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Las dos reinas

Dama de hielo

Ilustración: Hermes

Desde su creación, el mundo se haya dividido en dos magníficos reinos: el Reino del Norte, con su reina Luna, bellísima, de piel blanca, al igual que su pelo, cara redonda y ojos transparentes de tan azules; y el Reino del Sur, con su reina Sol, de piel morena, ojos negros y chispeantes y cabello oscuro.

Las dos reinas son muy amigas, pero como viven tan alejadas la una de la otra, solo pueden encontrarse dos veces al año. Quedan para tomar el té, una vez en el Reino del Norte y otra en el Reino del Sur.

Cuando el encuentro tiene lugar en el Reino del Norte, la reina Sol se pertrecha de todos los avíos necesarios para no pasar frío en el palacio helado de la reina Luna. Llega envuelta en varias capas, cual cebolla andante: camiseta, jersey, abrigo, bufanda, guantes y ¡hasta una manta por encima! Es que la pobre no está acostumbrada a temperaturas bajas y se pasa tiritando toda la merienda. Toman té bien calentito y pastas recién hechas.

Cuando es la reina Luna la que viaja al Reino del Sur, su naturaleza fría sufre muchísimo. Se hace acompañar de dos doncellas que la abanican constantemente y que se encargan de aliviarla del calor poniéndole paños fríos en la frente. Viste un vestido ligero. Toman té helado y toda clase de frutas tropicales bien fresquitas.

Aun así, Luna y Sol disfrutan de lo lindo de sus reuniones. Repasan las novedades acaecidas desde el último encuentro y pueden hablar, de igual a igual, de sus cuitas con respecto al gobierno de sus reinos.

Una vez, en una de sus reuniones, poco antes de Navidad, ambas se dieron cuenta de que sus súbditos se quejaban de igual cosa: no estaban conformes en cómo el clima afectaba la manera de celebrar las Pascuas.

Los norteños estaban cansados de tanto frío, de la nieve y de los días tan cortos que les impedían salir a jugar fuera de casa e ir de excursión. Andaban de acá para allá, abrigados con un montón de ropa. Tenían que ir a buscar leña calentarse. Debían cocinar alimentos calóricos como asados, potajes, sopas y caldos amén de las variedades de dulces. Ellos querían celebrar la Navidad con helados en la playa, jugar en los parques hasta tarde y cenar ricos sándwiches fríos.

Los habitantes del sur, en cambio, se mostraban cansados de tanto calor. Nadie quería hacer de Papá Noel en las funciones escolares ¡Se asaban de calor! y como no había chimeneas en las casas, los regalos navideños, en muchos lugares, los tenía que dejar el Niño Jesús. Les llegaban noticias del norte, de lo divertido que era hacer muñecos de nieve, y pasar las tardes elaborando mantecados y roscas, leer historias al calor de la lumbre y tomar una buena taza de chocolate.

Las dos reinas no comprendían la insatisfacción de sus pueblos, ya que ambas maneras de celebrar las Navidades son bien bonitas. Pero la naturaleza humana suele no estar conforme con lo que posee y desea lo que tiene el prójimo.

Así que la reina Sol y la reina Luna se pusieron de acuerdo para dar un escarmiento a sus reinos y decidieron visitar a la Gran Hada del Tiempo, que era la única con la facultad de cambiar o trastocar el clima sin que eso supusiera una gran catástrofe.

Se presentaron ante ella y le manifestaron su deseo de convertir por una Navidad el Reino del Sur en frío y helado país, y el Reino del Norte en cálido y sofocante paraje. A la Gran Hada del Tiempo le pareció una magnífica idea. ¡Por fin, algo divertido que hacer!

Quedaron en encontrarse después de Navidad y ver cuál había sido el resultado del encantamiento.

Durante los días siguientes, en ambos reinos el tiempo fue cambiando paulatinamente.

Cada día subía unos grados la temperatura y las tardes eran más largas en el Reino del Norte, la nieve no llegaba y los abrigos nuevos quedaron sin estrenar en los armarios.

En un principio, sus habitantes estaban contentos.

—¡Qué bien, una Navidad sin nieve!

—¡Este año jugaremos todo el tiempo en la calle!

Pero las Navidades cálidas no resultaron ser tan divertidas. Pronto se cansaron de tanto sofoco, de noches calurosas sin poder conciliar el sueño, que les hicieron añorar las mantas calentitas y el calor de las chimeneas. Y llegaron a la reina Luna nuevas quejas.

Por el contrario, en el Reino del Sur los días se iban volviendo fríos y un viento helado recorría los pueblos, hasta que al fin comenzó a nevar y todos los habitantes se quedaron estupefactos.

—¡Nieve, nieve!

—Navidad nevada ¡Qué bien!

Los chiquillos contentos ¡Claro está!, hacían muñecos y jugaban a tirarse bolas. Pero pronto hubo que buscar mantas, guantes, abrigos, calcetines y botas por todo el reino.

Como no sabían cómo calentar las casas, improvisaron estufas con bidones partidos por la mitad y echaron al fuego todo aquello que no servía, dejando en el aire un insoportable olor a quemado.

Transitar por las calles se hizo harto difícil y hubo que comprar palas para quitar la nieve y tan atareados estaban, que se les pasó la Navidad sin tiempo para celebrar las comilonas con las familias. Así que también la reina Sol tuvo nuevas quejas.

Reunidas tras la Navidad, las dos reinas decidieron que sus súbditos ya habían recibido suficiente lección y pidieron a la Gran Hada del Tiempo que volviera a dejarlo todo igual que antes.

Después, escribieron un bando que mensajeros reales se encargaron de hacer llegar hasta los pueblecitos más pequeños:

Imagen 3

Hubo algunos curiosos y atrevidos que se acogieron a la idea de viajar al otro lado del mundo, pero la mayoría acabó volviendo al lugar en el que había nacido, porque allí habían dejado familia y amigos, recuerdos de infancia, comiditas ricas, alegrías y sinsabores. En fin, todo lo que hace que seamos quienes somos.

De este modo, cada uno aprendió a apreciar lo hermoso que era su país y la suerte que tenía de haber nacido en él.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Las dos reinas” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. Sumado a que me encanta la idea de los opuestos paradójicos y/o complementarios, el tema del retorno al hogar (más allá de la idea de nacionalismo, sino de espacio personal) me ha parecido fascinante desde aquella vez que leí a los poetas chinos de hace muchos, muchos siglos, que justamente ponían énfasis en cuan todo parecía tan grande o tan chico sólo al pensar en su hogar, y como todos aspiraban a volver a él (en el sentido más metafórico y realista posible). ¡Eso y Hermes me ilustró! Así que todo bien con el de hoy.

    • ¡Daniel, que alegría leerte! 🙂 A raíz de tu reflexión, me ha venido a la mente un corto poema zen:
      “El monte Lu en lluvia y niebla;
      el río Che muy crecido.
      Antes de ir allí, no cesaba el dolor del deseo.
      Fui allí y retorné…
      No fue nada especial:
      el monte Lu en lluvia y niebla;
      el río Che muy crecido.”

      En ocasiones, formamos la belleza de los lugares lejanos en nuestra mente sin darnos cuenta de que la belleza ya nos rodea 😉
      En cuanto a la ilustración de Hermes… ¿no crees que es genial? 🙂

  2. Desde el hemisferio austral en un día soleado y caluroso (donde hemos disfrutado de la playa toda la tarde comiendo budín con chocolate como si estuviéramos en los feudos de la Reina del Norte), te deseo una muy feliz Navidad.

    Un abrazo navideño desde Argentina.

  3. La gente se queja mucho siempre, si es porque hace calor, o si es que hace mucho frío. Lo cierto es que es difícil valorar lo que se tiene hasta que se pierde, en la mayoría de los casos. Los espíritus del clima en este mundo no se llevan tan bien, ni son tan estables en sus relaciones como las dos reinas del cuento. Uno nunca sabe con qué cosa te van a salir. El clima cada día está más loco. Yo me quito y me pongo el abrigo tantas veces al día que parezco propaganda de tienda de ropa.

  4. Ay pues yo si que me voy encantada a buscar el sol como las lagartijas. Es lo que tiene vivir en siberia, una se cansa de 10 meses de invierno. ¡Que le den a mi reino! jajaja

  5. Llegó el invierno en el hemisferio norte.
    Llegó el verano en el hemisferio sur.
    Los pequeños comienzan las vacaciones navideñas.
    Para tod@s.
    ¡FELICES FIESTAS!

    Nota: También dejé comentario en la blogoteca.

  6. Bueno, Martes, decirte que me ha encantado el cuento, es poco, pero también me ha gustado mucho la ilustración y, hoy, el poemita decimal es para él. ¿No te importa?
    Un poco improvisado pero así salió…

    A Hermes

    Hermes dibuja rebién
    la luna y el sol inspiran
    y los colores suspiran
    porque bosqueja fetén,
    y como lo hace tan bien
    su diseño es pasaporte,
    le ofrecen todo soporte
    para suavizar el clima,
    y con sus colores rima
    ambientes de Sur y Norte.

    Julie Sopetrán

  7. A todos los que disfrutais leyendo los cuentos muchas gracias por dedicar unos minutos a la fantasía. Seguro que los peques que teneis en casa serán personitas maravillosas, y gracias también por tantas palabras cariñosas. Un abrazo cuentero y Feliz Navidad a todos!!!

  8. Nunca estamos contentos con lo que tenemos. Envidiamos lo de los demás y no apreciamos lo que nos rodea. Solamente cuando nos falta lo nuestro es cuando nos damos cuenta de lo afortunados que somos.
    Recuerdo unas Navidades que mis padres viajaron a ver a la familia a Argentina. Cómo les envidié. Comiendo el turrón y las uvas en la playa…
    El año en que yo fuí a pasar un fin de año al mismo lugar, no me pareció tan envidiable.
    Echaba de menos mi tierra, mi gente, mis costumbres. El frío, la chimenea encendida, los platos calientes y contundentes que comemos en el Norte en esas fechas.
    Las dos tenían su encanto, pero yo me quedo con mis navidades. Y mi marido, habiendo conocido las dos tradiciones, también. 😀

    Me encanta el dibujo del cuento… y el cuento… para qué contarte :D.
    Un beso

    • Gloan, es que las navidades son bonitas siempre, pero es verdad que con nieve y frío lo son un poquito más. Y tú, además, puedes hablar con conocimiento de causa porque has vivido las dos 🙂
      Este año, sean como sean… ¡que sean de cuento para ti y los tuyos! ¡Abrazos! 😉

  9. El ser humano nunca está conforme con lo que tiene, però en el cuento pueden comprobar lo bien que están y rectificar. Gracias por un nuevos martes y Felices Fiestas!

  10. Asi somos, unos protestones. Me apunto al cambio de hemisferio, por variar más que nada. Luego ya me quejaré cuando esté en el otro lado y añoraré este. Un beso muy fuerte y Feliz Navidad con frío o con calor.

  11. Me ha encantado el cuento de hoy, pero sobre todo la ilustración de Hemes, ya me he suscrito a su blog. Gracias por el descubrimiento 😀
    Felices fiestas :*

    • 😀 😀 😀 Ya es bien verdad, siempre hay un motivo para quejarse y poco podemos hacer, aunque antes de quejarnos deberíamos poner en una balanza lo bueno y tal vez viéramos que no estamos tan mal 😀 😀 ¡¡Un abrazo y felices fiestas!!

  12. Un gran defecto de las personas es no saber valorar lo que tiene, hasta que deja de tenerlo. Y una vez lo tiene de nuevo, vuelta a empezar. Quizá si fuéramos más conformistas viviríamos mejor. Aunque como dices tú, quizá en ese momento dejaríamos de evolucionar. Besitos.

    • ¡Qué verdad, Óscar! Valorar lo que tenemos al perderlo, y no gozarlo cuando lo disfrutamos es de tonto, pero así lo hacemos muchas veces. Pero es posible cambiar esa actitud, así que vamos a intentarlo! ¡Un abrazo!

    • Pues sí, pero como dice en el cuento, parece que eso de quejarse viene de serie en los humanos y que siempre queremos aquello que no tenemos.Quizá también por eso, por esa inquietud, los humanos hemos avanzado 😉 😀 😀 😀 ¡¡Un abrazo, Ana!!

      • Reconozco que yo hace muuuuchos años era una quejica. La vida y sus “golpes” y sobre todo mucho trabajo interno, han hecho que ya sea todo lo contrario, súper positiva. Soy un millón de veces más feliz.
        Me encanta cada mensaje detrás de cada cuento, un abrazoteeeee! ;D ;D ;D

        • 😀 😀 La verdad es que quejarse soluciona poco y encima te pone cara fea, así que es mejor aplicar aquello de “al mal tiempo buena cara”, aunque a veces cuesta, no es imposible 😉 ¡Un abrazo, Ana!

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