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Una escoba nueva

brujita

Ilustración: Pilar Lama Mencía

A Maruja Laruja, bruja de profesión, le había afectado la crisis como a todo el mundo. Los ingredientes mágicos a los que debía sus mágicos poderes habían ido mermado en su despensa a causa de la escasez, y aunque a su escoba le hacía falta un cambio urgente, se resistía a sustituirla por una nueva, ya que andaba escasa de estornudos de rata, escamas de tritón, lágrimas de unicornio y polvo de escufitalia estridentis, una planta muy rara que solo florece en La Pelada, muy cerca de Las Colonias, cada doscientos años. Todos esos ingredientes son los que utilizan las brujas para preparar el ungüento que hace volar escobas, pero como también son imprescindibles para otros muchos hechizos y encantamientos, Maruja se resistía a gastarlos.

Pero el caso era que ya no podría volar mucho más sobre su vieja escoba, porque en el mango rojo de caoba habían decido instalarse diecisiete termitas que se estaban comiendo la madera, lo que provocaba que su transporte aéreo se desestabilizara en pleno vuelo.

El último incidente había ocurrido hacía tres días, al intentar esquivar a un brujo que sobrepasaba el límite de velocidad montado en una brillante escoba de aluminio último modelo. Maruja había girado bruscamente y había chocado de frente contra las ramas de un roble centenario. Fue rebotando de rama en rama, hasta quedar tendida sobre el suelo del Bosque Estupefacto; paraíso de seres mágicos y de osos pardos. Después de hacer el parte, el seguro le cubría solo algunos desperfectos y entre ellos no estaba incluido el cambio de mango que, debilitado como estaba, se había astillado completamente en el extremo de arriba a causa del golpe.

Maruja empezaba a estar muy, pero que muy preocupada; las voraces termitas no interrumpían su labor y, cuando la terminaran, dejarían a la bruja sin poder desplazarse por los aires y esa es una de las peores cosas que le puede suceder a una bruja; y precisamente ahora, que se acercaba el solsticio de verano en el hemisferio norte y el 20 de junio debía asistir al Gran Aquelarre.

La bruja se puso manos a la obra. Con hongos podridos, cáscaras de limón y pedos de sapo verde fabricó Ungüento Nauseabundo, la eficaz pócima contra las plagas de la madera. Pero aquellas termitas, llegadas al Bosque Estupefacto ocultas en el gorro de un brujo finlandés, eran especialmente agresivas y el potente repelente no había resultado eficaz. Al contrario, incluso parecía que la mezcla les gustaba, porque ahora devoraban la madera a mucha más velocidad que antes. Así que Maruja decidió arriesgarse como jamás antes lo había hecho…

Con las escamas de tritón que le quedaban y con siete plumas de la cola de un impundulu, fabricó dinero. Después, disolvió un poco de pirulensis salmodicum, un poderoso mineral marciano, en su café de la mañana y espero a que le hiciera efecto.

Al cabo de tres horas, Maruja era humana. El efecto del mineral duraría hasta el anochecer, luego recuperaría otra vez su forma de bruja. En ese tiempo, debía salir andando del Bosque Estupefacto, montar en el autobús, llegar a la ciudad y, una vez allí, encontrar una buena escoba, y eso cada vez era más difícil, porque los humanos hacía mucho tiempo que usaban aspiradores, que aunque también volaban, eran demasiado pesados y ruidosos para una bruja. Si encontraba una buena escoba, debería regresar a toda prisa y preparar el ungüento volador para frotar con él, durante tres noches consecutivas, el mango de su nueva escoba. ¿Estaría lista antes del Aquelarre?

Emprendió el viaje y poco después, en lontananza, divisó la esbelta silueta de los Almacenes Tulipán, un gran edificio de cuarenta y siete plantas en el que vendían cualquier cosa que se pudiera comprar. Allí pensaba dirigirse primero, segura de que podría encontrar una escoba a su gusto.

Al llegar a las puertas del imponente edificio de cristal, consultó el directorio:

—Mmmmmmm… Veamos… planta 1, supermercado, ¡no!, planta 2, moda de señora y caballero, ¡tampoco! planta 3, 4, 5, 6…, ¡no!, ¡no, no y no!… 10…, planta 13! ¡Aquí!

Subió volando a la planta de “Artículos para el hogar”, y allí estuvo varias horas probando escobas.

Probó las de mango metálico, pero las desechó rápidamente porque la lluvia las oxidaba. Luego examinó las de madera forrada con plástico y también las descartó porque resbalan demasiado. Quedaron eliminadas las de colores chillones, porque para una bruja es imprescindible pasar desapercibida… Luego miró las de cepillo de alambre y de cepillo sintético. Suaves y duras. Azules, verdes, rojas y doradas. Para caballero, para señora, para barrenderos profesionales y para aficionados. Para barrer casas y para barrer desiertos… Caras y baratas. Buenas y malas… ¡Todas! ¡Las probó todas!

Caía la tarde. Ya no quedaba ni una escoba que probar y los Almacenes Tulipán estaba a punto de cerrar. El tiempo corría raudo y ya faltaba poco para que a Maruja se le pasara el efecto del pirulensis salmodicum, entonces se convertiría de nuevo en bruja, y si ocurría eso y algún humano la descubría, sería muy, pero que muy peligroso.

Desesperada, y a punto ya de marcharse con las manos vacías, una puerta entreabierta que conducía a un viejo trastero llamó su atención. Entró y, tras una montaña de cajas vio, abandonado y lleno de polvo, lo que había estado buscando.

¡Aquella era la mejor escoba del mundo! Era de un modelo antiguo, de las que hacía años que ya no se encontraban. Esbelta, hecha de madera de cedro oloroso y con el cepillo de brezo unido con fuerte cuerda de estameña.

Maruja no podía creerlo, ¡aquella era una escoba reglamentaria de bruja! Y lo mejor de todo es que las escobas auténticas no precisan de ningún ungüento para volar. Solo hay que saber montar en ellas y pronunciar las palabras mágicas talladas en la madera del mango para que emprendan el vuelo. Emocionada, se escondió y aguardó en aquel cuartucho la llegada de la noche.

Cuando los primeros rayos de la luna llena penetraron por la ventana, Maruja, que ya había recuperado su forma de bruja, recitó:

Magicis arbor…Panditur et muscae!

Los que aquella noche miraron hacia el cielo, vieron recortarse la silueta de Majura Laruja, bruja de profesión, que montada en su nueva escoba emprendía el viaje de regreso hacia el Bosque Estupefacto.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Una escoba nueva” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

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Comments

  1. Preciosa historia , yo soy coleccionista de brujas ….pero de las buenas ehhh!!!!
    la noche del solsticio de verano , es genial para las brujas, con un poco de suerte veremos volar a Maruja ….

  2. Ayy Maruja que bien, ya tiene tu escoba nueva, pero cuentan por ahí que en un lugar llamado Bolonia quemaban a las brujas malas, no te acerques por ahí que hay un horno que las convierte en pan,,,, jejeje besitos brujitoss

    • 🙂 ¡Gracias, Carmen! Estamos muy contentos y animados con ese proyecto. Al final nos hemos decidido. ¿Será que las buenas vibraciones y el positivismo de tus entradas es contagioso? 😉 Un abrazo.

  3. Un cuento bonito y original. Con su toque de incertidumbre. Pobre Maruja! Si es que todo esta muy caro! Yo es que tengo debilidad por las brujas.
    Besetes de martes.

    • 🙂 Las brujas son maravillosas. A nosotros también nos encantan, Maria. Y aunque hay de todo y también hay brujas malas malísimas, en general, han sido maltratadas y malentendidas durante siglos ¡pobrecitas! Tendremos que reivindicarlas desde aquí 😉

  4. Esta historia me mantuvo con el corazón en vilo. Ya despotricaba contra la obsolescencia programada cuando… ¡apareció la solución! Suspiré aliviada, por Maruja y por las brujas. 😉
    Besos de martes y cuentos.

  5. No puedo evitarlo…me encantan las brujas de los cuentos. Tengo debilidad por ellas. Y Maruja Laruja me ha robado el corazón: buscando soluciones para la crisis, sí señor, como debe ser!!
    Gracias por otro martes especial, me hacía falta…..
    Eres oxígeno a principio de semana.

    • 🙂 Las brujas son especiales, Natalia, y también a nosotros nos encantan, así que visitaremos Cascaruja, la ciudad oculta de las brujas en Isla Imaginada, y traeremos más cuentos para vosotros 🙂
      Gracias por tu comentario 🙂 ¡Un abrazo!

  6. ¡Qué maravilla! Creo que voy a hacer un “libro casero” con tus cuentos para Minififi, porque me gustan todos. Besicos

    • 🙂 ¡Nos hace felices leer esto! Esperamos que a Minififi le gusten nuestros cuentos casi tanto como le gusta montar en los coches rosa de la feria 😀 😀 😀
      En cuanto a tu idea, ¡los grandes talentos coinciden! 😀 😀 Como tú, pensamos que sería una buena idea hacer un libro de cuentos y nos hemos puesto manos a la obra. Esperamos que antes de finalizar el año os podamos presentar nuestro primer libro de cuentos que ya estamos preparando. Serán 10 cuentos del martes, uno de ellos inédito, hecho especialmente para este libro de tapa dura. Todas las ilustraciones serán nuevas. ¡Estamos muy ilusionados con este proyecto! Os iremos informando a medida que avancemos 🙂

  7. Todos debemos mantener en nuestros hogares algún recuerdo de un tiempo pasado, quien sabe si algún día lo buscará alguna bruja, hechicero, o enanito del bosque!
    Una vez más, un martes encantador.

    • 🙂 Es verdad, Toni, nunca se sabe qué pieza de las que poseemos será mágica para alguien y es mejor guardarlas por si acaso; no vaya a ser que alguien la necesite y por nuestra culpa se quede sin ella 😉

  8. Tiene que ser angustiosa para una bruja la posibilidad de acabar sus días en un cuartucho de unos grande almacenes. ¡Qué falta de glamour!

    Menos mal que una escoba vintage la salvó de tan horroroso final.

    • Pues poca broma, Jerby, que hay bastantes brujas en tratamiento por tuchofobia. ¡Tú no sabes lo que odian las brujas los cuartuchos!. Y lo peor del caso es, que si se hubiera quedado encerrada en los Almacenes y hubiera recuperado su forma de bruja… ¡¡Es mejor no pensar en qué hubiera podido ocurrirle a Maruja si se llega a tropezar con Liborio Maeztu, el vigilante de noche, y con su perro Aurelio!!

  9. Si es que esos ingredientes son carísimos, no están al alcance de todas las brujas. Pobre Maruja, cómo la comprendo y encima con 17 termitas royéndole la escoba, ni una más ni una menos. Menos mal que encontró vehículo brujil adecuado. Muy bonito cuento, me gustan mucho los detalles y el nombre del bosque.

  10. Pues si, lo has conseguido. Me parecía imposible pero te has superado respecto al cuento del martes anterior.
    Puedo cambiar mi regalo de cumpleaños y quedarme con este? porfis! es que me siento tan identificada con Majura Lajura, bruja de profesión..todo el día con la escoba a vueltas, con los pedos de sapo,los hongos podridos, y las cáscaras de limón …
    Siento decirte que el martes que viene seguro que no lo superas… ¿o si?
    Feliz martes

    • 😀 😀 😀 ¡Vaya subidón de egolesterol! Haremos ver, por un rato, que nos lo creemos y nos convenceremos de que los cuentos que escribimos son mejores que los del mismísimo Émile Zola.
      Y por descontado que puedes cambiar el regalo, ¡faltaría más! ¡Un abrazo!

  11. Qué cuento tan divertido y a la vez tan bonito. Es interesante como las cosas que creemos obsoletas, a veces son las más útiles. Me alegro de que Maruja Laruja pueda celebrar el Solsticio sin problemas, no me quiero imaginar lo triste que se hubiera puesto de no haber podido asistir.

  12. Martes de cuento, me ha gustado mucho la historia. Me alegro de que Maruja Laruja eligiera el modelo tradicional, definitivamente las escobas metálicas son un horror, aunque hubiera encontrado una de fibra de carbono y no pesara nada, su elección fue la acertada. Como siempre tengo una pregunta. ¿De quién era la escoba abandonada?, quizás de alguna otra bruja?, no la estará buscando ahora?.

    • ¡Ajá, Sensi! Vemos que has leído con mucha atención el cuento de esta semana y eso nos alegra mucho 😉 Contestamos a tu sabia pregunta.
      Verás, al parecer, en Almacenes Tulipán, hace mucho tiempo, hicieron la semana renove de escobas (dabas tu vieja escoba a cambio de una nueva con descuento o de un aspirador). Las escobas viejas que la gente o las brujas entregaban las iban amontonado en el cuartucho y cuando acabó la semana y las bajaron a la basura esta, por un descuido, se quedó olvidada en un rincón. Por lo que hemos averiguado, perteneció a un brujo llamado Occipianto Cegatero, cuya vista era tan malísima que no podía leer las palabras mágicas del mango para que la escoba volara, así que solo la usaba para barrer y decidió aprovechar el plan renove y cambiarla por un aspirador 🙂

  13. Ya me temía que Maruja no encontrara su escoba. Debe ser horrible para una bruja quedar perdida en unos grandes almacenes con tanto trasto y tanta pócima inservible.
    Muy buenos días y gracias por este ingenioso cuento.

    • 🙂 ¡Imagina! Si ya es terrible para una persona estar encerrada en un lugar en el que no hay nada que te gusta, para una bruja, momentáneamente sin poderes, debe de ser un auténtico suplicio. ¡al final, por suerte, encontró lo que buscaba! 🙂

  14. Mil Gracias por este nuevo cuento. Lo leere mañana con serenidad y habiendo descansado. Solo pase por este rincon magico de letras para agradecerte nuevamente por todo lo que haces por el mundo conocido y desconocido por todos.

    ¡GRACIAS! Mil veces gracias…

    Pat

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