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La ballena Elena

2_whales_by_sabrane

Ilustración: Sabinerich

Era Elena una joven ballena que nadaba por los mares inmensos, siempre al lado de su mamá, que la protegía y cuidaba porque era un poquito tímida.

Hacía poco que su mejor amiga, una ballenita como ella llamada Marina, había emigrado con su familia a mares lejanísimos y Elena se había quedado muy, muy triste porque, seguramente, nunca se volverían a encontrar.

Aunque a su mamá esto le daba mucha pena, pensó que lo mejor que podía hacer su hija era intentar buscar nuevos amigos, así que un día habló seriamente con ella:

—Mira Elenita, tú ya eres toda una señora ballena, tienes edad suficiente para nadar sola por los océanos, encontrar amigos nuevos y más adelante, si así lo deseas, formar tu propia familia.

—Pero mami, yo estoy muy bien contigo, ¿por qué no podemos seguir juntas?

—Hija, para mí también es muy doloroso tener que separarme de ti, pero así es la ley de la vida oceánica. Los hijos se hacen mayores y deben vivir sus propias experiencias. Verás cómo, pasado un tiempo, me lo agradecerás.

Elena no entendía lo que su mamá quería decir, pero como era una hija obediente, se despidió con tristeza. Madre e hija se abrazaron, lloraron un poquito y prometieron volver a encontrarse pronto.

Así empezó el viaje en solitario de la ballena Elena por la vida marina.

Cada vez que veía un grupo de peces, se acercaba despacio para no asustarlos e intentaba hacer amigos, pero ellos, al ver la sombra gigante de la joven ballena, se alejaban lo más rápido que podían, pensando que iban a ser engullidos por ella o que serían aplastados por su enorme cuerpo.

¡Pobre Elena! Lenguados, rapes, merluzas, doradas, bacalaos… todos huían sin dejar siquiera que se les acercara. Así que nunca podrían comprender que era una buena ballenita y que lo único que quería era hacer amigos.

Ella intentaba, en idioma balleno, explicarse desde lejos:

—¡Eeeeeeehhh, holaaaa! ¡Soy Elena, la ballena, y me gustaría jugar con vosotros! ¡Eeeeeehhhhh! ¡No os vayáis, por favorrrrrrrrr!

Pero todo era inútil, los pobres peces, aterrorizados, huían sin ni siquiera pararse a escucharla.

—¿Qué voy a hacer? ¡Voy a pasarme la vida sola! ¡Nadie quiere acercarse a mí!

Muy apenada, se escondió lo mejor que pudo entre dos grandes rocas y unos enormes corales y no pudo evitar ponerse a llorar.

Ya os podéis imaginar que cuando una ballena llora sus suspiros y sollozos crean un remolino a su alrededor que viene a ser, más o menos, como un pequeño maremoto.

Así estaban las cosas, cuando la sardinita Pepita, que se había despistado momentáneamente de su grupo sardinero y nadaba entretenida admirando los rojos corales, se vio de repente engullida por la formidable fuerza de aquel torbellino, que le hizo dar tres volteretas hacia atrás y una hacia adelante, para ir a parar, finalmente, justo ante los ojos de la ballena.

—¡Madre mía! ¡Qué susto tan grande! ¿Pero tú quién eres? ¡No me comas por favor! ¡Soy demasiado pequeña para llenar tu panza enorme!

Elena se quedó asombrada de que la pequeña sardina se atreviera a hablarle, pero es que no conocía a Pepita, la sardina más valiente, curiosa y atrevida de todos los mares.

—Hola, soy la ballena Elena, y naturalmente que no te voy a comer. Solo estoy llorando…

—¿Llorando? ¿Por qué? Un animal tan bonito, tan fuerte y tan grande como tú no tiene motivos para llorar.

—Es que mi problema, precisamente, es ese. Soy tan grande que todos los habitantes del mar, al verme, se asustan, así que nadie quiere ser mi amigo. Os veo a vosotras nadando tan contentas, siempre juntas, divirtiéndoos y me gustaría hacer lo mismo.

La sardinita Pepita, conmovida por lo que la ballena le contaba, la quiso consolar.

—Pues mira tú por donde, ¡acabas de encontrar una amiga!  Y si vienes conmigo te presentaré a mis compañeras, las otras sardinas, y a los demás vecinos. Yo les explicaré que no te quieres comer a nadie. ¡Vamos! ¡Nadando!

Pepita guió a Elena a través de las corrientes marinas y le presentó a todas sus amigas, además de a un nutrido grupo de habitantes del mar que la ballena desconocía. A saber: almejas y caracolas, que según dijo Pepita, eran muy aburridas porque nunca salían de sus casas; pulpos, que eran muy serios y siempre iban a la suya; estrellas de mar, ¡qué bonitas!; y veloces caballitos de mar.

Elena se convirtió en la novedad de aquella temporada. Todos querían ser sus amigos y ella, contenta, dejaba que se deslizaran por su lomo como si de un gran tobogán de parque acuático se tratara.

También le encantaba hacer de autobús. Subían sobre ella y Elena nadaba siguiendo las indicaciones Así los peces no se cansaban nunca.

Elena asistía a todas las fiestas, pero prefería no cantar ni bailar para no generar maremotos y remolinos. Aunque disfrutaba igualmente viendo a sus amigos tan felices.

Lo que Elena no sabía es que su mamá sabía todo lo que ella hacía, porque enviaba a medusas detective, que como son transparentes pasan desapercibidas, que la mantenían al corriente de las penas y alegrías de la joven ballenita.

Así que, una tarde, la mamá de Elena se presentó en la fiesta que se había organizado para celebrar la boda de dos peces espada.

Cuando la ballenita vio a su mamá, nadó tan deprisa para abrazarla que hizo tambalear la tarta nupcial. Y hasta la orquesta, «Los Mejillones Molones», dejó de tocar, pues los instrumentos salieron disparados dando vueltas y a los músicos les costó un buen rato encontrarlos y volver a ponerlos en marcha.

—¡Mami! ¡Qué contenta estoy de verte! ¡Mira cuántos amigos tengo!

—Lo sé, pequeña, ¿no pensarías que te iba a abandonar? Siempre estuve pendiente de ti.

Elena era, por fin, una ballena feliz. Rodeada de todos sus amigos y con su mamá cerca. Y lo que ella no sabía es que, escondido tras una gran roca, un joven ballenato la contemplaba embelesado.

Pronto nuevas emociones saldrían a su encuentro.

FIN

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Comments

  1. Vale, vale!!! Ya veo que ahora que empieza el buen tiempo voy a tenerme que dar una vuelta por los mares profundos e investigar que ha pasado con Elena y su pretendiente. Puedo pedir ayuda a las medusas detectives y en cuanto tenga novedades paso por aquí para contároslas.
    Hoy es el día mundial del cuento así que tenemos que felicitarnos todos los que disfrutamos escribiendo, leyendo y contando estas pequeñas historias que nos dan tantos instantes preciosos. Felicidades a todos!!!!

    • ¡Estamos deseando que hagas ese viaje! Y todavía más que nos cuentes que has descubierto 🙂
      Gracias por las felicitaciones. Igualmente para ti, que habitas el mundo de la fantasía. ¡Un abrazo bien grande!

    • 🙂 Imagino la escena. Cuando lo leas así, recuerda leerlo en voz alta, que a los gatos les gustan los cuentos y suelen ronronear escuchándolos y seguro que tú te duermes enseguida con esa música tan dulce 😉 ¡Un abrazo, Soraya!

    • Gracias a ti, Marisa. Los buenos ilustradores y los buenos escritores como tú, como Juani, Quim, Alejandría, Mayko, Irene… hacéis grande Martes de cuento. ¡¡Gracias a todos por compartir vuestro arte!! 🙂

  2. Muchas felicidades Juani! Maravilloso cuento, lleno de sentimientos y enseñanzas.
    Gracias por hacernos felices cada martes.

  3. Millones de gracias a todos los que habéis encontrado un minuto de tiempo para leer el cuento y comentarlo con tanto cariño. Me alegro que os haya gustado y me apunto en el cuaderno de “Las cosas que quiero hacer” las sugerencias: tiburones con encanto y romances balleneros. Sabed que Elena y su mamá están muy contentas, han salido monísimas en la portada ¡y sin photosop! por cierto, a ellas les encantan las ensaladas de algas, las hamburguesas de placton y las sopas de microorganismos.
    Un abrazo marino y oceánico de parte de ellas y otro más terrenal de mi parte a todos los seguidores de Martes de Cuento ¡ Espero poder encontrarnos pronto de nuevo!

  4. Ayyy. ¡Quiero continuación! (¿Se puede pedir, no?) ¿Cómo será el amor de ballenato? Un amor graaaaande.
    Ya lo sabes. Vengo siempre por mi dosis de niñez.
    Un beso y ¡feliz martes!

  5. Precioso, que fantasía tan grande… seguro que Juani escribe un cuento sobre los tiburones…. y hasta nos gustarían!!!!!!!! Hasta el martes…

  6. Un cuento encantador! De nuevo volvéis a encontrar la niña que aún queda en mi.
    Un besote así de grande, casi como el de la ballena Elena, pero sin maremoto.

    • “…Y lo que ella no sabía es que, escondido tras una gran roca, un joven ballenato la contemplaba embelesado….” “…Pronto nuevas emociones saldrían a su encuentro….”

      Final inesperadamente hermoso para la protagonista del cuento…

      ¿Verdad?

      Gracias por habermelo enviado por correo…

      Valoro enormemente su labor de verdad

      Pat

      • Pat, sin duda la gracias te las damos nosotros a ti, porque siempre tienes una palabra tierna y dulce que ofrecernos. Nos alegra muchísimo que nos visites y aún nos pone más contentos que nos digas que los cuentos te gustan. ¡Un abrazo! 🙂

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