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El Bosque Azul

animals_by_esyre

Ilustración: esyre

Cuentan que todos los animales que están en el mundo entraron por las tres puertas que había en un principio. Por una puerta pasaron los que andan por el agua; por otra, los que vuelan, y por otra, los que viven en la tierra.

Por esta última puerta pasaron, antes que todos, el elefante, el león, el tigre y el oso y la cerraron, para que nadie se colara sin permiso.

Uno de ellos, por turno, era portero. Y los otros animales que iban llegando tenían que explicar qué servicios le darían al mundo. Si no servían para nada, no los dejaban entrar.

Aceptaron enseguida al mono, porque quería ser portero. Y también entraron muchos otros animales, después de explicar cada uno qué sabía hacer.

Los más chiquitos, como el piojo, la pulga y el mosquito se colaron en este mundo de contrabando, escondidos en el pelaje de animales más grandes.

Cuando ya fueron muchos, buscaron un lugar donde reunirse a conversar y eligieron el Bosque Azul.

Allí discutían todos los temas que les interesaban, y lo que decidían era ley para todos.

Un día llegó a la puerta de los animales terrestres uno que tenía cuatro patas escamosas, una cola larga con plumas blancas y negras, pico chato y ojos grandes. En la barriga tenia plumas y en el lomo un caparazón.

Este animal tan raro golpeó la puerta y esperó a que le abrieran.

El elefante preguntó:

—¿Tu nombre?

—Muliñandupelicascaripluma.

—¿Cómo? No entiendo. Escríbelo, por favor.

—No sé escribir.

—Ah… ¿y quieres entrar en el mundo?

—Para eso vine.

—¿Sabes que aquí todos trabajan y que es necesario servir de alguna forma?

—Si tú lo dices, así será.

—Veo que no tienes trompa. ¿Cómo haces para comer?

—Como puedo.

—¿Y qué es lo que comes?

—Lo que venga.

El elefante consideró que el caso era demasiado complicado y llamó al león, al que todos habían elegido presidente de la asamblea de los animales.

El león preguntó:

—¿Qué servicios nos prestarás?

—Los que me toquen.

Al león también le pareció complicado el asunto, así que llamó al mono, quien ya había conseguido que el león lo nombrara su secretario para las reuniones en el Bosque Azul.

Vino el mono, miró a ese bicho tan raro y le preguntó:

—¿Comes bananas?

—Si es algo bueno…

—¿Te gustan los cocos?

—Dame uno para probarlo.

—¿Sabes abrirlos?

—Dámelos abiertos.

—¡Este quiere engañarnos! —exclamó el mono.

El león rugió y el extraño animal que quería entrar dijo, asustado:

—Los servicios que prestaré serán muy grandes. Para alimentarme libraré al mundo del animal más inútil.

—Por ahí deberías haber empezado —dijo el león—. Vamos a estudiar tu caso. Quédate afuera y espera nuestra decisión.

A la noche, los animales se reunieron en el Bosque Azul.

El mono se puso los lentes y leyó:

—Vamos hablar del Muli…. ñandú… peli… cascari… pluma.

En seguida se oyeron risas y silbidos.

Pidió la palabra el tigre y dijo:

—Yo no puedo creer que exista un animal con semejante nombre. Me parece que se burla de nosotros.

—¡Silencio! —rugió el león—. Que el secretario vuelva a leer el nombre del candidato.

Así lo hizo el mono y esta vez nadie se atrevió a chistar.

El hipopótamo pidió entonces la palabra y dijo:

—Propongo que se acorte ese nombre.

—Yo le sacaría eso de “pluma” —opinó el lobo—. No sirve más que para confundir.

—Yo pido que se le saque lo de “cáscara” —dijo el zorro.

—Y yo, “dupeli” —agregó el tigre.

Entonces dijo el león:

—Que el secretario lea el nombre final.

Y leyó el mono:

—Muliñán.

—Suena bien —dijo el hipopótamo—. Mu-li-ñán…Mu-li-ñán

—Ahora —continuó el león— hay que resolver si se le permite o no la entrada. Él asegura librará al mundo del animal más inútil, pues se alimentará de él.

—Pido la palabra —intervino el búho—. Para entrar en el mundo todos demostramos nuestra utilidad. El Muliñán tiene que explicarse. ¡Aquí todos servimos para algo!

—Puede haber habido algún error —observó el cóndor—. El señor búho, por ejemplo, todavía no se sabe para qué sirve.

—Sirvo —respondió el búho— para comer muchos bicharracos que hacen daño. Yo no ataco, como algunos, a las aves más hermosas y más buenas.

—Pido la palabra —rebuznó el burro—. Propongo que se lo destine a reemplazarnos en nuestros trabajos. ¿Por qué tenemos que cargar cosas pesadas?…

—Quisiera saber —preguntó la martineta— cuáles serían entonces los servicios que prestaría el burro.

—Me dedicaría a la música. Creo que mis rebuznos son una prueba de talento para el arte.

El león pidió silencio, y le dio la palabra al oso hormiguero, que dijo:

—¡Dejemos al burro y sus rebuznos y pensemos en el Muliñán!

El león concedió la palabra al elefante, que dijo:

—Voto por dejar entrar al Muliñán. Propongo que se dedique a perseguir y comer a los ratones.

—¡Qué disparate! —dijo el búho—. El elefante olvida que ya existimos los encargados de comernos a los ratones.

—Propongo —dijo el lobo— que nos vayamos a dormir y que, con más calma, mañana por la noche terminemos de considerar esta cuestión.

A la noche siguiente, al empezar la asamblea, el tigre exclamó:

—¡Señor presidente! La asamblea se ha reunido nada más que para resolver si entra o no el Muliñán.

—¡Señor presidente! —añadió el leopardo con tono llorón—. ¡Me preocupa la situación de ese animal que quiere entrar! Hablamos y hablamos sin resolver nada. ¡Se va a morir de hambre!

Y la pantera lloraba a lágrimas viva, mientras decía:

—¡Pobrecito Muliñán!… ¡Esperando tanto tiempo!… ¡Y no se decide nada!

El benteveo pidió la palabra:

—Estoy conforme con que el Muliñán entre y se alimente de lo más inútil del mundo. Yo creo que lo más inútil es lo más feo, y lo más feo es el murciélago.

—El murciélago, señores —mugió el búfalo— es un animal muy útil. Durante las noches, caza sin descanso una cantidad de bichitos odiosos que luego molestan durante el día. Yo propongo que el Muliñán se alimente de tábanos.

—Si seguimos así —interrumpió el zorro—, nunca llegaremos a una solución.

El búfalo no ha calculado los millares de tábanos diarios que necesitaría el Muliñán para alimentarse.

El elefante se acercó al presidente y le habló al oído. Cuando se retiró, el león dijo:

—El elefante ha venido a anunciarme que Muliñán nos pide una respuesta.

Hubo un instante de silencio, y luego una batahola de bufidos, cacareos y silbidos.

—Pido la palabra —gritó el pavo—. ¡Nuestra situación es intolerable, nos rellenan y nos comen! ¡Propongo que el Muliñán sirva para eso: que lo engorden, y lo metan en el horno y se lo coman en Navidad!

Sus palabras provocaron fuertes carcajadas.

La nutria opinó:

—Nunca oí una pavada más grande que la que acaba de decir el pavo. ¡Hasta el lirón se ha despertado con tanta risa!

La comadreja pidió la palabra y dijo:

—Propongo que aceptemos al Muliñán, con la condición de que coma lo más inútil, que son las víboras y las serpientes.

—¡Qué disparate! —exclamó la perdiz—. Víboras y serpientes se alimentan de ratas y ratones que devoran las cosechas.

—Los más inútiles —señaló el cóndor— son los buitres y los caranchos, esas desagradables aves de rapiña.

—¡Apoyado! —exclamó el águila.

—Sin embargo —replicó el ciervo—, limpian el campo al alimentarse de los animales muertos.

—¡Los inútiles son ellos! —afirmó el carancho, mirando al cóndor y al águila con desprecio.

—Los inútiles —chilló la ardilla— son los peces. Imposible comerlos… ¡No sirven para nada!

—¡Y qué sabes tú sobre peces! —le contestó la gaviota.

—¡Señores —dijo el lobo—, no perdamos tanto tiempo. Lo único inútil es lo que está debajo de la tierra.

—¡Que el Muliñán se alimente de lombrices!

—¡Que salga la lombriz! ¡Que hable y se defienda! —ordenó el león.

Ante la sorpresa de todos, la humilde lombriz se asomó a la superficie de la tierra y dijo:

—¿Ustedes dicen que yo no sirvo para nada? Si estoy aquí es porque soy necesaria, quizá más que ningún otro de los animales.

Las risas, cacareos, chillidos y rebuznos obligaron a la lombriz a suspender su discurso.

Cuando se callaron continuó:

—Debería darles vergüenza: ¡Todos ustedes viven gracias a nosotras!

—Vamos, vamos —replicó el lobo—. ¡Hay que hablar claro!

—¡Silencio! –rugió el león.

Todos callaron y la lombriz continuó:

—Si la tierra no está en buenas condiciones, no pueden existir los vegetales, y tampoco los animales. ¿Y quiénes son las encargadas de trabajar la tierra para que sea fértil? Somos nosotras las que renovamos la tierra trabajando día y noche. Excavamos, ventilamos y purificamos. Sin nosotras, el suelo sería reseco y duro. Por eso somos tan numerosas, para que en la tierra exista vida.

—Recibimos una lección de quien está tan abajo, tan abajo que ni sabía yo que existía —dijo el cóndor.

—¡Con todo mi poder, yo sería incapaz de realizar la tarea de la lombriz! —exclamó el león.

—¡Un aplauso, señores, por estas palabras! Los más pequeños también somos importantes —zumbó el mosquito.

—¡Alto ahí! —gritó el mono secretario—. Ese no tiene derecho a opinar. ¡Es de los que se colaron!

Pero el mosquito, al oír las primeras palabras del mono, ya se había escapado.

—¡Lo que dijo la lombriz —añadió el cascarudo— debe servir para que se nos tenga más consideración a los humildes y no seamos pisoteados por los grandes.

—Ya ven —agregó la golondrina— que todos los seres son de alguna utilidad. Los mosquitos se colaron en el mundo, pero nosotras nos alimentamos de ellos durante el día y los murciélagos los comen de noche.

—Es muy útil que alguien se coma los mosquitos y los tábanos —dijo la cebra.

—Este desorden es intolerable —exclamó el tigre.

—¡Señores! Lo mejor será que votemos por sí o por no. ¡Que el secretario junte los votos! —decidió el león.

Así lo hizo el mono secretario, pero era tan grande la batahola, que era imposible saber qué opinaba la mayoría. Algunos, muy astutos, habían votado dos veces. Otros, como los murciélagos, hacían ruidos que nadie entendía.

Ante la confusión, el león resolvió darle tiempo al Muliñán para que pensara en qué podría ser útil y de qué se alimentaría.

Dicen que, cada tanto, los animales vuelven a reunirse en el Bosque Azul. Pero todavía no pudieron tomar una decisión sobre el Muliñán. Por eso, ese raro animal aún no ha entrado en el mundo.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “El Bosque Azul” con la voz de Angie Bello Albelda

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Reader Interactions

Comments

  1. 🙂 Puedes hablar todo lo que quieras, María, que este blog aspira a convertirse en tertulia literaria entre amigos. Comentar los cuentos es abrir la mente a nuevas interpretaciones y lecturas para enriquecer la propia, así que nos encantan las aportaciones 🙂
    ¡¡Me has hecho reír con lo de que el Muliñán es gallego!! Has dado en el clavo de lleno. Tengo familia política de esa tierra y creo que más de uno debe ser un muliñán colado de contrabando. 😀 😀 😀 ¡¡Un abrazo!!

  2. Qué tarde llego esta vez!
    Yo creo que todos tenemos un papel que cumplir en la vida y que por eso hay un lugar para cada uno de nosotros. Sólo hay que encontrarlo.
    Me ha encantado el dibujo y el cuento es para reflexionar y mucho, porque en este momento hay tanto lío aquí fuera como en el Bosque Azul.
    Muchos besetes de viernes, Martes…

    • ¡Los cuentos esperan eternamente! Nunca es tarde para leerlos. ¡Y menos tú!, que siempre eres tan puntual 😉
      Este me pareció especialmente bonito y actual, por eso me animé a compartirlo con todos vosotros. ¡Un abrazo, María!

  3. Me ha encantado el cuento, con múltiples lecturas de lo que hoy está pasando en el mundo, emigrantes que nadie quiere, políticos que no se ponen de acuerdo, personas que viven sin que nadie los quiera… tanto en este cuento para leer y meditar.
    Me ha gustado mucho, también la ilustración que me recuerda El Arca de Noé, precioso. Os felicito una vez más y aquí dejo mi décima… con cariño.

    Se convocan asambleas
    nadie se pone de acuerdo;
    vivimos en desacuerdo
    se incrementan las peleas
    se incumple lo que deseas
    nadie escucha al indigente,
    como si no fuera gente
    se le llama Muliñán
    o pordiosero o truhán
    él, sin duda, es diferente…

    …y hasta le llaman gandul
    por buscar, su Bosque Azul.

    JS

    • 🙂 Eres capaz de ver los diferentes niveles de lectura y eso no todo el mundo es capaz de hacerlo. Tienes especial sensibilidad para leer “los blancos” de la historia. Supongo que tiene mucho que ver con tu profesión de poeta y esa parte que siempre queda tras las letras.
      En cuanto a tu décima de hoy, no has podido hacer un mejor retrato del mundo actual 🙂 ¡Gracias! Un abrazo, amiga.

    • 🙂 Teniendo en cuenta lo que habitualmente son los martes de cuento, es un poco largo, pero como tú dices, te atrapa y es muy dinámico, así que me alegra haber decidido compartirlo 😉 ¡Un abrazo, Isabel!

    • ¡El día que consigamos hacer eso mejorará todo de golpe! Hacer que las cosas funcionen mejor es tan sencillo como poner en marcha la empatía y el tan trillado “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Deberíamos calzar otros zapatos más a menudo para aprender desde el otro lado 😉 ¡Gracias por tu comentario!

  4. Me parece que hay muchos Muliñanes llamando a las puertas de la casa de los animales tontos. Me ha gustado mucho el cuento. También el mensaje de que todos tenemos nuestra importancia y utilidad.

  5. Si al menos me hubieran dicho que no, podría estar haciendo algo más útil que esperar a que todos se decidan… Eso me recuerda a unos cuantos partidos políticos que hay por ahí que se reúnen, se reúnen, y no llegan a ninguna conclusión… Besitos cariño

  6. No hablemos de asambleas; me traen tantos recuerdos…

    Y vista toda la gente que me quiere comer, prefiero quedarme con el muliñandupelicascaripluma si no come ratones… aunque con ese nombre, creo que debe comer de todo… 😀

    • El muliñán, pobrecito, de hecho se conforma con cualquier cosa, solo se comería lo más inútil del mundo y como los ratones sois necesarios, seguro que no te merendaría a ti, pero se me ocurren millones de cosas que sería fantástico que hiciera desaparecer en su barriguita 😀 😀

  7. Sinceramente, creo que este cuento ilustra una realidad muy, muy triste, pero es estupendo para hacer entender a los niños el sinsentido de algunas decisiones o el hecho de que no se tomen, a pesar de la imperiosa necesidad del muliñán de entrar en el mundo para no morir de hambre.

    • 🙂 100% de acuerdo contigo y precisamente porque pensé en situaciones dolorosamente actuales que estamos viviendo, decidí incluir este cuento aunque es un poco más largo de lo habitual. Creo que nos invita a reflexionar sobre ciertas actitudes absurdas que cuestan la vida a tantos seres humanos 🙁
      ¡Un abrazo, querida Salmón!

        • Si aún no lo has hecho, te aconsejo que leas Cándido, de Voltaire. Creo que te gustará. Uno de los diálogos, que siempre tengo muy presente desde que lo leí, dice:

          -¿Creéis -dlijo Cándido- que los hombres siempre se han matado unos a otros como hoy en día? ¿Que desde siempre han sido mentirosos, farsantes, malvados,
          desagradecidos, bribones débiles, inconstantes, cobardes, envidiosos, glotones,
          borrachos, avariciosos, ambiciosos, crueles, calumniadores, viciosos, fanáticos,
          hipócritas e ineptos?
          -¿Creéis -dijo Martín- que los gavilanes siempre han comido palomas cuando las
          han encontrado?
          -Sí, sin lugar a dudas -dijo Cándido.
          -Pues bien -dijo Martín-, si los gavilanes han mantenido siempre el mismo carácter, ¿por qué pretendéis que los hombres cambien el suyo?

          Y no obstante, el libro deja abierta una puerta a la esperanza 😉

    • Y cuando tú imaginas… ¡¡dibujas!! Y tus dibujos, a la vez, dan vitaminas a mi imaginación, así que ya ves, Isla Imaginada crece y crece sin parar cuando fluyen las ideas. Un abrazo kilométrico mi querido campechano 😉

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