La historia de Kaguya-Hime

miyabi_by_aruarian_dancer

Ilustración: aruarian-dancer

Vivió una vez en Japón un viejecito llamado Taketori no Okina que se ganaba la vida cortando bambú. Un día, mientras faenaba en el bosque, un extraño resplandor proveniente de la espesura llamó su atención.

El anciano, empujado por la curiosidad, se internó en la floresta para descubrir asombrado que aquella misteriosa luz provenía de una caña de bambú muy alta, que parecía toda ella de plata pura.

—Venderé este tallo y con lo que me paguen por él, mi esposa y yo tendremos una vida mejor. Ya somos viejos y estamos cansados.

Golpeó la planta con todas sus fuerzas y la partió en dos, pero cuál no sería su sorpresa, al encontrar en su interior a un diminuto bebé que dormía apaciblemente. Era una hermosa niñita de piel blanquísima y cabello negro, envuelta en finas sedas. El anciano, procurando no turbar el sueño de la pequeña, la  tomó con delicadeza entre sus manos y se la llevó a su casa.

—¡Mira lo que he encontrado! —le dijo a su esposa mostrándole su hallazgo.

A la anciana se le iluminaron los ojos y respondió con una sonrisa:

—El cielo nos envía este precioso regalo.

Como el destino los había privado de la fortuna de tener hijos, decidieron adoptar a la niña, a la que pusieron por nombre Kaguya-Hime, Princesa Luz Radiante, y criarla como si se tratara de su propia hija.

La pequeña creció feliz junto a sus padres adoptivos y pronto alcanzó las proporciones de una niña normal. Después, siguió desarrollándose hasta convertirse en la muchacha más deslumbrante que ojos humanos hubieran contemplado jamás.

Cuando corrió la voz de lo especial que era, no tardó en formarse una larga cola de pretendientes frente a su casa, que esperaron pacientemente su turno frente a la puerta para pedir a Taketori no Okina la mano de su hija, no obstante, este dejó la elección en manos de la joven que, finalmente, tuvo que decidir entre los cinco finalistas.

Después de hablar con cada uno de ellos, Kaguya-Hime los envió a retos imposibles para ponerlos a prueba.

Al primero le dijo:

—Encuentra el cuenco en el cual Buda comió durante su viaje a Varanasi.

Al segundo le solicitó:

—Corta una rama de plata y oro de los árboles que crecen en Penglai.

La petición para el tercero fue:

—Tráeme el abrigo hecho con el pelo de la Rata de Fuego de Xianyang.

El requerimiento para el cuarto:

—Arrebata la piedra de mil colores que pende del cuello del dragón de Baoji.

Y, finalmente, al quinto le indicó:

—Recupera la concha de cauri que guardan las golondrinas de Nankín.

Los cinco jóvenes partieron en busca de los tesoros que Kaguya-Hime había solicitado.

El primero regresó e intento engañar a Kaguya-Hime entregándole un valioso cuenco de oro, engastado con ricas joyas que quiso hacer pasar por el auténtico.

—Esta que me presentas es una simple escudilla adornada, no es el cuenco de Buda, puesto que no desprende su luz.

El segundo no tenía idea de dónde buscar la rama de plata y oro, así que decidió encargársela a un orfebre y después se la llevó a la muchacha. La rama era tan idéntica a la original, que ella creyó que debería dar su consentimiento. Pero entonces, apareció el joyero reclamando a gritos el pago de su trabajo y se descubrió el engaño.

El tercer pretendiente pagó una cuantiosa fortuna a unos comerciantes que se dirigían a Xianyang para que le consiguieran el abrigo hecho con el pelo de la Rata de Fuego. Los mercaderes regresaron con un sobretodo que juraron y perjuraron que era auténtico y el crédulo comprador los creyó.

Cuando la muchacha lo tuvo entre las manos, dijo:

—Ciertamente esta prenda es extraordinariamente delicada. Probemos si su pelo es de verdad de la Rata de Fuego, el que no arde en ningún fuego.

Y dicho esto, Kaguya-Hime lanzó el abrigo a la hoguera, donde ardió hasta convertirse en ceniza.

El cuarto pretendiente, el más valiente de todos, intentó encontrar él mismo al dragón, pero en una de sus expediciones por mar, fue sorprendido por una terrible tormenta y jamás se volvió a saber de él.

El quinto muchacho escudriñó todos los nidos de golondrina de Nankín sin hallar la concha de cauri y, según se cuenta, casi se mata al caerse de bruces de la escalera en la cual se encaramaba para buscarla.

Entretanto, la fama de Kaguya-Hime seguía creciendo y llegó el día en el que el mismísimo Emperador del Japón la quiso conocer.

En cuanto la vio, quedó prendado de la extraordinaria joven y le propuso matrimonio. Sin embargo, ella rechazó la propuesta:

—Nuestro amor es imposible, provengo de un lejano lugar y algún día debo regresar a él. Cuando eso ocurra, no quiero verte sufrir.

A pesar de su negativa, el Emperador no cejaba en su empeño y continuamente le enviaba valiosos regalos para ablandar el corazón de la muchacha de los cabellos de ébano y conseguir que accediera a convertirse en su esposa. Pero Kaguya-Hime no aceptaba ninguno, se limitaba a mirar la Luna y, cada vez que lo hacía, sus ojos se anegaban de lágrimas. Sus padres adoptivos estaban muy preocupados e intentaban averiguar el motivo de tanta tristeza, pero ella no despegaba los labios.

Un día, poco antes de la luna llena de agosto, la princesa les explicó, por fin, el motivo de tanta tristeza:

—Estoy triste porque me visitó un mensajero de Tsuki no Miyako, la Ciudad de la Luna, y me comunicó que un cortejo vendrá a buscarme durante la luna llena de agosto para conducirme de regreso a mi reino.

La triste noticia de la inminente partida llegó a oídos del Emperador, el cual envió un ejército entero a custodiar la casa de su amada. Pero fue en vano, porque cuando la luna llena de agosto asomó, los soldados quedaron cegados por el intenso resplandor que desprendía el cortejo que llegaba en busca de la joven princesa y nada pudieron hacer para impedir su marcha.

La embajada celestial vistió a Kaguya-Hime con un radiante vestido confeccionado con plumas de plata y la condujeron hacia Tsuki no Miyako, dejando atrás a sus padres deshechos en llanto.

El Emperador no se resignó a su pérdida y, aunque no sabía cómo hacérselas llegar, le escribía interminables cartas a Kaguya-Hime.

Se le ocurrió entonces una idea y mandó emisarios por todo Japón para descubrir cuál era la montaña más alta de su imperio:

—¡Hallad la montaña que esté más cerca del cielo!

Volvieron los expedicionarios y le comunicaron al soberano que habían encontrado un monte llamado Fuji cuyo pico nevado apenas se distinguía y que, sin duda, era porque tocaba el cielo.

Allí se dirigió el Emperador y allí quemó todas las cartas para que el humo llevara su mensaje a la lejana princesa.

Cuenta la leyenda, que todavía hoy, de vez en cuando, del monte Fuji se eleva hacia el cielo un humo blanco. Algunos afirman que es el Emperador, que sigue quemando sus cartas con la esperanza de que la princesa reciba algún día su mensaje de amor y decida regresar a la Tierra junto al él.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar «La historia de Kaguya-Hime» con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. Me encanta la literatura japonesa, el cine japonés tiene también grandes películas (In the mood for love, me encanta), y cómo no, este cuento está lleno de amor y de pasión, me encanta. Es que lo visualizo mucho, en otra vida, ¿habré sido japo?
    Besotes!!

    • 😀 😀 😀 Puede que en una vida anterior fueras geisha o samurai… ¡quién sabe! Pero no es extraño que te guste la cultura japonesa, porque es fascinante 😉 Tendremos que investigar más, sobre todo esas películas que citas. ¡Un abrazo!

  2. Me encanta el arte que tienes tu imaginación y la forma de expresarlo todo. Tu disciplina y la belleza de este cuento.
    Un beso enorme y gracias por poder aprender de ti.

    • Qamar, gracias por tus palabras. Cada día, en todo lugar, si tenemos los ojos abiertos podemos aprender mucho de las personas, la naturaleza, los animales… Yo, como tú, estoy en continuo proceso de aprendizaje y si esta historia te parece bonita, es porque hace siglos, alguien puso la semilla del cuento para que yo pudiera enamorarme de ella y pudiera reescribirla hoy 😉

    • Gracias, Elficarosa, me alegra que hayas disfrutado de esta antigua leyenda. En este espacio tenemos la suerte de contar con muchos y buenos haijin que comparten en sus blogs, a menudo, preciosos haikus. Un saludo.

  3. Un gran trabajo, excepcional, un cuento diferente, precioso, lo he disfrutado mucho y ese ambiente japonés que nos muestras y que tanto nos enseña, me inspirado estos haikus para tan magnífica historia. Mi felicitación y mi abrazo.

    Bambú leñoso
    Taketori no Okina
    arte de ser

    Trabajo es genio
    resplandor del instante
    su recompensa.

    Llega del cielo
    y es milagro Radiante
    la circunstancia

    Cuenco sagrado
    rama de plata y oro
    Rata de Fuego

    Los mil colores
    se esconden en la piedra
    del corazón

    Las golondrinas
    ensalzan en su canto
    valor y fuerza

    Y es el misterio
    nuestra carta de Amor
    quemada en tiempo.

    Sueño imposible
    humo del Monte Fuji
    en Luna llena.

    Julie Sopetrán

  4. Precioso este relato oriental.Me gustan especialmente los que dan una explicación fantástica de los fenómenos naturales, son muy ingenuos. Un “monogatari” muy bonito. Me encanta la palabra, creo que la voy a usar de vez en cuando 😉

    • Es la ingenuidad inocente de la infancia, cuando creemos que todas las cosas poseen alma. Después, al crecer lo olvidamos y dejamos de estar inmersos en el mundo para ponernos frente a él y, muchas veces, incluso nos enfrentamos él.

      ¡Ya estoy deseando leer una entrada de las tuyas en la que aparezca la palabra “monogatari” 😀 😀 😀

  5. Imaginación al poder, ese es el alma de todo cuento, y hoy, ese alma nacida en el tallo de un junco, brilla tanto como el cortejo y la luna de agosto, último destino del la bellísima Kaguya-Hime.
    Has hecho una versión muy bonita, y especialmente me ha enternecido el emperador que manda buscar la cumbre más alta para enviarle a través del humo de las cartas su ardiente amor.
    Bonita leyenda para explicar un fenómeno natural en el pasado desconocido.

    Sonrisas de cuento y abrazos de ilusiones, para este bonito martes.

      • 😀 Rectificación anotada. Seguramente, como la mayoría de nosotros nos somos especialistas de la naturaleza como tú, se nos hubiera pasado por alto ese detalle. Que sepas que con tu rectificación me has hecho un poco más sabia, ya que he ido corriendo a consultar a San Google para saber la diferencia 😀 😀

          • 😀 😀 😀 A mí me pasa a veces y ese error me persigue de forma obsesiva. Me da mucha rabia que no de opción a modificar comentarios en los blogs ajenos 😉
            En cuanto a Google, a veces me pregunto… ¿qué hacía yo antes sin él? 😀 😀 😀 😀

    • ¡Ay, Isabel! No pude resistirme a embellecer las versiones leídas. No me resignaba a que la bella princesa fuera, en realidad un ser vengativo o maligno, ni tampoco quería que no quedara un pequeño resquicio al reencuentro. Prefiero pensar que la esperanza nunca muere y que mientras lo sigamos intentando, siempre habrá la posibilidad de que nuestro humo amoroso se convierte en un gran incendio 😉

      • Es bueno siempre aplicar unas gotas del elixir “embellecimiento”, en tu caso y al tratarse de cuentos, aún más. El final del cuento de hoy es hermosamente poético.
        Hoy voy a soplar velas en compañía de alguien que cuenta con nuestro cariño y admiración, gran poetisa cuyos versos te acompañan.
        Voy a pasar un miércoles de cuento.
        un fuerte abrazo.

  6. Pero qué cuento más bonito. Adoro las historias que intentan dar explicación a fenómenos naturales. Creo que son las que nos vuelven soñadores y románticos, las que encandilan a través de los tiempos y nos ayudan a mirar a la Naturaleza con unos ojos distintos, reconociendo su magia y su poder.
    Y gracias por acercarnos al otro lado del mundo y sus cuentos, porque lo bueno de ser habitante de Isla Imaginada es que, aunque solo parece una isla, siempre abarca el mundo entero.

    • Aurora, contesté tu comentario en la otra sección antes de leer este, pero veo claro que coincidimos plenamente en que los cuentos son una gran ayuda para amar la naturaleza, respetarla y gozar «con» (no «de») ella de igual a igual. Desde esta perspectiva, si sabes abrir bien los ojos, ¿qué cuento no contiene «valores»?

      En cuanto a lo que abarca Isla Imaginada… ¡Mundos no, universos enteros! 😉

  7. No hace mucho me vi (y reseñé en mi blog, tanto me había gustado) “El cuento de la princesa Kaguya”. Estupendo relato que has escrito imagino que basándote en el cuento tradicional, ¿no?
    ¡Un saludo!

    • Muchas gracias, Junior. Saber que las historias gustan al público adulto, me reafirma en la creencia que solo debemos hablar de “buenas historia” o de “malas historias”, independientemente de la edad a la que se destinan.

      Estoy firmemente convencida de que incluso un libro que contenga tan solo cuatro palabras, si estas son las adecuadas y van acompañadas de hermosas ilustraciones en las que apoyar la historia, se disfruta a cualquier edad.

  8. Y el quinto volvió y dijo que no lo encontró y casi se meta por ella, y por su sinceridad y valentía le eligió, se casaron y fueron felices. Final alternativo para el pobre quinto que es un secundario en toda regla… Besitos

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