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Garbancito

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Ilustración: Ethanael

 Este cuento nos lo pidió Marisa Alonso y a ella se lo dedicamos.

Érase una vez que un hombre y una mujer tuvieron un hijo. El niño era tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que parecía un garbanzo y, por eso, decidieron ponerle por nombre Garbancito.

Pasó el tiempo, y a pesar de que Garbancito seguía sin crecer, cada día era más listo. Además, era muy bueno y trabajador y siempre estaba dispuesto a ayudar a sus padres.

Un día, su mamá estaba cocinando y se dio cuenta de que se había quedado sin azafrán:

—iVaya, qué contratiempo! No tengo ni una hebra de azafrán y el guiso no me quedará tan bueno como siempre.

El niño, que no andaba lejos, le respondió enseguida:

—¡No pasa nada! ¡Ahora mismo voy corriendo a comprarlo!

—iNi pensarlo, Garbancito! Eres demasiado pequeño para salir solo a la calle. La gente no te vería y alguien, sin darse cuenta, podría pisarte.

Pero Garbancito insistió:

—Mamá, tú no te preocupes, que Iré cantando todo el rato y aunque la gente no me vea, me oirá. Así que nadie me pisará.

Finalmente, aunque muy preocupada, la mamá de Garbancito accedió. Le dio una moneda y le advirtió:

—Ve directamente a la tienda sin dejar de cantar durante todo el camino. ¡Y ándate con mucho ojo para que nadie te pise!

Garbancito cogió la moneda, que casi abultaba más que él, se la cargó a la espalda y salió de su casa entonando su canción:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

Todos los que pasaban junto a él se quedaban admirados, porque como no veían a Garbancito, creían que era la moneda la que cantaba y andaba sola.

Sin parar de cantar, llegó por fin a la tienda y gritó bien fuerte para que lo oyeran:

—iBuenos días! Mi mamá me manda para comprar azafrán.

El tendero miraba sorprendido a su alrededor sin ver a nadie, hasta que se dio cuenta, por fin, de que en el suelo había una moneda y que bajo ella estaba Garbancito. Preparó la bolsita con azafrán y se la dio al niño, que salió de la tienda y de nuevo empezó a cantar:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

Cuando lo vio llegar, su mamá respiró aliviada al comprobar que estaba sano y salvo.

Con el azafrán que Garbancito le había comprado, terminó de preparar la comida y cuando ya se disponía a salir con ella para llevársela a su marido, que labraba la tierra en un huerto cercano, su hijito le dijo:

—Mamá, ya has visto que he ido a la tienda y no me ha ocurrido nada. ¿Por qué no me dejas que lleve yo la comida a papá?

—Pero Garbancito, ¿no ves que la cesta es demasiado pesada y no podrás tú solo con ella?

Pero Garbancito, que aunque era pequeño era muy fuerte, cargó la cesta a su espalda y le dijo a su madre:

—¿Lo ves mamá?, puedo con ella. Tú no te preocupes, que iré cantando para que nadie me pise.

Así que la madre se dejó convencer de nuevo y Garbancito se marchó cantando a llevar la comida a su padre:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

Estaba a mitad de camino, cuando lo sorprendió un terrible aguacero. La lluvia caía con furia y para que la comida no se mojara, Garbancito se escondió bajo una gran col, decidido a esperar a que amainara la tormenta. Cómodo como estaba y arrullado por el ruido que hacían las gotas de agua sobre la col, Garbancito se quedó dormido.

Muy cerca de allí, pastaba un gran buey que al ver la hermosa col, y sin saber que alguien dormía bajo ella, se acercó y se la comió de un solo bocado y con ella se tragó también al pequeño niño.

Entretanto, el papá de Garbancito, que hacía rato que esperaba hambriento, decidió ir a ver qué ocurría. Al llegar a casa, preguntó a su mujer por su comida y su esposa, muy asustada, le contó que Garbancito había ido a llevársela hacía ya un buen rato. Muy preocupados, salieron a buscar a Garbancito:

—¡Garbancitooooooooo!, ¿dónde estaaaás?

Pero nadie respondió.

Caminaron y caminaron, sin dejar de llamar a su hijito. Buscando y rebuscando por todos los lugares:

—¡Garbancitooooooooo!, ¿dónde estaaaás?

Ya salían del pueblo, camino del huerto, cuando al atravesar el sembrado en el que el gran buey pastaba volvieron a llamar:

—¡Garbancitooooooooo!, ¿dónde estaaaás?

Fue entonces cuando oyeron una voz muy lejana que decía:

¡Estoy como un reeeey,

sin lluvia ni nieve,

en la panza del bueeeey!

Los padres de Garbancito pensaron y pensaron en cómo sacarían a su hijito de la panza del buey, hasta que se les ocurrió hacer cosquillas al animal en el hocico con unas briznas de hierba.

El buey estornudó sonoramente y Garbancito salió disparado por uno de los agujeros de la nariz y, sano y salvo, aterrizó sobre una gran col.

Contento y espabilado, como si nada hubiera pasado, abrazó a sus papás y los tres, felices de estar juntos de nuevo, regresaron a su casa cantando:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

FIN

Reader Interactions

Comments

    • Estamos muy contentos de que te haya servido el cuento, Pablo. Esperamos que te pongan una nota excelente 🙂 Habrás visto que al final del cuento hay una enlace: “¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?” Si pinchas en él verás que hay más información. ¡Un saludo!

  1. Me acuerdo que me lo contaron una vez de pequeña pero era un poco diferente . Supongo que habrá varias versiones. Aunque de la otra ya casi no me acuerdo. Ha sido muy nostálgico leerlo jajaja.

    Un beso y feliz domingo^^

    • Seguro que los cuentos tienen tantas versiones como personas los narran, aunque en esencia son parecidos. No obstante, eso no importa demasiado, porque lo que de verdad cuenta es lo que nos hacen sentir al contarlos o escucharlos.
      Un abrazo, Sara 😉

  2. Aunque sean los martes de cuentos, para mi son los jueves, por razones de horario laboral y esas cosas… pero solo decirte que espero ese ratillo parar leer esos magníficos cuentos que nos escribes. Un abrazo

    • Clara, después de consultar con los Oráculos de Isla Imaginada sobre la conveniencia de leer el cuento del martes en jueves, te trasladamos su veredicto: “El mejor día para leer el cuento es el día en el que decides leer el cuento.” 😉
      Un abrazo y gracias por visitarnos a cualquier hora del día, cualquier día del año.

    • ¡Estamos muy, muy, muy felices de leer tus palabras, July! 🙂 Saber que nuestros cuentos son de utilidad, nos llena de alegría.
      Si quieres animar a tus alumnos a que escriban o dibujen, estaremos encantados de abrir una sección especial para los pequeños, donde incluiremos sus obras.
      Además, si tienes perfil de Google+, tal vez te pueda ayudar también lo que, en relación al cuento semanal, subimos a diario. https://plus.google.com/u/0/110031890052500910824/posts
      ¡Un abrazo muy grande!

    • 🙂 Si sacamos a pasear de vez en cuando al niño que llevamos dentro, nuestras sonrisas brotan más fácilmente y la vida nos parece un poquito mejor, aunque solo sea por un rato. ¡Un abrazo y dos sonrisas para ti! 🙂 🙂

  3. Me lo contaron de niña, se lo conté yo a mis hijos y ahora a mis nietos, con una pequeña variación: lo que decía garbancito cuando le llamaban: ·estoy en la tripa del buey que se mueve, donde no nieva ni llueve”. Preciosa ilustración. Besos de cuento.

    • Y tus nietos, y los nietos de tus nietos lo seguirán contando. Porque donde haya un niño, habrá siempre un cuento: oral, en papel, fotocopiado, en iPad, en iPhone… ¡en lo que sea! pero un niño siempre será un niño y un cuento siempre será un cuento 😉 y tendrá variaciones, porque cada persona, al contarlo, añade un poquito de ella misma 😉 ¡Un abrazo, Felicitas!

  4. ¡Cuantas veces me contó el cuento de Garbancito mi abuela! ¡Que preciosos recuerdos nos traen los cuentos y si traen añadida canción mejor que mejor!
    Mil gracias por ello ¡Un abrazo garbancero!

    • 😀 😀 😀 ¡Ay, las abuelas! No sé qué haríamos sin sus cuentos, sin su paciencia y sin su amor incondicional e inmenso.
      Y claro, en este cuento ¡la canción es imprescindible! No es el mismo sin la tonadilla 😀 😀 😀

    • 😀 😀 😀 Creo que este cuento está en el imaginario de todos los niños catalanes, Toni. Y aunque para nosotros es “En Patufet”, creo que a ti, como chef, te pega más “Garbancito” 😀 😀 😀 ¿Para cuando un plato a base de Garbanzos en “La Llar del Pagès“? 😀 😀 😀

  5. jajaja me encanta!! Mi abuela decía:
    ¿Garbancito, dónde estás? Aquí, en la tripa del buey donde no llueve ni nieva. De cualquier manera igual de bonito. ¡qué recuerdos!
    Muchas gracias en especial por este cuento Martes!!
    Un besazo

    • 😀 😀 😀 Nos hemos permitido esa pequeña licencia para que rimara porque en la versión catalana cae en verso, aunque nos hemos arriesgado mucho, ya que escribir un verso para una poeta de tu talla es misión imposible 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo, Marisa! Felices y contentos de haberte hecho reír un poco y de haberte traído a la memoria a tu abuela. ¡Y gracias por sugerirnos este cuento! 😉

  6. He leído este cuento a mis hijos bastantes veces, les gustaba mucho porque todos juntos cantábamos la canción de garbancito. Este garbancito era un caso, con lo pequeño que era y tan feliz que era el chaval, sin miedo a ir por ahí. No se si será esa la moraleja.

    • 🙂 Lo fantástico de los cuentos (y de la literatura en general) es que la moraleja puede ser múltiple, dependiendo de quién lo lee y en qué momento lo lee. Además de la que tú señalas muy acertadamente: no tener miedo de las cosas a pesar de ser pequeño, también podríamos entender que llega un momento en que los hijos deben separarse de los padres y hacer las cosas por sí mismos, pero que a pesar de eso, si hace falta, los padres siempre estarán cerca para ayudarlos 😉
      Un abrazo, Sensi, gracias por comentar 😉

    • ¡Cómo nos gusta que sonrías, Ana! 🙂
      Los cuentos de nuestra infancia nos acompañan a lo largo de toda la vida. Por eso es tan importante contar cuentos a los más pequeños, a los medianos y a los grandes 😉

  7. Esta versión también está en catalán…el cuento es gracioso y demuestra que a los que son bajos de estatura, pueden tener astucia. Hasta el martes!

  8. Azafrán, la cesta de comida; y Garbancito. Otra versión: ¡Garbancitooo! ¿Dónde estás?… ¡En la barriga del gallo Kiriko, que me lleva a la boda del Tío Perico! Los padres se las ingeniaron para hacer cantar al gallo y… Bueno, hay otra; pero me quedo con la tuya y con esta variante mía.
    Precioso cuento que me lleva a otros tiempos..

  9. Bellisimo cuento, para los mas “pequeñitos”, muy hermoso comienzo, nudo y desenlace.

    Es mucho lo que enseña, gracias por haberla compartido, Martes de Cuento.

    Mil Gracias por la clase ilustrativa que es anexada al cuento que nos cuenta de la historia, su ilustración y memoria manifiesta en Cataluña y otros lugares .

    Pat

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