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Ricitos de oro y los tres osos

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Ilustración: AlyssaTallent

 Este cuento lo dedicamos a una Pequeña Emperatriz poblada por duendes.

Hace mucho, mucho tiempo, en lo más profundo de un espeso bosque habitaba una familia de osos compuesta por mamá osa, papá oso, y el pequeño osito.

Los tres vivían felices y contentos, lejos de los humanos, en una preciosa cabaña de madera, en la que tenían todas las comodidades que un oso pueda desear.

Un día de primavera, estaba toda la familia sentada alrededor de la mesa y a punto de comer una rica y humeante sopa, cuando al llevarse la cuchara a los labios papá oso exclamó:

—¡Ay! ¡Me he quemado!…

—Como la sopa está muy caliente, ¿qué os parece si nos acercamos al río a recoger moras para el postre? —propuso mamá osa.

—¡Sí, sí! ¡Vayamos a buscar moras! —aplaudió entusiasmado el pequeño osito.

Los tres salieron de la cabaña y se dirigieron al río.

No lejos de allí, una niña muy traviesa, a la que todos llamaban Ricitos de oro porque tenía el pelo ensortijado y muy rubio, correteaba en busca de mariposas. Tan entusiasmada estaba persiguiendo a una de brillantes alas rojas que, sin darse cuenta, se internó en la espesura y fue a parar al claro donde estaba la cabaña de los tres osos.

Como Ricitos de Oro era muy curiosa, se acercó sigilosamente hasta la casa, miró a través de una de las ventanas y al no ver a nadie, se dirigió a la entrada y empujó la puerta con suavidad. Los osos jamás cierran sus puertas con llave, así que la puerta se abrió y Ricitos de oro, olvidándose de la buena educación, entró sin haber sido invitada.

En el amplio salón, un alegre fuego danzaba en la chimenea y, sobre la amplia mesa de caoba se veían tres platos: uno grande, uno mediano y uno pequeño.

Ricitos de Oro se acercó al plato más grande y probó la sopa:

—¡Ay! ¡Quema mucho!

Luego probó la sopa del plato mediano:

—¡Puaj! ¡Está demasiado fría!

Finalmente, probó la del plato más pequeño:

—Mmmmmmmmmmm, ¡está deliciosa!

La encontró tan rica que no dejó ni una gota en el plato.

Al terminar de comer, Ricitos de Oro siguió curioseando.

Frente al hogar, vio tres sillas alineadas y se sentó en la más grande:

—¡Demasiado ancha!

Luego se sentó en la mediana:

—¡Demasiado alta!

Después, se sentó en la más pequeña:

—¡Qué cómoda es esta!

Acababa de sentarse cuando, ¡paf!, la silla se rompió en mil pedazos. Ricitos de Oro se llevó un susto de muerte, pero no escarmentó y sin detenerse a recoger lo que había roto, siguió fisgando.

Al cabo de un rato, a Ricitos de Oro le entró mucho sueño y decidió buscar un lugar confortable en el que poder dormir.

Subió las escaleras y entró en una gran habitación. En ella había tres camas, una junto a otra, cubiertas con preciosas colchas de colores.

Se acostó en la cama más grande:

—¡Demasiado dura!

Luego se acostó en la mediana:

—¡Demasiado blanda!

Cuando se acostó en la más pequeña exclamó:

—¡Esta es perfecta!

Y se quedó dormida como un lirón.

Al poco, regresó la familia de osos, muy contenta y cargada con moras para el postre.

Cuando los tres iban a sentarse a comer, papá oso gruñó enfadado:

—¡Alguien ha comido de mi sopa!

Mamá osa gruñó enfadada:

—¡Alguien ha comido también de mi sopa!

El pequeño osito se quejó:

—¡Alguien ha comido de mi sopa y se la ha terminado!

Los tres osos no sabían qué pensar. Se miraban unos a otros muy extrañados, hasta que mama osa propuso:

—Sentémonos junto al fuego a ver si se nos ocurre algo, porque todo esto es muy misterioso.

Y se dirigieron hacia las tres sillas que se alineaban junto a la chimenea:

—¡Alguien se ha sentado en mi silla! —gruñó  papá oso.

—¡Alguien se ha sentado también en la mía! —gruñó mamá osa.

—Alguien se ha sentado en la mía y la ha roto! —se lamentó el pequeño osito.

Y empezaron a buscar al intruso por toda la casa.

Al entrar en la habitación papá oso gruñó furioso:

—¡Alguien se ha acostado en mi cama!

Mamá osa gruñó furiosa:

—¡Alguien se ha acostado también en la mía!

Llorando, el pequeño osito gruñó tristemente:

—¡Pues alguien está ahora mismo durmiendo en mi cama!

La familia miraba a Ricitos de oro, que en ese preciso instante abrió los ojos y al ver a tres osos que la observaban con severidad, saltó por la ventana abierta de la habitación y no paró de correr hasta llegar a su casa.

Tanto se asustó Ricitos de oro que, desde aquel día, no volvió a entrar en casa de nadie sin ser invitada y muchísimo menos se atrevió a tocar aquello que no era suyo sin antes pedir permiso.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Ricitos de oro y los tres osos” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. ¡Vaya con la niña curiosa! Creo que nunca volverá a curiosear, porque escaparse de tres osos… ya es suerte 😉 😉
    Me trae recuerdos este clásico.
    Besetes ya de miércoles…

  2. Que recuerdos!! Me encantaba este cuento cuando era pequeña… era de mis favoritos porque además tiene un final feliz jaja (en la vida real es dificil salir airoso de tres osos hambrientos y furiosos).

    Un beso!

    • ¡Sí! 🙂 Y que nos nos falten los clásicos, llenos de recursos para los más pequeños y de buenos recuerdos para los más mayores. Ahora, su lectura, nos cuenta cosas que quizá no nos contaba cuando éramos más pequeños 🙂 Un clásico no tiene edad, siempre nos ofrece alguna cosa.

    • ¡Hola, Marisa! 😀 😀 😀 Pareces el conejo blanco de Alicia. No te preocupes, aquí nunca se llega tarde, los cuentos siempre están esperando para cuando quieras acercarte a ellos. ¡Un abrazo!

    • 😀 😀 😀 Parece que tenemos por aquí a otro conejo blanco 😉 Toni, nunca llegas tarde. Los cuentos siempre esperan por ti y puedes venir cuando quieras. En la Isla Imaginada tenemos un sitio permanente para ti 😉

  3. La pequeña Ricitos de Oro es una okupa en versión infantil. Pero se llevó un buen susto al ver los osos y salió zumbando. A mi me fastidia mucho que fisgoneen en mis cosas. Ella aprendió la lección, a ver si los “ricitos” que nos rodean también salen zumbando…jaja siempre aprendemos de los clásicos. Saludos.

  4. Las moralejas de esos cuentos que nos contaban o leiamos (sobre todo yo leia que me encantaba), nos daba que pensar…que buenos eran y no ahora con esos Mangas… Hasta el martes que viene!

    • Nos alegra que los cuentos que elegimos te gusten y te traigan buenos recuerdos.
      Como a ti, a nosotros también nos gusta que las lecturas hagan reflexionar al lector, creemos que un buen libro, además de divertimento debe aportar algo más a la persona que lo lee.
      ¡Un abrazo! 🙂

  5. ¡Ohhh! Hay que andar con cuidado por si la niña anda cerca. 😉 De puntillas, diría. Pero sé que aprendió su lección. Mi adultez se inclina ante la pequeña emperatriz.
    Un beso emocionado. 🙂

    • Que nunca deje de inclinarse, querida Verónica 🙂 Tú más que nadie sabe que hacerlo sale a cuenta y es una de las mejores inversiones que se puede hacer en la vida 😉 ¡No cualquiera es millonario en duendes!

  6. Ayyyyyyyyy no me puedo creer que el cuento de esta semana sea uno de los favoritos de UBMF!!! le encanta cuando se lo cuento antes de ir a dormir poniendo la voz de papá oso y bebé oso…se ríe a carcajadas, siiii, ya se que eso no es muy relajante que digámos, pero es que me encanta verle y que se duerma así de feliz tampoco tiene que se tan malo, no!!?? 😉

    Bueno pues hoy él se ha ido a la cama con Ricitos de Oro contado por mí…y yo me voy a la cama con el mismo cuento que mi hijo contado por mi amiga de Martes de Cuento. Gracias.

    Besossssssss

    • Nos encanta saber que te ha gustado el cuento y todavía nos gusta más saber que UBMF disfruta con su lectura. Si se duerme feliz, seguro que tiene dulces sueños, así que seguro que eso es bueno, ¡muy bueno! 🙂
      Y si tiene algún otro cuento preferido, nos lo dices y lo buscaremos para dedicárselo.
      Y tú, ¿has tenido también dulces sueños después de leer el que te hemos contado?
      ¡Besos!

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