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Ve a No sé dónde y trae No sé qué

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Ilustración: Tieneke

En un remoto imperio a orillas de un mar azul, vivió un zar que tenía a su servicio a cien arqueros, los cuales salían cada día a cazar para proveer de carne su mesa. De entre todos, Fedot era el mejor, pues siempre acertaba en el blanco.

Una mañana, muy de mañana, Fedot salió de caza. Justo cuando el alba teñía de rojo las mejillas de las nubes, penetró en un bosque espeso y lóbrego. No había avanzado mucho, cuando frente a él vio, en la rama de un abedul, una paloma que zureaba aún con el sueño pegado a sus plumas. Tensó el arco, apuntó y disparó. La paloma, herida en un ala, cayó a tierra. El tirador la recogió y cuando ya estaba a punto de retorcerle el pescuezo y colocarla en su escarcela, oyó que la paloma hablaba:

—¡Déjame vivir, por favor! Te diré lo que has de hacer para ser un hombre afortunado. Llévame a tu casa y en el preciso instante en que veas que el sueño se apodera de mí, arráncame con tu mano derecha el ala herida.

El sorprendido cazador, que jamás había oído hablar a un pájaro, hizo lo que la paloma le decía. La llevó a su casa y no tuvo que esperar mucho a que el ave conciliara el sueño. En el justo instante en que se durmió, el arquero levantó su diestra y arrancó el ala herida. Por arte de magia, la paloma se transformó en la mujer más hermosa que ojos nunca vieran, ni lengua expresara, ni imaginación representara, ni siquiera en sueños. Abrió los ojos y dirigió la palabra al arquero del zar:

—Hola Fedot, soy Milenka. Tú que has tenido talento para cazarme, tenlo también para vivir conmigo.

En un momento estuvieron de acuerdo y se casaron. Fedot siguió cazando para el zar y cada día, antes de salir el sol, se colgaba el arco a la espalda, iba al bosque, atrapaba algunos animales y los llevaba a la cocina real. Sin embargo, a Milenka no le gustaba que cazara, así que un día le dijo:

—Cada día vas al bosque a matar animales y no por eso comemos mejor o vivimos mejor. ¿Qué trabajo es este? Yo, en cambio, tengo un plan que mejorará nuestra existencia: dame cien monedas de oro y lo demás corre de mi cuenta.

Fedot fue a ver a sus compañeros y les pidió a cada uno una moneda, después añadió él una y se apresuró a entregárselas todas a su mujer.

—Con estas monedas compraré seda de varios colores. Tú no te preocupes por nada, échate a dormir que yo me ocuparé de todo.

Cuando Fedot se quedó dormido, Milenka abrió su libro de encantamientos y de él salieron dos jóvenes que le dijeron:

—¿Qué deseas?

—Deseo que tejáis con estas sedas de colores la más admirable alfombra que el mundo haya contemplado y que en ella bordéis todas las ciudades, pueblos, ríos, montes y lagos de este reino.

Los dos jóvenes se pusieron a trabajar y bordaron una alfombra que era la maravilla de las maravillas. Al día siguiente, la mujer entregó la alfombra al marido, diciéndole:

—Lleva la alfombra al mercado y véndela, pero no regatees; toma lo que te ofrezcan por ella.

Fedot se fue al mercado y no tardó en acercarse un comerciante:

—¿Cuál es el precio de esta alfombra?

—No lo sé. Fíjalo tú mismo, ya que entiendes de esto.

El comprador empezó a pensar, pero fue incapaz de fijar un precio para la alfombra y se marchó.

Pasó otro comprador y luego otro y otro, hasta que se formó un corrillo de compradores que contemplaba admirado la alfombra sin lograr fijar un precio. Acertó en aquel momento a pasar el mayordomo real y al ver el grupo se acercó:

—¿Qué ocurre aquí? —inquirió.

—No sabemos qué precio poner a esta alfombra —le contestaron.

Entonces, el mayordomo real miró la alfombra y quedó también maravillado.

—¡Escucha, arquero! ¿De dónde has sacado esta alfombra?

—Mi mujer la tejió.

—¿Cuánto pides por ella?

—No sé cuánto vale, ella me encargó que aceptase lo que me ofrecieran sin regatear.

—Entonces te doy 1.000 monedas de oro.

El arquero tomó el dinero y el mayordomo se llevó la alfombra y se presentó ante el zar.

—Majestad, ¿me haríais el honor de mirar esta alfombra que he comprado?

El zar, al ver la alfombra en la que estaba bordado todo su reino, suspiró y dijo:

—¡Qué maravilla! ¿Cuánto quieres por ella?

El mayordomo pidió 10.000 monedas de oro que el zar se apresuró a pagar sin regatear para, acto seguido, colgar la alfombra en una pared del palacio.

«Esto no es nada comparado con el negocio que haré», pensó el mayordomo. Y fue en busca del arquero. Pero cuando entró en su casa y vio a la mujer del cazador, se olvidó por completo de por qué había ido allí y volvió cabizbajo a su casa.

Desde aquel día, no hacía nada a derechas, solo podía pensar en la prodigiosa hermosura de Milenka y tan mal hacía su trabajo, que el propio zar le preguntó:

—¿Te ocurre algo?

—¡Ay! ¡No puedo vivir! He contemplado una belleza como nunca se ha visto ni se verá en este mundo.

Tanto y tanto ponderó la beldad de Milenka, que el mismo zar quiso conocerla y al hacerlo sintió que ya no podría vivir sin tenerla a su lado: «¡Es demasiado hermosa para un pobre arquero! ¡Merece ser reina!» –se dijo.

Volvió a su palacio y ordenó al mayordomo:

—Quiero casarme con esa mujer y su marido es un estorbo. Si tú no me dices cómo deshacerme de él, yo te diré cómo me desharé de ti.

El mayordomo, después de meditar, contestó:

—Ordenad al arquero que vaya a No sé dónde y os traiga No sé qué. No podrá cumplir vuestro encargo jamás.

El zar ordenó a Fedot que se presentara ante él y le habló así:

—Tú, el mejor de mis arqueros, debes ir a No sé dónde y traerme No sé qué. Si no cumples mis deseos, te encerraré para siempre en mis mazmorras.

El arquero regresó a su casa muy triste.

—¿Qué quería el zar? —preguntó Milenka— ¿Ha ocurrido alguna desgracia?

-Me ha mandado que vaya a No sé dónde y le traiga No sé qué. Si no lo hago, me encerrará para siempre en sus mazmorras.

-Es un encargo en verdad muy difícil. Pero tú no te preocupes de nada, échate a dormir que yo me ocuparé de todo.

Cuando Fedot se quedó dormido, la mujer abrió su libro de encantamientos y de él salieron los mismos dos jóvenes que le dijeron:

—¿Qué deseas?

—Deseo que vayáis a No sé dónde y me traigáis No sé qué.

Ambos la miraron compungidos:

—Bien quisiéramos servirte, pero lo que nos pides es imposible.

Al día siguiente, Milenka despertó a Fedot y le dijo:

—Realmente, el encargo del zar es terriblemente difícil de cumplir. Por lo que dicen, se necesitan diez años para ir y otros diez para volver… en total veinte años… y el camino es tan peligroso, que es casi seguro que no podrás cumplir con el encargo y es posible que jamás regreses… pero solo te queda obedecer. Preséntate ante el zar y dile que irás, pero que necesitas oro suficiente para tan largo periplo. Cuando tengas el oro en tu poder, vuelve para despedirte de mí…

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Ve a No sé dónde y trae No sé qué” con la voz de Angie Bello Albelda

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Reader Interactions

Comments

  1. Eins?Ya? Jo… me he quedado corta al final, con ganas de saber que hizo el rey.
    Bueno, voy a hacer honor a mi fama de destroza-cuentos.
    Eso le pasa por no saber pedir, yo habría pedido más dinero desde el principio y fin del problema jaja. Y si no acaba ahí…vale, me voy a no se donde, pero mi mujer se va conmigo 😉
    estas palomas…siempre dando problemas.

    • 😀 😀 lo de las palomas me ha llegado al alma. Desde luego que yo conozco a otra que ha sido la culpable de muchos problemas históricos.
      El rey, tonto él, allí sigue, esperando por si vuelven el arquero y su mujer arrepentidos por su huida 😀 Un abrazo.

    • 🙂 ¡Muchas gracias! Dale a tu sobrino un abrazo muy grande de parte de todos los habitantes de Isla Imaginada… y otro para ti, claro 😀 😀 😀
      Dile que nos encantan los premios y que seguiremos buscando muchos cuentos para los buenos lectores como él 😉

      • Mi sobrino en cuestión se llama Rubén Álvarez Ordiz , acaba de cumplir ocho años y juega en el Pumarín Club de Fútbol. Ahora anda un poco confuso con el catecismo de la primera comunión. Me pide que le explique el misterio de la Santísima Trinidad, así que yo, como no sé explicarle eso, lo mando para vuestro blog. Ah, que ponga también que le gustan mucho, muchísimo, las matemáticas, pero que quiere ser escritor. Puesto, Rubén.

        • 😀 😀 😀 Pobre Rubén, dile de mi parte que lo de la Santísima Trinidad lo están estudiando en Isla Imaginada desde hace tiempo y que si hay novedades y descubren algo, será él el primero en saberlo.
          Y dile también, que las matemáticas no están reñidas con ser un gran escritor. Sin ir más lejos, tenemos el caso de Juan Benet, ingeniero y fabuloso prosista, así que es posible compaginar ambas cosas, pero para conseguirlo, hay que trabajar duro 😉

    • El final es alegre porque deja entrever que ella es más lista que nadie y se marcha junto a su cazador. El rey el mayordomo se quedan con dos palmos de narices por egoístas, malos y envidiosos 😉

  2. Imperdible la frase “cuando el alba teñía de rojo las mejillas de las nubes,” El cuento muy bien explicado su final por Julie Sopetrán. Los demás podíamos sospecharlo nadamás. Un abrazo

  3. Es un cuento muy especial por todo lo que encierra y también por la despreocupación de quien tiene el poder y el deseo de conseguirlo todo,
    Me encanta su magia y sobre todo el final del cuento… Se me ocurrió, un poco espontáneo este ovillejo…

    Lo que el el zar no pudo escuchar de Milenka y Fedot

    ¿Adonde el diablo se esconde?
    No sé donde
    ¿Del viaje que traeré?
    No sé qué
    ¿Cuándo, cuándo volveré?
    ¡Ay! no sé…

    Contigo mi amor me iré
    El zar que viva en su alfombra
    y nosotros a la sombra
    sin saber dónde o por qué …

    js

  4. Me recuerda a uno que le explicaba a mi hijo de pequeño…y que pensaba que me había inventado yo !
    FELICIDADES a la bloguera…por partida doble

  5. COMO??? Qué le passa al cazador?? Se va con la mujer?? Pero cuanto hype genera esta história!!!

    Por cierto me quedo con la frase: Ten el valor de vivir conmigo.

    • 😀 😀 😀 Es una buena frase 😉 El amor es un tipo de valor para aceptar a la persona que tienes junto a ti tal y como es 😉
      ¡El final es genial! 😀 😀 😀 Se van juntos y dejan al mayordomo y al rey con un palmo de narices.

  6. Me encantó este cuento, pero eso de que se la deje no me convence nada. Aunque me da por ahí que igual en el último momento hay un cambio de planes, no?
    Tengo que decir que yo muchas veces voy no se donde y ni siquiera recuerdo para qué, así que me parece que es algo muy común verte en esa situación 😉 😉
    Besetes

    • No la deja, lo que ocurre es que ella es mucho más lista que todos juntos y se va con él, con el libro de encantamientos y con el oro a empezar una nueva vida bien lejos y sin tener que cazar 🙂
      En cuanto a tus despistes, ¡bienvenida al club! 😀 😀 Según los comentarios, es una especie abundante 😀 😀

  7. No nos podemos quedar con la duda!! Propongo a Martes que escriba la continuación de la historia, y así podremos confirmar la frase final de “El Mercader de Venecia” que citabas: Bien está lo que bien acaba. Saludos!!!… Preciosa la ilustración!!!

  8. Cuánta sabiduría y simbolismo hay en este relato. Arrancar el ala herida, la cacería, el comercio, las valoraciones, la independencia, la fortuna, el libro de hechizos, los sirvientes, la libertad, la astucia. Alguien que resucite a Carl Gustav Jung para que analice esta historia 😉 por favoooor 😀 😀 😀 Me ha gustado mucho

  9. 😀 😀 😀 Yo creo que hace un doble juego, Gloan. Con todas las monedas de oro el vuelve a “despedirse” y se marchan los dos con viento fresco y dejan al rey y al mayordomo con un palmo de narices esperando durante años 😉

  10. Al final todo gira en torno de las monedas de oro y de la belleza…y por supuesto, de la avaricia y la estupidez humana. Muy bueno. Me estaba imaginando cómo sería la alfombra y lo distinto que es ver la cosas con los ojos de la magia y verlas con los ojos del ansia de poder. Muy bueno, Martes. besitos.

    • 😀 😀 😀 No, hombre, lo que pasa que es cazador y suelen ser más lentos pensando 😉 Además, recuerda que ella posee una magia especial y eso, en comparación, hace que cualquiera parezca un poco lerdo 😉

  11. Yo eso lo hago a diario varias veces. Estoy en la calle y de repente me viene el pensamiento “me dijo mi mujer que fuera a no sé dónde y le trajera no sé qué, y que no me acuerdo…” Besitos

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