Skip links

Main navigation

El pajarito

winter_robin_by_nynjakat-d8xf2cb

Ilustración: NynjaKat

Hace mucho, muchísimo tiempo, cuando la Tierra era un lugar muy frío, muy frío; tanto, que parecía que no había estaciones, una bandada de pájaros que vivía en las tierras norteñas decidió emigrar a parajes más cálidos en busca de temperaturas benignas y, antes de que llegaran las crudas heladas del invierno, emprendió el vuelo con la intención de no regresar hasta la siguiente primavera.

Un pajarito del grupo, que tenía el ala medio rota y no podía volar, fue incapaz de emprender el vuelo para seguir a sus amigos. Muy triste, se quedó contemplando cómo sus compañeros se alejaban y se iban convirtiendo en un puntito cada vez más diminuto en el cielo azul, hasta que se perdieron completamente de vista.

Cuando se quedó solo, miró a su alrededor, quería encontrar un lugar calentito y seguro en el que poder guarecerse.

No muy lejos de donde estaba, había un espeso bosque lleno de imponentes árboles y pensó: «tal vez ellos puedan protegerme del frío durante las heladas, pues ya no tardarán en llegar». Y aleteando lo mejor que pudo, llegó hasta el lindero del bosque.

El primer árbol que encontró fue un imponente álamo blanco, de hermosas hojas plateadas:

—Álamo, ¿me dejarías vivir este invierno en tus ramas? Sería solo hasta la llegada del buen tiempo —le dijo el pajarillo.

—¡Vaya idea absurda que has tenido! ¡Claro que no te dejaré vivir en mis ramas! ¿Acaso no ves que ya tengo bastante trabajo con cuidar de mis hojas? ¡Lárgate!

El pajarito, con el ala medio rota, se fue volando como pudo y se dirigió hasta el árbol siguiente, un castaño robusto y frondoso:

—Castaño, ¿puedo hacer mi nido en tus ramas hasta que llegue el buen tiempo? Mi ala está herida y casi no puedo volar  —imploró el avecita.

—¡Naturalmente que no te dejo! Si te permitiera hacer un nido, picotearías mis ramas y mis castañas y eso es algo que no soporto. ¡Mis ramas y mis castañas son mías y solo mías! ¡Fuera de aquí ahora mismo!

Casi sin fuerzas, el pájaro voló como pudo hasta la orilla del río, donde un enorme sauce estiraba sus brazos hacia la fría corriente:

—Sauce, amigo, tengo el ala medio rota y necesito guarecerme del frío y de las heladas que ya no tardarán en llegar. ¿Podrías protegerme entre tus ramas hasta que vuelva el buen tiempo?

—¡No! ¡De ninguna de las maneras! Yo jamás doy cobijo a desconocidos y a ti no te conozco de nada. No eres como los pájaros que vienen a visitarme cada primavera. ¡Esos sí que tienen clase! Pero tú… —dijo mirándolo con desprecio— ¡Vete!

Desanimado, el pobre pájaro ya no sabía hacia dónde dirigirse y desorientado siguió volando como pudo, con su alita medio rota, pensando que moriría vagando por aquel inmenso bosque, sin recibir ayuda de nadie.

Un abeto, que hacía rato que lo veía volar, le preguntó cuando pasó por su lado:

-Pajarito, ¿adónde vas?

—No lo sé. Estoy tiritando de frío. No he podido seguir a mis amigos en su vuelo porque tengo el ala herida. He pedido a tus hermanos, los otros árboles del bosque, que me cobijaran; solo sería hasta que llegue el buen tiempo, pero ninguno de ellos me ha dejado que hiciera un nido en sus ramas y yo ya no puedo apenas volar con mi ala medio rota.

—Ven a mis ramas —le dijo el amable abeto—, puedes elegir la que más te guste. En este lado, reguardado del viento helado del norte, estarás más caliente.

—¡Muchas gracias! —dijo agradecido el pajarito— ¿Me dejarás quedar durante todo el invierno?

—¡Naturalmente! —respondió el abeto—, nos haremos compañía mutuamente.

Un pino, que estaba muy cerca del abeto y lo había oído todo, le dijo al ave:

—Pajarito, yo puedo ayudar también. Aunque mis ramas no son frondosas, puedo defender un poco del frío a mi primo el abeto. Haz tu nido en este lado; yo pararé el viento y os protegeré a los dos.

Contento, el pajarito construyó su nido en la rama más grande del abeto, muy cerca del pino, que lo amparaba también con sus ramas.

Bajo los dos árboles crecía un arbusto de enebro, que al oír lo que ocurría le dijo al pajarito:

—Yo también puedo ayudarte si quieres. Puedes alimentarte de mis bayas cuando tengas hambre. ¡Seguro que te gustarán!

El pajarito era feliz en su casa, tan caliente y confortable, y con su nueva familia. Cada día bajaba a visitar al enebro, que le ofrecía gustoso sus frutos para que se alimentara.

Los árboles que no habían querido ayudar al pajarillo no dejaban de murmurar.

—Yo jamás le prestaría mis ramas a un pájaro extranjero que no conozco de nada —decía el sauce.

—A mí me daría miedo perder mis castañas —añadía horrorizado el castaño.

—Mis hojas son lo más importante para mí —sentenciaba el álamo.

Y los tres, muy altivos, retiraron la palabra a sus primos, los árboles que habían cobijado al pajarito herido.

Poco después, llegó el Rey Invierno al bosque. Majestuoso y frío, apareció seguido de sus revoltosas hijas Nieve y Escarcha y de sus traviesos hijos Viento y Hielo, que corrían por todos los rincones del bosque, jugando a perseguirse. Les encantaba jugar al escondite entre los árboles. Soplaban sus alientos gélidos sobre las hojas y estas se estremecían y caían al suelo muertas de frío:

—¡Te encontré!

—Papá, ¿podemos ir a jugar entre aquellos árboles? —preguntó Escarcha a su padre Invierno, señalando hacia el lugar en el que el pajarito tenía su casa.

—No, no juguéis allí. Aquellos árboles han sido buenos y generosos con quien les pidió ayuda; por eso voy a hacerles un regalo: les permitiré conservar sus hojas siempre verdes.

Y así fue como aquel invierno al abeto, al pino y al enebro no se les cayeron las hojas como al resto de los árboles del bosque. Las conservaron hasta la primavera siguiente, cuando les nacieron nuevos brotes. Y, desde entonces, ha seguido siendo así.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “El pajarito” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

    • 🙂 Me temo que tus peques son una excelente excusa para tener para ti misma ese momento mágico del día que consagramos (o deberíamos) a la lectura. ¡Me alegra mucho que los cuentos del martes sean motivo de unión entre vosotros! ¡Dulces sueños!… dormidos y despiertos 🙂

    • 🙂 Como se suele decir se non è vero, è ben trovato ;), y es lindo pensar que algunos árboles no pierden las hojas porque fueron generosos con alguien que los necesitó. ¡Un abrazo y gracias por compartir!

  1. 🙂 ¡Bravo por esas vacaciones fuera de temporada! Son las mejores, cuando ya no hay tantas aglomeraciones y se puede uno relajar. Ya nos harás un informe de esas actividades tan chulas que pensáis hacer 😉

    • Si si, nos encanta por eso..los precios son más bajos, la playa es toda para nosotros, no hay colas etc. Supone mucha diferencia y la playa la pisamos igual.

      • Pues no lo digas mucho, a ver si das ideas y luego se llena todo 😀 😀 😀 El año pasado yo las hice a finales de mayo y me di unos baños de lujo en Menorca. Toda la isla para nosotros solos 😉

  2. Hoy el cuento me ha hecho llorar. Quizá me ha traído a la mente todas las barbaridades que están sucediendo en este Europa nuestra.
    Como siempre, un placer estar aquí, pese al llanto.
    Besetes de noche, Martes.

  3. Un cuento muy a cuento de lo que está pasando con los emigrantes. Muy hermoso, no lo había escuchado nunca, y la adaptación me parece muy buena. Me ha gustado mucho, amiga. Y bueno, un poco rápido pero inspirado en Pajarito, aquí va mi décima dedicada a él.

    Es en la necesidad
    cuando más nos conocemos
    lo que hacemos o no hacemos
    tiene luminosidad
    Y así nace la Amistad
    Bien lo sabe Pajarito
    por algo lo dejó escrito:
    enebro, pino y abeto
    le ayudaron al completo
    los otros, son muy… zorritos.

    Julie Sopetrán

  4. ¡Gracias, Tejas! Estoy muy contenta con el quinto puesto 🙂
    Y en cuanto a tu comentario, yo añadiría ‘y aunque no puedas conservarlas, te sentirás bien por haber hecho a alguien feliz’ 😉

  5. Es bonito imaginarse que los cambios los seres vivos han tenido lugar por cuestiones como la sucedido a este bello y herido pajarito, pero aunque la historia es bonita, y triunfa el bien sobre el mal es su moraleja, me deja un sabor amargo: el rechazo egoísta hacia el débil, y esto lo vemos, lo sentimos cada día.

    Pero esto es un cuento y a niña que hay en mí solo sabe que le ha gustado mucho.
    Gracias, martes.
    Un fuerte abrazo.

    • 🙂 ¡Ay!, Isabel, al crecer vemos y entendemos las alegorías ocultas, tristemente cercanas muchas veces pero, tal y como tú dices, permitamos que la magia del cuento nos invada, para que un ratito cada martes podamos leer con la inocente mirada d un niño los cuentos. ¡Un beso!

  6. Podria formar parte de mi serie de cuentos del porque…. jejejejeje Muchas gracias!! Hermoso relato y hermoso dibujo!!!

    • 😀 😀 Prometo que al acabar de leerlo pensé: ¡Este podría llevar la firma de Quim! Me encantó, igual que los tuyos, por la forma ingeniosa de dar respuesta a fenómenos naturales 🙂

  7. Se me ha puesto el corazón blandito leyendo el cuento ¡Por favor! Aliviada me siento con el final, ya veía al pobre pajarillo difunto entre la hojarasca. Un relato tierno e imaginativo. Seguro que la naturaleza les dió una vida larga en compensación por ser tan “buenas personas” y disfrutaron de muchas primaveras poniendo a disposición de cuántos pajarillos necesitaron de sus ramas para instalarse en ellas con sus familias. Saludos.

    • 😀 ‘Corazón blandito’ dice tanto esta expresión. ¡Me encanta! Podría ser el título de un cuento 🙂 Y aunque es verdad que, en ocasiones, los cuentos terminan mal, en general, el final suele ser feliz 😉 ¡Un abrazo, Juani!

  8. Yo, como salmón crecido entre avellanos, sé lo egocéntricos que pueden ser mucho árboles, aunque nunca había oído está historia y entre mi sabiduría no encontré explicación para el hecho de que unos árboles conservarán las hojas y otros no. Gracias, Martes de Cuento, por ilustrarme. Ni que decir tiene que este recuerdo irá, con tantos otros, a las cajas que Gelet guarda celoso. Preciosa versión, enhorabuena.

    • ¡Eres un Salmón tan sabio, que tus palabras nos halagan! Podre enseñarte alguna cosa es un honor que nunca hubiéramos llegado ni a imaginar. Ahora mismo, nos sentimos un poquito con Fionn 😉
      En cuanto a tu cajita, guárdala bien, por favor, que en ella hay un poco de todos los que cada martes nos reunimos aquí, alrededor de los cuentos. ¡Una comunidad fantástica! La mejor. De hecho, esta es una comunidad ¡de cuento! 😉

  9. Luego dicen que los cuentos no vienen a cuento. Fíjate que en estos días no hay manera de que el frondoso (aunque lastimado por lluvias ácidas y cambios climáticos) bosque europeo acuerde la manera de cobijar a tantos que huyen de la guerra. Y no tenemos un rey Invierno que imponga la justicia poética. Gracias por estos martes en los que durante un ratito vivimos del cuento 🙂

    • 🙂 Creo que todos hemos pensado un poco en Europa al leer el cuento, porque a mí me ocurrió algo parecido y mientras lo retocaba, creo que se me coló esa imagen entre las letras de forma un poco más intensa que si lo hubiera editado en otro momento 🙂

  10. Me ha gustado mucho este cuento porque trata de árboles y pájaros pero por una vez creo que la realidad es mejor. No hay árboles malos con los pájaros o yo no los conozco.

    • Ya Eva, ahora los árboles son buenos, pero en aquel lejano tiempo, algunos eran un poco repelentes, por eso el Rey Invierno no dejó que conservaran sus hojas. Pero en honor a la verdad, se tiene que reconocer que aprendieron la lección y ahora todos los árboles y plantas son encantadores 😉 Bueno, casi todos, a los cactus les pasó algo que los hizo un poco “pinchantes” y si te acercas ellos debes ir con muchos cuidado… ¡Pero esa es otra historia! 😀 😀 ¡Un abrazo!

  11. El sauce solo quiere pájaros cool… En fin, como la vida misma, menos mal que nos queda el consuelo de hacer el bien de forma desinteresada y que acaba cumpliéndose la teoría de la compensación… Besitos Martes

    • Gracias por comentar, Acuarela 🙂 Es bonito explicar a los más pequeños fenómenos naturales mezclando la imaginación. Sin darse cuenta, y de forma lúdica, aprenden más de lo que parece. Feliz martes.

Trackbacks

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.