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Las capas (o ¿por qué lloramos cuando cortamos cebolla?)

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Ilustración: Dilka Bear

¿Hacéis ensaladas? ¿Os gustan con pocos ingredientes o con muchos? Y, sobre todo, ¿acostumbráis a incluir en ellas a la reina de las verduras?…

¡Un momento!, ¡¿que no sabéis quién es la reina de las verduras?! Pues mirad, la elección de las verduras comenzó…

Hace mucho, mucho tiempo, cuando los árboles caminaban por la tierra y por el cielo volaban criaturas de las que hoy ni siquiera conocemos el nombre que, un día, se reunieron las verduras para elegir a una que reinara sobre todas ellas.

Estaban muy emocionadas. Todas creían que eran las mejores para optar al título y todas creían que tenían la razón de más peso para ser las elegidas.

Más que una reunión, aquello era un griterío increíble. Por un lado estaban los pimientos y las lechugas, los tomates y las cebollas por el otro. También estaban las acelgas, las espinacas y los rábanos. Y tampoco faltaba una zanahoria que exclamaba:

—Yo tengo derecho a ser la reina.

—Sí, ¡y qué más! —gritaba el resto—. ¿Tú que te pasas la vida bajo tierra? ¡Vamos, calla!

—Lo seré yo, que soy la verdura más espléndida -decía la lechuga.

—¿Qué dices? ¡Lo seré yo!, porque mi planta sube y sube y os puedo observar a todas desde las alturas —argumentaba el tomate.

Y así iba transcurriendo la conversación, sin que nadie se pusiera de acuerdo. Las horas pasaban y aquellas discusiones no conducían a ninguna parte.

A esta reunión, sin que nadie lo viera, se había colado un pequeño caracolito que, de vez en cuando, hacía una visita al huerto donde todas vivían para comer las hojas de las plantas y si podía, en alguna ocasión, también algo de verdura. Escuchaba atento toda aquella palabrería hasta que, de pronto, se le ocurrió una idea.

—¿Y por qué no hacéis un concurso?

Todas las verduras se callaron de golpe. El caracolito había tenido la mejor idea de todas las que se habían propuesto hasta ese momento. Pero tenían una duda, ¿qué tipo de concurso podían hacer?

Si lo hacían sobre quién tenía las raíces más grandes, las zanahorias y los rábanos estarían en el podio.

Si fuera un concurso sobre quién era la más alta, los tomates ganarían.

Y si había que decidir quién era la más verde, muchas quedarían descartadas sin poder participar.

La cosa era de lo más difícil y una nueva discusión arrancó.

—¡Callad todos! —gritó el caracol—. ¡Es muy fácil! Si deseáis saber quién ha de ser la reina de las verduras, debéis invitar al ser humano para que os pruebe y aquella verdura que haga emocionar más al hombre, será la ganadora.

Y así lo hicieron. Enviaron un mensaje al hombre y este se presentó al cabo de dos días.

Ante él, se colocaron las verduras para que las catara.

El hombre comenzó con el tomate. Lo cortó a daditos y lo probó. ¡Su sabor era espectacular! ¡Buenísimo! Era tan rico, ¡que se lo tuvo que comer entero!

Después, le tocó el turno a la lechuga. Separó unas hojas; su aroma era impresionante —aunque quizás vosotros, acostumbrados a comer las verduras de los grandes cultivos que no huelen a nada, no sepáis que las lechugas son olorosas a más no poder—, mordió y un torbellino de emociones se mezcló en su boca, ¡era algo sorprendente!

Y así fue probando todas y cada una de las verduras. Pimientos, rábanos, acelgas, espinacas, zanahorias, coles, escarolas…, hasta que le llegó el turno a la última verdura: la cebolla.

Mientras el hombre probaba a sus compañeras, la cebolla, que era muy inteligente y apenas había hablado durante la reunión, se había ido cubriendo con muchas capas de piel así que, cuando llegó su turno, el hombre tuvo que empezar a quitárselas para conseguir llegar hasta su corazón.

A medida que iba eliminando capas, de los ojos del hombre comenzaron a brotar lágrimas. Primero tan pequeñas, que solo le humedecieron los ojos pero, poco a poco, se fueron acumulando y, finalmente, comenzaron a resbalar por sus mejillas.

Todas las verduras se quedaron mudas de asombro; ¡la cebolla había conseguido hacer emocionar al hombre más que ninguna de ellas! ¡Ya tenían ganadora! La reina de las verduras tenía que ser la cebolla.

—¿Cómo has conseguido turbar tanto al hombre? —le preguntó el caracol.

—Muy fácil —dijo ella—, simplemente le he recordado a sí mismo.

—¿Qué quieres decir? —interrogó el resto de verduras.

—Veréis, ya sabéis que yo, normalmente, no tengo tantas capas y es muy fácil llegar hasta mi corazón. Pero, al ponerme tantas, he imitado al ser humano. Ellos ponen capas y capas sobre su corazón y para conseguir llegar hasta él tienes que ir sacándolas poco a poco. Algunas personas se ponen muchas, para que nadie llegue nunca hasta allí, pero si tienes la paciencia suficiente para ir sacándolas todas, puedes descubrir un corazón tierno y buenísimo. Cuando el hombre ha comenzado a sacarme las capas, se ha dado cuenta de la naturaleza de su propio ser y de la de sus congéneres y por eso se ha emocionado.

Las verduras escuchaban atónitas a la cebolla, ¡habían elegido a la verdura más inteligente de todas! Por fin tendrían la reina que les convenía.

Desde entonces, las personas, que tendemos a olvidar rápidamente las cosas, cada vez que pelamos una cebolla, lloramos porque las capas que vamos sacando para llegar hasta su corazón nos recuerdan cómo somos en realidad los seres humanos.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Las capas (o ¿por qué lloramos cuando cortamos cebolla?)” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. El cuento lo descubrí hace más o menos dos meses. Se lo puse a mi hija y destronó cualquier otro. Lo oye casi todas las noches, se lo sabe de memoria y lo recita a sus amiguitos del cole.
    Felicidades a Quím Fargas y a ti, por incluirlo en tu larga lista de cuentos.
    Gracias

    • ¡No sabes la ilusión que nos hace saber que los cuentos llegan a los más jóvenes y los animan a la lectura! Por cosas como las que nos dices, vale la pena seguir trabajando para mantener vivo este rincón.
      Quim en la escritura, Angie en la lectura y Martes de cuento buscando sin descanso historias nuevas que traeros, te agradecemos lo que has dicho. Por favor, felicita de nuestra parte a tu hija por ser tan buena lectora 🙂

    • Caramba!!! Muchissimas gracias!!! Estoy muy emocionado que este cuento haya roto tantas capas y le guste tanto a tu hija!!! Qué ilusión!! Con comentarios así, y todos los otros escritos aquí, con blogs como este que nos emociona cada martes, vale la pena seguir escribiendo!!

      Muchos besos a ti y en especial a tu hija!!!

    • Muchas gracias, Antonio por leer el cuento y por tu bonito comentario.
      Es muy cierto que hay personas a las que jamás se puede llegar a conocer porque se esconden bajo sus capas, quizá por miedo a ser dañadas. Todos hemos conocido a alguien así.

  2. 😀 😀 😀 No había pensado yo en eso de la ropa, pero es cierto, en esos meses tontos que no sabes muy bien qué ponerte, vas con muchas capas por si acaso y luego acabas sacándotelas todas. ¡Un abrazo, Sensi! Estás muy ocupada últimamente, ¿verdad? ¿Qué tal el trabajo?

    • Muy bien, tengo buenas compañeras, alegres y charlatonas como yo. Ya les he dado el link de mi blog. Cuanto antes sepan con quién se andan, mejor que mejor. Y me he apuntado al taller de teatro que tienen, ensayan escenas cortas de humor. Creo que la cosa irá bien. Voy a ver si me hago con unos libros para leer en el metro, los echo de menos, ¿alguna sugerencia?, ya sabes, nada de tragedias.

  3. Precioso cuento Julie, con una moraleja que es ciertísima, me ha encantado leerte y recordar que es cierto que para llegar muchas veces al corazón humano, hay que ir quitando capas que hemos creado por miedo a muchas cosas.

    Te dejo mi cariño con un gran abrazo.
    Ángeles

  4. Es un cuento precioso. Me ha gustado tanto como me gusta la cebolla en la ensalada, simbólica, elegante, sexy, ocultista, picante, excepcional, casi mística… Por algo se la adoraba en Egipto. Me encanta la cebolla. Me gustó mucho el cuento, la ilustración también. Felicitaciones por tan excelente trabajo. Lo he disfrutado mucho. Gracias y muchos besos. Y aquí va lo que me inspiró el cuento de hoy…

    Gruesas y carnosas capas
    del derecho y del revés;
    si la cebolla es lo que es
    lo sabes si la destapas…
    Entre tus dedos la atrapas
    la desnudas y la ignoras
    y de repente, la lloras
    porque es Reina en la cocina
    y además de medicina
    en la ensalada, es Señora.

    JS

    • ¡Vaya piropos le dedicas! 😀 😀 Me ha encantado imaginar esa cebolla que describes, en un lento striptease picante, en una danza mística de adoración a Seth o a Hathor. De pronto, dejo de ser cebolla y se convirtió en símbolo mágico.
      Tus versos, como siempre, el colofón perfecto de los cuentos. ¡Gracias, amiga Julie!

    • 🙂 Cuando lo leímos en el blog de Quim Fargas, su autor, nos pareció precioso y le pedimos permiso para compartirlo con todos vosotros. ¡Nos alegra que te haya gustado! 🙂 Muchas gracias por comentar.

  5. Una vez más, gracias por alimentar nuestro corazón con estos preciosos cuentos. Me encanta la cebolla y no me importa ir destapando capas, si con ello encuentro un corazón.
    Besetes cariñosos y de martes, Martes.

    • 🙂 Es un cuento precioso que nos recuerda que bajo las apariencias puede haber un gran corazón. En adelante, la cebolla ya será otra cosa 🙂 ¡Un abrazo, María! Gracias por venir.

  6. Una vez más el cuento de hoy me ha encantado.
    A veces hay que poner muchas capas como protección, pues segun quien llegue al corazón, puede provocar las lágrimas propias.

  7. Precioso el cuento. Y a mí que no me gusta la cebolla, desde ahora la miraré de otro modo, pero seguiré sin comérmela, por lo menos cruda. Yo creo que llevo pocas capas aunque siempre alguna te echas por encima, por si refresca 🙂

    • 😀 😀 ¡a mí me encanta! Y eso a pesar del olorcillo. Creo que todos llevamos algunas capitas, más que nada para el primer soplo de aire. Después ya uno se las va quitando cuando coge más confianza 😉

      • Ay qué mona! Si estuviéramos juntas te daba un abrazo de los buenos!!
        Muchísimas gracias, no sé qué más decir.
        A pesar de que voy liada, me gusta reservarme un espacio para seguir alimentando mi alma, para seguir nutriéndome con vuestros cuentos.
        Gracias por publicar estas joyas y siempre, siempre, por vuestras bonitas palabras.
        Besos!

        • 🙂 ¡Me sirve un abrazo virtual! Y gracias por reservar tu tiempo de cuento, Ana, siempre es bueno despertar la chispita de la infancia para ayudarnos a seguir adelante con lo prosaico 😉 ¡Un beso inmenso!

          • Sí, hay veces que no los puedo leer el mismo día, ni a la hora que me gustaría, sin embargo, me lo dejo marcado como “no leído”, y en un momento de relax, lo disfruto. Es súper bonito conectar con emociones, con valores, que me encantaría pensar que todavía mantengo o que he ido aprendiendo o mejorando.
            Otro beso inmenso!

          • ¡Los cuentos tienen paciencia infinita! Hay quien los deja en la niñez y los retoma al convertirse en padre y después los vuelve a releer al ser abuelo y, sin embargo, ellos allí siguen, esperando el momento. ¡Imagina si solo son días lo que han de esperar! Ellos más felices que unas pascuas 😀 😀

  8. Algunas personas tienen tal cantidad de capas que para cuando quieres llegar a su corazón ya te has cansado, la verdad. Menos mal que luego hay gente como tú y se compensa. Besitos

    • 😀 😀 La paciencia, Óscar, es lo mejor en estos casos. He conocido a personas muy “cebollosas” que por miedo, vergüenza o malas experiencias anteriores tenían muchas capas pero cuando al final he logrado llegar a su esencia verdadera, ha valido la pena. así, que si crees que alguien lo merece, insiste 😉 ¡Un abrazo!

  9. Coincido con Magailustra, recordaré las capas que me recubren al ver una cebolla. Ahora que Chus nos cuente un cuento sobre su elegido 🙂

    Un cariño para ti desde Argentinta.

Nos encanta que nos cuentes

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