La mala suerte. La buena suerte

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Ilustración obtenida del libro Tao Te King

Esta historia ocurrió hace muchos siglos, al norte de la China, allí donde se construyó la Gran Muralla.

Para los habitantes de aquellas vastas regiones, tener un buen caballo era una de las mayores fortunas. Los usaban para cultivar la tierra, como medio de transporte y también para cargar las cosechas que llevaban al mercado para vender.

Allí, en una pequeña granja, habitaba un granjero, paciente y sabio, junto a su único hijo. Ambos vivían de lo que producían sus tierras, que araban con la ayuda de su rocín, un magnífico ejemplar de color bayo, fuerte y trabajador.

Una mañana, antes de que el sol saliera, el granjero se levantó para ir al mercado, pero cuando entró en el establo para aparejar al caballo, se encontró con que este había desaparecido. El buen hombre, sin saber si el animal había escapado o se lo habían robado, decidió cargar sobre su espalda las verduras y, andando, se marchó al mercado para venderlas.

Al llegar a la plaza, se dirigió hacia el lugar que tenía asignado y montó su tenderete, junto al de los otros granjeros, tal y como siempre hacía. Al verlo, sus compañeros le preguntaron extrañados:

—¿Dónde has dejado tu caballo? ¿Le ha pasado algo? ¿Está enfermo?

—No lo sé —respondió el granjero—, esta mañana, cuando fui a buscarlo, no estaba en el establo. Quizá ha escapado. Quizá me lo han robado. ¡Quién sabe!

Todo esto lo dijo sin pesar ni tristeza, con la misma expresión serena que tenía siempre y que lo caracterizaba.

No tardó en extenderse por todo el mercado la noticia de la desaparición del caballo del buen granjero. Todos lo compadecían por su desgracia.

—Pobre hombre, no se queja, pero ahora no podrá trabajar la tierra.

—Es cierto. No podrá cosechar ni vender en el mercado y él y su hijo se morirán de hambre.

—Parece que no le afecta, pero está claro que está destrozado, aunque quiera disimularlo.

Así comentaban entre ellos y acercándose a él le dijeron:

—Aunque sonríes como siempre, sabemos que estás destrozado y que perder tu caballo es una de las peores cosas que podían sucederte. ¡Qué mala suerte!

El granjero, sin dejar de sonreír, contestó:

—¿Quién sabe si esto que ha sucedido es mala suerte? Esperemos a ver qué pasa, porque nunca se puede saber por qué ocurren las cosas, ni tampoco que vendrá después.

Pasaron las semanas y cuando ya hacía más de un mes que el caballo del granjero había desaparecido, una mañana, al levantarse para ir a vender su cosecha, oyó relinchos que provenían del establo y, cuando entró, se encontró con que el animal había regresado a casa y que no venía solo; una magnífica yegua lo acompañaba.

Montó y se fue al mercado. Al verlo, los mismos aldeanos que tiempo atrás lo habían compadecido, le preguntaron qué había ocurrido y él les refirió la historia. Asombrados, lo felicitaban por su buena suerte:

—Tan preocupados que estábamos por tu desgracia y resulta que eres el hombre más afortunado de toda China. No solo has recuperado tu caballo, sino que ha regresado acompañado de una magnífica yegua y, sin duda, pronto tendrás potrillos. ¡Qué buena suerte!

Con la sonrisa que nunca lo abandonaba, el granjero contestó:

—¿Quién sabe si esto que ha sucedido es buena suerte? Esperemos a ver qué pasa, porque nunca se puede saber por qué ocurren las cosas, ni tampoco que vendrá después.

Regresó el granjero a casa y allí se encontró que su hijo había sufrido un accidente. Había intentado arar el campo con la yegua, pero esta se había resistido y había golpeado al muchacho. Lo había lanzado con tanta fuerza contra el suelo, que el pobre chico se había roto una pierna.

—¡Ay, padre! Esta yegua es muy asustadiza y no se deja domar. Me ha empujado, con tal mala fortuna, que me he caído y me he roto la pierna. ¿Cómo podré ayudarte ahora? ¡Qué mala suerte!

El granjero, sin dejar de sonreír, le dijo a su hijo:

—¿Quién sabe si esto que ha sucedido es mala suerte? Esperemos a ver qué pasa, porque nunca se puede saber por qué ocurren las cosas, ni tampoco que vendrá después.

No había pasado ni una semana, cuando vientos de guerra llegaron al pueblo. El ejército del emperador recorría todo el territorio para llevarse a los jóvenes en edad de luchar. Al llegar al pueblo, todos los chicos fueron reclutados, excepto el hijo del granjero, que al tener la pierna rota no podía montar.

Los habitantes del pueblo al conocer la noticia, corrieron a felicitarlo:

—Al menos tu hijo se ha librado de ir a la guerra y no morirá en ella. Podrá casarse, tener hijos y se hará cargo de ti cuando envejezcas ¡Qué buena suerte!

Con la misma sonrisa de siempre pintada en su cara, el granjero contestó:

—¿Quién sabe si esto que ha sucedido es buena suerte? Esperemos a ver qué pasa, porque nunca se puede saber por qué ocurren las cosas, ni tampoco que vendrá después.

***

La buena y la mala suerte
nunca se puede saber;
lo que puede parecer
sin darte cuenta se invierte.
Lo malo se reconvierte
en el mejor suceder;
y sin más, o sin querer
entre riqueza has de verte.
Viendo qué pasa o no pasa
vivir es expectativa
de un éxito que fracasa,
y estés abajo o arriba
sonríe como payasa…
lo importante: es estar viva.
Julie Sopetrán

FIN

Si quieres, también puedes escuchar «La mala suerte. La buena suerte» con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. : ) ¡Qué alegría verte por aquí, Aquileana!
    Supongo que hay un tanto por ciento muy elevado de elementos que conscientemente no podemos valorar, pero que sin duda influyen en nuestra vida. Una cadena de causas y efectos que nos pasan desapercibidas y a la que denominamos «suerte». Si fuéramos tan sensibles como para saber qué causa produce, por ejemplo, la caída de una hoja nos volveríamos locos 😉

  2. Buenoo pero si yo siempre pienso en la buena o mala suerte, jeje si que es verdad, lo que pensamos como buena suerte con el tiempo podemos ver que no era tan buena como pensábamos, no forcemos la suerte jejeje besss

  3. Conocí este cuento de los labios de un buen amigo mío. Me ha encantado volver a leerlo en tu mágico espacio. Buena suerte, mala suerte… Pasar por aquí, siempre es buena suerte. Un abrazo grande

  4. ¡Qué gran filosofía encierra este cuento! Me ha gustado mucho y no lo conocía. Gracias amiga, porque te diré que estoy muy de acuerdo con su final, no sabemos por qué pasan las cosas. Y todo debemos aceptarlo con una sonrisa, para que lo bueno sea más bueno y lo malo se convierta en algo bueno. Ahí te dejo mi pequeña reflexión en un sonetillo. Deseo te guste. Besos y gracias por hacerme pensar.

    La buena y la mala suerte
    nunca se puede saber;
    lo que puede parecer
    sin darte cuenta se invierte.
    Lo malo se reconvierte
    en el mejor suceder;
    y sin más, o sin querer
    entre riqueza has de verte.
    Viendo qué pasa o no pasa
    vivir es expectativa
    de un éxito que fracasa,
    y estés abajo o arriba
    sonríe como payasa…
    lo importante: es estar viva.

    J.Sopetrán

    • Siempre espero ilusionada como una niña tus poemas y nunca dejas de sorprenderme, por tu capacidad de imaginar y por la facilidad con la que trenzas palabras para regalarnos.
      No obstante, hay algunos más especiales que otros, como en esta ocasión, ¡te has superado a ti misma! 🙂 Muchísimas gracias, Julie 🙂 Con tu permiso, lo copio al final del cuento. Me parece el broche perfecto al cuento de esta semana.

      • Gracias por tus palabras que también las espero como si fuera otro cuento… :))) Pero es que me animas mucho a no dejar de escribir. Y ya ves que tus cuentos y adaptaciones me inspiran. Es un honor que lo pongas al final del cuento. Gracias a ti, siempre. Mi abrazo fuerte.

  5. Tenia razón el buen granjero. Hay veces que no se sabe como pueden terminar las cosas si para bien o para mal. Un cuento lleno de optimismo y encantador. Como siempre.
    Besazos.

  6. Este cuento no lo conocía. Lo cierto es que las cosas pasan porque han de pasar y no porque no han de pasar. Como yo digo, de algo malo, siempre hay algo bueno… Solo hay que darle la vuelta a la tortilla y no dramatizar antes de tiempo.

    Ya veremos, ¿no?
    Besos 🙂

    • Exacto, Qamar. Mi madre siempre me decía: «el que compta per endavant, compta dues vegades» (el que cuenta por adelantado, cuenta dos veces). Y es cierto, así que, lo mejor, es esperar a que las cosas sucedan 😉

  7. La filosofía de la resignación. Que difícil es practicarla en nuestro día a día! Siempre queremos algo mejor o más grande o más caro. Una historia que hace reflexionar. Saludos cuenteros!!!

    • Nunca sabemos por qué pasan las cosas. Para juzgar un hecho, hace falta un contexto y una visión histórica amplia de la que solemos carecer. Por eso es tan difícil hacer balance de los acontecimientos 😉

  8. Me eeeeeeeeeeencanta. Tengo debilidad por cierto tipo de narraciones si tienen contenido reflexivo o filosófico, entre otras cositas.
    Felicidades por esta bella adaptación.
    Un abrazo y feliz martes de cuento para tod@s,

    • 😉 Muchas veces nos ocurre eso, que pasan las cosas y no sabemos si serán para bien o para mal. Hay situaciones en la vida que nos parecen terribles y el tiempo se encarga de demostrarnos que, después de todo, nos trajeron un bien.

  9. Tic-tac, tac-tic… Tiene un poco de sonido de reloj y del cuento de la buena pipa, nunca se cierra el círculo. Reconozco que es un cuento muy particular, basado en la resignación y un poco de fetichismo en el consuelo, pero al bueno del chino parece que le funcionaba bien su técnica.
    Buenos días de cuento otoñal.
    Un fuerte abrazo.

    • Cierto, es el cuento de nunca acabar. En cada circunstancia que se vive, se abre la puerta de las posibilidades.
      Como le decía a Juani en otro comentario, creo que hay una sutil diferencia entre resignación y aceptación. Y aunque no sé si es rizar el rizo, yo lo veo claro. Quizá porque lo de resignación, en nuestra cultura, tiene un claro componente religioso del que carece el chino de nuestro cuento, que tiene un enfoque más filosófico.

  10. Como decía el padre de una amiga mía, «hasta el final nadie es dichoso» y supongo que tampoco desgraciado. Lo que parece malo puede transformarse en bueno y al contrario. O puede que la vida sea un constante pasar de la buena a la mala suerte, de subir y bajar, de tener y perder…y ya no sigo.
    Me gusta mucho la ilustración.

    • Ciertamente toda una filosofía antiquísima de vida, porque este cuento refleja el pensamiento taoísta que, en ocasiones, sería bueno poner en práctica. Aunque es muy difícil aceptar las cosas tal y como vienen, siempre se tiende a pensar que la suerte acompaña a los hechos. ¡Un abrazo, amiga Lurda!

  11. Qué inteligente eso de esperar antes de alegrarse o entristecerse, aunque a mi, el señor, me parece bastante optimista y estoy segura de que esa actitud es la clave para ser un poquito más feliz. Una gran historia, como siempre.

    • A mí también me parece que se toma las cosas con casi, casi con humor. Esa sonrisa siempre pintada en su cara nos dice que mejor tomarlo todo un poco a risa. Tomarse todas las cosas demasiado en serio, y más aquellas que no puedes modificar, es la mejor forma de amargarse la existencia. «Si tiene solución, no te preocupes. Si no tiene solución, ¿para qué vas a preocuparte?» ¡Feliz martes de cuento mi querida Salmón! 😉

  12. Una hermosa historia demuestra cómo toman partidos los escépticos, los positivos y hasta los negativos, sin embargo, nada es hasta que u aún así está por verse. Felicitaciones por tan entretenida forma de enseñarnos cómo mirar la vida.

    • Ya es bien cierto aquello de «todo es según el color del cristal con que se mira» y de ello depende, muchas veces, nuestras decisiones y, en consecuencia, nuestra felicidad. La de veces que nos hacemos una idea de cómo serán las cosas pero, tal y como dices, todo está por verse 🙂 ¡Feliz día!

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