Skip links

Main navigation

El chico y el cocodrilo

lazy_river_by_camelid-d627xso

Ilustración: Camelid

Un chico se adentró en la selva para recoger leña. Al mediodía ya había recogido un buen montón, la ató bien y tomó el camino de regreso hacia su aldea.

Al subir una colina, vio a poca distancia un lago que nunca antes había visto y pensó: «Iré a beber. Tengo mucha sed». Mientras estaba bebiendo, se encontró cara a cara con un cocodrilo y empezó a correr, pero el cocodrilo lo llamó:

—Niño, no corras, ¡ayúdame, por favor! Hace tres días que estoy aquí sin comida y si te vas, moriré.

El cocodrilo, que se llamaba Bambo, pensó que aquel tierno muchachito sería un bocado exquisito y añadió:

—Vine a este lago por un afluente del río, pero ahora el afluente se ha secado y yo no me puedo mover. Debes ayudarme a regresar de nuevo al río, prometo que no te haré nada.

El muchacho empezó a llorar.

—No llores —dijo Bambo— no pienso comerte.

—Aunque no me comas, tú eres más grande que yo, y más fuerte, y más largo. ¿Cómo podré transportarte? —preguntó el niño

—Esto no es ningún problema. Coge tu hacha y corta dos palos largos —respondió Bambo.

El chico cortó los palos y siguió las instrucciones del cocodrilo: puso uno de ellos en el suelo, el cocodrilo se puso encima y después el niño puso el otro palo sobre la espalda del cocodrilo. A continuación, ató palos y cocodrilo juntos desde la cabeza hasta los pies, lo levanto por la cola y lo arrastró hasta el río y durante todo el camino, lloraba y cantaba:

El cocodrilo me da miedo,

porque me comerá.

¡Ay!, miedo me da.

Bambo le repetía:

—No pienso comerte, porque si lo hiciera, significaría que recompenso tu buena acción con maldad.

Pero el chico no hizo caso y continuó llorando y cantando su canción.

Al llegar al río, el muchacho quiso poner al cocodrilo de espaldas antes de desatarlo, pero Bambo le dijo:

—Si me dejas aquí, patas arriba, moriré igualmente. ¿Me has traído a través de toda la colina para esto? Por favor, no me dejes tan cerca del río así.

El chico introdujo al cocodrilo en el río hasta que el agua le llegó a la cintura.

—Un poco más, un poco más —imploró Bambo.

—El agua me llega ya a la cintura y yo no sé nadar —contestó el chico—. Deja que te suelte aquí mismo.

—Por favor, muchacho, solo un poco más lejos.

El chico continuó hasta que el agua le llegó al cuello.

—Te soltaré aquí —dijo el muchacho.

El cocodrilo estuvo de acuerdo y una vez libre, se dio la vuelta y apresó con sus enormes fauces al chico.

—¿Cómo puedes hacerme esto? —sollozó el muchacho— ¿Has olvidado tu promesa?

—Debiste suponer que no hablaba en serio. Después de todo, lo dije porque estaba atrapado en el lago, pero llevo tres días sin comer y si te dejo escapar quizá no tendré fuerza para cazar e igualmente moriré. Es un poco desafortunado para ti, pero comprende mi situación.

—Sabía que me comerías. Por esto he estado llorando todo el rato. Sabía que recompensarías mi buena acción con maldad.

En la orilla del río había un árbol y el chico propuso al cocodrilo:

—Antes de comerme, expongamos nuestro caso al árbol a ver qué dice.

Al cocodrilo le pareció bien y contaron su historia al árbol. Al terminar, el árbol sacudió sus ramas y habló:

—Cocodrilo, creo que tienes razón. Nosotros, los árboles, sabemos lo ingratos que pueden ser los humanos. Se sientan bajo nuestra sombra para protegerse del sol abrasador. Les proporcionamos frutos y medicamentos, los ayudamos a que llueva para su bien y el de sus tierras, pero tan pronto como somos grandes y fuertes, vienen y nos cortan para sus egoístas propósitos. Son locos y desagradecidos. Cocodrilo, ¡cómete tu presa! —sentenció solemne el árbol.

—Ya lo has oído —dijo Bambo encantado—. Te voy a comer porque todo el mundo sabe lo ingratos que sois los humanos.

Justo en ese momento, una vaca se acercó a beber al río y el chico le dijo al cocodrilo:

—Pidamos una segunda opinión. Expongamos el caso a la vaca. Estoy seguro de que ella no estará de acuerdo con el árbol.

Llamaron a la vaca y cuando terminaron de contar su historia, esta levantó la cabeza y dijo:

—Cocodrilo, puedes comértelo. Los humanos son las criaturas más ingratas que existen. Mientras fui joven y los humanos podían beber mi leche, me daban comida y agua, pero ahora que soy vieja y mi leche se ha secado me han abandonado y no me dan ni siquiera de beber. Por lo tanto, cocodrilo, creo que tienes razón —sentenció la vaca.

Ya se disponía el cocodrilo a comerse al niño cuando un asno fue a beber.

—¡Espera! —gritó el chico—. Contemos nuestras historias al asno.

—¡Chico! —gritó enfurecido Bambo—, no importa lo que él diga, te voy a comer de todos modos.

—Aun así, pidamos una tercera opinión, por favor —rogó el joven.

Contaron su historia al asno y este, después de escuchar atentamente dijo:

—Cocodrilo, escucha, cuando yo era joven los humanos ponían sobre mi lomo todo tipo de cargas y me pegaban, pero ahora soy viejo y casi no puedo cargar ni conmigo mismo, por esta razón me han abandonado. Dejaron de darme hierba para comer y me negaron incluso el agua. Los humanos son los seres más ingratos de este mundo. Así que puedes comértelo —sentenció el asno.

—¡Ya lo has oído! —exclamó Bambo—. No pienso dejarte libre, no hay nada que te pueda salvar.

Pero antes de hincarle el diente, un conejo pasó corriendo hacia el río.

—Por favor, por favor, contemos también nuestra historia al conejo —suplicó de nuevo el muchacho.

—¡Chico! Tengo hambre y empiezo a estar aburrido de este juego —exclamó el cocodrilo.

—¡Oh! ¡Por favor! Sólo una vez más —insistió el chico.

—De acuerdo, pero el conejo va a ser el último al que vamos a consultar.

Llamaron al conejo y el niño empezó a contar la historia, pero el conejo lo interrumpió:

—¡Cállate! He oído hablar de lo mentirosos que son los humanos. ¡Que hable primero el cocodrilo!

Bambo empezó a hablar, pero el conejo lo interrumpió:

—Perdona, amigo, mis orejas son muy grandes pero no oigo muy bien. ¿Podrías acercarte un poco?

El cocodrilo y el chico avanzaron unos pasos hasta que el agua llegó al pecho del muchacho. El cocodrilo empezó de nuevo a hablar y el conejo volvió a decir:

—Perdona de nuevo, cocodrilo, pero aún no puedo oírte. Por favor acércate hasta la orilla.

El chico y el cocodrilo así lo hicieron y primero uno y después el otro, contaron su versión de la historia al conejo. Después de oír al muchacho, el conejo exclamó:

—¡Ya sabía yo que los humanos sois todos unos mentirosos! ¿Esperas que crea que siendo tan pequeño y el cocodrilo tan grande lo has podido cargar desde la colina hasta aquí? ¡Demuéstrame cómo lo has hecho!

El chico cogió los dos palos, puso al cocodrilo encima de uno de ellos y el otro sobre su lomo. Después lo ató desde la cabeza hasta la cola. ¡El cocodrilo estaba atrapado! No podía moverse. Entonces el conejo preguntó:

—Niño, ¿le gusta la carne de cocodrilo a tu gente?

—Es la carne que más les gusta.

—Bien, entonces aquí tienes tu presa —dijo el conejo.

El chico cargó con el cocodrilo y lo llevó hasta su casa. Mientras, el cocodrilo lloraba y cantaba:

El chico me da miedo,

porque me comerá.

¡Ay!, miedo me da!

Al llegar a la aldea, todos empezaron a gritar:

—¡Mirad! ¡Nuestro muchacho fue a por leña y nos trae un cocodrilo!

—Y esto no es todo —dijo el chico—, también hay un conejo entre los matorrales. ¡Tenemos que cazarlo!

Al oír aquello, el conejo exclamó:

—¡Debo huir y ocultarme! Realmente, los humanos son los seres más ingratos que existen.

Y aunque buscaron al conejo hasta el anochecer, no pudieron dar con él. Cuando finalmente desistieron y estaban volviendo a casa, el conejo llamó al chico y le dijo:

—Lo que afirmaron el árbol, la vaca y el asno sobre los seres humanos es totalmente cierto. Fui yo quien te salvó la vida, y ahora tú quieres comerme del mismo modo como el cocodrilo quiso hacer contigo. ¡No quiero volver a saber nada más de ti!

Se dice, que es por este motivo que los conejos corren tan rápido al ver a un ser humano. Cuentan, que antes de que esto sucediera, si alguien se perdía en la selva, un conejo siempre salía para indicarle el camino de regreso.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “El chico y el cocodrilo” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. Pues conforme iba leyendo el cuento me imaginaba un giro inesperado de la historia. El cocodrilo tenía ante sus narices a una vaca, a un asno y a un conejo, y aún así seguía interesado en el niño. Pero bueno, que el chaval ha puesto a tu disposición a tres posibles presas y no te estás ni enterando!. Creo que el niño se merecía salir vencedor porque confió y se esforzó. No me gusta generalizar, los humanos son…Pues no, algunos humanos son… y algunos humanos no son…
    Me ha gustado el cuento, para reflexionar.

    • En lo que estamos completamente de acuerdo es en que jamás se debe generalizar, aunque en los cuentos, para dejar bien claras las cosas, se tiende a ello 😉 Los malos son muy malos y los buenos muy buenos y, en este caso el niño saca lo peor del ser humano que todos llevamos dentro y el cocodrilo lo más tonto… ¡porque mira que hacerle caso al conejo y dejarse atar! 😀 😀 😀

  2. El cuento, como siempre, maravilloso. No me parece justo que se juzgue a todos los seres humanos del mismo modo. El muchacho intentó ser generoso a pesar de su miedo. Me niego a meterme en el mismo saco de aquellos que ni respetan ni veneran la naturaleza.
    Y sé que, paradójicamente, nos queda un camino largo para regresar a nuestro origen, cuando era la naturaleza quien nos guiaba. Pero tb sé que somos muchos los que hubiésemos ayudado al cocodrilo y nunca traicionado al conejo.
    Y confío. Confío en el ser humano.

    • Estamos de acuerdo contigo, Natalia, ¡claro que no está bien juzgar a todos igual! De hecho, cualquier generalización creemos que es mala.
      Sin duda es el camino es largo y difícil, pero cada vez somos más los que sabemos que la naturaleza merece respeto. Nosotros también confiamos en los seres humanos que aman, mejoran y ayudan a una convivencia mejor, y para los que no lo hacen, les dedicamos este cuento, a ver si los ayuda a reflexionar 😉 ¡Un abrazo y gracias por tus palabras!

  3. Hola martes,
    Yo pienso que hay seres humanos muy ingratos y otros que no lo son, pero lo que si me parece es que no cuidamos la naturaleza, ni la mimamos, ni le agradecemos lo que nos proporciona. Quizá algún día, aprendamos lo necesaria que nos es.
    Un cuento muy aleccionador.
    Besetes de martes.

    • Afortunadamente, María, hay personas maravillosas que cuidan su entorno y luchan por él, pero aún hay mucho camino por recorrer hasta que todos seamos más conscientes de que formamos parte de un todo. Como tú dices, tenemos que aprender que estamos integrados en esa naturaleza y no verla solo como un espacio bucólico de fin de semana o de diversión. Seguiremos luchando, en la medida de nuestras posibilidades, para mejorar lo que nos rodea 🙂 ¡Un abrazo bien grande!

  4. Llego tarde, pero llego a la ineludable cita de los martes! Los maravilloso cuentos que siempre nos proporcionas, son una bocanada de aire puro y fresco en estos días tan axfisiantes.
    Gracias! Y hasta el martes próximo.

    • Nunca es tarde para leer cuentos, Toni, ya lo sabes 🙂 Y para nosotros, tus visitas, sean el día que sea, y sean a la hora que sea son oxigeno que nos da aliento para seguir buscando relatos e ilustraciones con las que acudir cada martes a nuestra cita 😉 ¡Un abrazo!

  5. Que cuento tan cruel y tan cierto, somos realmente ingratos con todos los animales, plantas y con el resto de la raza humana.
    Realmente nacemos así o nos vamos haciendo con el paso del tiempo??

    • Pues ni idea querida Tejas, supongo que de todo hay en la viña del señor, hay niños que disfrutan matando hormigas solo por diversión y hay otros que no soportan que en casa se mate ni una mosca. Tal vez, al crecer se acentúa una cosa y otra o quizá se va cambiando y aprendiendo. Lo que sí es cierto es que necesitamos inculcar en los más pequeños la necesidad de amar esa naturaleza que tanta falta nos hace 🙂

    • 😀 😀 😀 ¡Qué buena observación, Madame! Tú, como nosotros, también debes de pensar que a todos nos iría mucho mejor si en la escuela se recuperara la tradición del Trivium y, de paso, también deberíamos recuperar de esa misma época la lectura activa de la naturaleza y el respeto hacia ella 😉 ¡Un abrazo!

  6. Qué razón tienen el árbol, la vaca, el asno y el conejo. Los seres humanos tenemos fama de ser los animales más ingratos que existen, claro que también los hay agrdecidos y buenos, que cuentan estas historias para que recapacitemos sobre nuestra actitud y cambiemos un poquito. ;P

    • 😀 😀 😀 Y no te olvides de las personas buenas y agradecidas que leen cuentos y de otras que, además de leerlos, nos ayudan a buscar el conocimiento escondido esté donde esté. ¡Un abrazo, querida Aurora!

    • Sí, ratoncito, es cierto lo que dices. Cada uno de nosotros es responsable, en mayor o menor medida, de ingratitud, porque una de las características del ser humano es el egoísmo y cuando solo nos miramos el ombligo, nos olvidamos de todo lo que nos rodea.

  7. Muchas Gracias por el cuento.

    Si yo fuera dios todopoderoso y me propusiera salvar a este planeta, removeria entre todas sus criaturas al hombre, al hombre blanco, el mayor y mas cruel depredador de los sueños mas puros y celestiales, el mas despiadado con las criaturas menores indefensas, el mas inteligente entre todos los reinos mineral, vegetal y animal. El que usa esa inteligencia para destruir, matar, dominar, esclavizar, parasitar, enfermar y sacar provecho y beneficio para si mismo como si fuera amo y señor de todo el planteta con todas sus criaturas que lo pueblan.

    Contruir un mundo nuevo en la tierra, supone remover la maleza, abonar la tierra con amor puro verdadero para transmutarla por dentro, sembrar la semilla sana de la humanidad, esa que logro hacer su propia metamorfosis humana, porque simplemente aprendio a amar en forma consciente y responsable, que aprendio a ser agradecido con el creador, con la madre tierra, con sus frutos maravillosos y con sus hermanos, sus propios pares.

    Desafortunadamente, la humanidad que reina es cruel e ingrata, egoista en pensamiento, emocion y accion.

    Muchas Gracias por el cuento, Martes de cuento. Aleccionador en mas de un sentido.

    Te debo la lectura de otros dos cuentos que no he leido no por indiferencia o ingratitud, sino por circunstancias adversas en mi vida privada y personal.

    Yo valoro y atesoro la bellisima labor que realizas en esta web. Lo valoro y atesoro no en las letras. Lo valoro en la profundidad de mi alma y de mis sentimientos azules que pueblan mi propio cielo interior.

    Te envio un beso con el color de esa semilla sana y magica que nos haria vivir el cielo en la tierra como humanos en armonia con el universo.

    Pat

    • Es verdad, Pat, que los humanos somos como una plaga y que nos creemos el centro del universo, pero no debemos perder la esperanza de que esto cambie. Tú la tienes ya que crees firmemente que un mundo nuevo es posible 🙂 Cada uno de nosotros debe aportar su pequeño grano de arena, nosotros lo hacemos en forma de cuentos.
      ¡Un abrazo y gracias por tus ánimos! Esperamos que esas circunstancias vitales que comentas no sean graves y sean, tan solo, algo pasajero. Y ya sabes que los cuentos, aunque salen los martes, no tienen ni día ni hora y que cualquier momento en el que te apetezca leerlos, ellos te esperan, también las poesías, la mitología… En fin, que puedes venir aquí siempre que quieras. Estás en tu casa.
      Un abrazo, querida Pat.

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.