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Aladino y la lámpara maravillosa

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Ilustración: cuson

Érase una vez una viuda muy pobre que tenía un hijo llamado Aladino. Un día, un misterioso extranjero le dijo a Aladino que si lo ayudaba en un sencillo trabajo le daría, a cambio, una moneda de plata y el chico aceptó encantado, ya que pensó que aquel dinero les vendría muy bien a su madre y a él:

—¿Qué tengo que hacer? —preguntó.

—Sígueme —respondió el misterioso extranjero.

Juntos se alejaron de la aldea y se internaron en el bosque al que solía ir Aladino a buscar leña. Al poco, se detuvieron ante la angosta entrada de una profunda cueva que el chico nunca había visto antes.

—¡No recuerdo haber visto jamás esta cueva! —exclamó el joven— ¿Siempre ha estado aquí?

El extranjero no respondió, sino que le ordenó:

—Entra y busca mi vieja lámpara de aceite. Iría yo, pero la entrada es demasiado estrecha para mí.

—¡Voy ahora mismo! —repuso Aladino.

—Una cosa más antes de entrar —Lo detuvo el extranjero—. Solo quiero la lámpara de aceite. Veas lo que veas ahí dentro, no toques nada más, ¿entiendes?

El tono de voz del forastero alarmó a Aladino que, por un instante, estuvo tentando de huir, pero al recordar la moneda de plata que cobraría por trabajo tan sencillo y al pensar que con ella podrían comer una semana entera, no se movió.

—No debo tocar nada —repitió y acto seguido se deslizó a través de la estrecha abertura.

Una vez dentro, Aladino vio una vieja lámpara de aceite que alumbraba con su tenue luz la cueva. Cuál no sería su sorpresa, al descubrir que el suelo de la gruta estaba completamente cubierto de monedas de oro y plata y de piedras preciosas de todos los tamaños y colores.

“Que extraño, -se dijo- si ese extranjero desprecia los tesoros y solo quiere esta vieja lámpara, entonces es que su valor debe de ser incalculable. ¿O quizá es que ese hombre está loco? ¿O tal vez es un brujo?… Loco no parece… así que seguro que es…”

—¡Lánzame la lámpara ahora mismo! —gritó impaciente desde fuera el hechicero.

—Ya estoy saliendo con ella —repuso Aladino mientras comenzaba a deslizarse por la abertura.

—¡No! ¡Primero dame la lámpara! —exigió cerrándole el paso.

—¡No! —gritó Aladino.

—¡Pues peor para ti! —espetó enfurecido el hombre, empujando al muchacho dentro de la cueva y haciendo rodar a continuación una gran roca que bloqueó la entrada.

Pero no advirtió que, al hacerlo, el anillo que llevaba puesto en su dedo índice resbaló y rodó hasta los pies de Aladino, el cual lo recogió y se lo puso.

Una profunda oscuridad invadió la caverna y Aladino sintió miedo. ¿Se quedaría atrapado allí para siempre? Empezó a pensar en la forma de salir y mientras cavilaba, giraba nerviosamente el anillo en su dedo.

De repente, una deslumbrante luz invadió el lóbrego lugar y, en medio de ella, apareció un sonriente genio.

—Soy el Genio del Anillo, ordena y obedeceré.

—Quiero regresar a mi casa –balbuceó Aladino, aturdido ante la aparición.

Apenas lo hubo dicho, Aladino, con el anillo y el candil de aceite, se encontró en su casa refiriendo a su asombrada madre su aventura:

—Sé que no es una moneda de plata, pero al menos nos podremos alumbrar una vez esté limpia —le dijo mostrando la sucia lámpara, que empezó a frotar animoso.

Al hacerlo, de su interior salió un misterioso humo que se trasformó en un genio dos veces más grande que el Genio del Anillo.

—Soy el Genio de la Lámpara, ordena y obedeceré.

—¿Por qué no una deliciosa comida acompañada de un dulce postre?

Inmediatamente, aparecieron fuentes llenas de exquisitos manjares que Aladino y su madre degustaron con placer.

A partir de ese día, el Genio de la Lámpara se encargó de proporcionarles todo lo necesario para vivir y, como nunca pedían mucho, nadie sospechó del tesoro que guardaban.

Pasó el tiempo y, un día, cuando Aladino se dirigía al mercado, vio a la Gran Sultana, que se paseaba en su litera, y quedó perdidamente enamorado de ella. Regresó a su casa y le suplicó a su madre:

—Madre, tienes que ayudarme; la Gran Sultana Badrá’l-Budur me ha mirado a los ojos y me he enamorado de ella. Necesito saber si ella también se ha enamorado de mí.

—Iré a palacio, hijo mío, y hablaré con el Consejo Real.

Como era costumbre llevar un regalo a la Gran Sultana, madre e hijo le pidieron al Genio de la Lámpara un cofre de piedras preciosas y aunque al verlo todos los consejeros reales quedaron impresionado, preguntaron:

—¿Cómo podemos saber si tu hijo está a la altura de Badrá’l-Budur? Queremos que mañana nos envíe cuarenta caballos de pura sangre cargados con cuarenta cofres igual que este, escoltados por cuarenta guerreros.

El Genio de la Lámpara obedeció las órdenes de Aladino y, al instante, aparecieron cuarenta briosos caballos, montados por cuarenta guerreros armados con cimitarras que custodiaban cuarenta cofres rebosantes de piedras preciosas.

—¡Al palacio de la Gran Sultana!- ordenó Aladino.

Al ver el presente, el Consejo Real permitió que Aladino se presentara ante Badrá’l-Budur. Y ella, que también se había enamorado de Aladino, ordenó que se celebrara lo antes posible una fastuosa boda que duró veinte días.

Con la ayuda del genio, Aladino construyó un magnificente palacio y en él vivieron felices hasta que, al cabo de un tiempo, el malvado hechicero volvió a la ciudad disfrazado de mercader.

—¡Compro lámparas viejas!

—¡Aquí! —lo llamó Badrá’l-Budur. Y le entregó el viejo candil de aceite.

Aladino no había contado aún el secreto a su esposa y ahora ya era demasiado tarde. El hechicero frotó la lámpara y dio una orden al genio. En una fracción de segundo, Badrá’l-Budur y el palacio fueron trasladados hasta los lejanos dominios del infame brujo.

Al regresar a su casa, Aladino comprobó que todo lo que amaba había desaparecido. Entonces se acordó del anillo y le dio vueltas en su dedo.

—Soy el Genio del Anillo. Ordena y obedeceré.

—Gran Genio del Anillo, ¿adónde ha ido mi amada esposa? ¿Dónde está nuestro palacio? ¿Dónde la lámpara maravillosa?

—Tu enemigo el brujo se ha llevado el palacio entero; dentro estaba Badrá’l-Budur. También robó la lámpara maravillosa -respondió el genio.

—Tráemelos de regreso inmediatamente —pidió Aladino.

—Lo siento, pero no tengo poder suficiente para eso, aunque puedo llevarte a ti hasta el lugar en el que están.

Poco después, Aladino estaba en el palacio del hechicero y registraba una por una todas las estancias hasta que, al fin, dio con Badrá’l-Budur. Se abrazaron y empezaron a hablar de la forma de acabar con el brujo. Juntos trazaron un plan: Badrá’l-Budur le daría al vil mago un potente narcótico que lo haría dormir durante mil años y así podrían escapar. El Genio del Anillo les proporcionó el brebaje.

Aquella misma noche, Badrá’l-Budur le ofreció la bebida al hechicero, que bebió hasta la última gota e inmediatamente se sumió en un profundo sueño. Recuperaron la lámpara mágica que el perverso brujo escondía en uno de sus bolsillos y la frotaron con fuerza:

—Soy el Genio de la Lámpara, ordenad y obedeceré.

—¡Queremos regresar a casa!

—¡Al instante! —Y el palacio entero, con ellos dentro, se elevó por los aires y flotó, suavemente, hasta el reino de Badrá’l-Budur.

Al verlos llegar, los habitantes del país organizaron una gran fiesta en su honor para festejar su regreso.

Los dos enamorados vivieron felices el resto de sus días y el Genio de la Lámpara, para que nadie olvidara esta historia, la escribió en la llama de la lámpara mágica. Es por eso, que cada vez que alguien enciende un viejo candil de aceite puede ver en su luz las aventuras que vivieron Aladino y la Gran Sultana Badrá’l-Budur.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Aladino y la lámpara maravillosa” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

    • Muchas gracias por tu comentario, que nos anima a seguir adelante 🙂
      Sin duda no podemos estar más de acuerdo contigo, Ángel, porque estamos convencidos de que los cuentos son una forma maravillosa de descubrir el mundo en la infancia y un modo ameno de reflexionar sobre lo cotidiano en la edad adulta. Bienvenido a este espacio 🙂

  1. La versión original, incluida en Las mil y una noches, es mucho más larga, su relato le lleva Scherezada varias noches, y allí Aladino no es precisamente un buen chico 😀 😀 😀
    Nos gusta tomarnos licencias y nos gusta que os gusten 😉 ¡Un abrazo, Aquileana!

  2. 😀 😀 😀 De hecho Sensi, el brujo era un agente doble que en sus ratos libres, como tapadera, se disfrazaba de perro y husmeaba lámparas, pero eso no quiere decir que fueran suyas, se limitaba a descubrirlas y hacer que otros las robaran por él 😉

  3. Dos genios!!! Maravillosa idea, uno titular y otro en el banquillo, por si acaso! Anda que no les daríamos trabajo. Limpiar y pulir todos los paisajes que hemos deteriorado, erradicar enfermedades, guerras, hambrunas…..interminable lista. Soñaremos un mundo donde todos los niños sean felices. Eso es lo que yo pediría a los genios. Niños felices hacen buenas personas. Que bonito es soñar!!! Saludos cuenteros!!!

    • 😀 😀 Un símil muy futbolístico 😉 Si nos dieran esa lámpara, el mundo quedaría nuevecito, pero tendríamos que librarnos de muchos indeseables, porque seguro que nos lo volvían a ensuciar de nuevo. Sería buena idea darles la lámpara a los niños, porque seguro que llenarían el mundo de cosas buenas y dulces y se les ocurriría qué hacer con la mala gente 🙂

    • Esta versión está basada en la de Andersen, que a nosotros nos gusta mucho, a partir de ella hemos hecho algún que otro retoque para dejarla a nuestro gusto, así que nos alegra mucho que opines que lo hemos hecho bien.
      Espero que uno de los dos genios te conceda uno de tus deseos. ¡Miles de abrazos! 🙂

  4. Me gustó mucho esta versión, sobre todo la forma de recuperar la lámpara, es tan fácil perder lo que se tiene y tan difícil recuperarlo, pero Aladino, lo consiguió simplemente dando vueltas a su anillo, pensando en lo que quería tanto y había perdido… y ahí llega el genio de cómo recuperarlo: “pide y te lo daré” Ese momento es mágico, para mi, en el cuento. Recuperar lo perdido… Y ver cómo se traslada todo un palacio en una nube, con amor incluído. Precioso. Lo guardo para leerlo más veces. Gracias amigos. Mi martes es amarillo brillante como si los árboles -chopos que me rodean- tuvieran monedas de oro en vez de hojas… que enriquecen mi fantasía. Besos.

  5. Me gusta esta versión de Aladino, me parece más generosa. No me importaría a mí, tener a esos geniecillos de mi parte. Iba a cambiar varias de cosas que yo me sé 😉 😉 Aunque igual iba a resultar peligrosa y todo.
    Besetes y feliz martes, Martes…

    • Ciertamente, María, con uno de estos artilugios mágicos nos podríamos volver muy peligrosos. Fíjate que hay quien se transforma con solo ponerse al volante de su coche, imagina “pilotar” el anillo o la lámpara, ¡qué peligro! 😀 😀 😀

  6. Es verdad, el de los tres deseos era un poco tacaño y hacía pensar demasiado. Mejor el de la lámpara y el del anillo en el banquillo por si falla el primero. Aunque ya se sabe que con los deseos hay que tener cuidado, a veces se cumplen.

    • Hay deseos que sería magnífico que se cumplieran, con anillo, con lámpara o con lo que fuera 😉 Seguro que según de qué deseo se tratara… ¡hasta nos conformaríamos con uno solo! 😀 😀 😀

    • 🙂 Nos alegra saber que esta versión te ha gustado, Toni, ¡hay tantas que es difícil elegir una! A esta le hemos dado unos cuantos retoques de martes para acabar de dejarla a nuestro gusto. ¡Feliz martes!

  7. Hola!
    Ni me acordaba del cuento, ni siquiera recuerdo si yo lo sabia así o es una versión distinta.
    Me ha encantado!!
    Un abrazote y gracias por compartirlo.
    Que tengas un feliz martes de cuento, 😉

    • Es un cuento tan antiguo que las versiones son múltiples 🙂 Nos alegra mucho que te haya gustado esta, Ana. Releer cuentos cuando ya somos mayores es una forma de alegrar un poco la vida 😉 ¡Feliz martes de cuento!

      • Me gustan todos los que leo, sin excepción! Aunque es verdad que unos me llegan más que otros, todos son especiales.
        Sí, conectar con la infancia es genial!
        Feliz martes de cuento, ea! 😉

          • Sí, todos me llegan, solo que depende del momento o del día, me identifico más con unos o con otros.
            A veces no va conmigo, pienso en otras personas.
            Feliz martes de cuento! Un abrazo!!

  8. Qué bonita versión de la lámpara de Aladino. La verdad es que si tienes un genio de la deseos primero en lo que piensas es en pedir cosas ostentosas. Pero por solicitando pequeñas necesidades te hacen vivir igual de bien y no levantar sospechas. Además dos genios, uno para los días impares y otro para los pares. Otra moraleja, que Aladino no tenga secretos con su mujer, por su bien. Besitos

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