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La niña de los tres maridos

le_pendule_by_lestoilesdaz

Ilustración: lestoilesdaz

En la lejana época en la que los caballos hablaban, vivió un padre que tenía una hija a la que nadie ganaba ni en hermosura, ni en inteligencia, pero a la que tampoco ganaba nadie a terca y voluntariosa. Como el hombre la quería tanto, nada de lo que ella hacía o decía le parecía mal, hasta que, un día, se presentaron en su casa tres jóvenes, a cual más guapo, listo y capaz, para pedir la mano de su hija. El padre, después de hablar con cada uno de ellos, dijo que los tres tenían su beneplácito y que, por tanto, tenían permiso para cortejar a la muchacha, que sería la que decidiría con cuál de ellos se habría de casar.

Pasado un tiempo prudencial sin que ella manifestara su predilección, le preguntó el padre a la hija con cuál de los tres se quedaba y ella le contestó que con los tres.

—Pero hijita —dijo el buen hombre—, comprende que lo que dices es inaceptable. No puedes tener tres maridos. Eso es imposible.

—Pues yo los quiero a los tres —contestó la niña sin inmutarse.

El padre volvió a insistir:

—Hija mía, por favor, entra en razón y no me des más quebraderos de cabeza. Te lo vuelvo a preguntar: ¿con cuál de ellos te quieres casar? Alguno habrá que te convenza un poco más.

—Ya te he dicho, papá, que cada uno tiene algo especial que lo hace diferente y, por eso, los quiero a los tres —insistió la niña.

Y no hubo quién pudiera hacerla cambiar de opinión.

El padre empezó a pensar y pensar y a darle vueltas al asunto, que se estaba convirtiendo en un verdadero problema y, a fuerza de mucho cavilar, no halló mejor solución que encargar a los tres pretendientes que se marcharan durante un año entero a recorrer el mundo en busca de un regalo para la niña. Aquel que trajese el mejor y más raro, sería el que se casaría con su hija.

A los tres jóvenes les pareció bien y, sin demora, partieron, no sin antes acordar que una semana antes de cumplirse el plazo establecido, se reunirían para ver qué había encontrado cada uno.

Recorrieron el mundo buscando el obsequio, pero por más vueltas que dieron, ninguno de ellos halló algo que pudiera satisfacer las exigencias del padre. Cuando ya estaba a punto de cumplirse el plazo y aún con las manos vacías, iniciaron el camino de regreso hacia el lugar en el que debían reunirse.

El primero que llegó se sentó a esperar a los otros dos; mientras aguardaba, acertó a pasar por el lugar un viejecito, que se acercó a él y le preguntó si quería comprar un espejito.

Era un espejo de mano como todos los espejos de mano, vulgar y corriente, y el joven le contestó que no, y añadió que para qué querría él semejante espejo.

Entonces el viejecillo le dijo que aunque el espejo podía parecer igual que todos, escondía una virtud, y era que en él se reflejaba la cara de la persona que su dueño deseara ver. El joven lo probó y, al ver que era cierto lo que el viejecillo decía, se lo compró, pagando, sin rechistar, la cantidad que le pidió por él.

El segundo joven estaba a punto de llegar al lugar de la cita, cuando se cruzó con el mismo anciano, el cual le preguntó si deseaba comprarle un frasco de bálsamo.

—¿Bálsamo? ¿Para qué quiero yo un bálsamo? —dijo el joven.

Y el viejecito repuso:

—No joven, no es «un bálsamo», se trata de «el bálsamo», porque tiene la extraña virtud de resucitar a los muertos.

Casualmente, pasaba en aquel momento junto a ellos un cortejo fúnebre y el joven, sin pensárselo dos veces, echó una gota de la misteriosa mixtura en la boca del difunto. Apenas hubo tocado el líquido los labios del finado, este se levantó tan campante, se echó al hombro el ataúd y convidó a sus deudos a merendar a su casa. El joven, visto lo visto, compró al viejecito el milagroso líquido sin regatear.

El tercer pretendiente, entretanto, aún estaba muy lejos del punto de encuentro. Paseaba meditabundo por la orilla del mar, convencido de que los otros dos ya habrían encontrado un buen regalo. Estaba ensimismado en sus pensamientos, cuando vio posarse sobre la arena un gran arcón que las olas habían depositado en la playa. La tapa del arca se abrió y de su interior empezó a salir gente. El último en descender fue el viejecito, que se acercó a él y le propuso que comprara aquella arca.

—¿Y para qué la quiero? —interrogó el joven— Es tan vieja que solo puede utilizarse como leña.

—Te equivocas —dijo el anciano—. Esta arca posee una característica extraordinaria; es capaz de transportar a su dueño y a todos aquellos que lo acompañen a cualquier lugar del mundo en pocos segundos. Si no me crees, pregunta a toda esa gente que venía conmigo, hace solo diez minutos que embarcamos en Pekín.

El joven habló con los pasajeros y descubrió que lo que afirmaba el viejecito era cierto, así que compró el arca, pagando por ella la cantidad solicitada. Después, se metió dentro y pidió ser conducido al punto de encuentro.

Al fin se reunieron los tres, muy satisfechos, en el lugar de la cita.

El primero contó que su presente era un espejo en el que su dueño podía contemplar a la persona que deseara y, para probarlo, pidió ver a la muchacha de la cual estaban los tres enamorados, pero cuál no sería su sorpresa, al ver a la niña muerta y dentro de un ataúd.

El segundo exclamó:

—¡No hay problema! Precisamente, mi obsequio es un bálsamo capaz de resucitar a los muertos. Pero —añadió cariacontecido—, creo que cuando lleguemos ya no quedará nada de ella. ¡El viaje es demasiado largo!

Entonces, el tercero añadió triunfante:

—¡Eso no es un inconveniente! Mi regalo es un arca que nos llevará en un santiamén a casa de nuestra amada.

Y así lo hicieron, entraron juntos en el arca y en un abrir y cerrar de ojos, se plantaron ante la puerta de casa de la niña.

En aquel hogar reinaba la más absoluta tristeza. Todo estaba dispuesto para el entierro y el padre, desconsolado, no se decidía a cerrar el ataúd y dar la orden de enterrar a su hija.

El joven que había comprado el bálsamo se acercó a la niña y vertió en su boca una gota del brebaje. Apenas la muchacha la tuvo sobre sus labios, se levantó rebosante de vida.

Todo el mundo aplaudió y vitoreo al joven pretendiente y, sin dudarlo ni un instante, el padre decidió que aquel sería el que se casaría con su hija. Pero los otros dos protestaron por aquella decisión.

—Debería ser yo el elegido, porque si no hubiese sido por mi espejo, no hubiéramos sabido que había muerto. —dijo el primero.

—Sí, pero no olvidéis que, si no llega a ser por mi arca, ni el espejo ni el bálsamo hubieran servido de nada, puesto que al llegar la hubiésemos encontrado enterrada, así que lo justo es que el elegido sea yo —añadió el otro.

El padre, con gran disgusto, tuvo que reconocer que los tres estaban en lo cierto, así que todo volvía a empezar y tenía que cavilar, de nuevo, cómo solucionar tan gran dilema. Entonces, dirigiéndose a él, dijo la niña:

—¿Lo ves, papá, como los necesito a los tres?

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “La niña de los tres maridos” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. 😀 😀 😀 Tanto dar vueltas, tanto marear a los tres chicos para nada.
    La verdad es que me extraña que no hayas peguntado: “¿Qué más cosas tenían el viejecito para vender? ¿De qué se murió la niña? ¿Cómo cabía tanta gente en el arcón?…” 😀 😀 😀 ¡No sé para qué te doy ideas! Ahora tendré que ir de excursión a Isla Imaginada en busca de respuestas. 😀 😀 😀

  2. Jamás había oído este cuento. Me ha dejado la boca abierta. Primero, por lo atipico de una chica que se queda con tres al final. Luego, porque la chica muere a medio relato y revive, cosa que es más propia de Disney que de los cuentos como tal. Acá, sin embargo está macabro el asunto. O sea que bien pudieron irse con toda la calma del mundo y la chica estaba muerta. ¿Y de qué? Quién sabe.
    Lo del viejo que tiene de todo, ¿y ese viejo? Yo quiero ser su ayudante. En una de esas lo mato y me quedo con todas sus baratijas legendarias, o me las hereda en vida, nunca se sabe (por aquello de que el asesinato es malo y mejor hacer lo que todo buen ciudadano respetable: pelear por la herencia jaja).
    Un saludo.

    • 😀 Todas las censuras son malas. Antes se censuraba todo lo relacionado con el sexo; hoy parece que la censura está orientada a la violencia y todo tiende a ser happy en los cuentos. Está claro que se sigue considerando a los niños manipulables y sin capacidad de crítica 🙂 Como diría el sabio: todo en su justa medida 🙂

  3. Toda una mujer, saber lo que quieres no es siempre fácil, o por lo menos para mi, es un cuento entrañable con y me encanta que al final la princesa sea feliz, besitoss guapa xD

  4. La niña sabía lo que quería. Quizá eso es lo bueno, que todo lo que deseas lo tenga una sola persona 😉 😉 Difícil, pero no imposible. Seguro!
    Muchísimos besetes.

  5. No conocía este cuento. No me extraña que hasta estuviera censurado en mi niñez. Es que esta niña era una descocada, que diría mi abuela. También habría que saber que opinaban los pretendientes al compratir a la chica. Fácil no es desde luego. Y el autor era un pequeño Leonardo, se adelantó a los tiempos imaginando un teléfono con el que poder ver a la otra persona, una máquina del tiempo y el remedio para no morir ¡Casi nada! Feliz miércoles, que esta semana voy con retraso

    • Los chicos, en este cuento, poco podían decir, al fin y al cabo estaban locamente enamorados de ella y preferían un trocito que nada 😀 😀 😀
      ¡Me gusta tu forma de ver los objetos! Es como en un cuento de Julio Verne, adelantándose al futuro 😉
      ¡Un abrazo, Juani!

  6. Uyyyy…total que es un cuento encadenado….que nunca termina…de esos que te enganchan y quieres el tesultado final deseado. Aqui no se yo cual seria el final feliz…dificil eleccion. Pero tres son multitud, jajajaja. Menos mal q no me encuentro en la misma situacion. Me ha gustado mucho, martes de cuento. Un abrazo.

    • 😀 ¡A veces hasta dos son multitud! Lo importante es reflexionar sobre la libertad de las personas y sobre los límites de los actos y en cómo afectan a los demás. ¡Me alegro un montón de que no tengas que elegir! 😀 ¡Un abrazo!

    • Nos gusta leer eso, paginasdenieve, volver por un ratito a la infancia es muy saludable. La imaginación hace gimnasia y nos da recursos para mejorar algunos males de la adultez 🙂 Un abrazo.

  7. Yo creo que este cuento tiene para reflexionar un rato largo… Me gustó mucho por el mensaje, por la confianza de ella en los tres pretendientes y sobre todo por su voluntad ante un mundo tan poco liberal… ¿Y por qué no? Si los tres la demostraron su amor…? :))) Bueno, pues me inspiró esta pequeña décima…

    LOS TRES
    Y necesita a los tres
    ¿Por qué no si son honestos
    enamorados, apuestos
    y merecen su interés?
    Lo que suceda después
    a ella le incumbe y no más
    ¿Por qué ha de quedarse atrás
    si ella se siente muy bien?
    ¿Otros no tienen harén?
    Tres modifica el jamás.

    JSopetrán

    • Tres modifica el jamás… ¡Me ha encantado esa frase! 😀
      Tienes razón en que el cuento, en su cómica simplicidad, nos hace reflexionar, y mucho y podría dar para una buena charla filosófica y sociológica. ¡Nos queda pendiente!
      Un beso enorme, amiga Julie 🙂

    • Eso por descontado, Eva. Bajo ninguna circunstancia se deberían poner letreros a las cosas y, mucho menos, a los sentimientos, que son tan distintos como personas hay y nadie tiene derecho a juzgar quien siente mejor o peor. Las únicas reglas vitales a seguir deberían ser: 1) no dañes a tus semejantes y 2) sé feliz siempre y cuando no infrinjas la regla uno 😉

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