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Moc, moc, moc

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Ilustración: loish

Cuando viajas a Isla Imaginada puedes encontrarte cualquier cosa. Quien dice cosa, dice habitante. Lo que os voy a referir, me lo contaron en mi última visita.

Me gusta ir, de vez en cuando, para saludar a los personajes de mis cuentos y saber de sus vidas imaginadas. Ellos fueron los que me hablaron de un sitio especial que muy poca gente conoce.

Se encuentra al final de un camino escarpado, allí, en lo alto de un risco. Son unas cuevas casi invisibles, pues las entradas son pequeños agujeritos en la pared de la montaña. Si pasas por delante, parece una roca con la apariencia de un queso.

Pero, ¡ay!, es allí donde sestean o veranean unos personajillos que saben muy bien cómo fastidiarnos los inviernos: ¡los mocos! ¡Sí señor!, ¡los mocos!

Los mocos se refugian en sus cuevitas tras el invierno, a resguardo del sol y las altas temperaturas, que no son nada favorables a su naturaleza. Cogen fuerzas y vuelven apenas comienzan los primeros fríos y los chaparrones, cuando las hojas caducas se visten de otoño y caen de los árboles, los niños se enfundan sus abriguitos y gorros y todos comemos castañas y boniatos. Justo en ese momento, los mocos salen al exterior y esperan las corrientes de aire que los transportan a todo el mundo invernal y…

¡En marcha! ¡Ahí van!, dispuestos a arruinarnos los días de fiesta, los cumpleaños, los juegos con amigos y hasta los paseos y los días de escuela.

Te entran volando por la nariz y ni siquiera te das cuenta. Cuando ya están a gustito ahí dentro, con la humedad, calentitos, a ti te entra un cosquilleo y……¡Atchisssss! ¡Atchisssss!

¡Ya está! ¡Ya lo has pillado! Ahora seguirán las toses, los escalofríos, los dolores de cabeza y hasta los de barriga.

Aunque no hay que preocuparse mucho, los mocos son inquietos y se aburren pronto. No les gusta estar mucho tiempo en el mismo sitio y enseguida se buscan otra nariz a la que fastidiar durante unos días. Pero veréis lo que le pasó a un moquito perezoso.

Cuando sus compañeros empezaron a viajar por el aire en busca de narices en las que refugiarse, él se decía: «Mañana. Yo me iré mañana. ¡Vaya unas prisas!, ¡aún queda mucho invierno!»

Y al otro día seguía en el mismo lugar: «¡Pues que manía de viajar tan lejos!, ¡yo me quedo aquí cerquita!»

Como era tan perezoso, ni siquiera quiso salir de Isla Imaginada; cuando ya no tuvo más remedio, porque en su rincón hacía mucho frío, se montó sobre una corriente de aire pequeñita que pasaba por allí y que lo dejó en la puerta de la casa de Caperucita.

Estuvo dando vueltas por los alrededores y ¡zas!, se puso la mar de contento al ver acercarse por el camino al Lobo Feroz:

—¡Vaya suerte! ¡Eso sí que es una nariz en condiciones! ¡Ahí puedo pasarme todo el invierno!

Pero el Lobo, que era muy astuto, apenas sintió el cosquilleo en su nariz estornudó y lanzó al moco perezoso al suelo.

—¡Ehhhh! ¡Lobo! ¡A ver si tienes más cuidado! ¡Me vas a pisar!

El Lobo, asombrado por su impertinencia, se lo quedó mirando y le respondió:

—¿Es que tú no sabes que no puedes vivir aquí? ¿Acaso has visto alguna vez un personaje de cuento con mocos? ¿Qué tal lucirían Caperucita, Blancanieves o Ricitos de Oro con un moco colgando de sus naricitas? ¡Por no hablar de todos los príncipes, reyes, piratas o magos! ¡Ningún niño los tomaría en serio!

El pobre moco perezoso se quedó pasmado al comprender que el Lobo tenía razón. Pero lo peor, fue que se dio cuenta de que si no encontraba pronto una nariz calentita, se congelaría y ya no podría regresar nunca más a la cueva para pasar otro verano.

—Pero, señor Lobo, dime, ¿de verdad no podría encontrar una nariz aquí cerquita? No hace falta que sea la de un personaje protagonista, podría ser una cocinera, un lacayo, una campesina… No tengo preferencias, y pasado el invierno, me vuelvo a casa.

El Lobo, pensativo, anduvo unos pasos:

—¡Ummmmmmm! ¡Déjame pensar! La casa más cercana a esta es la de Blancanieves y los enanitos. Son muchos. Siete, para ser más exactos. Quizás sorprendas desprevenido a alguno de ellos. Son confiados y buenas personas, ¡puaj!, ¡un asco! Toma ese camino y en el tercer cruce gira a la derecha. No tiene pérdida. Es una casita pequeña con una puerta enana ¡Ja, ja!

Y así fue como el moco perezoso se encaminó en busca de la pequeña casa de los enanitos.

Tardó dos días en llegar, porque no encontró ninguna ventolera que lo quisiera llevar hasta allí y tuvo que ir haciendo aire-stop. De soplo en soplo, llegó agotado y deseando encontrar calor narigudo.

Entró por una ventanita de la cocina. Allí estaban, los siete enanitos y Blancanieves terminando su cena.

Era una pena no poder recalar en la naricilla respingona y preciosa de Blancanieves, pero estuvo de acuerdo con el Lobo. Una protagonista mocosa no quedaba bien en un cuento. Así que se conformaría con la de uno de los enanos.

Los estuvo espiando a fin de hallar cuál de ellos poseía la nariz más grande y cuando estuvieron bien dormidos dio un salto y se coló en la de uno de ellos.

—¡Ahhhhhhhh! ¡Esta nariz es un maravilloso refugio!

Nada más decir esto, el enanito sintió un cosquilleo extraño:

—¡Atchissssss! ¡Atchissssss! ¡Ja, ja!, ¡qué cosquillitas!

Al enanito le había gustado aquella sensación nueva que acababa de experimentar y no podía evitar reírse cada vez que estornudaba.

El moco y él se hicieron grandes amigos y el enano, a cambio de que no lo molestara demasiado,  dejó que pasara, incluso, los veranos en su nariz.

Como ya habréis adivinado, a ese enanito lo llamaron, desde entonces, Mocoso, y no es otro que aquel que vive en uno de los cuentos más famoso del mundo: «Blancanieves y los siete enanitos».

 FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Moc, moc, moc” con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. Menos mal que llevo un tiempo que no quieren visitarme, vienen a ver a los vecinos y a mi me dejan para el final del invierno, cuando bajo la guardia y zas ya me han ocupado, jejeje besss

  2. Me he divertido mucho leyendo este cuento, siguiendo a este emigrante, peregrino o vagabundo en busca de refugio donde albergarse. Creo que el cuento tiene varias lecturas, todas ellas muy simpáticas. Me ha encantado y felicito a su autora Juani, también a Loish por su ilustración. Me parece un cuento inteligente y bien trazado. Felicidades una vez más. Aquí os dejo mi décima con dos versos más que regalo al enano con el que me identifico amenudo… Besos y abrazos.

    MOC

    A la nariz se nos pega
    un errante peregrino,
    pasaba por el camino
    y a nuestra nariz se apega.
    No es bienvenido el que llega
    ni recibido tampoco,
    se acomoda como un loco
    y desde su estalactita
    nos regala la moquita
    que al poco tiempo es un moco…

    Sólo se siente feliz
    viviendo en nuestra naríz.

    Julie Sopetrán

    • 😀 😀 😀 ¡Pobre abuela! Déjala que ya está bastante debilucha, la pobre y, además, no gana para sobresaltos. Mejor está el moco en la nariz de Mocoso, que se han hecho grandes amigos. Nos alegra que te haya gustado el cuento 😉

  3. Gracias a todos por unos comentarios tan cariñosos. Seguro que más de un@ se va a acordar del moquito perezoso en los días en que los resfriados tengan a mal hacerles una visita y miles de gracias a mi amiga Nona por apoyarme en la maravillosa tarea de escribir cuento. Ha hecho renacer en mi una afición que tenia olvidada. Un abrazo infinito!!!!

  4. Jajaja, qué monada de cuento, menos mal que el pobre moco encontró una nariz acogedora. Estoy pensando en la de los trolls, creo que ellos también les dan refugio y cobijo. Del resto de las narices, que se vayan lo más pronto posible.

  5. Es cierto que cuando se visita la “isla imaginada” se puede encontrar cualquier cosa, cualquier sorpresa, pero el encuentro es smpre grato, ncantador.

    Me lo he pasado genial leyendo este originalísimo cuento. Por fortuna mis “cuevas” fueron abandonadas hace casi un mes, y aconsejo a todos tengan prudencia al estornudar, que se pongan delante un pañuelito o aparten la cara para que no den oportunidad de contagio a los indeseados visitantes y ¡atchisss!, a no ser que se encuentren con el enanito “Mocoso”, que éste, ademáslo agradecerá.

    Un gran abrazo y ¡buen día!.

  6. ¡Qué bueno! Aunque al pronunciar el nombre del protagonista del cuento mi mente se ha ido a un semáforo en rojo, un señor afanado dentro de un coche en nominar a algunos de los primos del protagonista y dejarlos castigados pegados tras el volante.

    • 😀 😀 😀 ¿Solo uno? ¡Qué suerte, Toni! Yo tengo un ejército entero campando a sus anchas y me han dicho que de marcharse ni hablar! No sé si alquilar una ventolera y enviarte unos cuantos 😉 ¡Un abrazo!

  7. ¡Ja, ja, ja! Me muero. Pero creo que el pequeño moco debería haberse alojado en la nariz de una protagonista, a fin de cuentas sería una buena manera de hacerlas más humanas. Claro que si Mocoso y él están tan contentos juntos… como dice el refrán “siempre hay un roto para un descosido”.

    • ¡Calla, calla! Que de humanos ya tenemos bastantes y hasta algunos sobran 😀 😀 😀 Los personajes de los cuentos deben ser especiales, porque solo los seres de verdad especiales merecen ser personajes de cuento. Ya está bien que los mocos, en Isla Imaginada, tengan reservado el derecho de admisión de algunas narices 😉

    • Y muy odiados 😀 😀 😀 Son poca cosa para quedarse en la cama y son demasiado para seguir con tu vida normal. Si al menos inventaran algún medicamento que los cortara de golpe 😉 Gracias por tu visita 😉

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