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La nave voladora

barco_fantasma_by_pixelarg

Ilustración: pixelarg

En una fría aldea de Rusia vivía un chico tan pobre, que muchos días no podía ni comer.

Un día, llegó al pueblo un pregonero enviado por el Zar y la Zarina y leyó un bando que decía:

“Nuestra hija, la Zarevna, ha tenido un sueño y anuncia que solo se casará con aquel que le regale una nave voladora”.

Al oír aquello, el chico, decidido a encontrar la nave, puso en su zurrón un pedazo de pan seco y una botella de agua y partió.

Tres días anduvo sobre la fría nieve hasta que, por fin, se encontró con una viejecita que, al verlo, le preguntó:

—¿Adónde vas por estos solitarios parajes?

—La Zarevna ha prometido casarse con aquel que le regale una nave que vuele.

—¿Y tú sabes cómo conseguirla?

—No, pero espero hallar a alguien, en algún lugar, que me la construya.

—¿Y dónde está ese lugar?

—¡Quién sabe!

—Entonces no tienes prisa. Siéntate a mi lado y come. Saca lo que tienes en la alforja.

—Es tan poco, que me da vergüenza enseñarlo.

—¡Tonterías! ¡Sácalo!

El chico abrió su talega y se quedó atónito. En lugar de pan duro y agua, encontró exquisitos manjares y deliciosas bebidas que compartió con la anciana.

Al terminar, la mujer le dijo:

—Ve a ese bosque y clava esta estaca en el suelo, junto al primer árbol que encuentres; después, échate a dormir. Al despertarte, hallarás la nave que buscas, sube a ella y vuela hacia donde quieras pero, durante el camino, recoge a todos los que vayas encontrando.

El chico, dio las gracias, se encaminó al bosque; clavó la estaca junto al primer árbol que vio y se echó a dormir.

Al despertarse, vio un barco y, sin pensarlo ni poco ni mucho, se subió a él. Apenas pisó la cubierta, la nave empezó a navegar por los aires.

Vuela que vuela, no tardó mucho en divisar a una mujer tendida en medio del camino, con la oreja derecha pegada al suelo.

—¡Buenos días! ¿Qué haces ahí?

—Buenos días. Escucho lo que pasa en el mundo.

—Sube a mi nave.

La mujer no se hizo rogar, subió a la nave y siguieron volando; y vuela que vuela, encontraron a un hombre que brincaba sobre una de sus piernas, mientras la otra permanecía atada a su cuello.

—¡Buenos días! ¿Por qué andas así?

—Porque si ando con las dos piernas, con cuatro pasos doy la vuelta al mundo.

—Sube con nosotros a la nave.

El hombre subió y siguieron volando; y vuela que vuela, encontraron a una mujer apuntando con su arco.

—¡Buenos días! ¿Adónde apuntas?

—Solo hago prácticas de poca distancia, cincuenta kilómetros de nada. Lo que a mí me gusta es disparar cuatrocientos kilómetros lejos, ¡a eso llamo yo apuntar!

—Ven con nosotros.

La arquera subió a la nave y siguieron volando; y vuela que vuela, encontraron a un hombre cargado con un saco de pan.

—¡Buenos días! ¿Adónde vas con ese saco de pan?

—A ver si encuentro un poco de pan para comer.

—¿Pero no es pan lo que llevas en el saco?

—¡Con esto no tengo ni para un bocado!

—Sube a la nave con nosotros.

El tragón se sentó en la nave, que siguió volando; y vuela que vuela, vieron a un hombre que andaba alrededor de un lago.

—¡Buenos días! ¿Qué haces?

—Tengo sed, pero no encuentro agua.

—Junto a ti hay un lago, ¿por qué no bebes en él?

—¡Con un lago no tengo ni para un sorbo!

—Pues, ven con nosotros.

Se sentó y la nave siguió volando; y vuela que vuela, encontraron a una mujer cargada con un haz de leña.

—¡Buenos días! ¿Para qué coges leña?

—Esta leña no es como las otras. Es de una clase que si la lanzas al aire de ella sale un ejército entero.

—Pues ven con nosotros.

Una vez que se hubo sentado, la nave siguió volando; y vuela que vuela, vieron a un hombre que llevaba un saco de paja.

—¡Buenos días! ¿Adónde llevas esa paja?

—A la aldea.

—¿Hay poca paja en la aldea?

—No, pero esta es de una clase especial; cuando se extiende llega el invierno, con nieves y heladas, aun en pleno verano.

—¿Nos quieres acompañar?

—Con mucho gusto.

Al poco llegaron al Palacio real y al ver el Zar y la Zarina que el que pilotaba la nave no era más que un mísero campesino, no les gustó la idea de que su hija se casara con él, así que empezaron a pensar en cómo podrían desembarazarse de aquel yerno indeseable y planearon pedirle que hiciera unas cuantas cosas imposibles.

Lo primero que hicieron, fue pedirle al muchacho que al finalizar la imperial comida les llevase agua viva y cantante de la Fuente del Fin de Mundo para lavarse las manos.

—¿Qué puedo hacer yo? —se preguntó— Ni en un año podría llegar a esa fuente.

—No te apures —le dijo Pierna Ligera—, yo lo arreglaré.

Y desatándose la pierna del cuello, emprendió tan veloz carrera, que en un abrir y cerrar de ojos llegó al fin del mundo, donde encontró el agua viva y cantante. Como había ido muy deprisa y aún era temprano, decidió echar una siesta bajo un manzano y se quedó dormido.

La comida del Zar estaba llegando a su fin y todos los de la nave esperaban impacientes. Oído Fino puso la oreja en tierra y escuchó.

—¡Se ha quedado dormido bajo un árbol!

Entonces, Disparo Certero cogió su arma, apuntó al árbol e hizo caer una manzana sobre la nariz de Pierna Ligera, que echó a correr y en un segundo llegó con el agua.

La orden del Zar y la Zarina se había cumplido. Pero de poco sirvió, porque impusieron otra condición:

—Eres muy rápido y eso te habrá abierto el apetito. Ve a descansar a tu nave, ahora mismo te enviaremos veinte bueyes asados y veinte hogazas de pan. ¡No debes dejar ni las migas!

El chico se asustó, pero Tragón le susurró:

—Esto es cosa mía.

Y, en efecto, Tragón devoró en un momento los veinte bueyes asados y las veinte hogazas.

Al ver que se lo había terminado todo, la Zarina le dijo al chico:

—Con tanta comida, tendrás sed.

Y ordenó que le llevaran a la nave cuarenta barriles de vino de cuarenta litros cada uno.

—¡No hay problema! —dijo el Bebedor—, yo me lo beberé todo y será poco para mí.

Después, el Zar ordenó al muchacho que se vistiera para la boda, pero le advirtió que antes debía darse un baño. La bañera, que era de hierro colado, la calentaron hasta que quedó al rojo vivo. De tal manera, que si el pobre chico entraba en ella quedaría frito sin remedio.

Del cuarto de baño salía un espeso humo, así que cuando el chico entró, el hombre del saco de paja se coló tras él sin que nadie lo advirtiera y esparció sobre el suelo unos manojos de su carga. La temperatura bajó tanto, que el muchacho apenas pudo bañarse porque el agua del baño se heló.

Una vez que se hubo aseado, se presentó ante el Zar y la Zarina, que ya estaban desesperados porque no sabía cómo librarse de aquel campesino. Así que, después de mucho reflexionar, le ordenaron que reclutase un ejército, pensando que sería imposible para un campesino triunfar en tal misión.

La mujer del haz de leña le dijo al chico que ella se ocupaba del asunto, pero que advirtiera al Zar y a la Zarina que si después de aquella prueba no se celebraba la boda, ese mismo ejército se lanzaría contra la ciudad y la conquistaría entera.

Al caer la noche, la mujer diseminó en todas direcciones la leña e inmediatamente apareció un ejército incontable.

Cuando al salir el sol, el Zar y la Zarina vieron aquella numerosa hueste acampada ante su palacio, se asustaron tanto, que se apresuraron a celebrar la boda.

La joven Zarevna cumplió su sueño y se casó con el chico que le había regalado la nave voladora. Los dos se amaron más que nada en el mundo y pasaron el resto de sus vidas volando por todo el planeta.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “La nave voladora” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

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Comments

    • 🙂 ¡Muchas gracias por tus palabras! Estar entre los finalistas ya es un premio, pero lo que de verdad importa es tener cerca a personas que leen los cuentos y los comentan. Esto es lo que de verdad nos mueve a seguir buscando nuevas historia. ¡Un abrazo!

  1. Precioso cuento sobre la amistad y los sueños. Los mejores, los que se comparten y se hacen realidad junto a los amigos. Se disfrutan muchísimo más. Gracias por tu cuento del martes. Un beso

  2. Me encanta la historia. Nos enseña a no subestimar la amistad de las personas, incluso de las que tienen las características más extrañas. Me recuerda de una frase del poeta argentino José Narosky “Al amigo no se le busca perfecto, se le busca amigo” Mi gratitud. FELIZ MARTES 😀

  3. Me encanta el cuento, y es cierto que en los caminos encuentras siempre amigos, y oportunidad para dar y en su momento, recibir… Me gusta en especial la exageración de los personajes… Un cuento para aprender siempre. Y aquí te dejo mi espontánea décima de hoy…

    Escuchando a los ancianos
    se aprende sabiduría;
    nuestro chico lo sabía
    no necesitó más planos,
    llegó a lugares lejanos
    atendiendo al semejante
    y con su nave volante
    y mucha imaginación
    entregó su corazón
    a la Zarevna expectante.

    js

    • 🙂 Podemos decir, Julie, que Martes de cuento ha encontrado en su camino amigos excelentes entre los que, sin la más mínima duda, estás tú 🙂 Y aunque de anciana nada, nos encanta “escuchar” tus sabios poemas, que nos ayudan a ser un poquito más sabios cada martes. ¡Un abrazo, amiga! 😉

  4. ¡Menudos suegros, los Zares! Pobre chico ¡No le van a pasar ni una! Y estoy de acuerdo con Jerby, la mejor manera de viajar es la lectura ¡Feliz semana cuenteros!

    • 😀 😀 😀 Hay suegros realmente malvados en la vida.
      Es verdad, la lectura, la imaginación nos dan unas alas tan grandes que con ellas volamos muy lejos. Y con los cuentos del martes volamos también un poquito 😉

    • No sé si siempre podemos lograrlo, Marisa, pero lo que sí es importante es intentarlo y como tú dices, perseverar. Si al final no sale, al menos sabremos que no fue porque no pusimos todo nuestro empeño 😉
      ¡Un abrazo!

  5. Tener amigos y ser generoso es un regalo y creo que es la moraleja de este cuento, no?
    Me encantaron los peculiares amigos, por cierto 😉 😉
    Feliz martes, Martes!!!

    • Sí, María, esa es una buena moraleja. Los amigos dispuestos a ayudarte en los momentos difíciles de la vida. La amistad generosa es un camino de ida y vuelta que siempre nos trae buenas cosas. ¡Feliz miércoles! 🙂

  6. En mi casa siempre se ha dicho “Tú solo no puedes, con tus amigos,sí”. Y creo que la moraleja de este cuento va mucho más allá, pues toda la recompensa la recibió por ser generoso y compartir con la anciana su pobre condumio.

    • Yo también creo que el hecho de aceptar compartir conversación y cena con la anciana fue el comienzo de su magnífica aventura 🙂
      También podría ser aplicable aquel refrán que dice “Amor con amor se paga” 😉 ¡Un abrazo, amiga Salmón!

  7. Es de bien nacido ser agradecido. El campesino va recogiendo a toda la gente que encuentra en su camino y, llegada la hora, estos le devuelven el favor. Ojalá ocurriese siempre en la vida real… El mundo funcionaría mucho mejor.
    Un abrazo.

  8. Hay que tener amigos variados y con distintas capacidades así podrán ayudarte cuando estés en apuros. La que se enteraba de las noticias con una oreja pegada al suelo me ha hecho mucha gracia. La verdad es que eran todos bastante raritos pero, mira qué bien le vinieron sus rarezas al chaval.

    • ¡Muy de acuerdo, Jerby! Así es como se llega a Isla Imaginada 😉
      También decía Emily Dickinson que «Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro», que vendría a ser lo mismo, puesto que los libros están llenos de imaginación 😉 ¡Feliz martes de cuento!

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