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La Navidad en Villablanca

Christmas_Town_by_HolgerL

Ilustración: subnewskin

Villablanca es un pueblo en el que la Navidad se vive de forma especial. Es tradicional que los vecinos, apenas empiezan los primeros fríos, rescaten de sus buhardillas y baúles todos los adornos, figuritas, luces, guirnaldas, lazos, manteles y demás ajuar que, poco a poco, han ido comprando a los buhoneros y comerciantes que pasan por el pueblo y que guardan como si de un gran tesoro se tratara.

Con todo ello, se dedican a engalanar las casas, los colegios, los comercios y las calles. También organizan bonitas funciones navideñas, recitales de poesía y villancicos, concursos de dulces, exposiciones de manualidades y mil cosas más.

Los cocinillas del pueblo se superan cada año elaborando deliciosas recetas que degustan todos juntos con entusiasmo, ya que, en los días señalados, comparten las comidas en la Gran Sala del Ayuntamiento. De este modo, nadie se siente solo y todos juntos pasan esos días bien entretenidos y muy felices.

Bueno, todos, todos, no… Porque hay un vecino del pueblo para el que no existe la Navidad.

Llegó a Villablanca hace ya varios inviernos, cuando empezaba la temporada de las nevadas. Voceaba por las calles hierbas y remedios para resfriados, toses, catarros, mal de huesos, empachos y demás padecimientos invernales y cuando quiso darse cuenta, el pueblo había quedado aislado por la nieve y ya no pudo salir de él.

Los vecinos lo acogieron encantados, ya que en su oficio de curandero había demostrado ser muy eficiente. Le proporcionaron refugio en una casa abandonada situada a las afueras del pueblo.

Al acercarse las fechas navideñas, lo fueron a buscar para que participara, como un vecino más en los preparativos, pero él los echo de malos modos y a voces, disparatando contra todo lo que sonara a Navidad, fiestas, compartir o festejar.

Los vecinos, asombrados, lo dejaron solo en su casa y se olvidaron de él; esa Navidad y las siguientes. Puesto que al llegar la primavera, Don Aquilino, que así se llamaba el curandero, decidió establecerse definitivamente en Villablanca.

Pero Don Aquilino no era feliz. Cada vez que a escondidas miraba a sus vecinos disfrutar y compartir las comidas, los juegos, las canciones… un sentimiento de envidia y rencor se apoderaba de él. En su interior deseaba que nunca llegara la Navidad para no tener que ver felices a los demás.

Durante el último año, sucedió que Don Aquilino,  cuando ya estaban muy cerca las fiestas navideñas, maquinó un plan para fastidiar a todo el pueblo.

Pensó que si hacía desaparecer todo lo que guardaban para poner bonitas las casas y calles, así como los manteles bordados, las preciosas vajillas, los libros de recetas, los instrumentos musicales y todos los demás objetos que usaban en Navidad, los vecinos se enfadarían tanto, que no volverían a disfrutar nunca más de unas felices Pascuas.

Buscó ayuda para cometer su fechoría en una banda de ladronzuelos de poca monta, que recorría la comarca cometiendo pequeños hurtos y cuando todos los vecinos se hallaban reunidos en el Ayuntamiento ultimando el programa para las fiestas, los ladrones aprovecharon para entrar en las casas vacías y robar los adornos y los objetos navideños.

Al volver a sus hogares y darse cuenta de lo sucedido, los vecinos de Villablanca, asombrados y tristes, no se explicaban quién podía haber hecho algo semejante. Pero lejos de enfadarse y de rendirse, decidieron, todos a una, que no podían quedarse sin Navidad, así que se pusieron manos a la obra.

Los más ancianos se encargaron de tejer guirnaldas de colorines con lanas de jerseys usados. Los jóvenes se adentraron en el bosque a recoger piñas y ramas, que pintadas de color plata quedaron requetepreciosas. Los más pequeños modelaron nuevas figuritas con barro y un potingue de harina y agua, quizá no eran tan bonitas como las robadas, ¡pero estaban muy orgullosos de haberlas hecho ellos mismos! Modistas y sastres se afanaron en coser con sábanas viejas nuevos manteles y como no dio tiempo de bordarlos, los pintaron con motivos navideños y el resultado fue chulísimo. Con trozos de pantalones y camisetas viejos hicieron muñecos y estrellas de colorines, que colgaron en todos los árboles de Navidad, así como pequeñas velas que sustituyeron las tiras de luces robadas.

El resultado fue, que a pesar de la tristeza y el desencanto por los objetos perdidos, los niños y mayores de Villablanca podrían celebrar la Navidad como si nada hubiera ocurrido.

Don Aquilino no salía de su asombro. Enrabiado, vio a través de una ventana a sus vecinos disfrutando de la cena de Navidad. Se dio cuenta, entonces, de que no eran los adornos suntuosos y caros, ni los manteles finísimos, ni las luces brillantes lo que unían a aquellas buenas gentes; sino que el espíritu de la Navidad estaba en la compañía, en la unión, en el trabajo compartido, en las risas y en las canciones y en los cuentos que se contaban. Todas aquellas cosas que nadie puede robar.

Arrepentido, sintió que las lágrimas brotaban de sus ojos y salió de su escondite sigilosamente, para que nadie repara en él. Pero he aquí, que un muchachito curioso acertó a mirar por la ventana en ese preciso instante y al verlo y darse cuenta de la tristeza de Don Aquilino, corrió tras él.

—¡Don Aquilino! ¡Don Aquilino! ¿Qué le pasa? ¿Por qué llora?

Le preguntó mientras lo cogía de la mano. El curandero, al sentir aquella pequeña manita entre las suyas, recordó su infancia y los pocos momentos felices que había disfrutado con sus papás. Había quedado huérfano siendo muy pequeño y los tíos segundos que lo criaron, muy tacaños y de duro corazón, nunca celebraron la Navidad con él.

Sin oponer resistencia, se dejó guiar por el niño hasta donde todo el pueblo estaba reunido y después de contar lo que había hecho, les pidió humildemente perdón y prometió devolver todas las cosas bonitas que ellos habían guardado con tanto aprecio.

Los vecinos de Villablanca lo perdonaron, no sin antes hacerle prometer que nunca más haría algo semejante y de que, en adelante, él también participaría de todas las fiestas y saraos que se organizaran en el pueblo.

De este modo, Don Aquilino, el curandero, fue curado por sus vecinos de Villablanca y aprendió que la Navidad no solo es regalos, adornos y comilonas. Es, sobre todo, perdón, amistad, unión y amor.

FIN

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Comments

  1. La Navidad es una fecha preciosa y muchas veces eso se olvida. Creo que hay mucha gente como el protagonista de este cuento… Lástima!!!
    A mí me encanta esta fiesta. Disfruto de mi familia y de mis amigos y (siempre con ellos) de buena comida y algún vino especial porque… ¡Es Navidad!

    • Son fiestas entrañables, aunque a algunas personas les provocan nostalgia o les traen malos recuerdos. Pero sin lugar a dudas, en las familias donde hay niños se viven de manera especial y se disfrutan mucho.
      ¡Un abrazo Victoria! ¡Felices fiestas y felices cuentos! 🙂

  2. Mi agradecimiento a Juani por emocionarnos con su precioso cuento con una maravillosa moraleja final.
    Es una delicia este rincón donde cobijarse como los que encontraba en mi casa para leer a escondidas sin que nadie me molestara.

    Hoy, 25 de diciembre sólo puedo deciros ¡Feliz Navidad!
    ¡Ah! y que por estos madriles sigue luciendo la sequía, el sol y grandes dosis de contaminación. ¿Nieve? Hay que imaginársela en las cumbres de la sierra, como pequeños sombreritos.

    Un fuerte abrazo

  3. Gracias a todos los que habéis leido y dedicado un minuto de vuestro tiempo a comentarlo. Desde luego Rosa Ave Fénix tiene razón, compartir y colaborar con familia, amigos, compañeros y vecinos no es exclusivo de época navideña, también en cumpleaños, fiestas de barrio y de pueblo, fin de curso y cualquier otra celebración nos reunimos y compartimos ratitos preciosos. Pero sea por seguir la tradición o porque nos dejamos llevar, la Navidad es la reina de las reuniones, y si tenemos la suerte de tener niños en casa, pues las disfrutamos más. ¡¡Así que celebremos y compartamos ahora y durante todo el año!! ¡¡Un abrazo para todos!!

    • Gracias por tu precioso cuento, Juani. Gracias por compartir con nosotros un cuento más. Te deseamos que pases una Navidad muy feliz y que el próximo año sea para ti y los tuyos un cuento de hadas. ¡Un abrazo! 🙂

  4. Por varios motivos estas fiestas no me gustan… es muy hermoso que las familias se reunan y sean felices, nada más emocionante que ver la familia bien unida. Pero a mi parecer no se ha de esperar a estos días para unirse, cualquier fecha es buena. En estas fechas la gente se vuelve loca gastando dinero que muchas veces es necesario para otras cosas…Navidad se ha convertido en Consumismo…
    El cuento es muy bonito, pero lo dicho,se podría aplicar a cualquier evento.
    Mi deseo es que seas feliz, no sólo ahora, sino todas las horas de tu vida.

    Ah! yo no amargo a nadie, como no tengo familia -por los motivos no indicados- me reuno con una amiga y sus hij@s. Un cálido abrazo…

    • Estamos de acuerdo contigo, Rosa, en que la Navidad es, en general, una época de consumismo y, precisamente, para poner de relieve que hay cosas más importantes, es por lo que Juani ha escrito este cuento.
      Te deseamos, que con familia o amigos, pases unas Navidades estupendas y que el próximo año sea de cuento. ¡¡Un abrazo bien grande!! 🙂

  5. Al final del cuento se me nublaba la pantalla ¿Serán unas incipientes cataratas? Pero no: eran unas lagrimitas. Y es que el engrudo basta para pegar y unir los sentimientos. Feliz Navidad. Un abrazo.

    • ¡Qué comentario más bonito, Madame Bovary! ¡Gracias por leer y gracias por comentar!
      Seguro que Juani, la autora de este bonito cuento, se sentirá tan emocionada como nosotros cuando lo lea 🙂
      ¡¡Feliz Navidad también para ti!! ¡Un gran abrazo!

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