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La Mochila de los Cuentos Pequeños

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Ilustración: ciclomono

 

Esta es la historia de Mario, un niño al que le encantaba jugar en la calle con sus amigos. Jugaban al balón, a las canicas, al pilla-pilla, a cambiar cromos… Pero en realidad, lo que más le gustaba a Mario eran los cuentos.

Cuando caía uno nuevo en sus manos disfrutaba muchísimo imaginando las historias hechas realidad y no se cansaba de pasar las hojas infinitas veces, hasta dejarlas bien gastadas, mirando una y otra vez los dibujos.

Pero eran muy pocos los que sus papás podían comprarle, andaban muy justos de presupuesto y, por supuesto, lo primero eran los libros del colegio y el material escolar, lo que dejaba muy poco para cuentos.

A dos calles de casa de Mario se encontraba la librería «La Fantasía»; en su escaparate lucían nuevitos y relucientes los libros y cuentos recién publicados.

¡Cómo le gustaba a Mario ese escaparate! Aplastaba su naricilla en el cristal y se quedaba embobado con aquellos colorines y las letras brillantes y, cuando nadie lo miraba, metía la cabeza dentro del comercio para aspirar el maravilloso olor de las páginas nuevas.

Así lo observaba a menudo doña Lola, la dueña de «La Fantasía», hasta que se decidió a llamarlo un día:

—¡Oye, Mario, chaval!

—¿Es a mí?

—¡Pues claro! ¡Ven, entra!

«¿Qué querrá?»,  se preguntó Mario. Y, aunque un poco extrañado, dejó de jugar con sus amigos y entró porque conocía a la propietaria, ya que siempre compraban allí los libros del cole y las libretas.

Doña Lola lo condujo hasta la trastienda y le habló así:

—Mira Mario, quiero hacerte un regalo.

—¿Un regalo?

—¡Sí señor! ¡Te lo mereces!

—Yo, ¿por qué?

—Porque sé que te gustan los cuentos.

—¡Claro que me gustan los cuentos!

Mario estaba entusiasmado, pensó que doña Lola le iba a regalar un cuento nuevo, pero no fue así. ¡Qué decepción cuando la mujer apareció con una pequeña mochila! No era nada del otro mundo, de color incierto y con una cremallera ¡Y ni tan siquiera tenía dibujos!

Al ver su cara de decepción, la librera lo consoló:

—Mario, este es el mejor regalo que puedes recibir ¡Es la Mochila de los Cuentos Pequeños!

—No lo entiendo…

El pobre estaba desilusionado ¿Cómo podía ser que una mochila tan simple como aquella fuera su mejor regalo?

—Deja que te lo explique. Cada vez que quieras leer un nuevo cuento, solo tienes que abrir la mochila y allí lo vas a encontrar. Lo lees y luego lo vuelves a dejar dentro, porque esta mochila es mágica y de allí viajará a la mochila de otro niño del barrio ¿Qué digo del barrio? ¡De la ciudad, del país, de todo el mundo! Porque en todo el mundo hay niños como tú, a los que les encantan los cuentos. ¡Ah!, y recuerda que cuando te hagas mayor te corresponderá a ti elegir a otro niño para entregarle la Mochila de los Cuentos Pequeños, igual que yo hago ahora contigo. Pero ha de ser nuestro secreto ¡Si alguien se entera de esto, la magia desaparecerá!

Mario se quedó con la boca abierta; no sabía qué decir y, tras prometer guardar el secreto, dio las gracias aturullado y salió disparado de la librería hacia su casa. Se moría de ganas de encerrarse en su habitación, abrir la mochila y comprobar cómo era de mágica.

Cuando por fin la abrió, se llevó una sorpresa al ver un cuento nuevecito, pequeño, porque así habían de ser todos los cuentos de la mochila mágica; cuentos sin más misión que la de dibujar una sonrisa, un ¡Ohhhh! de asombro o un ¡Ayyyy! de emoción.

El primer cuento que encontró decía así:

El conejo Manolito que quería ser perrito

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Ilustración: nicobou

Érase que se era, un conejito que vivía con Marita y Pepe, mimoso y consentido era el rey de la casa.

A sus dueños se les ocurrió un día sacarlo a pasear con correa, como si de un perro se tratara, y Manolito, que era un poquito cabezota, al ver pasear a los canes del vecindario con sus amos se dijo:

-Pues va a ser que yo no soy conejo ¡Que soy perrito!

Así de convencido estaba, que se negó a comer los vegetales que comen los conejos, y al fin, Marita y Pepe, desesperados, acabaron dándole pienso perruno, y ¡Manolito feliz!

Pero tenía una pena, y es que no sabía ladrar. Escuchaba los ladridos de los demás perros, pero él, por mucho que se esforzaba, no lograba que de su hociquito saliera ladrido alguno.

Y como a testarudo no lo ganaba nadie, seguía, día tras día, intentándolo. Y lo intentó con tantas ganas, que en uno de sus esfuerzos se escuchó bien fuerte un ¡guau!

En realidad, procedía de un perro que andaba de visita en su edificio, pero deseoso e impaciente, él imaginó que aquel ladrido era suyo, así que, muy ufano, dijo:

-¡Por fin he ladrado! ¡Soy un perrito! ¡Lo demostré!

Y quedó tan convencido toda su vida que, aunque nunca más volvió a ladrar, siempre decía:

-Para muestra, un botón.

Sus dueños, que lo querían mucho, nunca se atrevieron a negarle sus “cualidades perrunas” y, de este modo, Manolito vivió feliz hasta el fin de sus días.

Y colorín colorado, este cuento pequeño se ha acabado.

 

Nuestro amigo Mario disfrutó durante muchos años de las pequeñas historias que día tras día aparecían en la mágica mochila que, a pesar del tiempo transcurrido, seguía impecable; como el primer día. Así debía ser, ¡pues era grande su magia!

En la actualidad, Mario se ha hecho mayor y ha llegado la hora de que se desprenda de su Mochila de los Cuentos Pequeños.

Anda por ahí buscando niños y niñas a los que les entusiasmen los cuentos, al igual que a él cuando la librera le hizo el mejor regalo que pudiera recibir.

Si vosotros sois alguno de esos niños ¡Estad atentos!, y si veis a un señor que luce una gran sonrisa y que lleva una mochila muy pequeña de color incierto, con una cremallera y sin dibujos, preguntadle si es Mario.

Aunque ya sabemos que si alguno de vosotros la recibe no nos lo contará porque si no desaparecería la magia, nos contentaremos con imaginar las miles de historias que harán feliz a quien la tenga cuando lea los cuentos pequeños que contiene esta mochila mágica.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “La Mochila de los Cuentos Pequeños” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. No hace falta decir que mis marte siguen con aroma a cuento. Pero mi enfermedad me impide la actividad habitual. Te sigo, te leo y me envuelvo de cuentos, mucho más ahora que mi realidad es durilla. Aunque no escriba tanto, yo estoy ahí.

    • ¡Me sabe muy mal saber eso, Natalia! 🙁 Desde aquí te mandamos miles de abrazos para envolverte de cariño y de ánimos. Aunque no comentes, haces bien en no dejar de leer los cuentos, son una gran medicina para el alma y el alma sana ayuda a mejorar la salud en general. ¡Beso y besos! 🙂

  2. 🙂 Sensi, ¡qué lindo eso que has dicho! ¡Somos una gran mochila cargada de cuentos!, pero una mochila de colores. Cada color representa un sueño 🙂 🙂
    Nos gusta imaginar que repartimos cuentos por todo el mundo, porque esa ha sido siempre nuestra intención 🙂
    Y sí, 😀 😀 😀 😀 señor Mario, que nos estamos impacientando ya, ¡suelte la mochila! 😀 😀 😀 Me has hecho reír con tu ocurrencia 😀 😀

  3. Y entonces, quizás, un día cualquiera, de la mochila mágica salgan tambien otras mochilas para que muchos niños en el mundo tengan historias lindas que leer. Mis respetos a todos los que aman la lectura.

    • 🙂 ¡Esa es una idea genial! Sería como hacer clones de la mochila. Cuentos dentro de cuentos, de cuentos, de cuentos… ¡infinitos cuentos para infinitos lectores! Si Borges lo supiera, seguro que le encantaría esta idea, porque quizá le recordaría un poquito a su Biblioteca de Babel 😀

  4. ¡Qué cuento tan bonito! Yo quiero una mochila igual, porque sería maravilloso sentirte cada día como un niño. Con la magia en tu vida.
    Gracias por compartir estos martes.

  5. Gracias a todos los que han leido y comentado la pequeña historia de Mario. Vuestras palabras cariñosas me animan a seguir imaginando historias para compartir. Saludos y hasta pronto!!!

  6. Qué bonito! Yo quiero ser Mario. Bueno, ese Mario pequeño con una mochila mágica, llena de historias y letras, sueños y paisajes. Aunque….también disfrutaría siendo como ese duende que al bailar, hacía que un lápiz le escribiera las aventuras más asombrosas, que luego contaría al resto de duendes….

  7. Pues yo llevo sin éxito un Fernando, cuatro Antonios y dos Marías (que por detrás parecían Mario). Hay que ver la de gente que tiene una mochila así, simplona, llena de cosas que no son cuentos. Con lo bonitos que son, sobre todo los tuyos, Martes. Que tengas un día maravilloso. Besitos

  8. Me ha encantado este cuento, me parece tan original que lo comparto con mis seguidores y amigos. Pero sobre todo me ha gustado porque amo los cuentos pequeños, colecciono cuentos pequeños como los de Calleja, y hasta tengo la enciclopedia “Pulga” ¿La recordáis? Desde niña me han gustado los libros pequeñitos, muy pequeñitos y tengo mi colección y de vez en cuando necesito leerlos con lupa… Pero este cuento me ha fascinado le voy a decir a mi hada que me regale una mochila para guardarlos todos y así repartir su magia. Qué buena idea… Gracias y muchas felicidades a Juani, la autora. Y al ilustrador…Una delicia de cuento. Besos.

    • Muchísimas gracias, a mi también me gustan las historias pequeñitas, porque de ellas está hecha nuestra vida. Lo de “El señor de los Anillos” no es para mi. Estoy encantada que te haya gustado ésta. Saludos cuenteros!!

    • 😀 😀 Gracias Fran por tu comentario. Juani, la autora, también nos sorprendió a nosotros con este cuento doble, que pensamos que merecía una ilustración doble. Nos alegramos de que te haya gustado 😉

    • 🙂 Cosas dentro de cosas, como si de matrioska se tratara. Porque en tu comentario hay otros comentarios, que nos llevan a otras redes y nos hacen viajar muy lejos. ¡Fantástico! Un abrazo, ratón y muchas gracias.

    • Eso lo tendrá que contestar Juani, ya que ha sido ella la que nos ha traído el cuento, pero si nos dice que sí, ¡¡yo también iré a buscar a Mario!! 😀 😀 😀 😀
      En Martes de cuento no tenemos esa mochila, pero tenemos muchos cuentos, escritores estupendos, ilustradores fantásticos y unos amigos lectores que sois lo mejor de todo y el motivo principal de que sigamos adelante martes a martes. ¡Gracias pos estar siempre cerca, Amalaidea! 🙂

    • Claro que si!!! Todo el que lee un cuento es un niño en ese momento. Y nuestra mochila mágica nos llega cada martes puntualmente con un cuento nuevo. O no es cierto que viaja por por todo el mundo dando vueltas por la red? Así que abriremos cada martes nuestra “mochila” virtual y a disfrutar!!! Gracias y saludos

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