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La Pequeña Hada y el día de la fruta

time_for_the_witches_by_ploop26

Ilustración: nicolas-gouny-art

En la Isla Imaginada, los moradores están acostumbrados a sucesos fantásticos y extraordinarios. No podría ser de otro modo, ya que todos ellos habitan en los cuentos más lindos que se han escrito o que aún están por escribir. Por eso, ya no se asombran de casi nada… ¡Casi!, porque hace poco pasó algo ciertamente muy misterioso…

Por si alguien aún no lo sabe, en la Isla hay un colegio para piratas; una universidad para princesas; una granja-escuela para labradores, leñadores y pastores; un taller para sastrecillos y modistas; una facultad para doctores y veterinarios… Y, por supuesto, está la Academia para Hadas Buenas; con una excelente fama, por cierto. En ella, se han licenciado hadas famosas, como la de Cenicienta, las hadas de La Bella Durmiente o Campanilla.

Precisamente, en esta Academia de las Hadas Buenas, da comienzo nuestra historia.

Una de las últimas alumnas en incorporarse, ha sido una dulce y preciosa hadita. Tiene carita de ángel, pero es un poquito traviesa y marisabidilla. Me ha contado, en secreto, el lío tan grande que organizó hace poco, así que no os puedo revelar su nombre, si no, se enfadaría conmigo. La llamaremos, simplemente, Pequeña Hada.

La Pequeña Hada acabó, hace poco 1º de Hada Buena y, muy contenta, celebraba con sus compañeras el último día del curso. Todas estaban ansiosas por estrenar sus flamantes varitas y empezar a realizar encantamientos. Pero he aquí, que la maestra, la Gran Hada Buena, echó por tierra esa ilusión:

—¡Queridas alumnas, hoy es un día muy importante! Habéis finalizado el primer curso y acabáis de recibir vuestra primera varita mágica. Recordad que con ella solo surtirán efecto los encantamientos destinados a mejorar y a beneficiar a los habitantes de los cuentos que lo necesiten. Aunque, de momento, tendréis que guardarla hasta el próximo curso, porque todavía no podéis usarla. Si me entero de que algún conjuro o encantamiento se ha llevado a cabo sin que yo lo haya autorizado, la autora será expulsada inmediatamente de la Academia y nunca jamás podrá licenciarse como Hada Buena.

¡Vaya chasco! La Pequeña Hada estaba muy desilusionada. Había planeado pasar todo el verano con su varita poniendo en práctica, aquí y allá, todo lo que había aprendido: convertir un negro escarabajo en una mariposa multicolor; una mañana lluviosa en un espléndido día soleado; un plato de lentejas en una rica sandía…

—¡Ehhhhhh! ¡¡Eso sería alucinante!! ¡Ay!, si pudiera usar mi varita…. ¡Convertiría toda la comida en fruta! ¡Lo haría solo por un día! Pero no, no puedo hacerlo, si me descubren me expulsarán de la Academia… ¡No, no!

En estos pensamientos andaba ensimismada, cuando en sus tripas comenzó a sonar un concierto desafinado: ¡¡ruugggggg!! ¡¡rugggggg!!

—¡¡Uyyyy!! ¡Tanto pensar en comida, me ha despertado un hambre tremenda!

Así, que se dirigió hacia el comedor con la esperanza de que la cena fuera rica y apetitosa, ya que era un poco caprichosa con la comida y, muchas veces, eso era un fastidio, porque aunque tenía mucha hambre, al ver los platos de verdura, pescado, legumbres o sopa, ¡puajjjjj!, le costaba una enormidad terminarse su ración.

—¡Con lo fácil que sería todo si solo tuviéramos que comer fruta! ¡Es tan dulce y rica! ¡La fruta me encanta! ¡La comería todo el día! Y si por un día toda la comida se convirtiera en fruta? ¡Solo por un día! Un día sin coliflor maloliente; sin sopas ardientes; sin espinas de pescado o hueso del pollo. ¡Todos los niños del mundo serían más felices! Nada de potajes, ni huevos duros. ¡Solo rica fruta fresquita!

¡Ya está! ¡Lo haré! No puedo esperar al próximo curso, he aprendido mucho estos meses y saldrá perfecto. El encantamiento durará un día, cuando la Gran Hada Buena quiera darse cuenta, todo habrá vuelto a la normalidad, pero habrá sido muy divertido ¡Sí señor!

La Pequeña Hada, decidida y segura del poder de su varita, se pasó toda la noche preparando las palabras mágicas para que el encantamiento surtiera efecto.

Al amanecer, corrió al gran almacén de alimentos; la gran despensa de la que se abastecen todas las cocinas de la Isla, y allí, escondida tras un saco gigante de patatas, comenzó a recitar:

Si os toco con mi varita

seréis  rica comidita.

¡Piña, melón y sandía!,

para comer todo el día.

¡Sabrosos melocotones

y deliciosas naranjas!,

para llenarnos las panzas.

¡Dulces uvas y granadas!,

comerán todas las hadas.

¡Macedonias por doquier!;

es lo que hemos de comer.

¡Rica ciruela, dulce boniato!

¡Que se cumpla mi mandato!

Pronunció estas palabras y agitó su varita haciendo círculos. Una estela de polvillos mágicos flotó por todo el almacén y, ¡ohhhhhh!, ¡también salió volando por los ventanales y se fue extendiendo por los alrededores!

Al verlo, la Pequeña Hada se puso muy nerviosa, porque no sabía qué poder tenía su varita y adónde iría a parar la estela de polvos mágicos. Pero, ¡bah!, el conjuro solo duraría un día…

—¡¡Ayyyyy!!! ¡Ya he metido la pata! ¡Me he olvidado de incluir la duración del encantamiento! ¡Si es que soy muy despistada, ya lo dicen mis maestros! ¡Que no estoy atenta en clase! ¿Y qué voy a hacer ahora? ¡Ay!, ¡ay! ¡La que me va a caer!

¡Pobre aprendiz de hada!, estaba muy, muy preocupada, así que decidió comprobar si el encantamiento se había cumplido. Corrió hacia el comedor para ver si las palabras mágicas que había pronunciado habían funcionado y cuál era el efecto.

¡Y vaya si habían funcionado! Las bandejas de comida nunca habían tenido tanto colorido. Naranjas, peras, manzanas, caquis, sandías, cerezas… Todas las frutas imaginables dispuestas para ser degustadas.

Los pobres cocineros pedían disculpas:

—¡No sabemos qué ha ocurrido! Toda la comida ha desaparecido. Hoy en el almacén solo hay fruta.

Los habitantes de la Isla Imaginada estaban sorprendidos porque, según les explicaron los cocineros, hasta las vacas lecheras habían pasado de dar leche a dar zumo de frutas tropicales.

La Pequeña Hada no sabía si alegrarse o disgustarse. Por una parte, su encantamiento había salido bien, lo que quería decir que había aprovechado bien las clases. Pero, por otra, había un pequeño fallo, y es que no tenía ni la más mínima idea de cómo poner fin al día de la fruta.

Se le ocurrió que quizás en uno de los miles de libros que se guardaban en la “Gran Biblioteca Hadística” de la Academia, podía estar la fórmula para deshacer el conjuro. Así que hacia allí se encaminó. No podía preguntar a la Hada Bibliotecaria, eso la descubriría, tendría que espabilarse sola.

—¡Manos a la obra! ¡Cuanto antes empiece a buscar, antes acabaré!

Se pasó el día entero entre grandes librejos, antiguos pergaminos y pesadas enciclopedias, pero nada.

Cuando el Hada Bibliotecaria se acercó para preguntarle qué buscaba, solo acertó a decir:

—¡Oh!, no busco nada en concreto. Echo de menos las clases y quería aprender más cosas de los libros que aquí se guardan.

La Bibliotecaria, ¡claro está!, no se creyó nada y decidió observarla para descubrir qué era lo que tramaba.

Al segundo día, tras desayunar zumo, macedonia y compota, la Pequeña Hada volvió a la Gran Biblioteca, ¡pero nada!

El tercero, fue otro día más sin resultados, y el cuarto otro y el quinto otro más.

Todo el mundo andaba ya revuelto en la Isla. Se quejaban a los cocineros. El primer día fue divertido comer solo fruta, pero ahora ya echaban de menos las sopitas, los potajes, los ricos pescaditos y las tortillas calentitas.

¡Pobres cocineros! Improvisaron una paella con granos de uva y dátiles; filetes de melón con salsa de fresa; hamburguesas de higos; sopa de pera; manzanas rellenas de albaricoques; cocido de cerezas; macarrones de piña…

Y mientras, nuestra Pequeña Hada seguía con su búsqueda ¡Estaba segura de que debía existir un manual para deshacer encantamientos!

La buena Hada Bibliotecaria, que tenía muchos años de experiencia y conocía bien a las aprendices de hada, comprendió cuál era el problema y dejó con disimulo, sobre la mesa donde trabajaba nuestra hadita, el libro salvador:

 Cómo deshacer, arreglar y rectificar hechizos mal hechos.

¡Lo encontré! ¡Sí señor! ¡Aquí estará la solución! ¡Bieeeeeeennn!

Afanosa, se lo leyó entero de un tirón y halló la forma de arreglar el desaguisado que había causado, sin que nadie sospechara que era cosa suya. La solución era sencilla, se trataba de añadir la estrofa final al encantamiento original.

—¡Vaya! ¡¿Cómo no se me habrá ocurrido?!

Tendría que volver al mismo lugar y a la misma hora donde recitó las palabras mágicas del encantamiento inacabado y terminarlo.

Dicho y hecho. Esperó paciente detrás del saco de patatas para recitar la estrofa final para que, por fin, los habitantes de la Isla Imaginada pudieran volver a comer pollo, arroz, sardinas, garbanzos, ensaladas y verduras… que tanto empezaban a echar de menos.

Con la varita mágica en la mano y con voz resuelta y clara dijo:

Y al quinto día yo mando

que se resuelva este encanto,

que todo vuelva al origen,

patatas, nabos y cebollas

¡A la olla!

Carnes, pescados y verdurillas

¡A la parrilla!

Sin más entretenimiento,

¡que se cumpla el mandamiento!

Y fue, de esta manera, como la Pequeña Hada resolvió el enorme lío en el que se había metido por impaciente y listilla.

La despensa volvió a llenarse de todos los alimentos variados que se necesitan para hacer ricos y saludables menús: carnes, pescados, verduras, pasta, panes, harinas y condimentos… ¡sin olvidar las frutas!, ¡por supuesto! Aunque durante unos días nadie quiso macedonia como postre.

Nuestra amiga dice que quedó tan escarmentada, que no volverá a intentar nuevos encantamientos sin la supervisión de sus maestras.

Pero no sé, no sé, sospecho que la Pequeña Hada, pronto nos deparará nuevas sorpresas.

FIN

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Comments

  1. – ¡Queridas alumnas, hoy es un día muy importante! Habéis finalizado el primer curso y acabáis de recibir vuestra primera varita mágica… Aunque, de momento, tendréis que guardarla hasta el próximo curso, porque todavía no podéis usarla.

    Pobre hada, es que se lo pusieron muy difícil!! jajaja
    Me ha encantado. Felicidades!!
    un abrazo

  2. Nuestra pequeña hada es inconformista y rebelde!
    Gracias Martes de cuento! hoy voy a dormir más tarde y soñaré con los sortilegios del cuento…

    • ¡Que tengas dulces sueños, Toni!
      La autora del cuento, Juani, seguro que estará contenta de que de hayan gustado las aventuras de esta Pequeña Hada, porque seguro que en el futuro nos deparará más sorpresas 🙂

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