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El adivino

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Ilustración: richzela

Érase una vez, un campesino muy pobre, pero muy astuto, al que todos llamaban Escarabajo, que un buen día decidió hacerse famoso como adivino, así que empezó a hacer correr la voz de que era capaz de averiguar cualquier cosa y de desentrañar cualquier misterio.

Para convencer a todos y para que su fama creciera, robó una sábana que estaba tendida en el patio de casa de su vecina y la escondió entre un montón de paja. La vecina, que estaba convencida de los poderes que Escarabajo aseguraba tener, le rogó que usara sus dotes adivinatorias para encontrar la prenda de ropa extraviada, pero antes de aceptar, el impostor le preguntó:

—Y cuando la encuentre, ¿qué me pagarás por mi trabajo?

—Un saco de harina y medio kilo de manteca.

—Acepto.

El Escarabajo cerró los ojos y fingió que meditaba. Al cabo de un rato, le indicó a la mujer dónde podía encontrar su sábana. Feliz y contenta, ella le pagó lo acordado.

Al cabo de tres días, uno de los caballos del propietario más rico del pueblo, desapareció. El culpable no había sido otro que Escarabajo, que aprovechando la oscuridad de la noche lo había robado, lo había conducido al bosque y lo había atado a un árbol.

El rico señor mandó llamar al adivino y este, imitando los gestos y procedimientos de un auténtico mago, le dijo:

—Envía a tus criados al bosque; hallarán tu caballo atado a uno de los árboles que hay junto al río.

Los criados se dirigieron al bosque y, naturalmente, encontraron el caballo donde la noche anterior lo había dejado Escarabajo. El contento propietario le dio al campesino veinte monedas de plata. A partir de ese momento, su fama creció y creció y se extendió hasta el último rincón del país.

Por desgracia, ocurrió que al zar se le perdió su anillo de bodas y por más que la corte entera lo buscó por todos los rincones, no pudieron encontrarlo.

Conocedor de la fama de Escarabajo, el zar dio órdenes de que condujeran al adivino a su presencia lo antes posible. Partieron mensajeros en su busca que al llegar al pueblo expusieron sin demora la situación al campesino, lo sentaron en el coche más veloz del reino y lo trasladaron a la capital sin tardanza. Durante el trayecto, Escarabajo, muerto de miedo, pensaba para sí: “Estoy perdido. Ha llegado mi hora. ¿Cómo voy a poder adivinar dónde está el anillo? El zar se enfadará y me desterrará fuera del país o mucho peor, ¡quizá me mate!”.

Una vez en presencia del zar, este le dijo:

—Ha llegado hasta mis oídos tu fama. Dicen que eres capaz de encontrar cualquier cosa y que puedes desentrañar cualquier misterio. Hagamos la prueba. Si adivinas dónde se halla mi anillo te haré rico. Si no puedes encontrarlo, te cortaré la cabeza.

Seguidamente, mandó que lo encerrasen en una habitación y ordenó a sus servidores:

—Dejadlo solo para que pueda meditar durante toda la noche; mañana, al salir el sol, traedlo a mi presencia para que me dé una respuesta.

Así se hizo y Escarabajo se quedó solo en una de las alcobas de palacio.

Desolado, el campesino se sentó en una silla y caviló, preguntándose qué podía hacer: “¿Qué voy a decirle al zar? ¡Descubrirán mi mentira y yo perderé la cabeza! Lo mejor será que espere a que esté bien oscuro para huir. En cuanto los gallos canten tres veces, huiré de aquí.”

Al mismo tiempo, y muy cerca de donde él se encontraba, tres servidores cuchicheaban en voz baja. Habían sido ellos los que habían robado el anillo de boda al monarca. El lacayo, el cocinero y el cochero del zar reflexionaban así:

—¿Qué vamos a hacer ahora? Cuando este adivino diga que hemos sido nosotros los ladrones, nos condenarán a muerte irremisiblemente. Será mejor que vayamos a su habitación y escuchemos tras la puerta, quizá oigamos alguna cosa. Si él no dice nada, nosotros tampoco lo diremos; pero si nos reconoce como a ladrones, le tendremos que rogar que no nos denuncie al zar o estamos perdidos.

Acordaron que fuera primero el lacayo y escuchara tras la puerta. Este se acercó sigilosamente, apoyó la oreja sobre la oscura madera y, en ese preciso instante, se oyó a lo lejos el primer canto de los gallos y al campesino que exclamaba:

—¡Magnífico! Ya está aquí el primero, ahora solo tengo que esperar que vengan los otros dos.

Al lacayo se le paralizó el corazón de terror y corrió a contar a sus compañeros lo que había dicho Escarabajo:

—¡Ay, amigos! ¡Me ha reconocido! Apenas acerqué el oído a la puerta, cuando exclamó: “¡Magnífico! Ya está aquí el primero, ahora solo tengo que esperar que vengan los otros dos.”

—¿Estás seguro? Me cercioraré. Ahora iré yo —dijo el cochero; y se fue a escuchar tras la puerta.

Justo cuando apoyaba la oreja, los gallos cantaron por segunda vez y el campesino dijo:

—¡Estupendo! Aquí está el segundo, ahora solo tengo que esperar que llegue el tercero.

El cochero, desesperado, les dijo a sus compañeros:

—¡Ay, ay, ay, camaradas! también a mí me ha reconocido.

Entonces el cocinero propuso:

—Haremos una cosa, ahora iré yo y si me reconoce también, iremos los tres a rogarle que no nos denuncie, porque eso sería nuestra perdición.

Se encaminaron juntos hacia la habitación y el cocinero acercó su oreja a la puerta y en aquel instante exacto cantaron los gallos por tercera vez. Desde dentro, se oyó al campesino que exclamaba:

—¡Por fin! ¡Ya están los tres! ¡Llegó el momento!

Y se lanzó hacia la puerta con la intención de huir del palacio; pero los tres ladrones le cerraron el paso y le suplicaron de rodillas:

—¡Por favor! ¡Por favor! No nos denuncies. Nuestras vidas están en tus manos. Aquí tienes el anillo.

—Está bien, por esta vez os perdono —contestó disimulando el asombrado adivino.

Y tomando el anillo de manos de los ladrones, lo escondió debajo de una de las baldosas del suelo.

No tardó el zar en despertarse y mandó que llevaran a su presencia a Escarabajo, al cual interrogó de este modo:

—¿Y bien? ¿Has tenido tiempo suficiente para pensar?

—Sí, Excelencia. Sé dónde está vuestro anillo: se os cayó del dedo, fue rodando y se coló bajó esta baldosa.

Los sirvientes quitaron la baldosa y, efectivamente, hallaron allí el anillo. El monarca recompensó generosamente al adivino, y ordenó que le diesen de comer y beber y, entretanto, él se fue a pasear por los jardines reales.

Mientras paseaba, vio un negro escarabajo que se paseaba por uno de los parterres, lo recogió del suelo y volvió a palacio con él.

—Escucha, —le dijo al adivino— si de verdad tienes poderes, debes saber qué es lo que tengo entre mis manos ahora mismo.

El campesino, muerto de miedo ante este nuevo desafío, cerró los ojos y murmuró:

—¿Qué harás ahora Escarabajo? ¡No te librarás! El zar te ha pillado y estás en sus poderosas manos.

—¡Fantástico! ¡Has acertado! —exclamó el zar.

Y triplicando la cuantiosa fortuna que ya había pagado por sus servicios, lo despidió de palacio colmándolo de honores.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “El adivino” con la voz de Angie Bello Albelda

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Reader Interactions

Comments

  1. 🙂 Gracias por el comentario.
    En este caso, hemos adaptado el cuento original de Aleksandr Afanásiev (1826-1871), porque parece que en todas las épocas ha habido mentirosos con suerte.
    Y aunque seguramente muchas verdades quedan enterradas para siempre, ya dice el refrán que “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo” 😉
    Muchas gracias por comentar, De 2 Nombres.

    • 😀 😀 😀 La verdad es que, individualmente, nos creemos todos muy listos, pero a la hora de la verdad no lo somos tanto como creemos, pero tampoco tan tontos como algunos nos quieren hacer creer. Cierto es que nos manipulan muchas veces, pero por suerte la lectura nos ayuda a espabilarnos, a abrir los ojos y a ser más críticos con todo lo que nos rodea 😉

  2. Tener el azar a favor y si además eres espabilado o astuto, está claro que trae buena suerte.
    Ahora me pregunto… ¿qué pasa en la vida real? 😉 😉 Voy a pensar en ello 😉 😉
    Besetes Martes y, como siempre gracias por estos cuentos que me llevan, de nuevo a la infancia.

    • Pues en la vida real habrá de todo: mentirosos con suerte y mentirosos atrapados 😀 😀 😀 Pero lo de verdad importante es gozar del cuento y, como tú, tomarse un ratito para reflexionar y para sacar conclusiones individuales 😉
      Aunque sin duda, la mejor suerte es la de aquel que puede regresar por unos instantes a la infancia mediante la lectura ¡Y tú eres muy suertuda, María! 😀 😀

  3. Admiro el arrojo de este campesino. Se levanta una mañana y decide ser adivino porque si, porque él lo vale. Sin formación ninguna ni experiencia, se aventura. Y encima todo le sale bien. Es cierto que si la cosa se le hubiera torcido, habrían terminado con su vida, pero no pareció preocuparle en demasía. De mayor quiero ser como él, con la misma suerte, claro.

    • 😀 😀 😀 😀 😀 Sí señora, porque él lo vale 😀 😀 😀 Yo creo que, en el fondo, él no esperaba “morir” de éxito y no soñó que sus “hazañas” llegaran al mismísimo zar, más bien debió de creer que podría vivir sin dar golpe dando sablazos a sus vecinos. De algún modo, tuvo mala suerte de ser llamado a palacio aunque, al final, le salió bien.

  4. la historia me causó una risa nerviosa … Pienso en las veces que de niño hacia travesuras o me portaba mal, pero con un golpe de “suerte” todo se arreglaba. Gracias, que bella historia

    • 😀 😀 Así que eras travieso, ¿eh?
      De niños, los magos, los elfos o las hadas nos ayudan a salir de entuertos y a que todo nos salga bien. Después, al crecer, dejamos de creer en ellos y las cosas nos salen un poco peor 😉 Me alegro de que, aunque fuera por un instante, hayas recuperado esa magia infantil 🙂

  5. Al final el azar y la astucia se alían. También es bonito que esto ocurra.
    Evidentemente estamos acostumbrados a que triunfe la bondad en los cuentos, pero como en la vida, no siempre sucede así.

    Tiene magia este cuento, no sé me ha envuelto en un halo especial. Gracias, Martes, un beso fuerte!

  6. Vaya listillo el falso adivino!!! A eso se le llama tener una flor un el culo!!! Todo le sale bien!! Gracias por hacernos empezar el martes con una sonrisa!! Un abrazo!!

    • Lo que de verdad es una maravilla son los lectores como vosotros. ¡Un lujo para este blog! Siempre puntuales a la cita del martes y siempre con una palabra amable. Eso nos da energía para seguir buscando cuentos. ¡Gracias por estar siempre cerca! 🙂

  7. Por eso los políticos están donde están y nosotros no… Cuanto más mentiroso, ruin y mezquino, más alto llegas… Espero las otras interpretaciones molonas de Sensi. Besitos

    • ¡Ay, Oscar! Estás muy enfadado 😉 El Escarabajo es un poco marrullero, eso es cierto, pero la culpa no es toda de él, también los que quieren creer sus mentiras tienen su parte de culpa. Con los políticos pasa un poco lo mismo, porque si no fuera así no sacarían tantos votos.

      • No me enfado, que va! Y menos con un cuento tan bonito. Es triste que sea tan real como la vida misma, y con lo que dices que lo hace más sangrante. Que todavía muchos se creen lo que esa gente dice. En fin, yo soy feliz con poco. Y un cuento tuyo cada semana me ayuda mucho a lograrlo. Besitos

        • 🙂 Una de las funciones de los cuentos, de la literatura en general, es la de hacernos pensar y hacer que nos cuestionemos la realidad que nos rodea. Y, ciertamente, con este cuento podemos hacer un paralelismo con muchas situaciones actuales. También podríamos comparar al Escarabajo con cualquiera de esos adivinos que salen en televisión a los que la gente llama por teléfono para conocer el futuro 😉

          • También, pero esos juegan más con la gente averiguando sus problemas con preguntas y diciéndoles lo que quieren oír. Que pena gastar el dinero en esas cosas y que haya gente que se aproveche así de los problemas y situaciones negativas de otros. Por qué la gente no será tan buena como tú martes!

    • 😀 😀 A este le tocó el premio completo.
      Es muy difícil acertar un premio de la Primitiva, dicen que es como si escribieras en las paredes de una habitación todos los números de teléfono de los que participan, lanzaras un dardo y con una sola tirada acertaras en el tuyo.

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