Skip links

Main navigation

La Ratita presumida

Victoria Assanelli 1

Ilustración: Victoria Assanelli

Había una vez una Ratita que cada día barría su casita y un día se encontró una moneda de oro.

—¡Oh! ¡Qué suerte he tenido! ¿Con qué la gastaré?

Y pensaba y pensaba:

—Si me compro caramelos, los dientes se me pondrán feos… Y si me compro avellanas, las muelas se me pondrán malas…. ¡Ay! ¡No sé qué hacer!… ¿Y si me comprara un lacito para la punta del rabito? Un gran lacito, para que luzca bien bonito. ¡Sí, sí! ¡Eso haré!

Y eso hizo. Se dirigió a la mercería de Doña Corneja y allí estuvo mirando y revolviendo muchos lazos. Al final, se decidió por uno precioso de seda de color rojo.

—¡Este me gusta! —dijo mientras pensaba— Todo el mundo me envidiará en el barrio. Todos los vecinos se girarán para admirar mi lazo—. ¡Quiero este! No me lo envuelva, que me lo llevo puesto.

Con el lacito anudado en la punta de su rabito, se fue a su casa y se colocó ante la puerta para lucirlo y para que todo el mundo pudiera admirar lo bien que le quedaba.

Así estaba, cuando acertó a pasar por allí el señor Pato, que al verla tan linda le dijo:

—¡Ay!, Ratita, mi Ratita, tú que eres tan bonita, ¿no querrías casarte conmigo? Soy formal, buen mozo y muy estudioso. ¡Juntos aprenderíamos mucho!

—No sé, no sé. A ver, dime algo para que pueda escuchar tu voz.

—¡Cuac, cuac, cuac!

—¡Uy! ¡No, no! ¡Qué horror! Si me casara contigo me dejarías sorda. ¡No te quiero por marido!

Y Don Pato se alejó triste y cabizbajo, con sus libros bajo el ala.

Al poco rato, se acercó un hermoso gallo con la cresta muy roja y le dijo a la Ratita:

—¡Ratita preciosa!, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? Soy buen mozo y tengo una gran casa.

—No sé, no sé. A ver, dime algo para que pueda escuchar tu voz.

—¡Kikirikí, Kikirikí!

—¡Uy! ¡No, no! ¡Qué alboroto! Si me casara contigo no podría dormir en toda la noche. ¡No te quiero por marido!

Y Don Gallo muy ofendido, se marchó de casa de la Ratita con la cresta muy alta y sin volver la vista atrás, seguido por siete gallinas.

También se acercaron a casa de la Ratita un perro de aguas, un cerdo y un cordero. Pero al escuchar sus voces, a todos rechazó.

Ya caía la tarde y de vuelta a su establo, después de trabajar todo el día, se acercó a casa de la Ratita un burrito:

—¡Ratita guapa!, tú que eres tan preciosa, ¿te quieres casar conmigo? Soy muy buen mozo, fuerte y trabajador. Conmigo nunca ha de faltarte de nada.

Y la Ratita, haciéndose de rogar, le dijo:

—No sé, no sé. A ver, dime algo para que pueda escuchar tu voz.

—¡¡Iiiiaaaa, Iiiiiaaaaaa!!

—¡Ahhhhhhhhhh! ¡Que espanto de voz! ¡Lárgate ahora mismo, que por tu culpa me dolerán los oídos tres días enteros!

Muy triste se marchó Don Burrito por la negativa de la linda Ratita, arrastrando su pesado carro.

Ya empezaba ella a pensar que jamás encontraría a nadie hecho a su medida, cuando pasó por allí un gatito que le dijo:

—¡Marramiaumiaumiau, Ratita! En ninguna de mis siete vidas he visto ni veré a una dama igual que tú. ¿Te quieres casar conmigo? Soy buen mozo y conmigo correrás aventuras sin fin y te divertirás de día y de noche.

Y la Ratita, haciéndose de rogar le dijo:

—No sé, no sé. A ver, dime algo para que pueda escuchar tu voz.

—¡Miauu, Miauuu! –maulló Don Gato con voz melodiosa.

—¡Qué voz tan dulce que tienes! ¡Contigo me he de casar!

Al poco tiempo, celebraron una gran boda, a la que todo el mundo fue invitado. Aquel día, todos los que asistieron a la gran fiesta advirtieron a la Ratita:

—¡Ve con cuidado con este gato! No vayas a despistarte y te dé un bocado.

—Cuidado, Ratita, no vayas a ser tú su cena.

Al terminar la fiesta, cada animal regresó a su casa y, por fin, el Gato y la Ratita se quedaron solos:

—Ratita, Ratita, ¿que puedo darte un besito?

Y acercándose mucho a ella abrió tanto la boca que ¡casi se la come de un bocado! La Ratita, dando un gran salto se alejó de allí gritando:

—¡Socorroo, socorro! ¡Que el gato me come!

Al oír los gritos, pato, gallo, perro de aguas, cerdo, cordero y burro acudieron corriendo:

—¡Cuac, cuac, cuac!

—¡Kikirikiiiiiiii!

—¡Guau, guau, guau!

—Oinkkkk, oinkkkkk!

—¡Beeeeee, beeeeeeee!

—¡Hiaaaaaaaaaaa hiaaaaaaaaa!

Y el gato, espantado con tanto alboroto, huyó por los tejados y jamás regresó.

Por eso dicen que, desde aquel día, ratones y gatos dejaron de tener amistad y cuando un ratón ve a un gato huye despavorido.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “La Ratita presumida” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. hello!,I love your writing so much! percentage we communicate extra approximately your post on AOL? I need a specialist on this area to solve my problem. May be that is you! Looking ahead to look you.

    • Sí, Maribel, una de las magníficas propiedades mágicas de los cuentos es que son capaces de hacernos volar a nuestra infancia por un ratito.
      ¡Gracias por visitarnos y gracias por tu comentario!

  2. Cuantas veces me han contado y he contado este cuento!
    Y es que no hay que fiarse de las apariencias, no.
    Gracias por traerme muchos, buenos y bonitos recuerdos.
    Mil besetes…

    • “Las apariencias engañan”, ya lo dicen 😉 Y también aquello de que “No es oro todo lo que reluce.” En ocasiones, cuando nos molestamos en profundizar un poco, lo bueno ya no es tan bueno y lo malo ya no es tan malo. Gracias por visitarnos, María. ¡Un abrazo!

    • 😀 😀 Sí que lo es, sí. Aunque hoy día, en lugar de comprarse un lacito para la colita tal vez invertiría su moneda en una inyección de botox y se casaría con Bernie Ecclestone 😀 😀 😀

  3. Uno de mis cuentos preferidos!!!!! Yo también tenía el cuento con la escobita. Como me gustaban!!!. Gracias por traernos un pedacito de nuestra infancia.Un abrazo.

  4. Recuerdo a mi abuela Matilde contándonos este cuento, Y muchos otros
    Garbancitoooo ¿dónde estás? Aquiií en la tripa del buey, donde no llueve ni nieva,jajaja ¿no tendrás este cuento por ahí? no termino de recordarlo.
    Gracias Martes!
    Un besazo

    • 🙂 Este cuento creo que está ligado a la infancia de muchos de nosotros. Es un clásico que tiene diversas versiones en muchas partes de mundo.
      Si pinchas en la sección “¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?” que hay al final del texto superior, verás que en la versión castellana inicial, ligeramente distinta a esta, sale un ratón que, con el tiempo, acabó convirtiéndose en el famoso “Ratoncito Pérez”, el gran coleccionista de dientes de leche 😉

  5. Menos mal que la ratita invirtió su moneda en algo que iba a usar y disfrutar…, por un momento me temi que la invirtiera en preferentes, bonos, planes de pensiones y otros artículos parecidos…
    ¡Ay, que pena! Muchas veces las voces dulces son mentirosas…. Me ha gustado mucho vuestro cuento y vuestro dibujo. Felicidades.

  6. Que tiempos!!!!!! Aqui nos da ha entender que “todo lo que reluce no es oro” aunque los humanos somos tan cortos de mollera que siempre caemos de bruces y no escarmentamos.

    • 😀 😀 😀 Los amores tampoco en cuestiones de literatura tienen un porqué, así que jamás te preguntaríamos el motivo. No se saben las razones, pero puedes engancharte a una novela que todo el mundo odia u odiar el best-seller del que todos hablan. Así que lo importante de verdad es leer, gozar con lo que se está leyendo y aprender con lo leído.
      ¡Un abrazo kilométrico! 🙂

  7. Es cierto, no hay que juzgar por las apariencias aunque, por ponerme del lado de la ratita, las voces tienen su importancia. Y yo también, como Isabel, tuve un cuento con una ratita con escoba que se podía poner y quitar, me encantaban esos cuentos que yo llamaba “con cosita”, los vendían en los quioscos. Un beso.

  8. Sin duda hay por ahí mucho gato suelto…
    No puedo remediar retrotraerme al pasado. Aún me parece escuchar las voces de quienes interpretaban cuentos como este por la radio. Y también un cuento troquelado que incorporaba una escobita.
    Como siempre, gracias por haberme amanecido niña.
    Un fuerte abrazo.

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.