Skip links

Main navigation

El país de las Nubes Grandes

8a6fab57-e287-4642-8539-ea9c3454fb33

Vero Tapia, Ruka de colores

Hubo un tiempo en el que siempre llovía. De día y de noche. En invierno y en verano. Con frío y con calor. En cualquier rincón del planeta lluvia, lluvia y más lluvia.

Viento y lluvia; sol y lluvia; nieve y lluvia. Incluso cuando lucía el más brillante arcoíris, sobre él se deslizaban risueñas y juguetonas gotitas que se teñían de colores. Nunca paraba de llover. Llovizna fina o chaparrón abundante; turbión violento o tromba que arrastraba a su paso arboledas enteras. Agua, agua y más agua. Y así, un día; y otro día; y otro más.

Barrigudas nubes cargadas de lluvia eran las dueñas del mundo y ni un palmo de terreno estaba seco, todo mojado. Árboles, praderas y montañas. Valles, caminos y pastizales. Se mirara hacia donde se mirara, todo estaba arriado, todo era un gran charco.

Solo los peces y las ranas eran felices, pero el resto de la animales que poblaba la Tierra estaban ya cansados de vivir en remojo.

El sol lucía aguado, algunas plantas morían por exceso de humedad y entre gota y gota, se oían estornudos, toses y carraspeos, porque como los seres que tenían patas andaban continuamente con los pies empapados, se resfriaban muy a menudo.

Estaban tan hartos, que algunas especies que no querían pasar el resto de sus días caladas hasta los huesos, decidieron reunirse bajo el saliente de una roca para debatir la situación y, después de muchas controversias, acordaron exigir a las nubes que dejaran de mojarlos. Sin embargo, no había manera de ponerse de acuerdo sobre quién se dirigiría al país de las Nubes Grandes, donde también habitan los rayos y los truenos.

Y es que no cualquiera puede emprender tan arriesgado viaje. Pocos son los valientes que osan adentrarse en este lugar en el cual reinan las más terribles tempestades. Donde el sonido de todos los truenos que en la historia han tronado es tan ensordecedor, que no es posible oír otra cosa, ni tan siquiera el rugir de los espantosos vientos huracanados, que corren como locos jugando al escondite. Además, rayos y centellas hablan a tan grandes luces, que la claridad es cegadora. Tanto, que se diría que hasta aquel inhóspito lugar jamás se ha atrevido a llegar una noche.

El león, fue el primero que habló. Sacudió con fuerza su cabeza y salpicando a los que estaban más cerca con el agua que chorreaba de su larga melena rubia, rugió:

—Soy valiente e impongo respeto. Soy fuerte y rápido y no hay nadie que no me tema. Iré yo porque mi voz es la más potente de todas y haré que me escuchen a pesar de los truenos. Exigiré a las nubes que dejen de llovernos encima o de un solo zarpazo las abatiré.

Doña elefanta, muy educada, levantó su trompa para pedir la palabra y barritó:

—Estimados amigos, ni los rugidos ni los zarpazos del león llegarán a las nubes. Lo que nos hace falta es un golpe de efecto inesperado que intimide a esas impertinentes. Yo viajaré discretamente, sin que nadie me vea y cuando llegue, las sorprenderé chapoteando con todas mis fuerzas sobre los charcos del Valle Anegado. Haré tanto ruido, que llegará hasta el cielo, las nubes se espantarán, se encogerán asustadas hasta desaparecer y dejará de llover.

Un milano blanco agitó nervioso las plumas y graznó furioso:

—¡Revuelo! ¡Necesitamos un gran revuelo! ¡Fuera lluvias! ¡Deben reinar los pájaros! Las aves, todas a una, volaremos hacia las nubes y bombardearemos con piedras el centro de cada una de ellas hasta conseguir deshacerlas. Si actuamos con presteza, conseguiremos que deje de llover.

Moscas, mosquitos, zánganos y abejas revoloteaban y batían sus alas. Aplaudían primero a unos, y luego a los otros, mostrándose entusiasmados con cada una de las propuestas.

Conejos, murciélagos y zarigüeyas movían pensativos los bigotes sin decidirse a apoyar ninguna opción. No querían mojarse.

Un oso pardo, que hasta entonces había estado removiéndose inquieto en su asiento, se levantó gruñendo muy irritado:

—¡Tonterías!, ¡todo esto son tonterías y nada más que tonterías! Esta reunión es una completa tontería. Las nubes siempre nos han empapado y siempre nos empaparán. ¡No hay nada que hacer!

Muy cerca del oso, un colibrí que no paraba quieto, metió el ala en el ojo de un caimán, que se asustó y mordió en la pata a un avestruz. El avestruz perdió el equilibrio y empujó a un flamenco, el cual se cayó de bruces en un gran charco y empezó a insultar al avestruz.

Un martín pescador, que sujetaba un pez globo con el ala izquierda, miraba de reojo la escena, moviendo la cabeza con desaprobación:

—Colibrí maleducado, ¡la que has liado! Por no estarte quieto, los metiste en este aprieto.

Todos los presentes empezaron a alborotarse y los murmullos no tardaron en transformarse en acaloradas discusiones. Unos apoyaban al león, otros a los pájaros, otros a la elefanta, y aun había los que acusaron al oso de pesimista y poco colaborador. Hubo incluso quien afeó al colibrí su actitud, aunque otros recriminaron al caimán, diciéndole que tenía poco aguante y que se quejaba por cualquier menudencia.

Y con semejante batahola, no había manera de ponerse de acuerdo y seguía lloviendo y lloviendo. Y el flamenco se mojaba cada vez más y gritaba cada vez más. Y el león rugía, y la elefanta barritaba, y el caimán se quejaba, y las moscas aplaudían, y el oso gruñía y el inquieto colibrí no paraba de aletear…

De pronto, en medio de toda aquella algarabía, se elevó una dulce voz y se hizo el silencio más absoluto bajo el saliente de la roca. Incluso la cellisca pareció amainar.

—Iré yo.

Todos los ojos buscaron al que había hablado.

—Iré yo —repitió un niño muy pequeño—, escalaré la montaña más alta y espantaré a las tempestades con estas palabras:

Nube que remoja

cuando se le antoja.

Trueno retumbante,

de muy mal talante.

Centellas y rayos

que causan estragos.

Con este conjuro

que ahora murmuro,

a todos anulo.

¡Fuera sin demora!

¡Antes de una hora!

Todos estuvieron de acuerdo en que él era el único capaz de detener las tormentas.

Sin perder ni un segundo, el pequeño viajó hacia la lejana montaña de Rubí, la más alta del país de las Nubes Grandes; escaló hasta su cima, entonó la prodigiosa fórmula mágica y, al instante, lluvia, truenos y rayos cesaron.

Desde aquel día, las tormentas tienen miedo de los niños, porque son los únicos que pueden pronunciar, en el tono exacto de voz, el conjuro capaz de deshacerlas. Por eso, cuando vienen a la Tierra, hacen tanto ruido, para intentar asustarlos, porque saben que si se encuentran con un niño o con una niña que pronuncie el hechizo, deberán regresar a toda prisa al país de las Nubes Grandes.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “El país de la Nubes Grandes” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. Dos años después vuelvo a leer este cuento para contárselo a los peques y he visto que se hizo en el mejor día del año! Ya no me acordaba de lo que te dije, eso es que no me hizo mucho efecto memorix grutamorix…

    • 🙂 ¿Sabes que me emociona mucho que vuelvas a leer un cuento? Eso quiere decir que ha quedado un poquito en tu corazón y en tu memoria, a pesar de que digas que es mala. ¡Un gran abrazo!

      P.D. ¿Por qué es el mejor día? 😀 😀 😀

  2. Gracias Martes por darnos este cuento tan bonito y que es perfecto en este Tiempo…tanto por lo climatológico como por la moraleja. Un diez para tu blog y otro para el trabajo de Ruka…Allá voy hacerme seguidor del la de los colores!

    • En este tiempo tenemos que abrigarnos mucho y tener a mano el conjuro 😀 😀 Gracias por tu comentario. Estamos felices de que te haya gustado la historia que nos inspiró el precioso dibujo de Vero 🙂 Sin duda, vale la pena seguir su blog, lleno de magia y colores.
      ¡Un abrazo!

  3. Ne encantó el cuento! Y es que, cuando el conjuro es poesía, hasta las nubes cambian el día. Y donde llovía, ya no llueve, y luce el sol sobre la nieve…
    Las tempestades tienen oídos y, atienden siempre, si hablan los niños.
    Y por eso, debemos rodearnos de ellos.
    Me gustó mucho mucho mucho este cuento. Felicitaciones!!! Besos.

  4. Bonito, bonito, bonito!
    La semana pasada no pude leerlo y mira que hoy me encuentro con uno que habla de la lluvia y de los truenos, con lo que me gustan. Y… ¿quien sino un niño podría con tanto ruido?
    Besetes y besetes, Martes.

  5. Primero he pensado que hablabas del norte jeje…pobres, todo el dia lloviendo. Después me has recordado nuestra propia existencia, tan absortos en culpar al vecino de algo, o criticar al de al lado, que no nos ponemos de acuerdo para resolver un problema común. Y después has dado en el clavo, ¿quién mejor para solucionar algo así, que un niño?
    Me encantó 😉

  6. Me ha encantadooooooooooooooooo!!! Tiene todos mis ingredientes favoritos: la lluvia y el resto de fenómenos naturales, los animales, el niño como héroe cotidiano; y por supuesto la moraleja a modo de mito. Martes, preciosooooooooooooooooooooooo!!!!

  7. ¡Hola soy Marina!
    Acabo de encontrar tu blog por casualidad y la verdad es que hoy debe de ser mi día de suerte porque me ha encantado este cuento. ¡Seguiré pasando por aquí!
    ¡Un saludo! 😀 😀 😀

  8. Toc, toc, toc… Por fin es martes… Esta semana lo esperaba con impaciencia… 😀
    ¡¡Me encanta el relato y el conjuro!!
    Muchas gracias “Martes de Cuento” por regalarle una historia a la ilustración de la tormenta. <3 <3 <3
    Besitos de colores 😉

    • 😀 😀 😀 Los cuentos tienen una paciencia infinita y nos esperan siempre. Hay veces que los olvidamos al crecer y cuando somos viejecitos, viejecitos nos volvemos a encontrar con ellos 😉 Así que, ¡no hay prisa!

  9. Hay que ver las cosas insólitas que pasan en la Isla Imaginada!! Menos mal que siempre hay alguien que viene a enderezar los entuertos. Maravillosa historia Martes. Felicidades por esa escritura tan rica y descriptiva, tanto que nos hace ” vivir ” el cuento en primera persona. Hasta me pareció sentir mis pies mojados mientras leía. Un fuerte abrazo!!

  10. Conocía el conjuro para que lloviera, pero no el conjuro para que dejara de llover.
    El ser en apariencia más indefenso, es el que puede tener la solución. No hay que subestimar al más débil. Un cuento muy bonito que puede ayudar a los niños a ser valientes frente a las tormentas.

    • 😉 Si conoces el conjuro de la lluvia es porque tienes alguna gota de sangre sioux, porque no todo el mundo lo sabe 😉
      Nos gusta que te haya gustado el cuento, y nos gustaría que muchos niños encontraran fuerza en él para superar, aunque sea un poquito, el miedo. ¡Un abrazo, Sensi!

Trackbacks

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.