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¡Atrápalo, cisne!

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Ilustración: Adrian Ludwig Richter

Jacobo, Federico y Godofredo eran hermanos; los dos primeros eran fuertes y robustos, pero el tercero era más bien paliducho y enclenque. Los dos mayores, en lugar de ser amables con el más débil, se aprovechaban de su poder y siempre le dejaban al pequeño los trabajos más agotadores y aburridos, como si creyeran que la debilidad era un delito que se debía pagar. El pobre Godofredo se entristecía por ello, pero no tenía valor para rebelarse, así que lo único que hacía era llorar cuando nadie podía verlo.

Un día que estaba recogiendo leña en el bosque, vio salir de detrás de un arbusto a una viejecita que le dijo:

—Hijo mío, ¿a qué viene ese llanto? A tu edad, lo que deberías hacer es reír. ¿Por qué no te marchas de aquí? El mundo es muy grande y la felicidad puede estar en cualquier otro lugar.

Godofredo, en aquel momento, no supo qué contestar, pero de regreso a su casa iba dando vueltas a las palabras de la extraña anciana y, finalmente, se dijo «Ciertamente esa viejecita tiene razón. Aquí nunca conseguiré ser feliz. ¿Qué me retiene?». Y como nada dejaba atrás que de verdad le importara, aquella misma noche puso sus pocas cosas en un hatillo y partió.

Desde la cima de la colina, se giró para ver, por última vez, la aldea en la que había vivido hasta ese día. En ese momento, para su sorpresa, la misma viejecita, que estaba tras él, le dio un golpecito en la espalda:

—No sientas nostalgia, ¡has hecho lo correcto! Quiero ayudarte y espero que te acuerdes de mí cuando las cosas te vayan bien. En el siguiente cruce encontrarás un árbol muy grande y a sus pies un hombre dormido, junto a él, atado al tronco del árbol, verás un cisne blanco. Desátalo sin hacer ruido y llévatelo. Luego, camina en línea recta, hacia la capital. Durante el camino, te encontrarás a gente que te preguntará si puede arrancar una pluma al cisne, o tocarlo. Tú diles que sí y cuando lo toquen, grita: «¡Atrápalo, cisne!» Quedarán pegados al blanco plumaje y no tendrán más remedio que seguirte a todas partes.

Dicho esto, la anciana desapareció.

Caía la tarde cuando Godofredo llegó al cruce. Vio el árbol, a sus pies estaba el hombre dormido y, junto a él, el cisne atado al tronco. Sin hacer ruido, lo desató, se lo llevó y empezó a caminar en línea recta.

Poco después, atravesó un pueblo. Un niño que jugaba en la calle le preguntó:

—¿Puedo arrancar una pluma al cisne?

—Claro.

Y cuando el niño tocó el plumaje, Godofredo gritó: «¡Atrápalo, cisne!» y el pequeño, por mucho que se esforzó, fue incapaz de separar su mano del blanco plumaje. No tuvo más remedio que ir tras Godofredo, que siguió adelante sin detenerse.

Al girar la esquina, ambos se encontraron con una criada que salía de una tienda:

—¡Pequeño!, ¿qué haces yendo tras ese cisne?

—¡Ay, ay!, no puedo soltarme ¡Ayúdame! —sollozó el chiquillo.

Cuando la criada intentó soltar al niño, Godofredo gritó: «¡Atrápala, cisne». Y la criada se quedó pegada.

Siguieron andando. Un deshollinador que conocía a la criada exclamó con asombro:

—Pero muchacha, ¿qué haces? ¿No ves que ya eres muy mayor para jugar al trenecito en medio del pueblo?

—¡Ay, ay, ayúdame! ¡No estoy jugando, me he quedado enganchada! —dijo alargando la mano que tenía libre.

Y el deshollinador, que se apresuró a tomar su mano, fue apresado a su vez.

Pasaron por otro pueblo y un payaso tambié fue capturado. Incluso el alcalde del lugar, quedó enganchado en la cola del cisne cuando quiso dispersar aquella extraña multitud:

—¿Qué estáis haciendo, bribones? —gritó—. ¿Quién es el instigador de esta revuelta? ¡Soltaos ahora mismo! —Y al estirar la chaqueta del payaso, ya no se pudo soltar.

Al salir del pueblo, la anciana salió de entre unos arbustos y le dijo a Godofredo:

—¡Bravo! Veo que me has hecho caso. Cuando quieras liberar a toda esta gente, solo tienes que tocarlos con esta varita —le dijo alargando la mano, y después desapareció.

El muchacho siguió andando hacia la capital y durante el recorrido se fue alargando aquella variopinta comitiva, cada vez más ruidosa y ridícula, puesto que las muecas, exclamaciones y gestos de los que se iban uniendo eran de lo más extraños que uno se pueda imaginar.

Entraron en la capital y el grotesco cortejo se cruzó con un carruaje dorado en el interior del cual viajaba una joven pálida y triste. Era la heredera de aquel reino, una muchacha siempre melancólica a la que nadie jamás había logrado ni tan solo hacer sonreír.

Cuando la princesa miró por la ventana de su carroza y vio aquel cómico grupo que saltaba tras un cisne conducido por un chico guapo y alegre que iba silbando, no pudo contenerse y estalló en carcajadas.

—¡¡¡La princesa se ha reído!!! —gritaron los lacayos.

Sin parar de reír, la princesa Calixta bajó del coche para ver mejor aquel revoltijo de gente tan ruidosa y ridícula.

Cuando al fin pudo controlar la risa, le dijo a Godofredo:

—Ven, te llevaré a ver a mi padre. Quiero que se ría tanto como yo. ¡Síguenos!

La buena nueva precedió a la comitiva y llegó antes que ellos a palacio.

—¡Majestad, majestad! ¡La princesa se está riendo!

El rey, llenó de felicidad, salió a recibir a su hija y no pudo menos que ponerse también a reír al ver aquel extraño espectáculo.

—¡Ja ja ja ja!, eres el mejor cómico del mundo —le dijo a Godofredo—. Mereces el premio que prometí a aquel que consiguiera hacer reír a mi hija. ¿Qué prefieres, mil monedas de oro o una hermosa finca? ¡Elige!

En realidad, lo que Godofredo quería era casarse con Calixta, de la que se había enamorado en el mismo instante en el que oyó su risa. Pero como no se atrevió a decirlo, respondió:

—Me quedaré con la finca, Majestad.

Después, con la varita que había recibido de la anciana, fue tocando a los que estaban enganchados a la cola del cisne, los cuales, a medida que quedaban libres, desaparecían tan rápidamente que de ellos solo se veía el polvo que levantaban al huir.

Godofredo se disponía ya a marchar hacia su nueva finca, cuando la princesa acarició las blancas plumas del cisne. Estaba triste por la marcha de Godofredo, del que se había enamorado porque la había hecho reír, y temía caer de nuevo en su antigua melancolía. Al ver su gesto, Godofredo no pudo evitar gritar: «¡Atrápala, cisne!» y Calixta quedó enganchada al plumaje.

Godofredo, no obstante, enseguida tocó a la princesa con su varita, porque entendió que nadie debe retener a otra persona a la fuerza.

La princesa, sin moverse de donde estaba y libre ya para elegir, preguntó:

—Godofredo, ¿te quieres casar conmigo?

—¡¡Por supuesto!! ¡Nada en el mundo podría hacerme más feliz, Calixta!

Y al oír pronunciar estas palabras, el cisne blanco extendió sus alas y se elevó hacia el cielo, perdiéndose de vista confundido entre las blancas nubes.

Godofredo y Calixta se casaron y fueron felices para siempre.

¿Y la anciana? ¿Os habíais olvidado de ella? Ellos no. La buscaron y la nombraron Jefa de Palacio y siguió trabajando allí hasta el día en que se jubiló.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “¡Atrápalo, cisne!” con la voz de Angie Bello Albelda

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Reader Interactions

Comments

  1. Que cuento tan bonito! Me encanta reír y la risa. Creo que una sonrisa atrapa siempre la felicidad y sino que se lo pregunten a Godofredo!
    Besetes de miércoles pero con los aires del martes.

    • Esta semana será larga en sonrisas y cosas buenas, porque tu mensaje lo leo y contesto en jueves 😀 😀 😀 ¡Gracias por pasar, María! Cualquier día y a cualquier hora sienta bien un cuento.

  2. Ay, hasta hoy no he podido leer el cuento así que aquí comienza mi martes especial.
    Ya sabes lo que pienso yo de la risa y de su poder inigualable. La duendecilla Cascabel utiliza su risa para ayudar a otros. La magia no exige ser sobrenatural; lo cotidiano tiene un poder mágico que a veces se nos pasa por alto.
    Muchas gracias, como siempre!!!!!

  3. Ahora entiendo por qué tengo a tanta gente guay alrededor. ¡¡¡¡Es culpa de mi risa!!!! 😀 😀 😀 Me encanta el cuento, como cada martes.
    Este más que a un cuento, me recordó a una fábula, a esas narraciones antiguas tan chulas que mi abuela me leía cuando era pequeña.
    Genial, fantabuloso, como siempre 😀

    • 😀 😀 😀 ¡Qué no nos falte nunca la risa! Un remedio infalible para casi todo.
      Me gusta esa palabra “¡Fantabuloso”! que sepas que la pienso usar en cuanto tenga ocasión 😉
      ¡Un abrazo!

  4. No conocía el cuento, como todos los martes ,aprendemos. En verdad la risa es medicina mágica . Y gratis!!! Sólo hay que rodearse de las gentes adecuadas y dejarse llevar por la vida con optimismo y alegría, aunque eso sea en ocasiones tan difícil !! Pero hay que insistir. Saludos cuenteros

    • 🙂 Cuando es muy difícil sonreír, lo mejor es rodearse de cachorros, humanos o de cualquier especie, 😀 😀 😀 😀 porque siempre, de un modo u otro, acaban arrancándote una sonrisa de ternura.
      ¡Saludos cuenteros!

  5. Ay martes no me prives de mi cuento. Y como Semana obedece llega el día y tengo mi premio. Tendré presente rodearme de Godofredos y contagiarme de él hasta volver epidemia las sonrisas. 😀 😀 😀
    ¡Un abrazo!

  6. Ay, si más de uno leyera este cuento aprendería que a las princesas no hay que atraparlas para que permanezcan a tu lado. Besicos

    • 🙂 Los godofredos, aunque escasos, son la mejor compañía del mundo. Haces muy bien en querer acercarte a alguien que te haga reír porque, al fin y al cabo, es una de las habilidades humanas más complicadas que hay, infinitamente más difícil que hacer llorar, y no todo el mundo consigue arrancar de los demás una carcajada 😉

  7. Aquí me queda una duda, ¿necesitó Godofredo de nuevas artes para mantener la risa de Calixta? Aunque es posible que le quedara grabada la sonrisa del amor y ya no volviera a la melancolía. Y además, caramba, qué bonito que una historia acabe bien con la falta que nos hace.
    Abrazos.

    • Yo creo que la felicidad de ambos fue suficiente para acabar con la tristeza de él y la melancolía de ella y que si alguna vez corrieron el riesgo, allí estaba la anciana para recordarles su pasado 🙂
      Necesitamos historias que acaben bien para demostrarnos que, a pesar de todo, es posible la esperanza. ¡Gracias, Madame por tu comentario!

  8. Qué bonito cuento. No hay nada en la vida como hacer sonreír a alguien. Y cuando no se tiene un cisne mágico, nada mejor que una palabras de cariño. Precioso, martes. Como cada semana. Un placer haberte encontrado. Tú no necesitas de ningún cisne para atraparnos. Besitos

  9. Muchisimas Gracias, Martes por compartir este cuento. Volvere a dar mi opinion de el mismo con el tiempo que amerita su lectura.

    Un abrazo grande; Martes, un abrazo grande y sincero, esencialmente AGRADECIDO, te envio en la distancia que nos auna a ambas mediante las letras y los nobles sentimientos.

    Pat

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