La princesa, el pañuelo y la cabra

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Ilustración: pepperin

Esta historia la hemos inventado especialmente para Der Ketzer, que nos escribió hace un tiempo y, entre otras cosas, nos dijo: 
«Cuando era pequeña mi madre nos contaba un cuento, uno de muchos, que a grandes rasgos contaba… […] cuando le he preguntado a ella, ni recuerda el cuento ni de dónde lo sacó. Es posible que incluso se lo hubiera inventado […]  Es un cuento que siempre me gustó, pero el tiempo ha hecho que se vaya borrando de mi memoria y no querría perderlo para siempre».
Aunque de momento aún no hemos podido localizar el cuento que nos pidió, esperamos que, mientras tanto, disfrutéis leyendo este.
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Pasó o no pasó, ¡quién sabe!, en un remoto reino muy cerca de aquí, una historia poco cierta, aunque ciertamente muy verídica, que con el paso de los años se fue borrando de la memoria de un desmemoriado hasta que, un buen día, cansada de que nadie la recordara, se enganchó en las alas del viento y voló hasta nosotros. Prestad atención, que ahora empieza…

En un país a medio camino entre el mar azul y las verdes montañas, vivió el Gran Sultán Mehmed Abd-ul-Hajmed en un irisado palacio de cristal de roca, con puertas y ventanas de oro macizo.

Junto a él vivía su hija Zaida, una inteligente joven cuyas únicas pasiones eran leer y estudiar y en eso ocupaba casi todas las horas del día, encerrada en sus aposentos.

Mehmed Abd-ul-Hajmed amaba a su hijita sobre todo y sobre todos y el más mínimo deseo de la joven era satisfecho de inmediato, antes incluso de que ella lo pidiera en voz alta. Pero aquella vez…

Faltaba menos de un mes para el cumpleaños de la princesa y su padre todavía no sabía qué regalarle. Su hija poseía una inmensa biblioteca, un fastuoso vestuario, las más ricas joyas, caballos, perros, juguetes, incluso un dragón amaestrado… En fin, que tenía todo lo que existía en este mundo que a una muchacha se le pudiera antojar. Pero aun así, el Gran Sultán deseaba sorprender a su hija, por lo que confió a su mejor espía, Ipsum Garrula, un moscardón que hablaba siete idiomas, la delicada misión de descubrir qué era lo que deseaba la joven heredera.

Raudo y veloz, el bicho aleteó hasta los aposentos donde Zaida pasaba largas horas inclinada ante sus libros y allí permaneció durante todo el día, atento a lo que sucedía en la real estancia…

Las sirvientas entraron y salieron con primorosos ropajes con los que vistieron a Zaida; pero Zaida ni se miró en el espejo y siguió absorta en sus libros.

El jardinero entró y salió con exóticas y coloridas flores, que fue colocando en todos los jarrones; pero Zaida no parecía percibir el dulce aroma que se desprendía de ellas, ni apreciar sus vivos colores.

La cocinera entró y salió con exquisitas viandas, pero Zaida comió sin apartar los ojos del libro, sin saborear aquellos deliciosos manjares elaborados especialmente para ella…

Fue pasando el día y ella continuaba concentrada en su lectura, como si el resto del mundo no existiera.

Ya creía el moscardón que no podría cumplir el encargo del Gran Sultán Mehmed Abd-ul-Hajmed, cuando Zaida lo sobresaltó al exclamar enfadada:

—¡Qué pelo tan molesto!, ¡necesito atarlo con un pañuelo que no resbale!

Y es que la larga y sedosa melena de la princesa se soltaba continuamente y corría una oscura cortina sobre sus ojos azabache que le impedía leer sus libros.

Al oír aquello, el moscardón no espero ni un segundo más. Emprendió un vertiginoso vuelo y fue a zumbar la noticia al oído del gran Sultán:

—Bzzzzzzzzzz, bzzzzzzzzz, la princesa necesita un pañuelo, bzzzzzzz, bzzzzzzz.

—¡¿Un pañuelo?! –Se extrañó Mehmed Abd-ul-Hajmed— ¡Por Alá! ¿Acaso está acatarrada? ¡A mí la guardia!, ¡llamad a los médicos! —añadió alarmado.

—Bzzzzzzzz, ¡Calma majestad! Zaida está sana como una rosa, ¡no necesita un médico!, lo que necesita es un pañuelo para el pelo; pero tiene que ser un pañuelo que no resbale bzzzzzzzzzzzzz.

Al Gran Sultán le faltó tiempo para enviar a todos sus mensajeros a buscar lo que deseaba la princesa. Zocos, mercados y tiendas. Sastres, modistas y talleres. Buhoneros, casas, baúles, ropavejeros… Se registró hasta el más recóndito rincón del reino, pero sin éxito.

Cuando faltaba solo un día para el cumpleaños de Zaida y ya se había perdido toda esperanza, vieron, por fin, lo que habían estado buscando con tanto ahínco sujetando la barba de cuatro metros y veintisiete centímetros de un marinero que acababa de atracar su goleta en la ciudad.

Pagaron por aquel pañuelo un precio desorbitado y regresaron a toda prisa al palacio. Allí, la prenda fue lavada, almidonada, planchada y primorosamente envuelta para ofrecerla como regalo de cumpleaños a la joven princesa.

Al día siguiente, cuando Zaida abrió el paquete, quedó deslumbrada al contemplar el precioso pañuelo, que era de un color verde tan intenso, que podía creerse que había sido tejido con hierba recién regada por la lluvia. Sin demora, se ató el largo pelo con él, se marchó a su habitación y se puso a leer.

Tanto le gustaba su pañuelo, que no se lo quitaba ni para dormir y el precioso color verde, como de hierba recién regada por la lluvia, se fue oscureciendo hasta acabar siendo más negro que las negras plumas de un cuervo en plena noche.

Finalmente, Zaida no tuvo más remedio que admitir que ser tan cochina no era propio de una princesa, así que se soltó el pelo y mandó lavar su preciado regalo de cumpleaños. Sus sirvientes se dirigieron al río y frotaron y frotaron y frotaron hasta que el pañuelo recuperó su color verde, como el verde de la hierba recién regada por la lluvia. Después, lo extendieron sobre unos matorrales de jara para que se secara al sol.

No lejos de allí, pastaba una cabra, que al ver aquel verde trozo de lo que a ella se le antojó suculento césped, se abalanzó sobre el pañuelo y, de un solo bocado, se lo comió, sin que nadie pudiera hacer nada por impedirlo.

Los criados, muy compungidos, regresaron al palacio y le contaron a Zaida lo sucedido y esta, del disgusto, enfermó de tristeza. Dejó de comer, dejó de dormir, ¡y hasta dejó de leer! La princesa solo lloraba, lloraba y suspiraba por su pañuelo perdido.

El Gran Sultán Mehmed Abd-ul-Hajmed, desesperado porque no podía ver a su hija tan infeliz, mandó publicar un bando en el que se ordenaba que todas las cabras del reino fueran conducidas al palacio antes del amanecer. Con el primer rayo de sol, se empezaría a buscar el pañuelo verde en la tripa de cada una de ellas y no se pararía hasta encontrarlo.

Aterrorizada al conocer la cruel decisión de su padre, la princesa le suplicó que no siguiera adelante con su terrible plan, pero ya era demasiado tarde…

Todo el mundo sabe, que un sultán no puede desdecirse de una orden una vez que la ha dado, a no ser que el problema se solucione o que el sultán muera y, lo cierto es que no parecía que fuera a ocurrir ni una cosa, ni la otra. Porque también sabe todo el mundo que una cabra, una vez que se ha tragado un bocado apetitoso no lo devuelve jamás, y que los sultanes de cuento viven más de ciento veinte años.

Aunque la situación era terriblemente complicada, Zaida pidió a su padre que aplazara la dura sentencia durante veinticuatro horas, pasadas las cuales, si no había podido encontrar una solución al problema, se avendría a que todas las cabras del reino fueran sacrificadas. Mehmed Abd-ul-Hajmed aceptó y la princesa se retiró a sus aposentos para meditar.

Pasado el plazo establecido, Zaida se presentó ante el sultán con unas enormes tijeras en la mano:

—Padre mío, tienes razón, ¡hay que cortar por lo sano!

Y dicho y hecho, ante la sorpresa de todos los presentes, ella misma empezó a cortar, tris-tras, tris-tras, tris-tras…

Sus largos cabellos cayeron al suelo formando una gran cascada negra.

—Ya no hay que matar a las cabras, porque ya no necesito mi pañuelo verde.

Gracias a la sabía decisión de Zaida, se solucionaron dos problemas a la vez: las cabras siguieron pastando felices en los verdes prados y la princesa, con su nuevo corte de pelo, pudo leer con más comodidad.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar «La Princesa, el pañuelo y la cabra» con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. Vaya con la princesa, no podía pedir una goma de pelo como todo el mundo. Aunque le doy la razón, el pelo es muy molesto para leer. Pero mujer de Dios..usa gomas!

    • 😀 😀 😀 😀 ¡Mira que eres práctica! Pero, ¿te imaginas a una princesa de cuento con una vulgar goma de pelo? ¡Eso lo hacemos las simples mortales! 😀 😀 😀 Ella necesitaba un pañuelo especial… aunque luego lo deja ennegrecer y ahí me viene a la mente la frase de la abuela de una amiga: «Mú’ fina tú pa’ lo cochina que eres» 😀 😀 😀

  2. Pues con lo que me gustaba a mi bañarme de pequeña…!! Era mi piscina particular jaja. Ahora soy ecológica y uso más la ducha :)!

    Felicidades por el cuento! Me ha encantado.

    Un besin!

    • 😉 ¡Gracias, Sara! Lo de llenar la bañera, hoy en día, es un extra que se puede hacer una vez al año y, encima, con un poco de mala conciencia 😉 La ducha es mejor para conservar el planeta. ¡Un abrazo!

  3. Una cabra, una vez que se ha tragado un bocado apetitoso no lo devuelve jamás, y que los sultanes de cuento viven más de ciento veinte años,jajajaja
    Y un «cambio de look» lo arregló todo.
    Muy bonitooooo.
    Un beso Martes y buen fin de semana

    • 😀 😀 😀 ¡Y que cierto, Marisa! Ya dicen que cuando vas a la peluquería es como si fueras al psicólogo, después de cuatro arreglos en el pelo sales de ahí con otro ánimo 😉

  4. Fantastic! The princess and her kind loving heart come to the rescue, and the goats are saved! I had to brush my own hair out of my eyes because it was getting all soggy with my happy tears… : )

    What a wonderful story. I couldn’t see where it was going. I thought perhaps the sailor would produce another bandana from his sea chest, or that the goat would shave off all his hair and knit the princess a new headband!!

    Wonderful story, wonderful message. But I have to ask: what was that book the princess was reading?? It must have been fantastic– she couldn’t put it down!! I want to read it, too!! : )

    ¡Fantástico! ¡La princesa y su buen corazón amoroso vienen al rescate, y las cabras se guardan! Que tenía que cepillar mi propio cabello de los ojos porque se estaba haciendo todo empapado con mis lágrimas de felicidad … : )

    Qué maravillosa historia. No podía ver hacia dónde se dirigía. ¡¡Pensé que tal vez el marinero produciría otro pañuelo de su pecho mar, o que la cabra sería afeitará todo su pelo y tejer la princesa una nueva banda para la cabeza!!

    Historia maravillosa, maravilloso mensaje. Pero tengo que preguntar: ¿¿cuál era ese libro estaba leyendo la princesa?? Debe haber sido fantástico– ¡¡que no podía dejar de leerlo!! ¡¡Quiero leerlo, también!! : )

  5. Mil gracias!! Es un cuento genial, y no podria decirte que el original no fuera así ya que el final se puedo en las lagunas de mi memoria. Habéis hecho que me emocione, de verdad. Se lo contaré al peque en cuanto se despierte esta noche. Mil besos 🙂

    • 🙂 Felices y contentos de que te haya gustado. No obstante, como decimos en la dedicatoria, estaremos con los ojos bien abiertos por si, de casualidad, nos topamos con el auténtico 😉 Ya nos contarás qué dice el peque.
      ¡Un abrazo!

  6. Me encanta este cuento porque adoro las cabras, es un animal que conozco desde niña y sé lo caprichosas que son… Me gusta mucho la decisión de Zaida. Y aunque me costó… por fin terminé esta décima para el cuento. Allá va. Besos.

    Cuando se pierde un pañuelo
    tan verde y tan suculento
    cual Zaida siento al momento
    los mechones por el suelo…
    Me derrumba el desconsuelo
    El Sultán da sus palabras
    ¡Oh! Qué sentencias macabras
    la Princesa escuchó aquello
    y se cortó su cabello
    para salvar a las cabras.

    Aplaudo a Zaida el civismo
    porque yo, haría lo mismo.

    JS

  7. Hola Martes de Cuento os dejo … Hola
    Te envío el link para que puedas descargarte gratis mi libro Monos&Humanos, dispones de dos días. Te gradezco si lo lees parcial o totalmente –son artículos- me pongas tu opinión en la web creada para al efecto, en la parte de comentarios. Te agradezco tu colaboración un saludo cordial Juan re crivello
    Link descarga: http://www.amazon.es/Los-Monos-Humanos-luego-Robots-ebook/dp/B01BRCWVJW/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1456911182&sr=8-2&keywords=juan+re+crivello
    Web Monos&Humanos

  8. Que bonito cuento, cuanto amor y que lección nos da Zaida, que práctica es esta princesita, seguro que también lee martes de cuento jeje besitos xD

  9. Precioso cuento y un poco guarrilla la princes.
    Gracias por regalarnos este bonito cuento.
    Mi hija dice que ella hubiera dejado que matasen a las cabras, que ella el pelo no se lo corta ni loca!!! Ainsss

  10. Pues yo veo un problema, la muchacha se bañó porque se dieron cuenta que el pañuelo estaba negro como el carbón, pero ahora que ya no tiene pañuelo no quiero ni pensar cuál será la referencia que determine que es hora de bañarse, ¿moscas zumbando alrededor?. Ay, esa higiene, leer está muy bien, pero la pulcritud está mejor, menos ropajes y más jabón.

    • Nooooo, 😀 😀 😀 la muchacha se bañaba, pero lo hacía con el pañuelo puesto, por eso se puso tan negro.
      Pero, sin lugar a dudas, tienes toda la razón, la ducha diaria es una obligación 😉
      ¡Un abrazo!

    • 😀 😀 Edda, la verdad es que tienes tanta razón… El amor nos suele volver lelos y si es el amor a los hijos, lelos y medio. En ocasiones se consiente demasiado y se corrige poco.
      ¡Un abrazo y gracias por compartir!

  11. He leído deprisa,deprisa el final para ver que solución se encontraba ¡Menos mal!, hubiera sido muy triste matar a todas las cabritas del sultanato. Se nota que la princesa era ávida lectora pues encontró la solución seguro en el libro «Soluciones sencillas para grandes problemas» que se encuentra en la estantería 214 de la derecha, estante tercero, más o menos por la mitad de la Gran Biblioteca de la Isla Imaginada. Yo suelo consultarlo a menudo cuando me encuentro ante un problema gordo. Felicidades por un cuento tan bonito y saluditos…

      • ¡Por supuesto! Es una biblioteca muy visitada por los habitantes de la Isla Imaginada y la Pequeña Hada sigue consultando su extensa colección de libros sobre la ciencia hadística. Besos

  12. Llego tarde…, pero llego!
    La Princesa ha demostrado tener un gran sentido común, algo que no es demasiado habitual por desgracia.
    Gracias por una nueva entrega de felicidad.

    • ¡Tú nunca llegas tarde, Toni! 🙂 Los cuentos te esperan siempre porque reconocen a los buenos lectores.
      Reflexionar sobre los problemas un poco antes de tomar decisiones, suele ser garantía de éxito 😉
      ¡Un abrazo!

  13. Bueno., muy bueno. La trama y el resultado final con el corte de pelo. No pensé yo que iba a terminar así pero es de lo mas lógico, jijijiji. Una buena historia para no olvidar. Gracias Martes de cuento. Un abrazo

    • 😀 😀 Ana, como alguien ha dicho en otro comentario: «A grandes males, grandes remedios» y después de todo, porque una cabra fuera loca no podían pagar todas, ¡pobrecitas!
      Un abrazo grande y gracias por pasar y comentar.

  14. ¡Hola!

    Qué bueno, a veces tenemos la solución a algún tema que hemos de resolver en nuestras manos, se trata, como la princesa hizo, de que nos tomemos un momento para meditar.

    Muy bonito y reflexivo, gracias por compartirlo y hacer que cada martes, como mínimo por un rato, mis martes sean de cuento. 😉

    ¡abrazote!

  15. Yo también tengo mi moraleja: la cabra era muy tonta. Mira que confundir un pañuelo con la hierba, ¿es que no tenía olfato? La solución de cortarse el pelo me parece muy moderna y acertada.

    • 😀 😀 😀 Pobre cabrita, en su defensa se debe decir que no era un pañuelo cualquiera, sino un «pañuelo verde de un color verde tan intenso, que podía creerse que había sido tejido con hierba recién regada por la lluvia». ¿Cómo no iba a confundirse? 😀 😀

        • Lo sé, lo sé 😉 Pero aunque no lo fuera, tú tienes patente de corso, querida Eva, y si alguna vez ves algo que no cuadra, o está mal y me lo dices, me consideraré muy afortunada porque sabré que será una crítica constructiva 😉 Una crítica de una escritora que admiro, no es crítica, es oportunidad de mejora. Y lo digo muy en serio 😉

          • Nunca te criticaría, primero porque no hay motivos, al contrario, y además no me veo capacitada. Yo también lo digo muy en serio.

          • Bien, no lo llamaremos «crítica», una palabra injustamente impopular a mi modo de ver; lo llamaremos «comentario» y creo que sí estás capacitada, y mucho, porque eres una gran lectora y creo que los lectores son los únicos que pueden dar una opinión honesta sobre aquello que leen. Para bien, y para mal 🙂

  16. Puffff, aquí hay mucha tela que cortar. A veces, ciertos padres convierten en faraones o reyes a sus hijos. Les conceden todo. Y al final, lo hijos se vuelven tiranos. Yo me lo pensaría dos veces….Los niños no son «los reyes de la casa» por mucho que los amemos.

  17. Creo que nuestro cuento nos dice, que nunca hay que precipitarse en las decisiones que tomamos, porque en la precipitación podemos dejar de ver que la solución es mucho más sencilla de lo que parece a primera vista.
    Una delicia leeros, como siempre.
    Besetes de buenas noches.

    • Tienes toda la razón, María, antes de contestar o actuar precipitadamente, deberíamos tomarnos unos instantes para reflexionar sobre las cosas y, como tú dices, muchas veces llegaríamos a la conclusión de que «no es tan fiero el león como lo pintan» 😉
      ¡Un abrazo de buenos días!

    • ¡Qué cierto! En ocasiones construimos una verdadera montaña a partir de un grano de arena y nos cegamos y somos incapaces de ver la solución aunque la tengamos delante de las narices 😉

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