Una tranquila Navidad

happy_groundhog_day_by_lytayvea-d38m6lf

Ilustración: Lytayvea

En la profundidad de un hermoso bosque tenían sus madrigueras, una junto a la otra, la familia Conejo y el señor Marmota.

El señor Marmota era muy serio, formal y algo antipático. Cada año, al llegar los primeros fríos, hacía acopio de comida: trébol, diente de león, alfalfa, bayas y alguna que otra fruta que pudiera encontrar. Se daba un festín descomunal y ¡a dormir! Pasaba todo el invierno hecho un ovillo en un rincón calentito de su guarida y se despertaba al llegar la primavera.

En pasados inviernos, nada turbó el sueño del señor Marmota, pues sus vecinos, los Conejo, eran muy educados y procuraban no hacer ruido.

Durante el verano, se afanaban en llenar su despensa de cereales y verduras para que no les faltara alimento mientras hiciera frío. Pero aquel invierno fue diferente… La tranquila madriguera de los Conejo se vio bendecida por el nacimiento de diez pequeños que eran el orgullo de sus papás. Lindos gazapos, unos blancos como algodón y otros grises como nubes de primavera.

¡Se acabó la tranquilidad en Casa Conejo!

Había conejitos y conejitas todo el día arriba y abajo, riendo, persiguiéndose, peleando por un grano de maíz o un trozo de manzana, y sus pobres padres intentando, inútilmente, poner paz en tan tremendo guirigay.

Y, claro está, con la llegada de la Navidad andaban todavía más alborotados. Esperaban que alguna sorpresa apareciera por la chimenea y ya se relamían los hocicos pensando en degustar las ricas comiditas y dulces de esos días. La sopa de trigo con albondiguillas de alfalfa y los roscos de zanahoria eran sus manjares preferidos.

En la cocina, tenían formado un gran lío, todos querían colaborar y andaban metiendo sus patitas en harina y sus naricillas en las ollas.

Además, mamá y papá Conejo se había propuesto enseñarles canciones navideñas y ahí andaban ensayando sin parar, pues querían que el coro sonara perfecto.

Entre risas, habían decorado la madriguera con ramas de madroño y acebo, colgado nabos y zanahorias glaseadas que se zamparían más tarde, y en el techo, habían abierto un pequeño agujerito para que la luz de la estrella más brillante los alumbrara la noche de Navidad.  ¡Todo estaba precioso!

¿Y qué hay del señor Marmota? ¿Cómo se había tomado tanta agitación en casa de sus vecinos? ¡Pues muy mal! Recorría su madriguera refunfuñando:

—¡Aquí no se puede dormir! ¡Este escándalo no hay quién lo aguante! ¿Es que no pueden celebrar la Navidad en primavera?

Los señores Conejo ya le habían explicado que es imposible cambiar la Navidad de fecha. Es una tradición antiquísima y todo el mundo la celebra a la vez. Así, que el señor Marmota andaba dando vueltas con unas ojeras enormes y bostezando sin parar:

—¡Pues vaya fastidio! ¡Yo no le veo la gracia! Cantar canciones, hacer roscos y golosinas. ¡Vaya diversión!

Había descubierto en la pared un pequeño orificio por el que veía a la familia Conejo y ya que era imposible dormir, se pasaba horas enteras espiando a sus vecinos. ¡Pobre señor Marmota! Nunca había disfrutado la Navidad, pues siempre la pasaba durmiendo y solo.

Una de esas tardes de juegos y algarabías en la que todos los conejitos tomaban chocolate caliente y galletas de cebada, llamaron a la puerta de los señores Conejo.

—¿Quién será?

Al abrir la puerta, la familia Conejo vio a una marmota que tiritaba, todo el pelaje cubierto de nieve y los bigotes congelados.

—Perdón por llamar tan tarde. Un jabalí se puso a excavar mi casita y me la ha destrozado. He salido a buscar otra, pero se me está haciendo de noche. ¿Podrían dejarme un rinconcito para pasar la noche? ¡Prometo que mañana me iré!

Mamá Conejo le dio una manta y una taza de chocolate.

—¡Pasa! ¡Pasa! Caliéntate junto al fuego.

La señora Marmota, agradecida, se sentó junto a los conejitos, contentos de recibir una visita.

Papá Conejo llamó aparte a mamá Conejo:

—¡No se puede quedar aquí! ¡Si no tenemos sitio suficiente ni para nosotros!

A la conejita, entonces, se le ocurrió una brillante idea:

—¡Ya está! Le diremos a nuestro vecino que la aloje. ¡No podrá negarse! ¡Es de su misma especie!

El señor Marmota, que lo había presenciado todo a través del agujero en la pared, pensó para sí «¡Pues lo que faltaba! ¡Un extraño en mi casa!».

—¡Toc, toc, toc! ¡Señor Marmota abra por favor!

Ceñudo y murmurando se dirigió a la puerta pero, al abrir, su enfado se esfumó como el humo. Se quedó prendado de los dulces ojitos de la marmota, y cuando los señores Conejo le explicaron lo sucedido, no pudo negarse a acogerla.

Estaba asombrado de que su corazón latiera sin control y de que en su tripa sintiera como si un hormiguero entero se hubiera mudado allí. ¡El señor Marmota se había enamorado! ¡Un flechazo!  ¡Eso es lo que pasó!

Al quedarse solos, se le atragantaban las palabras y sin saber qué decir no se le ocurrió otra cosa que hablarle a la marmota de sus vecinos.

—Ya verás que aquí no se puede dormir. Esos conejitos no paran de hacer ruido. ¡Todo el día con cantos y risas! ¡Ven y mira! Ahora mismo están reunidos junto a la estufa.

La invitada miró por el agujero espía y contempló a los conejitos sentados alrededor de sus papás, escuchando con atención. Les estaban contando la historia de la familia, de cómo los abuelos tuvieron que dejar, antaño, un bosque parecido a este a causa de un desgraciado incendio y de cómo los conejos de otros lugares los acogieron y les ofrecieron sus madrigueras durante las noches de invierno.

—Así, hijos míos, sabed que la familia y los amigos son la posesión más importante que un conejo pueda tener porque, adónde vaya, jamás se sentirá solo si lo acoge un hermano conejo.

A los ojos de la marmota se asomó una lagrimita de emoción:

—Señor Marmota, ¡la risa de los niños es la música de la vida! Deberías estar contento de tener una familia tan amorosa cerca. ¡No me digas que no has pensado nunca en fundar tú una!

El señor Marmota no supo qué responder, así que propuso que aprovecharan que los pequeños se iban a dormir para hacer ellos lo mismo.

—En aquel rincón estaremos bien. No hay corrientes de aire y dormiremos calientes. Por lo menos hasta que se despierten los dichosos gazapos.

Y así lo hicieron. Pasaron la noche acurrucados para darse calor.

Cuando el trajín de sus vecinos despertó al señor Marmota, se dio cuenta de que había dormido de maravilla.

La marmota se despertó poco después, se desperezó y dijo:

—Señor Marmota, muchas gracias por tu hospitalidad, pero he de marchar en busca de una casa nueva.

—¡Con este tiempo no puedes marcharte! ¡Mira cómo nieva! ¡Quédate hasta la primavera!

Ciertamente, la nieve caía sin parar y sería imposible excavar un nuevo refugio.

Justo entonces, una de las pequeñas conejitas llamó a la puerta:

—¡Buenos días! Mis papás me mandan para decirles que están invitados esta noche a la cena de Navidad. ¡Habrá muchas cosas ricas para comer!

—¡Desde luego! Iremos encantados —exclamó la marmota, entusiasmada con la propuesta.

Ya se ocultaba el sol cuando se dirigieron a casa de la familia Conejo, donde los acogieron con amabilidad —olvidando lo antipático que el señor Marmota había sido con ellos—  y les ofrecieron su hospitalidad en una noche tan bonita.

Poco a poco, el ceño antaño fruncido del señor Marmota dio paso a una dulce sonrisa y, para sorpresa de todos, hasta se atrevió a cantar con los conejitos y a participar en sus juegos.

La marmota lo miraba de reojo y supo que jamás lo dejaría ya solo, ella era la que había obrado el milagro.

¡Aquella fue una Navidad maravillosa! ¡La primera de muchas!

En los años siguientes, en la madriguera de los señores Marmota, la Navidad también estuvo llena de risas y cantos, dulces y sorpresas ya que pequeñas marmotitas vinieron a llenar de amor el otrora triste y solitario refugio del señor Marmota.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar «Una tranquila Navidad» con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. El cuento es precioso y muy apropiado para estas fechas que es cuando más solidarios debemos ser los humanos. Me ha gustado el fondo y la forma, la manera sencilla y directa de mostrar cómo vive Conejo con su familia y Marmota solitario, y cómo esa soledad se convierte en amor por las circunstancias. Pecioso, amiga. Te felicito sinceramente. En el cuento aprendemos muchas cosas, sobre todo el amar a los vecinos y comportarse bien con ellos. Un cuento navideño de lujo. Felicitaciones Juani. A Martes. Mi abrazo para las dos y para quien lo ha ilustrado. Genial. Feliz Navidad a los tres. Besos. O dejo mi ovillejo inspirado en el cuento.

    ¿Quién duerme y nunca alborota?
    Marmota.
    ¿Y quien le causa complejo?
    Conejo
    ¿Por qué en apuros se llaman?
    Porque aman.

    En apuros se reclaman
    y se avienen a razones
    desde sus habitaciones
    Marmota y Conejo se aman.

    ©Julie Sopetrán

    • 🙂 Gracias por decirlo. Palabras de ánimo así, son las que empujan a seguir buscando cuentos que compartir con vosotros.
      Hay leyendas japonesas preciosas y como no eres el único al que le ha gustado la leyenda de Kaguya-Hime, a ver si en breve comparto alguna más.

  2. Precioso cuento e ilustracion Gracias Aqui un sol despiadado me llena de alergia y no se como protegerme Socorro
    Estoy encerradita como el sr Marmota…hACE MUCHO QE NO APAREZCO, TENGO A MIS ÑINOS TAN LEJOS..LAGRIMITA AZUL…
    Compartido en face

    • ¡Querida Edda! Me hace especial ilusión leerte en estas fechas. Con sol, con frío, de paseo o encerrados… Te deseo lo mejor para estas fechas y espero que, como el señor Marmota, pases una feliz Navidad. Millones de besos 😉

  3. Que bonita historia! Me ha recordado a las sutiles, tiernas y delicadas historias de Beatrix Potter. Tambien la ilustración, espectacular. Que forma más redonda de ir preparando la Navidad. Lástima que de tan relajado mis Hijos se han dormido antes de acabar el cuento (aunque de eso se trata). Pero no importa mañana habrá ocasión de leerles el final 😉
    Felicidades a las autoras!!! Y feliz Navidad a todos lis habitantes de isla imaginada!!

    • Muchísimas gracias Noemi. Empezar el día con tus palabras es un empuje fantástico. Espero que tus niños se durmieran porque estaban muertos de sueño y no de aburrimiento jaja….Feliz Navidad!!!

    • 😀 😀 😀 ¡Pues mejor! Los cuentos por entregas tienen más ventajas: duran más y, cuando se quedan dormidos, tú puedes descansar también un rato y mimarte, que con los niños pequeños, a veces, es muy complicado 😉 ¡Leer cuentos del martes solo aporta ventajas! 😀 😀 😀

  4. Desde luego las pobres marmotas deben dormir todo el invierno. Pero como los cuentos son fantasía me he permitido la licencia de dejarlo despierto. Saludos!!!

  5. A todos los lectores que buscais un instante para leer un cuento en estos días tan atareados, muchas gracias por mantener el espíritu ingenuo de la niñez y FELIZ NAVIDAD!!!!

  6. Si al espíritu de la navidad le unes la alegría y las risas de los pequeños, no hay señor Marmota huraño que se resista.
    Besetes, niñas, de esos que se dan en todas las épocas del año.

Trackbacks

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.