecto tu trabajo y porque, al fin y al cabo, solo ante ti debes pasar cuentas de cómo las has hecho. 🙂 Trabajar bien aunque nadie te mire. Un abrazo, Joma. Pasa una semana genial.

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