Skip links

Main navigation

Vardiello

vardiello_1

Ilustración: Cuentos para siempre

Tenía doña Grannonia de Aprano gran juicio, pero su hijo Vardiello era el más simplón de todo Nápoles. Pese a ello, y porque los ojos de una madre están encantados y trasvén, sentía la mujer por su retoño un amor tan grande, que todo se lo disculpaba siempre; continuamente lo amparaba y lo lisonjeaba como si fuera la criatura más perfecta del mundo.

Doña Grannonia tenía una gallina clueca que estaba incubando a sus polluelos y en ellos había puesto la buena mujer muchas esperanzas para sacar algún beneficio.

Un día, que tenía que ausentarse de casa para resolver diversos asuntos, llamó a su hijo y le dijo:

—Preciosura de mamá, escúchame bien, no pierdas de vista a la gallina, y si se levanta para picotear, la haces volver al nido sin tardanza, de lo contrario, los huevos se enfriarán y no darán pollitos.

—Déjamelo a mí —dijo Vardiello— que no hablas con un sordo.

—Otra cosa —añadió la madre señalando un bote— ni se te ocurra comer lo que hay en ese tarro, que es una cosa muy venenosa y estirarías la pata.

—¡Ni mirarlo! —respondió Vardiello— Bien has hecho en avisarme, pues, la verdad es que me parecieron nueces confitadas.

Se marchó la madre dejando a Vardiello solo, y él, que se aburría, se fue al huerto a hacer agujeros en el suelo. Estaba en lo mejor de la faena, cuando levantó la vista y vio que la gallina había abandonado su nido, por lo que se puso a gritar:

—¡Tita, tita, tita! ¡Vuelve al nido!

Pero la clueca ni caso y Vardiello, viendo que la gallina tenía cruce con borrico, la emprendió a zapatazos con ella. Después, le lanzó su gorra y, finalmente, un bastón, que la alcanzó de pleno y la dejó frita.

Vardiello, al ver tal desaguisado, pensó en remediar el daño y para que los huevos no se enfriasen, se bajó los pantalones y se sentó en del nido; pero calculó mal la distancia, cayó con demasiada fuerza e hizo una tortilla. Cuando vio la escabechina, pensó en estrellarse contra la pared, pero oyendo que el estómago le rugía, se decidió a desplumar la clueca, la espetó en un asador, encendió una gran hoguera y la asó. Cuando vio que estaba casi lista, para hacerlo todo como es debido, extendió un precioso mantel y tomó un jarro para bajar a la bodega a buscar un poco de vino.

Justo lo estaba escanciando, cuando oyó un guirigay por la casa y, espantado, vio que un gatazo se había apoderado de la clueca, incluido el espetón, y que otro gatazo lo perseguía, reclamando con fieros maullidos su parte. Vardiello se lanzó, cual león furioso, en persecución de los gatos y, con las prisas, dejó abierto el cañito del barrilejo.

Por fin, después de jugar a pillapilla por toda la casa, recuperó la gallina y volvió a la bodega, para descubrir que el barrilejo se había vaciado y, para no ser menos, también él se puso a vaciar el tonel de su alma por los cañitos de sus ojos.

Quiso, a continuación, enmendar este nuevo daño para que su madre no reparase en tanta catástrofe; cargó un costal llenísimo de harina y la esparció sobre lo mojado.

A pesar de ello, sacando cuentas con los dedos de las calamidades ocurridas y pensando que con tamañas burradas perdería el afecto de Doña Grannonia, tomó la valiente resolución de no dejarse hallar vivo por su madre. Agarró el tarro de nueces confitadas, el que la madre le dijera que era veneno, y no paró hasta dar con el fondo. Al acabar, con la barriga bien llena, se encerró en el horno.

En el ínterin regresó la madre y, después de un buen rato, viendo que nadie le abría la puerta, la abrió ella misma de una patada y entró, llamando a voces a su hijo. Como no obtenía respuesta, presintió una desgracia y, con redoblado afán, levantó la voz aún más:

—Vardiello, Vardiello, ¿te has quedado sordo que no me oyes? ¿Dónde te escondes, lerdo? ¿Dónde te has metido, mal hijo?

Vardiello, sin poder resistir más, con una vocecilla que inspiraba lástima, lloriqueó:

—Estoy dentro del horno, mamaíta, pero ya no me verás más.

—¿Por qué? —preguntó con desespero la pobre madre.

—Porque me he envenenado —replicó el hijo.

—¡Ay! — añadió doña doña Grannonia— ¿Qué motivo tenías? ¿Quién te ha dado el veneno?

Y Vardiello le contó todas las proezas que había llevado a cabo, por todo lo cual quería morir para no hacer más experimentos en el mundo.

Como la pobre mujer lo quería con locura, le quitó de la mollera el asunto de las nueces, convenciéndolo de que no eran veneno, sino medicina para el estómago. Así, una vez que lo calmó con buenas palabras y después de hacerle mil arrumacos, consiguió sacarlo del horno, y para entretenerlo, le entregó un bonito paño con el encargo de que lo fuese a vender, pero le advirtió de no tratar del negocio con personas de demasiadas palabras.

—Ahora he de servirte como es debido, ¡no lo dudes! —dijo Vardiello.

Y con el paño bajo el brazo, fue gritando por la ciudad:

—¡Vendo paño! ¡Paaaaañooooo!

Pero cuando le preguntaban:

—¿Qué clase de paño es?

Respondía:

—No vales, que hablas demasiado.

Y si le decían:

—¿A cuánto lo vendes?

Él salía con que eran charlatanes, que lo mareaban o que le habían roto los tímpanos con sus monsergas.

Por fin, divisó una estatua en el jardín de una casa, que estaba deshabitada por culpa de un duende, y extenuado de tanto dar vueltas, se sentó en un murete y preguntó a la figura:

—Dime, amigo, ¿vives en esta casa?

Viendo que no obtenía respuesta, le pareció hombre de pocas palabras y agregó:

—Si quieres comprar este paño, te lo vendo barato.

Y como la estatua seguía callada, añadió:

—Un hombre de pocas palabras, ¡justo el comprador que buscaba! Aquí te dejo el paño. Examínalo con calma y dame por él lo que creas justo. Mañana vendré a por el dinero.

Dejó el paño al pie de la estatua y se marchó.

No pasó mucho rato, cuando entró un hombre al jardín para hacer sus necesidades, halló el paño y se lo llevó consigo.

Llegó Vardiello a casa sin el paño y le contó a su madre lo ocurrido. A la pobre mujer poco le faltó para que le estallase el corazón:

—¿Cuándo sentarás la cabeza, majadero? ¡Mira la de malas pasadas que me has jugado! ¡Solo me faltaba esta!

Vardiello, por su parte, le decía:

—¡Calla, madre, que no será como piensas! Qué te crees, ¿que soy tonto y que no sé qué me hago?

Llegada la mañana, cuando las sombras de la Noche perseguidas por los esbirros del Sol abandonaban Nápoles, Vardiello se fue al jardín en el que estaba la estatua, y le dijo:

—Buen día, caballero, ¿puedes pagarme el paño?

Pero viendo que la estatua permanecía muda, se enfadó tanto, que agarró una piedra y se la lanzó con todas sus fuerzas a la cabeza. Cayó decapitada la estatua y dejó al descubierto una vasija llena de monedas de oro, que Vardiello se apresuró a llevar a su casa:

—¡Madre, madre!, ¡mira cuántos altramuces!

La madre, al ver las monedas y sabedora de que su hijo contaría la aventura a diestro y siniestro, le dijo que esperara en la puerta porque tenía que espantar un fantasma que se había colado en la casa.

Vardiello, que se lo tragaba todo, se sentó ante la puerta y, entretanto, la madre, desde la ventana de arriba, lanzó sobre él durante más de media hora pasas e higos secos, que él recogía gritando:

—¡Madre, madre, si sigue lloviendo así, nos hacemos ricos!

Cuando terminó de recoger, estaba tan cansado que se fue a dormir.

Días después, ocurrió que se peleaban dos vecinos, maleantes ambos, por un escudo de oro que habían encontrado en el suelo. Al verlos, Vardiello dijo:

—Vaya borricos que sois para discutir tanto por un altramuz. ¡Si ni siquiera se pueden comer! Lo sé porque yo encontré una olla repleta.

Los que estaban cerca, al escucharlo, le preguntaron dónde, cómo y cuándo había encontrado esos altramuces que no se podían comer. Y Vardiello respondió:

—Los encontré en un palacio, dentro de un hombre mudo. Fue el día de la lluvia de pasas e higos secos.

Como todos sabían lo simple que era, supusieron que aquello era fruto de su imaginación y se olvidaron del asunto.

Así, el buen juicio de la madre puso remedio a las burradas del hijo. Por eso podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que a piloto diestro, no hay mar siniestro.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Vardiello” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. Que bien se complementan madre e hijo, me he reido de como la madre como todas las madres tenemos que torear con los hijos las situaciones que no controlan jejejje besss Feliz finde

  2. Llego de un vuelo sobre nubes para aterrizar en esta isla imaginada y encontrarme con los despropósitos de un niño que me ha caído muy simpático, porque es la mejor caricatura de la torpeza, y ésta, en un mundo lleno de perfectos pluscuamperfectos, no se perdona. He disfrutado de sus “aventuras”, de su amantísima madre, del desarrollo del cuento, del lenguaje… ¿Se nota que me ha encantado?
    Querida amiga, ¡gracias! Un fuerte abrazo.

    • 🙂 Tienen razón, Isabel, estamos tan obsesionados con la perfección a todos los niveles que, en ocasiones, olvidamos que lo imperfecto también puede ser bonito y llegar a despertar ternura.
      A mi gusto, los cuentos clásicos tienen la magia de atraparnos, porque aunque suelen llevar una enseñanza implícita, se escribieron, en primer lugar, como divertimento para oyentes de cualquier edad. Creo que por eso siguen tan vigentes, porque nos cuentan cosas sobre nosotros elevadas casi al absurdo y nos es fácil comprender su mensaje.
      ¡Un abrazo y bienvenida a la Isla!

  3. Hola, Martes de Cuento.

    Veo, que no has publicado el enlace que hice al cuento que has compartido con tus lectores.

    Ante todo, me gustaría manifestarte que no es mi intencion cuestionar tu personal manera de moderar comentarios en tu blog. No.

    Solamente, con el respeto que tú te mereces, como administradora de este maravilloso blog, me gustaria señalarte lo siguiente:

    Evidentemente no has leido y mucho menos profundizado el contenido del texto que enlacé a tu blog.

    Desde mi personal punto de vista y basándome en el criterio que me otorga mi propia competencia lecto-comprensiva, tanto como docente como lectora, puedo aseverar con absoluta certeza, que el enlace que hice a tu cuento es absolutamente pertinente y mas que apropiado justamente por el contenido que nos ofrece el cuento publicado en tu blog.

    ¿Para que enunciar con mis palabras, lo que ya otro autor como Enrique Barrios, lo ha hecho con absoluta maestría y clara sabiduría? No le veo el sentido.

    El cuento en sí mismo, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del amor y cómo puede llegar a manifestarse. El texto que comparti habla de lo mismo. ¿Cual es el problema?

    Si recuerdas bien, yo personalmente he compartido en este mismo blog, en mas de una oportunidad, links de textos y videos de caracter educativo, provenientes tanto de mi propio blog como de otros. En esas oportunidades, no hubo problema alguno en publicarlos de tu parte.

    ¿Has cambiado tu personal criterio para moderar comentarios?

    Tampoco salio publicado mi agradecimiento por el cuento Vardiello.

    Bueno, ya que estoy aqui nuevamente, te lo agradezco de nuevo:

    Muchas Gracias.

    Pat

    • Estimada Pat, tal y como muy acertadamente indicas, no tengo por qué dar explicaciones del modo en qué modero mi blog, pero te puedo aclarar que como lectora, filóloga, educadora y animadora de lectura tengo competencia suficiente para juzgar por mí misma el contenido que considero o no adecuado.
      Como has estado ausente durante una larga temporada, te aclararé que admito solo los enlaces que yo juzgo oportunos y que aquellos comentarios que sobrepasan las diez líneas (haré una excepción con este tuyo) o que no aluden directamente al contenido de la entrada son borrados sin más explicaciones.
      Aclaradas estas premisas y siempre y cuando las cumplas, eres muy bienvenida a mi espacio para disfrutar de los cuentos.
      Un cordial saludo.

  4. Un cuento que vivimos día a día en nuestros ambientes más cercanos. Me ha encantado el lenguaje, la forma, el modo de contar, todo. No conocía este cuento tan real hoy, en nuestra sociedad de consumo. Te felicito una vez más. Tengo dificultades para poner me gusta en la sección ¿Quién ha escrito e ilustrado el cuento? No me deja el sistema, no sé por qué. Pero te diré que me ha resultado muy interesante el contenido de esta sección.Aquí te dejo el poemita que hace relación al cuento de hoy. Deseo te guste. Mi abrazo fuerte.

    CAOS

    El lío y la estupidez
    no se pueden remediar,
    lo que se tornó revés
    es confusión general.
    Las memeces de Vardiello,
    Doña Grannonia de Aprano,
    lo acepta como algo bello
    y lo estúpido es lozano.
    Sandeces y tonterías
    son ecos de la bobada,
    y por mucho que otros digan
    lo que haga un hijo, no es nada.
    Es tan sólo la simpleza
    del que mira y lo ve todo,
    que el desorden es belleza
    en un perfil de acomodo.
    El tonto que tiene suerte
    y madre, y lo necesario,
    ese siempre se divierte
    y es el rey del escenario.

    Julie Sopetrán

    • Como no has podido entrar en la sección «¿Quién ha escrito e ilustrado el cuento?», te comento que el cuento es de Basile, sobre el que he modificado algún pequeño detalle. Me alegra mucho que te haya gustado.
      Y de tu poema te diré que, aunque es una pena, tienes toda la razón en lo que dices: «lo estúpido es lozano y el desorden es belleza». Parece que quedan pocos oasis en los que se aprecia la inteligencia y el orden. ¡Cuántos vardiellos y cuántas grannonias que les ríen las gracias en lugar de enmendarlos!
      ¡Un abrazo grande, Julie!

  5. Cuánto me he reido con las peripecias de esta pareja. Lo de que “los ojos de una madre están encantados y trasvén” me ha parecido genial. Nunca había oido lo de trasvén. Me ha gustado mucho.

    • Me alegra que te haya gustado el cuento, Lurda.
      Trasver es un verbo poco utilizado, pero en la actualidad, cuando hay tantos niños a los que los padres ponen en altares como si fueran pequeños dioses, deberíamos ponerlo de moda 😀 😀 😀

  6. Es muy bonito leer unas lineas y que se te dibuje una sonrisa. Gracias por esta historia de desastre filial y por un lenguaje tan original. La gallina cruce con borrico me ha encantado!! Hay que amar mucho a un hijo tan desastroso y seguir perdonando ¡Qué no haremos las madres! Feliz semana

    • 😀 😀 A ti, esto de cruzar animales te encanta 😉
      Me alegra que el cuento te haya gustado y lo que más me gusta es haber conseguido dibujar una sonrisa en tu cara 😉
      ¡Un abrazo, amiga! Feliz semana.

  7. Muy divertido y muy bien escrito. Yo también me había fijado en el verbo trasver.
    “Vaciar el tonel de su alma por los cañitos de sus ojos”, esa frase me ha encantado.
    Besos, Martes.

  8. Vaya tela con el niño. Eso sí, la madre ha estado muy hábil, que una cosa es querer a tu hijo y otra muy distinta estar ciega del todo, Mira cómo aprovechó la simpleza del zagal. Jajajaja.

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.