La princesa y el guisante

Érase una vez un Príncipe que quería casarse con una Princesa, pero tenía que ser una princesa de verdad. Recorrió el mundo entero en su busca, pero allá adonde se dirigiera, todas las que encontraba tenían algún «pero». Cierto es que se topó con muchas princesas, ¡a montones! Altas y bajas. Listas y tontas. Feas y guapas. Simpáticas y antipáticas. De hecho encontró princesas para dar y tomar. Mas nunca lograba tener la completa seguridad de que fueran auténticas aristócratas, ya que siempre encontraba alguna cosilla que le parecía sospechosa.

Al fin, un poco decepcionado a causa de su infructuosa búsqueda, regresó a su casa triste y cabizbajo, pues había partido con la esperanza de hallar una auténtica princesa que algún día reinara junto a él.

Ya hacía más de un mes que el príncipe había regresado a casa, cuando una noche estalló una terrible tormenta. Rayos y truenos se sucedían sin interrupción, el viento huracanado aullaba como un lobo y una lluvia torrencial azotaba sin piedad los cristales de las ventanas, ¡era terrible!; hacía un tiempo espantoso. De pronto, alguien llamó a la puerta del palacio y el anciano Rey acudió a abrir.

Parada ante la puerta había una muchacha; pero ¡cielos!, ¡Tenía una facha horrible! Empapada y con los vestidos chorreando. ¡Cómo se había quedado por culpa de aquella lluvia y el mal tiempo! El agua que caía sobre ella se metía dentro de sus zapatos; le entraba por la punta y le salía por el talón. Pero aun así, ella no dejaba de afirmar que era una auténtica princesa y que había perdido a su séquito en medio de aquella tempestad.

«Pronto lo sabremos», pensó para sí la anciana Reina y sin pronunciar ni una sola palabra, se dirigió al dormitorio de los invitados, puso un guisante en la cama y amontonó encima veinte colchones, y encima de estos, puso otros tantos edredones.

Acto seguido, condujeron allí a la recién llegada y le dijeron que en esa cama debía dormir.

Al día siguiente, cuando la princesa se levantó, le preguntaron qué tal había dormido.

—¡Oh, mal! ¡Muy mal!  —exclamó—. Casi no he podido pegar ojo en toda la noche. ¡A saber qué habría en esa cama! ¡Pase la noche acostada sobre algo tan duro, que me he levantado esta mañana llena de cardenales! ¡Ha sido algo ciertamente espantoso!

Así fue cómo supieron que se trataba de una princesa de verdad, porque a pesar de dormir sobre veinte colchones y otros tantos edredones, su sangre era tan azul que había notado el bulto del guisante en su espalda. Nadie, a no ser que se trate de una princesa de las de verdad, puede ser tan sensible.

El príncipe, entonces, le pidió matrimonio, pues ahora ya estaba completamente convencido de que aquella joven era una auténtica princesa.

El guisante fue traslado al Museo Real, donde aún sigue, si es que nadie se lo ha llevado.

Como habréis podido comprobar al leerla, ¡esta sí que es una historia verdadera!

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “La princesa y el guisante” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. Bueno, el hecho de poner algo tan pequeño bajo tal cantidad de colchones… Ya resulta como un esperpento, pero eso es lo bueno, lo cómico y lo grotesco del cuento. Yo simpatizo con la princesita, en algo se tiene que notar que es diferente y que su percepción es exquisita… :))) Yo recuerdo una vez cuando era niña que pusimos garbanzos debajo de las sábanas a una amiga para gastarle una broma
    y casi nos mata, claro. Pero en este cuento hasta el guisante tiene personalidad. ¿O no? Porque seguro que ni se aplastó… Me ha parecido genial.
    Incluso preciosa la ilustración.
    Y bueno ahí va mi premio convertido en ovillejo.

    ¿Qué le espera a la Princesa?
    Sorpresa
    ¿Quién probará su talante?
    Guisante
    ¿Qué evidenciará su fama?
    La cama

    Pero resulta un gran drama
    dormir en veinte colchones;
    y aguantar todos los sones…
    ¡Sorpresa! Guisante en cama.

    JS

    • 😀 😀 El guisante no solo no se aplastó, sino que sigue en el museo real 😉
      ¡Qué arte el tuyo, Julie! Si hacer poesía cotizara en bolsa, cerraría cada día con ganancias el Dow Jones gracias a tu imaginación 😉

  2. Es uno de los primeros cuentos que recuerdo de mi infancia. Tiene muchas enseñanzas, pero me hace gracia porque ahora ya de mayor me doy cuenta de que algunas madres con sus hijos son tremendas. Vamos que no les vale cualquier novia para su hijo; son capaces hasta de poner un guisante a ver si lo notan. Jjajajajaajja.
    Tiene mucho encanto este cuento y una vena cómica. Gracias!!!!

    • La vena cómica es una de las mejores cualidades de este cuento y es verdad que hay padres y madres que son de armas tomar y para compartir la vida de sus retoños esperan a la persona perfecta. ¡Ay!, si supieran que la perfección no existe y que lo de verdad importante es tener cerca a una persona que te quiera tal como eres, con defectos y cualidades… ¡incluido dormir sobre un guisante sin notarlo! 😀 😀 😀 ¡Un abrazo, Natalia!

    • 😉 Tiene un no se qué que lo hace muy especial. Te guste o no la protagonista, el cuento respira un ambiente que consigue que entres en la historia. Los buenos cuentos son inmortales 😉

        • 🙂 Esa es la intención, Gema; construir una cajita temporal para ir guardando los cuentos que vamos rescatando de aquí y de allí. Hoy, cuando hay más literatura que nunca, también creemos que es más necesario que nunca recopilar aquellos cuentos que para nosotros, y esperamos que para muchos de vosotros también, son especiales 😉

  3. 😀 😀 Es lo que tienen las princesas, Sensi, que de tan finas se pasan. Contaba un poco más abajo que esta no es de las más sensibles de Isla Imaginada, y que hay algunas a las que les han tenido que construir un recipiente de cristal a medida para que puedan moverse sin peligro. Así, si el cristal se rompe, saben que algo peligroso puede sucederle a la princesa.
    No obstante, también hay alguna princesa que renuncia a serlo porque le aburre soberanamente ese papel y entonces les pide a las brujas de su reino un elixir mágico para fortalecerse y correr aventuras 😉

    • Nos alegra haber acertado con la elección de esta semana 🙂
      Este es uno de los relatos más famosos de Andersen y uno de los más tiernos que escribió este autor, que solía tener la manía de maltratar un poco a sus personajes 😉 ¡Gracias por visitarnos! Un abrazo grande 😉

    • ¡Edda, no me lo puedo creer! ¿De verdad que no conocías a esta princesita? ¡Tu infancia hubiera sido muy otra si te hubieras topado con ella 😀 😀 Pero como dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, nos alegramos infinito de haberte hecho llegar esta historia. ¡Un beso kilométrico! Muchas gracias por hacer volar tan lejos nuestros cuentos 🙂

  4. Este es uno de los cuentos que más me siguen gustando. Además, me has hecho recordar esa serie que echaban en televisión hace siglos (años 80), “Cuentos de Hadas” o Faerie Tale Theatre Series, donde cada capítulo era un cuento. Cómo no, hicieron este del guisante con Liza Minelli como princesa.
    ¡Muchas gracias!

  5. Para poder comprender los por qué de un cuento hay que ser niño ya que su mente es fantasía que todo lo cree y lo hace suyo. Por eso nuestra mente se transforma mientras leemos tus relatos en una ilusión infantil. Y nos lo creemos y disfrutamos.
    Gracias, y un abrazo.

    • 🙂 Me gusta muy especialmente lo que comentas. Yo también creo que la capacidad de elevarse de lo prosaico y entrar en mundo de fantasía en el que todo es posible que tienen los niños debería ser una práctica habitual en la vida. Nadie, nadie, nadie debería crecer sin experimentar eso y nadie, nadie, nadie debería, ya de adulto, pasar más de una semana sin ejercer ese derecho vital que libera la mente y el espíritu y nos abre la mente a perspectivas nuevas y maravillosas. ¡Gracias por ejercer ese derecho leyendo los cuentos del martes, Isabel!

  6. “Yo no soy princesa, yo no soy princesa, ni lo quiero ser, ni lo quiero ser…” 😀 😀 😀 Canto con la melodía de “Yo no soy buena moza…”
    No corro ningún riesgo de sortear esa prueba. Tengo el sueño (todos los sueños) pesado y me transporto a otras dimensiones. 🙂 😀 😀 (unas dimensiones que se acostumbraron a mis ronquidos)
    Besos de cuentos.

  7. Resulta que voy a ser princesa, o princesilla de tres al cuarto, porque al mínimo cambio en el colchón, la almohada, las sábanas, la luz, la temperatura… ya no me duermo. O eso, o una maniática, jajaja. Siempre me ha encantado este cuento del guisante.

      • :)) Tuve que poner a mi hijo el guisante debajo del colchón porque como siempre le llamaba “mi Principe” el quiso saber si lo era de verdad…Como pasa la vida de deprisa!

          • Cierto, los niños son lo mejor que hay!….y los cuentos también ,yo les tengo mucho que agradecer.De tantos como leí a mi hijo, incluso había temporadas que era el mismo todas las noches, aprendió a leer el solo ,se fijaba en las palabras escritas que yo leía y me pedía que se las repitiese despacito, preguntaba por las letras,mostró mucho interés y cuando fue a infantil ya sabía leer….Ahora es un universitario y sufro un gran síndrome de nido vacío ..jejeje …besos Martes. perdona la chapa que he metido.

          • ¡En este rincón nos encanta que nos cuenten! Así que puedes hacerlo siempre que te apetezca, nos encantan las historias, sobre todo las preciosas como la que tú nos cuentas 😉
            Tu dedicación y el tiempo que disfrutaste al lado de tu pequeño está dando ahora sus frutos 🙂
            Tiempo y atención, dos de los mejores regalos que se le puede ofrecer a un niño.
            Y para el síndrome del nido vacío, lo mejor son los cuentos 😉 Así que… ¡A leer! Un abrazo, Bruji.

  8. En verdad que me gustan mucho más las “auténticas” princesas que viven en los cuentos que las que vemos en las noticias sentadas en los banquillos. Preciosa adaptación!! Un abrazo!!

    • 😀 😀 😀 ¡Sin duda que son muchísimo mejores las auténticas princesas! Al menos son felices comiendo perdices y no necesitan palacetes, coches, viajes, ropa, operaciones de cirugía estética, fiestas, vacaciones, joyas… y demás caprichos extravagantes. ¡Un abrazo, Juani!

    • Bueno, lurda55, podía ser aún más princesa. Cuentan, que en Isla Imaginada, vivió una princesa, tan princesa, tan princesa que perdió el conocimiento al caerle sobre la cabeza la hoja de un árbol. Y dicen que hubo otra, que tenía la sangre tan azul, tan azul, tan azul que en lugar de sangre por su venas corría tinta, y que la usaba para escribir los mejores cuentos del mundo… ¡Esto, al menos, servía para algo! 😀 😀 😀

  9. #Martes, disculpa que meta algo de política. Este cuento me ha transportado al Congreso, donde han estado toda la semana debatiendo sobre ‘guisantes’ sin que hayan tocado nada del ‘guisado’ que nos interesa a los demás.

    • ¡Me suena mucho eso que dices! Suelo visitar un país de Isla Imaginada en el que vive una gran princesa de sangre de hojalata, que se duerme en cualquier roca y calza solo alpargatas 😀 😀 😀

  10. Este era uno de mis cuentos favoritos! Y soñaba con ser esa princesa y me preguntaba si yo notaría el garbanzo.
    Que bonito regresar a los cuentos!
    Besetes agradecidos de parte de mi yo más infantil.

  11. Era uno de mis cuentos favoritos de pequeña,hace siglos que no lo leía! Este y uno que me contaba mi madre sobre un majaraja,su hija, un pañuelo de seda verde y una cabra que se lo comía al confundirlo con hierba. No sé si se lo inventó o no, porque nunca he podido encontrarlo de vuelta y por más que le pregunto, me dice que no lo recuerda. Gracias por devolverme este a la memoria 🙂

    • Es estupendo haberte hecho recordar, al menos, uno de los cuentos que te gustaban.
      En cuanto al otro cuento, en principio no nos suena, pero intentaremos buscarlo y si lo encontramos te lo dedicaremos. O también, si quieres, puedes enviarnos un mail contándonos el argumento e intentaremos escribir esa historia especialmente para ti. ¡Un abrazo! 😉

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