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La suerte dormida

africa_vision_by_sabin_boykinov

Ilustración: Sabin Boykinov

Érase una vez, un muchacho tímido y tranquilo llamado Kenjo que trabajaba solo la tierra en su pequeña propiedad.

Burama, su vecino, era dueño de una gran extensión de terreno y lo ayudaban varios jornaleros.

Al llegar las primeras lluvias, Burama y sus empleados terminaron de sembrar el mijo en dos o tres días. Después, se sentaron a mirar cómo trabajaba Kenjo y a criticar lo lento que era.

Cuando Kenjo terminó de sembrar no se sentó, sino que se puso inmediatamente a deshierbar. Fue entonces cuando los de la finca vecina se dieron cuenta de su error, su granja estaba infestada por una terrible plaga de malas hierbas, así que cuando llegó la época de la cosecha, Kenjo recogió cien sacos de mijo mientras que Burama tuvo que conformarse con la mitad.

Al año siguiente, Burama y sus empleados decidieron trabajar más duramente, pero el resultado fue el mismo. No importaba qué nuevas estrategias intentaran, Kenjo siempre obtenía mejores cosechas. El rico hacendado decidió entonces consultar a un brujo.

El brujo lanzó unas conchas sobre su esterilla. Repitió la operación tres veces y en cada ocasión estudió largamente la disposición en la que caían. Tras un prolongado silencio, al fin habló:

—Hace muchos años que soy brujo y jamás antes fui testigo de una distribución semejante. Cada vez es la misma. Tú quieres saber por qué no puedes ganar a tu vecino, pero las conchas dicen que sí puedes. Aunque también dicen que tu suerte está dormida sobre una alta montaña, en el Este, y que hasta que no emprendas el viaje hacia esa lejana colina y la despiertes no hay nada que hacer.

Burama contó a sus jornaleros lo que había ocurrido y les dijo:

—Mañana partiré en busca de mi suerte. En mi ausencia, cuidad bien de mis tierras.

A la mañana siguiente, emprendió el viaje y anduvo durante un día y medio sin descansar. Al final del segundo día, se encontró con un caníbal que quería comérselo.

—¡No me comas! —suplicó— Vivo en una granja que linda con la de mi vecino Kenjo. Al final de cada cosecha él recolecta más mijo que yo y el hechicero de mi aldea dijo que esto no cambiará porque mi suerte está durmiendo en el Este. Ahora me dirijo a despertarla, por favor, déjame continuar mi camino.

El caníbal estuvo pensando un momento y después dijo:

—He estado en la selva durante muchos años y me he encontrado con montones de cosas extrañas, pero jamás había oído una historia tan extraordinaria. Te dejo marchar con una condición: si encuentras a tu suerte, pregúntale por qué nunca me harto, ni aunque me coma una vaca entera. Vuelve por este camino para darme la respuesta.

Burama le prometió al caníbal que volvería por el mismo camino.

Viajó durante unos días más, hasta que encontró una pequeña cabaña en medio del bosque. Entró y fue recibido por una mujer muy, muy vieja, la cual lo invitó a pasar la noche en su casa. Después de cenar, la anciana le preguntó a Burama por el motivo de su viaje y Burama le relató su historia.

Al terminar, la mujer le dijo:

—Tengo ciento veinte años. He viajado por todo el mundo buscando las historias y la sabiduría de todas las tierras, pero nunca había oído algo así. No estoy diciendo que sea imposible, cualquier cosa puede ser posible hoy día… Si encuentras a tu suerte y puedes despertarla, pregúntale por qué ningún cultivo crece en mis tierras. Cada año intento sembrar verduras, pero nunca crecen. Pregunta a tu suerte qué debo hacer.

Burama le prometió a la anciana que así lo haría y a la mañana siguiente reanudó su camino.

Después de viajar durante tres días más, fue a parar a una gran tierra administrada por un poderoso gobernador. El gobernador había oído hablar de alguien que buscaba su suerte y quiso conocerlo.

—No hace falta que me cuentes tu historia porque ya la sé. He querido verte porque quiero que le preguntes a tu suerte por qué la gente de estas tierras no es feliz desde que yo soy el gobernador. Haz esto por mí y regresa para darme la respuesta. Te recompensaré.

Burama le prometió que haría la pregunta y continuó su camino hacia el Este.

Al cabo de tres días, divisó una alta montaña y decidió subir hasta la cima. Mientras ascendía, vio a una niña dormida. «Esa debe de ser mi suerte —Pensó—. La despertaré»:

—¡Despierta holgazana! —gritó Burama— Por tu culpa las cosas no van como debieran.

La niña se desperezó:

—Es cierto —dijo—, pero ahora ya puedes volver a tu casa porque estoy despierta y todo cambiará.

—Bien, pero antes tengo que hacerte tres preguntas. La primera se refiere a un gobernador que vive cerca de aquí. Su gente no es feliz y quiere saber por qué.

La niña sonrió y dijo:

—Dile a ese «Gobernador» que sabes que es una mujer disfrazada y que hasta que no se muestre tal y como es y revele su secreto, su pueblo no será feliz.

—De acuerdo. Ahora la segunda pregunta. Esta es sobre una mujer vieja que vive en medio del bosque. Nada da fruto en su tierra. ¿Por qué?

—Dile a esa mujer que haga un agujero y saque de su tierra el oro y los diamantes que una vez enterró allí. Después podrá plantar todo lo que desee.

La niña se levantó dispuesta a marcharse, pero Burama la detuvo:

—¡Espera! Tienes que contestarme la última pregunta. Conocí a un caníbal que nunca se harta, ¿qué debe hacer para curarse?

La niña se giró y contestó:

—No creo que comprendas este mensaje: evita a ese caníbal, pero si vuelves a verlo, dile que se coma al hombre más necio del mundo y se curará.

Dicho esto, la niña desapareció entre unos matorrales y Burama emprendió el camino de regreso.

Después de viajar tres días llegó al palacio del gobernador. Se acercó a “él” y le dijo:

—He encontrado a mi suerte y me ha dicho que guardas un secreto: eres una mujer. Hasta que no digas la verdad, tu pueblo será infeliz.

Las lágrimas resbalaron por las mejillas del «Gobernador».

—Eres el único que conoce mi secreto. La historia de cómo llegué a mandar en esta rica tierra es muy larga, si te quedas a mi lado y te casas conmigo, te la contaré.

Burama la saludó con la cabeza mientras se marchaba:

—¡No, no! Yo tengo que regresar y demostrar que soy mejor granjero que mi vecino. ¡Cuéntale a otro tu secreto!

Unos días más tarde, llegó a la casa de la mujer vieja y le dijo que debía cavar y sacar del suelo las barras de oro y los diamantes que había escondido allí y que impedían que crecieran las plantas.

La anciana le dijo a Burama:

—¡Es verdad! Ahora lo recuerdo… ¡Prometí dárselos a quién me ayudara a cavar! Si tú lo haces, todos mis tesoros serán tuyos.

—No, no —dijo Burama—. Lo siento, tengo que marcharme y demostrar que soy mejor granjero que mi vecino. ¡Ya encontrarás a otro que quiera cavar!

Y Burama se marchó a su casa, dejando atrás montañas de oro y diamantes.

Cuando ya estaba cerca de su granja, encontró al caníbal y le contó todo lo que le había sucedido durante el viaje.

-¿Y qué me dices de mi problema? —peguntó el caníbal—, ¿le has preguntado a tu suerte sobre mí?

—Sí. Me dijo que debes comerte al hombre más necio del mundo y sanarás.

El caníbal pensó un instante y, acto seguido, se comió a Burama y su trastorno se curó instantáneamente.

A la mañana siguiente, Kenjo se levantó muy temprano para ir a buscar leña y en un claro del bosque vio una camisa sobre la hierba. Se acercó y la miró atentamente. Sin ninguna duda, era la camisa de su vecino Burama. Mientras la examinaba, vio a una niña que dormía bajo un árbol y la despertó:

—¿Has visto por aquí al hombre que ha perdido esta camisa?

—No te preocupes por esa camisa, tienes mucho que hacer. Debes emprender un viaje hacia el Este. Dentro de tres días encontrarás una pequeña cabaña donde vive una mujer vieja, pregúntale si quiere que caves su tierra para que sus plantas puedan crecer. Acto seguido, ve a la tierra de un gran gobernador, y dile que conoces su secreto, que sabes que es una mujer. Y sobre todo, recuerda una cosa: si durante tu viaje te toparas con un caníbal, ¡no hables con él!

Kenjo siguió las instrucciones al pie de la letra y si todavía vive, es inmensamente rico y feliz junto a la Gobernadora.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “La suerte dormida” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. muy lindo ,aveces no sabemos ver las oportunidads que estan frente a nuestros ojos, de nada sirve la envidia ni la necedad

  2. Que bonito es, y cuanta razón, no nos fijamos en lo que tenemos alrededor y podría ser la solución a nuestros problemas. Vamos como motos, vamos a sacar las gafas de ver ,jejej besitoss

  3. Este Burama… tanto poderío, tanta prisa, y no sabe trabajar. Ahora que el brujo se las trae, mira que mandarlo hacia su destino. Porque supongo que el brujo ya sabe lo del caníbal. Efectivamente, algún revés se merece quien no valora lo suyo, lo que tiene delante de las narices, y envidia lo ajeno.

    Buen fin de semana, y bonito cuento, como siempre.

    • Ya sabes que los brujos son lo que son y por dar un mal consejo cobran un precio muy alto 😉 Valorar las cosas cuando ya no se tienen es una mala cualidad que tenemos los humanos. ¡Un abrazo, Madame!

    • Tu reflexión, Daniel, puede generar múltiples respuestas. Naturalmente, todas ellas opiniones personales con las que muchas personas, seguramente, no estarán de acuerdo ni se identificarán.
      La primera es que este cuento es muy antiguo y procede de la tradición africana como puedes ver en el apartado “¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?”, y en ese contexto debemos entenderlo. La mentalidad, las necesidades, etc. son las que “relatan” y crean los cuentos y, muchas veces, es difícil identificarse con eso pero, no por ello, debemos renunciar a leerlo y a intentar darle nuestro significado, siempre y cuando queramos hacer lo uno y lo otro.
      La segunda es que solemos olvidar que una de las principales funciones de la lectura es el divertimiento y la simple evasión y nos empeñamos en “exprimirla” para convertirla en enseñanza moral, dejando en segundo plano el, simplemente, disfrutarla. Y, personalmente, creo que eso pasa en especial cuando hablamos, en general, de cierta literatura infantil actual que, bajo mi punto de vista, está escrita por adultos que intentan hacer niños perfectos, con pensamientos perfectos y viviendo en un mundo perfecto. Consideran la infancia como un bloque monolítico aislado de la realidad, sin tener en cuenta las individualidades y el mundo que rodea a los pequeños. Aislar y edulcorar pienso que no ayuda a crecer, más bien considero que puede ser una fuente de frustraciones al toparse con las vivencias y dificultades del día a día y no tener recursos para poder gestionarlas.
      La tercera es que considero que los niños son niños, pero no son tontos, ni todos son iguales en bloque, ni carecen de sentido crítico. Tienen opiniones y gustos propios…, aunque todo ello está en formación y la literatura es una de las cosas que los ayuda a construirse individualmente. Por ese motivo, creo que necesitan toda clase de cuentos para poder experimentar en sí mismos el amor, el rechazo, la solidaridad, la envidia, el asco, la pena, la discriminación, la injusticia… con protagonistas extremos, algunos con supuestas buenas cualidades (Kenjo) y otros con supuestas malas cualidades (Burama), que los ayudan a posicionarse, a ir creando su propia personalidad y a desarrollar sus propias ideas. Si solo se les ofrecen cuentos “planos”, no les damos la oportunidad de reflexionar, criticar, aceptar, rechazar… ¿Qué sentido tiene darles cuentos en los que se les dice lo que deben hacer: ser solidarios, quererse, portarse bien… si el modelo social que ven es otro? ¿Acaso si a cada adulto nos preguntan qué entendemos por ser solidario, malo, buena persona, justo… etc. contestaremos lo mismo? Mi opinión es que no se les debe ofrecer todo masticado y endulzado, sino que se les deben ofrecer múltiples alternativas para que ellos elijan con lo que están o no de acuerdo.
      Y finalmente, no debemos olvidar que en cada época vital de nuestra existencia y en cada edad de nuestra vida la literatura nos habla de un modo distinto, y cada una de las de las personas que ha dado su opinión del cuento lo ha enriquecido con sus reflexiones, algunas de las cuales yo ni siquiera había percibido.
      Personalmente, creo que este cuento lo que nos dice es que lo que se consigue en la vida es, en gran medida, gracias al trabajo y al esfuerzo de cada uno y que no hay que buscar la suerte, porque es ella la que viene cuando quiere a buscarnos para añadir cosas buenas a lo que ya se ha conseguido. Podría ejemplificarse con un viejo refrán que dice “A dios rogando y con el mazo dando.”
      La respuesta es larga, lo siento. ¡Felicidades si has llegado hasta aquí! 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo, Daniel!

      • Sí llegué hasta el final, y estoy de acuerdo contigo. Sólo es una pregunta que me hice, no es algo que me alarme demasiado. Vamos, si la sirenita es un cuento infantil tanto como blancanieves y los dos son sumamente sádicos en sus finales.

        • Pues me gustó que te la hicieras en “letra alta” 😀 😀 😀 , así pude reflexionar yo también sobre ello. Quizá porque crecí con todo tipo de cuentos, no me alarmo cuando veo cosas políticamente incorrectas, al contrario, me parece que deben estar para que los niños tomen posición frente a ellas 😉

  4. Pues yo he ido dando bandazos. Primero odiaba a Burama por envidioso y por acoso y humillación al vecino. Luego pensé que igual hizo propósito de enmienda y decidió luchar por su sueño, así le admiré. Luego renuncia a tres pecados capitales (mi mente hace estas cosas), la lujuria en forma de gobernadora, la avaricia en forma de anciana y la gula en forma de caníbal, para conseguir su sueño y lo idolatro. Y el caníbal a cambio lo toma por necio y se lo come….
    Aunque bueno el estaba movido por la envidia….lo vuelvo a odiar.
    Y el otro con menos esfuerzo se queda con todo….los tres pecados…
    Menudo lio que tengo.
    Hay un cuento que trata este mismo tema que también me encanta.
    Besazos!! Dura tarea para pensar tanto.

    • 😀 😀 😀 Bueno, Ana, tu interpretación del cuento no tiene desperdicio, casi que dan ganas de reescribirlo y adaptarlo a la actualidad con los siete pecados… ¿O ya se ha hecho? ¿No será que el guionista de la película “Seven” se inspiró en él? ¡Espero que el lío no te causara dolor de cabeza! 😉

  5. Gracias martes por ser siempre la primera y estar al quite. En vez de programarla para febrero la programé para este mes, con lo que han salido dos entradas juntas. Si es que soy torpe… Es lo que tiene hacer las cosas en el tren con el móvil… Besitos de viernes cariño. La semana que viene vuelven los viajes! Te espero para viajar contigo encanto

  6. Bueno, te dije que me habías dejado pensando… Pues claro, y el resultado te lo mando… Deseo te guste. Besos.

    LA SUERTE

    ¿Quién se atreve a tocarla? La suerte está dormida
    es una niña dulce que nos regala sueños;
    se oculta en el follaje que crean los empeños
    y cuando no la esperas te deja sorprendida.
    La suerte es la sonrisa que nos cambia la vida
    viene sin esperarla, sin rumbo ni diseño
    te despierta en lo grácil, entre lo más pequeño
    y te da lo más grande sin que tú se lo pidas.
    Por ser tan imprevista tienes que merecerla
    deja que te acaricie con sus manos de diosa
    pero si no la encuentras, tampoco es un fracaso.
    El suceso es posible cuando podemos verla
    que en las cosas pequeñas también es generosa
    deja que ella te toque, según, tal vez, acaso…

    ©Julie Sopetrán

  7. Es un cuento precioso, Martes, a mi me enseña que la suerte no hay que buscarla, hay que encontrarla como Kenjo, cuando encontró la camisa.
    También me enseña a ser prudente, y conformarme con lo que tengo y trabajarlo día a día. Es fácil criticar, y más cuando parece que lo tienes todo. Pero no es así, quieres más y más… y, te fijas en el otro con envidia y, como Burama te sales de tu camino para buscar lo que no necesitas. Ver la suerte del otro es negar la tuya. Me gusta mucho en el cuento que la suerte sea una niña que se despierta… Tiene tantas lecturas este cuento, Martes. También me encanta que el caníbal se coma a Burama, la necedad como alimento del hombre por el hombre…
    Bueno hoy dejo la rima como ves, pero me fascina pensar en el cuento que nos ofreces. Gracias, amiga. Un beso fuerte. Y… ¡Suerte!

    • Pues tu reflexión me parece lúcida y clara y te doy la razón es la suerte la que te encuentra a ti, porque por mucho que las busques, si ella no quiere dejarse ver, no la verás. Y, por descontado, la mejor suerte es ser constante y hacer las cosas con cariño y lo mejor que se sepa, porque ese esfuerzo también nos da su fruto.
      Las lecturas de un cuento que esconde en sí tanta filosofía pueden ser infinitas y enriquecedoras. Son tantas, como personas lo leemos, porque cada uno de nosotros tiene una forma de ver la vida. ¡Gracias por aportar tanto, Julie!

  8. Precioso y aleccionador cuento. La suerte es mantener una actitud positiva ante la vida y tener los ojos abiertos para reconocer las oportunidades que nos pone delante el destino. Como hizo Kenjo cuando descubrió la camisa. Pudo pasar de largo pero se detuvo, la examinó y descubrió a la niña y con ella su “buena suerte”
    Un cálido y largo abrazo

    • ¡Qué cierto lo que dices! A la ocasión, prima hermana de la suerte, la pintan calva, con un solo pelo sobre la cabeza y dicen, además, que siempre va muy rápido. Por eso dicen que cuesta tanto cogerla cuando nos pasa cerca. A la suerte le pasa algo parecido, pasa a nuestro lado y es como si fuera invisible, porque la mayor parte de la veces ni la vemos 😉 ¡Tendremos que abrir más los ojos y la mente! ¡Un abrazo, Felicitas!

  9. Estas historias con sabor étnico me encantan…..Te hacen comparar personajes de otra época, de otras tierras al menos, con personajes que podrías cruzarte una mañana cualquiera. Menos mal que cada vez conozco a más Kenjos, pacientes y agradecidos con su suerte. Besitos.

    • Demasiados seguramente, Edda. Personas que critican a sus vecinos por lo que han obtenido gracias a su esfuerzo y que se creen en el derecho de tener lo mismo o más, pero no se dan cuenta de que si la envidia no los cegara, ellos poseerían muchísimo más si quisieran.
      Gracias por compartir y hacer volar los cuentos del martes tan lejos, Edda.

  10. ¡Ay, Burama! Solo sabías acatar instrucciones 😉 Así estamos… esperando que otros hagan, otros resuelvan, otros tengan iniciativa, otros…
    ¡Feliz de Kenjo!
    Hoy es martes y celebro el cuento. Abrazo que vuela hasta la Isla I.

    • Pues mira que esa interpretación yo no la había captado y me parece genial 🙂 ¡Qué cierto! Somos capaces de seguir a rajatabla las instrucciones ajenas, pero cuando se trata de innovar, nos cuesta una enormidad salir de nuestra zona de confort. ¡Me parece muy buena tu lectura, Verónica! ¡Gracias por aportar una nueva perspectiva al cuento!
      Un abrazo de miles de kilómetros 😉

      • La comodidad nos está llevando a la ruina. Tanto ‘descansar’ nuestros cerebros permitiendo que otros piensen por nosotros y cuando tenemos que hacerlo nos metemos en la boca del (iba a poner lobo pero estaré a tono con el cuento) caníbal. 😉
        Abrazísimos.

        • Nuestros cerebros están casi tan dormidos como la suerte del cuento. ¡Despertemos con la literatura! ¡Despertemos con todo el arte! Porque eso nos ayuda a construir una mente crítica y autónoma. Gracias por tus palabras, Verónica 😉

  11. Se te olvidó incluirme como personaje de este cuento, a lo mejor preguntándole a la suerte conseguiría saber qué es lo que pasa conmigo.
    Cuando vuelva a la montaña me fijaré en si hay alguna niña dormida o escondida detrás de algún matorral.
    :D.

    ¡Qué caprichosa la suerte!.

    Fantabuloso, as always 😉

    • 😀 😀 ¡Algunas tan dormilona que no hay forma de despertarla! Pero seguiremos insistiendo 😉
      El original es muy parecido, pero siempre nos gusta darle unos retoques aquí y allá para dejarlo más a nuestro gusto. ¡Un abrazo, Gema!

  12. Hay que ver los personajes tan dispares y originales que habitan los cuentos. La suerte en persona, un caníbal con hambre infinita, una anciana que a pesar de tener 120 años aún tiene ganas de cultivar sus tierras, un gobernador que no sabemos porque nos esconde su condición de mujer, el más “normalito” es el protagonista que acaba el pobre en la tripa del caníbal….es extraordinario!!! Eso es lo que me gusta de los cuentos. Todo es posible!! Saludos cuenteros!! Ah, y preciosa ilustración

    • 😀 😀 😀 La magia de los cuentos convierte lo más inesperado en realidad y consigue que, por un momento, entremos en la historia y creamos en lo imposible. ¡Miles de besos y abrazo muy, muy reales!

    • 🙂 Te entiendo, ·Isabel, al crecer las cosas ya no son para nosotros tan “blanco o negro”, sabemos que puede haber muchos matices de gris, por eso leemos las cosas con otra perspectiva. No obstante, las buena letras nos hablan a cualquier edad si sabemos escucharlas 😉 ¡Feliz martes de cuento! ;)·

  13. No sé por qué pero en estos cuentos siempre me pongo del lado del perdedor, pobre Burama, con el trajín que se ha traído buscando a la suerte y se lo come el caníbal. Y el otro, sin esfuerzo aparente, se lleva el premio. Ya sé que no es esa la moraleja y que Burama no sabía aprovechar las oportunidades y se obcecaba pero aún así…lástima de hombre.

    • 😀 😀 😀 Conozco esa sensación de ser abogada del diablo. Al leerlo la primera vez, yo también pensé que Burama tenía un objetivo en la vida y que hacía bien al perseguirlo y que no era justo que al pobre le pasara eso. Una lectura posterior, me hizo pensar en que una cosa es perseguir un sueño o un objetivo y otra es ponerse anteojeras como los burros y por conseguir algo, no ver lo que nos rodea que, en ocasiones, es mejor 😉 Como siempre, la buena literatura tiene múltiples lecturas que nos abren la mente a nuevos pensamientos 😉 ¡Eso es lo bueno!

      • Hubo una inundación en un pueblo, un señor que vivía solo llegó al tejado de su casa, con el agua por las rodillas, y rezó a Dios para que le salvara. Llegó una familia con colchonetas y le invitó a ir con ellos. Él les respondió “No, gracias, no os preocupéis, confío en el señor que me salvará”. Y siguió rezando: “Por favor Dios, sálvame!”. Al poco llegó un señor en una barca y le invitó a subir. Y le respondió lo mismo: “No, gracias, espero a Dios, sé que me salvará”. Y siguió rezando. Vino una lancha motorizada y un helicóptero, y a todos les dijo lo mismo. Al final el hombre murió ahogado. Al llegar al cielo, indignado, pidió hablar con Dios. Cuando le recibió le contó que hubo una inundación y le reprochó que no le salvara. Dios, cabreado, le dijo: “¿Que no te salvé? Te mandé colchonetas, una barca, una lancha motorizada y un helicóptero. ¿Qué más querías hijo mío?”

    • 🙂 ¡Perfecto! Una de las mejores cosas que nos ocurren al leer es que se pone en marcha el pensamiento y con ello somo más críticos con nosotros mismos y con lo que nos rodea 🙂 ¡Leer para crecer! Un abrazo, Mercè. Gracias por comentar.

  14. La suerte nos llega, somos nosotros quienes vivimos enfocados en lo que no debe ser y la dejamos pasar. Alerta, para que la suerte no se duerma!!! Muy buen cuento!! Me gustó mucho. Besos.

    • Qué cierto lo que dices. Nos obsesionamos con una idea y unos objetivos y muchas veces dejamos pasar oportunidades mucho mejores. Deberíamos intentar abrir más nuestra mente al mundo para aprovechar lo que nos ofrece en lugar de pedirle aquello que creemos que nos corresponde.

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