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El Flautista de Hamelín

The_Pied_Piper_by_Otagoth

Ilustración: Otagoth

Esta historia ocurrió hace mucho, muchísimo tiempo, en un pequeño pueblo al norte de Alemania llamado Hamelín, situado en un precioso paraje, muy cerca de las riberas de un ancho y caudaloso río, el Weser.

Los habitantes de Hamelín eran felices y estaban orgullosos de vivir en un lugar tan hermoso y apacible hasta que, un día, una terrible plaga de ratas se adueñó de aquel lugar.

Había tantas y eran tan feroces que plantaban cara a gatos, perros y hasta se atrevían a enfrentarse a las mismísimas personas.

Se colaban en las casas para robar la comida de las despensas y los guisos de las ollas. Roían la ropa de los armarios e incluso, al llegar la noche, se metían en la cama de la gente a dormir. Aparecían en los lugares más insospechados, con el consiguiente susto y disgusto de aquel que tenía la desgracia de toparse con ellas, porque si alguien intentaba echarlas o las molestaba de algún modo, mordían con fiereza.

La vida en Hamelín se volvió tan insoportable por culpa de los roedores, que los habitantes, hartos de tan incómoda situación, se reunieron en la Plaza Mayor para exigir al Alcalde que buscara una solución para tan terrible problema:

—¡Queremos respuestas! ¡Abajo este Alcalde que no hace nada! ¡Que alguien encuentre un modo de librarnos de esta terrible plaga! ¡No podemos seguir viviendo así!

No había manera de calmar los ánimos de los allí reunidos.

Mientras discutían y gritaban, sin llegar a ningún acuerdo, apareció un extraño. Un hombre enjuto, que vestía pobremente y llevaba una flauta en la mano. El desconocido avanzó y se dirigió a los presentes:

—Disculpen ustedes, sé que tienen un grave problema, pero yo puedo solucionarlo. Estoy dispuesto a librar a este pueblo de todas las ratas con la sola ayuda de mi flauta mágica, pero tengan en cuenta que mi trabajo vale mi peso en oro.

—Si consigues librarnos de esta plaga, te daremos más que eso. ¡Te daremos el doble de tu peso en oro! —aseguró precipitadamente el Alcalde, que veía peligrar su cargo.

El pueblo aplaudió y gritó entusiasmado:

—¡Eso, eso! ¡Si nos libras de las ratas, te daremos el doble de tu peso en oro! ¡Viva nuestro Alcalde! ¡Viva!

—De acuerdo entonces. Vosotros lo habéis dicho, ¡que sea el doble!

Y dicho esto, el Flautista empezó a tocar la flauta y echó a andar al son de la alegre música de su instrumento.

De pronto, en todos los rincones del pueblo, se empezó a oír un extraño runrún que fue creciendo, creciendo y creciendo, hasta convertirse en un terrible estruendo.

Aquel alboroto no era otra cosa que las ratas, que atraídas por la prodigiosa música del Flautista, asomaban por doquier. Ratones chiquitos y ratas enormes, todos empezaron a marchar en pos del Flautista, como si estuvieran hipnotizados, bajo la atenta y asombrada mirada de los habitantes del pueblo.

Sin dejar de tocar su flauta mágica, el forastero arrastró tras de sí a aquel tropel de roedores fuera de la ciudad y lo condujo hasta el río, donde los animales fueron cayendo y ahogándose, uno tras otro, hasta que no quedó ni uno solo.

Cuando los habitantes de Hamelín comprobaron que se habían librado de aquella terrible plaga, echaron al vuelo todas las campanas e hicieron una gran fiesta. Aclamaron al Alcalde y dieron las gracias, efusivamente, al Flautista. Este, entonces, reclamó lo que le habían prometido.

El Alcalde, después de mirarlo de arriba abajo, contestó:

—Lo que pides es exagerado. Al fin y al cabo, el trabajo ha sido muy sencillo y no has empleado mucho tiempo en él. Deberás conformarte con diez monedas de oro como pago y aun así, es mucho.

El pueblo entero asintió y aplaudió:

—¡Es verdad, ha sido muy fácil! ¡Viva el Alcalde! ¡Cualquiera puede tocar la flauta! ¡Qué sabio es nuestro Alcalde! ¡El Alcalde siempre tiene razón! ¡Lo que pide el Flautista es exagerado!

El Flautista insistió:

—Llegamos a un acuerdo. Yo he cumplido mi parte; cumplid vosotros la vuestra.

Un murmullo de rechazo se elevó de la multitud, y el Alcalde volvió a negarse a pagar lo acordado.

El Flautista advirtió:

—No quiero enfadarme. Yo he cumplido mi parte; cumplid vosotros la vuestra.

La gente, gritó enfurecida:

—¿Cómo te atreves a amenazarnos? ¡Márchate de aquí! ¿Qué te has creído? ¡No malgastaremos nuestro dinero en un vago que toca la flauta y que viste como un pordiosero! ¡Fuera! ¡Largo! ¡Vete!

—¡Os arrepentiréis! —dijo. Y dándoles la espalda, se alejó.

Aún no había dado cuatro pasos, cuando una música jamás escuchada antes sobre la Tierra, escapó de su flauta mágica y se fue extendiendo, como si de una gran mancha de aceite se tratara.

Un sordo rumor, que crecía y crecía, lo invadió todo. Eran los pequeños pies en movimiento de todos los niños del pueblo, que con gran alboroto, batiendo palmas y riendo, iban formando una larga cola que seguía al Flautista.

La gente mayor enmudeció de asombro, pero por más que intentaron hacer algo, fue imposible. Era como si una invisible fuerza los retuviera. Se quedaron petrificados, sin poder dar ni un paso, y sin poder gritar para impedir que los niños siguieran al Flautista.

Vieron cómo se alejaba aquella extraña comitiva hacia las montañas; vieron cómo estas se abrían al son de la fascinante música; y vieron cómo se cerraban de nuevo, tragándose al Flautista y a todos los niños de Hamelín para siempre.

FIN

Reader Interactions

Comments

  1. Sin duda un cuento maravilloso, como todos los del Blog. Por cierto, no conocerás a algún flautista con capacidad de atraer políticos ¿verdad?

    Es para una cosa…

  2. Hay que ser consecuente con la palabra dada, pero está claro que nuestra naturaleza humana, digamos que, se despista. Una gran moraleja.
    Y digo yo, quizá podría algún flautista desocupado, darse una vueltecita por aquí y llevarse a algunos elementos 😉 😉
    Delicioso, como todos los martes, aún leído en jueves.
    Besetes de esos primaverales.

    • ¡Ay, sí, María! Nos despistamos a menudo cuando tenemos que ser justos. Es tan fácil hablar. Si practicáramos más a menudo aquel proverbio árabe que dice “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.”, tal vez conseguiríamos que nuestro mundo fuera algo mejor y según qué elementos se ahorrarían decir según qué cosas
      Un beso lleno de sol y flores 🙂

  3. Después de leer todos los interesantes comentarios poco queda por decir. Tan sólo que la versión del cuento es preciosa y muy interesante la explicación del origen del cuento. Hay que ver lo que aprendemos cada semana!!! Muchas gracias!! Y ya sabemos que antes de prometer hay que estar dispuesto a cumplir lo prometido. Abrazos!!!

    • 🙂 La verdad es que los comentarios son lo más enriquecedor de los blogs, porque tras ellos puedes “intuir” personas fantásticas que con sus aportaciones abren nuevas perspectivas a lo que se lee y, precisamente, en ellos encontramos palabras llenas de sentido.
      En cuanto a la palabra dada, hubo un tiempo en el que era sagrada y aún ahora, en algunos casos lo es. Pensemos en la palabra del juez o sacerdote que con su palabra casa; el juez que juzga; el notario que sella una venta… Deberíamos tomarnos la que decimos nosotros igual de seriamente.
      Un abrazo 🙂

  4. Recién lo leo. Había visto referencias al cuento en varios lados, pero nunca como palabras, ordenadas, con secuencia y con un final tan avasallador. Me encanta. Creo que ese tipo de historias, donde el personaje muestra sus cartas de inicio y son los otros los que las desestiman, dan muchisimo juego, porque uno como lector ve venir el peligro mucho antes que ellos, dando una suerte de placer morboso. Yo no me siento mal por ese pueblo, al contrario; pagaron a la fuerza lo que su acuerdo y su honor no pudieron.
    Un saludo! Muy bueno.

  5. Las antiguas moralejas no se andaban por las ramas: se correspondían con la severidad del mundo en que se escribieron los cuentos o se contaban los de tradición oral. De todos modos de vez en cuando se lo echa de manos al flautista; eso sí, habría que pagarle el trabajo a su justo precio, seguro que merecería la pena.
    Abrazos sin cuento.

    • Es cierto que antes la gente no se andaba con muchas psicologías y se aplicaba lo de “ojo por ojo” y el Flautista se cobro, a la fuerza, lo que le negaron de grado. Gracias por la visita, Madame Bovary 🙂

  6. Recuerdo que de pequeña me contaban un cuento de unos padres que mataban a sus hijos y después enterraban sus huesos en un jardín, un lugar donde luego crecían unas hermosas flores. Ahora de mayores lo hablamos mis hermanos y yo y nos preguntamos ¿Cómo podían contarnos eso? Pero tan solo lo recordamos, no hablamos de que nos causara miedo. Antes nos contaban cuentos muy crueles, pero creo que ninguno estamos traumatizados.
    Por supuesto también me acordaba de este flautista de Hamelin.
    Un besazo Martes

    • ¡Madre mía! ¡Vaya historia! Investigaremos un poco, aunque con esa temática creo que no nos animaremos a publicarlo como cuento del martes.
      Al menos, en el caso del Flautista, puedes dejar una rendija de esperanza e imaginar que el Flautista decidió llevarse a los niños a un lugar mejor, lejos de la gente mayor que no tiene palabra y todo lo estropea 🙂
      ¡Un abrazo!

  7. En tanto que el pueblo y su alcalde no le dan el justo valor a la palabra (no ya a las monedas) el Flautista se apropia de aquello que guarda un valor similar al honor, a la palabra.
    Un abrazo con moraleja. 🙂

    • Cierto que la palabra dada debería ser siempre sagrada, como en aquel tiempo en el que decir era suscitar una realidad, cuando la palabra era creadora, como en el Enuma elish, en la Biblia, en la mitología menfita, en el Popol Vuh, en los Anales de Kachiqueles… cuando con ella se sanaba, se mataba o se hacían alianzas. ¡Ay, la magia de la palabra! 🙂

    • A mí me producía un sentimiento contradictorio, porque aunque no me gustaba del todo, también me parecía fascinante y con su extraña desaparición me hacía imaginar miles de posibles finales 🙂

  8. El final del cuento siempre me ha parecido muy triste y cruel, que no digo yo que no se merecieran algo por no querer pagar pero llevarse a todos los niños…se pasó un poco el flautista.

  9. Bonito cuento que nos hace pensar, encuentro un poco exagerado que se llevara los niños… pero a todos nos gusta -sin exageraciones- que se aprecie un trabajo que hemos ejecutado bien. El cuento ya tiene bastantes años y ya sabemos que antes las historietas solían ser algo exageradas como la Cenicienta entre ella sus hermanastras y madrastra, y asi todos los cuentos. Pero la moraleja subsiste. Hasta el martes que viene!!!!!!

  10. La de veces que habré leído este cuento, pero es ahora, con cuarentaytantos 🙂 cuando reflexiono sobre él.

    Muchas veces me pregunto si llegamos a entender el mensaje de los cuentos de pequeños (salvo obviedades, como no hablar con extraños, máxime con lobos), o en que momento nos olvidamos de ellos.

    Del cuento de esta semana, y ya que ando siempre dándole vueltas a temas de la empresa, me quedo con lo siguiente

    “Lo que pides es exagerado. Al fin y al cabo, el trabajo ha sido muy sencillo y no has empleado mucho tiempo en él. Deberás conformarte con diez monedas de oro como pago y aun así, es mucho.”

    Menospreciar el esfuerzo que lleva hacer las cosas y no cumplir con lo acordado. Parece de cuento, ¿verdad? Pues no lo es tanto.

    Y hasta aquí puedo leer … 🙂

    Saludos,
    Ángel

    • Desgraciadamente, Ángel, es el pan nuestro de cada día y, además, más de lo que convendría y se agrava a menudo a causa del sexo, la nacionalidad, la religión o la condición de las personas.
      Gracias por tan acertada y actual reflexión 😉

    • Que son clásicos, Soraya. Como en la buena música, lo que vale es eterno 😉 Precisamente por eso a mí personalmente me molesta que a los cuentos clásicos se les hagan según que aberraciones y también me molesta que se hagan horrendos remix de músicas excelsas.
      ¡Un abrazo!

  11. Pero cómo que para siempre?. Esto si que es un final sentenciador. Y qué fue de lo niños?, se volatizaron?, tenía el flautista comida para todos?, fueron al colegio?, no echaron de menos a sus padres?. Qué hizo Jesucristo con la carpintería?, la vendió o la traspasó?.
    Cuando contaba este cuento solía inventarme la música del flautista, así le daba más dinamismo.
    Bs.

    • D 😀 😀 😀 El origen, Jerby, está justamente aquí. Resulta que después de lo que había ocurrido en Hamelín se enviaron bandos urgentes a todos los pueblos para advertir del peligro de un Flautista que andaba suelto. Desde entonces, cada vez que en un pueblo veían a uno de ellos, le echaban los perros. Tantos perros les echaron a los flautistas que, al final, acabaron siendo amigos inseparables. Por eso, en la actualidad, los perros y las flautas siempre van juntos.

    • A mí siempre me pareció inquietante. Le daba vueltas a cientos de posibles explicaciones de lo que había ocurrido con los niños, pero ninguna me gustaba 🙁 También me parecía desproporcionada la venganza del Flautista y siempre pensé: ¿Por qué tienen que pagar los niños el mal comportamiento de sus padres? ¡¡Me parecía muy, muy injusto!! No obstante, me encantaba el cuento 😀 😀 😀

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