Skip links

Main navigation

El zorro y la cigüeña

the_fox_and_the_stork_by_princesstigerlili-d3hutei

Ilustración: Mylène Villeneuve

Zacarías, el zorro, tenía fama de ser el más marrullero y guasón de todos los animales del Bosque de las Sorpresas. Incluso se afirmaba que en muchas leguas a la redonda era imposible encontrar a alguien que fuera ni la mitad de ocurrente y agudo que él.

Por su parte, su vecina doña Catalina, la cigüeña, no le iba a la zaga en cuanto a astucia e ingenio. Como casi todos los pájaros, era muy desconfiada y siempre presumía de que aún no había nacido animal u hombre que pudiera tomarle la pluma. Afirmaba que jamás nadie se había atrevido todavía a burlarse de ella en su pico.

Un día, el zorro quiso dejarla en evidencia, así que pensó en jugarle una mala pasada. La visitó en su casa y la convidó a comer. La cigüeña aceptó enseguida la invitación, encantada de que su vecino tuviera esa deferencia, y al día siguiente se presentó muy puntual en casa de Zacarías. Iba de punta en blanco; con las plumas bien atusadas y perfumada con flores silvestres.

Al entrar, vio una gran mesa cubierta por un precioso mantel rosado y sobre ella una gran cesta con flores naturales, varios tipos de pan, una botella del mejor vino blanco, cubiertos de plata, copas… Era evidente que la mesa se había preparado con mimo y primor.

La cigüeña estaba contentísima, pero pronto quedó desencantada cuando vio que el dueño de la casa traía una sopera humeante de plata que contenía, únicamente, un consomé de pescado con un huevo desleído del que se desprendía un apetitoso aroma.

El zorro no tuvo problemas en lamer el contenido de su plato, pero a su invitada le fue imposible probar nada; su largo pico le impedía catar aquel manjar.

—¡Come, come que está rico! ¿Pero es que no te gusta mi consomé, amiga mía?

La cigüeña, furiosa al comprobar que lo que quería el zorro era burlarse de ella, miraba a su vecino como si quisiera fulminarlo con la mirada. A punto estuvo de protestar, gritar y encararse con el zorro, pero se mordió la lengua, se tranquilizó y con un tono de voz pausado y con voz muy apacible, se disculpó ante el zorro del siguiente modo:

—Perdona, Zacarías, pero no sé si será a causa de los nervios, pero se me ha quitado el apetito. Tu consomé con huevo tiene un aspecto inmejorable, pero no podré probar tan delicioso manjar, así que, si no te importa, me marcho a casa. No te ofendas, por favor. Seguro que es un malestar pasajero.

—¡Ay! ¡Pobre Catalina! ¿Quieres que te acompañe? Me quedo muy preocupado —dijo el zorro socarrón.

—No, no te molestes pero, si quieres, ven mañana por la noche a mi casa a visitarme y tomaremos algo.

El zorro, muy complacido, aceptó y al día siguiente, a la hora de la cena, se presentó en casa de su vecina Catalina, con el pelo brillante y bien cepillado y llamó al timbre.

—Vecino Zacarías, ¡qué ilusión! Como puedes ver, ya me he recuperado, aunque la verdad es que no acabo de estar del todo bien, así que he preparado un refrigerio suave: una hamburguesa de topo adobada con higos y uva, que además de alimentar tiene muchas vitaminas  —dijo la dueña de casa que sabía que aquel era el plato preferido del zorro—. Siéntete como en tu casa; toma asiento, que cenaremos. Mientras saboreamos la cena podemos charlar de todo un poco.

—¡Fantástico! Será estupendo compartir contigo comida y charla. Además has acertado de pleno. ¿Cómo sabías que una de mis comidas preferidas es la hamburguesa de roedor con higos y uva? ¡Se me está haciendo la boca agua! ¡Mmmmmmmmmmmmm!…

Así hablaba el zorro, mientras se iba relamiendo y pensaba en su comida predilecta, que ya estaba paladeando con la imaginación. Pero, ¡cuál no sería su disgusto cuando vio aparecer a Catalina con dos grandes botellas que tenían un cuello muy largo y estrecho! ¿Cómo podría el zorro alcanzar aquel manjar? ¿Cómo lo haría para meter el hocico en aquel largo cuello de cristal? Probó de mil maneras, pero fue imposible. No se pudo llevar a la boca ni un solo bocadito del contenido de aquel extraño recipiente.

La cigüeña, mientras tanto, saboreaba la hamburguesa con su fino pico y observaba burlona a su invitado. Al cabo de un rato, exclamó:

—¡Come, come que está rico! ¿Pero es que no te gusta mi hamburguesa, amigo mío? ¿No me habías dicho que es tu comida predilecta? Parece que no he acertado del todo… ¿Está demasiado condimentada? ¿Poco jugosa? ¿Tal vez salada?… ¡Qué mal me sabe! En otra ocasión te pediré consejo antes de prepararla. ¿O quizá es que estás indispuesto? La verdad es que no tienes muy buena cara.

—¡Es eso, querida vecina! No me siento bien. De hecho, me encuentro muy mal.

—¡Oh! ¡Qué lástima! No será tu estómago, ¿verdad?

—¡No, no! es… ¡es migraña! Hace ya días que me duele la cabeza y será mejor que no tome la hamburguesa. De noche es una comida pesada y si se me carga el estómago seguro que me pondré peor.

—¡Pues entonces déjala! Es mejor que te vayas a dormir sin cenar. Me sabría muy mal que te pusieras peor por mi culpa.

—No sabes lo mal que me sabe no poder comérmela y que la tengas que tirar… ¡Tiene tan buena pinta!

—Eso no es problema. No la tiraré, ¡ya me la comeré yo! Total, tú ni la has tocado. Y ahora creo que, si te duele la cabeza, lo mejor que puedes hacer es ir a tomar el fresco. ¡Hala, vete, vete! No hagas cumplidos. Márchate sin problema.

El zorro comprendió que de burlador había pasado a burlado y que la cigüeña lo estaba echando de su casa, así que se puso de pie y, muy hambriento, se alejó con el rabo entre las piernas y se internó en la espesura.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “El zorro y la cigüeña” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

    • ¡Hola Euterpe!, gracias por leer el cuento. Sin duda pasaremos a leer lo que nos aconsejas en tu blog y a escuchar la música de ese coro. En cuanto a tu pregunta sobre Radio5, no lo sé, fue la propia radio la que contactó conmigo. Me enviaron un mail proponiéndome una pequeña entrevista y acepté encantada. ¡Un abrazo!

  1. Que cuento mas bueno, no lo había oído nunca, es muy educativo. No hay nada mejor que nos hagan ver como hemos actuado para aprender la lección, oleee.
    Y escuchar a voz de Angie me ha recordado a una amiga jejeje me encanta su voz. besss

  2. Este cuento se puede llevar por el lado de un sabueso investigador privado, sobrado, que relata un caso curioso entre colegas. Lo expreso en voz alta para que no se me olvide. Lo oiréis…. Gracias. Salu2.

  3. ¡Qué educativo cuento! ¡ más de una vez habré pensado en semejantes artimañas para resarcirme del hartazgo que me produce algún compañero especialmente picajoso con los menús que preparo. ..

    ¡Pensaba que sólo yo era un retorcido! … ¡ bufff!

  4. Eso es que no era un zorro de verdad. Un zorro astuto de verdad, coge un palo, lo mete por el cuello de la botella, machaca la hamburguesa lo suficiente como para que pase por él y se la “bebe”. 😛 Magnífico cuento, martes. Como siempre. Besitos cariño

  5. Es aquello de “donde la dan, la toman” No era tan listo el zorro como pensaba.
    Bonito y aleccionador cuento, como siempre.
    Muchos besetes, Martes.

  6. Me ha gustado mucho este cuento inspirado en la fábula de Esopo. Después de leerlo me vinieron cantidad de refranes a cuento, entre ellos uno que se dice en México: “Como me las den la tomo y si son peras me las como” o “a carne de lobo, diente de perro”. Pero en realidad la venganza siempre está por medio.
    Me encantó leerte, como ya es habitual. Y la ilustración, preciosa.

    “El cazador fue cazado
    y donde las dan las toman”
    Los sentimientos asoman
    por un mal ya consumado.
    El escarmiento pensado,
    réplicas correspondientes,
    entristecen los ambientes
    compitiendo con “el otro”
    y así se convierte en potro
    desbocado, lo que sientes.

    Si haces un mal no te extrañe
    que te paguen de igual forma;
    es triste que alguien te engañe
    y engañar, sea tu norma.

    JS

    • No conocía ninguno de esos refranes, ¡y con lo que me gustan a mí! 😉
      Tu poesía es preciosa y estoy de acuerdo en que esta competición de engaños no lleva a ninguna parte y convertirlo en una norma de vida puede ser muy negativo y hasta peligroso.
      ¡Un abrazo, amiga mía!

  7. Que preciosa versión de la fábula!!! Hay que ver el disfrute que supone fastidiar al que nos cae mal. Mejor sería aplicarnos al ” vive y deja vivir”. Abrazos!!

Trackbacks

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.