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La diligencia de los doce meses

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Ilustración: ArtemisiaSynchroma

La noche era fría. A través del aire transparente llegaba a la tierra, en todo su esplendor, el brillo lejano de las estrellas.

De pronto, ¡pump! una olla vieja salió volando por la puerta de un vecino. ¡Bang, bang! disparos de armas de fuego. Era la última noche del año y en el reloj de la torre sonaron las doce campanadas de la medianoche.

—¡Hurra, hurra! ‑gritaban en las casas donde se celebraba la noche de Año Nuevo y levantaban las copas para brindar por la felicidad del año que empezaba.

—¡Feliz Año Nuevo! —exclamaban.

—¡Que el año venga cargado de salud, suerte, amor  y mucho dinero! ¡Fuera las tristezas y el mal humor! —todos se deseaba lo mejor mientras brindaban.

Justo en aquel preciso instante, un carruaje se detuvo frente a la puerta de la ciudad. Se alzó la barrera lentamente y el coche entró. Era la diligencia de los doce meses, que al comienzo de cada año llegaba, puntualmente, con sus doce pasajeros, cargados de regalos para todo el mundo.

—¡Salud y Feliz Año Nuevo!

—¡Bienvenidos!

Bajó el primer pasajero, envuelto en un manto de piel de oso. Calzaba botas impermeables de mucho abrigo.

—Aquí está mi pasaporte, centinela aduanero. Soy alguien en quien la gente pone todas sus esperanzas. No te extrañe el volumen de mi equipaje de treinta y un días. Traigo regalos para todos los niños… hasta para los traviesos, si son buenos y afectuosos. ¿Qué? ¿No puedes descifrar mi nombre? ¡Soy ENERO! La fotografía del pasaporte es un poco antigua y, tal vez, estoy un poco cambiado. Además, me la tomaron en mi casa del lejano Sur, donde vivo siempre en pleno estío; por eso en ella aparezco en mangas de camisa y moreno.

—¡Adelante el segundo de la fila! —gritó el guardia de la aduana—. ¡A ver, su pasaporte! ¿Qué equipaje trae?

—Poca cosa, en verdad: veintiocho días solamente. Cada cuatro viajes en torno a la Tierra hago uno con veintinueve.  Soy director de teatro, organizador de bailes de máscaras y de toda clase de diversiones. Soy el príncipe Carnaval, y viajo con el nombre de FEBRERO.

—¿Qué contienen sus días, señor febrero?

—Inconstancia en el número. Por eso me llaman «febrerillo el loco».

—¡Pase el tercero! ¿También con equipaje de treinta y uno?

—Sí, pero mis días no están llenos de regalos; no son de descanso invernal ni de modorra veraniega. Son días de esperanzas en el Norte y de abundantes cosechas en el Sur. Me llamo MARZO.

—Y tú, ¿quién eres tan orondo? ¿Qué contiene ese barril?

—Riego para el Norte y buen vino para el Sur. ¿No recuerdas? ¡Soy ABRIL!

—¡Oh, qué hermosa doncella rubia baja ahora!

—Soy MAYO, siempre con sol. En el Norte siembro flores; en el Sur maduro frutos. La dama que viene detrás es JUNIO. No la importunes con preguntas ni le pidas pasaporte. Viaja siempre muy cargada con vestidos y cajas de sombreros. La acompaña su hermano, JULIO, que lleva los documentos de ambos.

—A usted lo conozco, señor AGOSTO: ¡adelante!

—Menos mal que me conoces, porque he olvidado mis papeles de identificación en mi palacio invernal del Sur. No creía que hicieran falta en el Norte, pues voy allá por poco tiempo. Una temporadita de playa, nada más.

—¿Y usted, SEPTIEMBRE pintor? ¿Para qué quiere treinta paletas mientras viaja? ¿No le parece un poco excesiva esa provisión de pintura?

—Cada día pinto un cuadro nuevo, amigo mío. Uno con prados floridos, otro con bosquecillos umbrosos, otro con un mar tranquilo; uno con nubes viajeras, otro con tenue llovizna, y otras veces un paisaje con el cielo despejado: siempre una paleta distinta, tonos claros, oscuros…

—¡Ah! Ya baja el conde OCTUBRE. Se ve que no tiene prisa.

Con su acostumbrada calma, octubre contestó en tono afable:

—Me entretuvo don NOVIEMBRE. Por eso tardé en bajar. Ahora descenderá también él con su hacha de leñador. Está ayudando al anciano diciembre, que viaja siempre cargado con canastos y paquetes.

—¿Qué trae para mí, señor DICIEMBRE?

—Un arbolito de Navidad y una cajita de música con antiguos villancicos. También llevo un libro de cuentos, que sacaré del bolsillo y leeré en alta voz, para que todos los niños escuchen atentamente mientras las figuritas del árbol cobran vida y el angelito dorado de la punta agita sus alas de oropel.

—¡Gracias, muchas gracias! Pero, usted me perdonará que le haga una pregunta, un poco indiscreta: ¿Qué lleva en ese paquete rojo?

—¡Chisst! Un secreto. Fuegos artificiales para mi último día. ¡No descubras mi contrabando, amigo aduanero! Traigo alegría para todos, ¿entiendes?

—¡Pues claro que lo entiendo!, ¿y qué más nos trae?

Pero esta pregunta no obtuvo respuesta, porque ya la diligencia había reanudado la marcha, cargada con días y acontecimientos.

Empezaba el Año Nuevo y en todos los corazones renacían esperanzas e ilusiones.

FIN

Reader Interactions

Comments

  1. me gustó todo especialmente la manera de narrarlo y la ilustración bellísima. ¿saben? es una manera muy atractiva de invitarnos a leer.

    • Estela, ¡no sabes lo contentos que nos has puesto con ese comentario! 🙂
      Nuestro mayor deseo es contagiar el placer por la lectura, y si alguna vez lo conseguimos, estamos más que satisfechos. Un abrazo grande, grande y te deseamos un año recién estrenado muy lector 🙂

    • Aunque el original de Andersen es un poco distinto, hemos escogido esta adaptación porque habla de los dos hemisferios.No podemos olvidarnos de que mientras en uno hace frío, en el otro hay calor de verano.
      Estamos muy contentos de que te haya gustado también a ti, Toni 🙂 ¡Un abrazo!

  2. Muy original y gracioso, es lo que nos hace falta a los humanos… sonreir más, no solamente en estas fechas -que para muchas personas son muy tristes- sino todo el año que dentro de poco inaguraremos.
    Besos y abrazos calurosos con el deseo que nos sigas deleitando con tus cuentos…

    • Estamos seguros de que el año que empezaremos dentro de muy poco será de cuento y seremos los más felices del mundo si seguimos contando con magníficos lectores como tú, Rosa. ¡Te enviamos kilómetros de abrazos y de cuentos y te deseamos un comienzo de año 2015 lleno de alegría y felicidad!

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