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La abuela tejedora

Ilustración: Moonshen

Un día llegó a una pequeña ciudad una abuela muy anciana. Solo llevaba un bastón y un par de agujas de tejer. Recorrió la ciudad y no encontró casa, entonces se sentó en el campo sobre una piedra fría y tejió unas hermosas pantuflas para reposar sus pies cansados.

Pero la abuela no quiso poner sus pantuflas sobre la tierra. Así que se tejió un tapete.

Luego se preguntó dónde lo podría extender. A su alrededor solo había espinas y rastrojo. Y de nuevo se puso a trabajar. Suenan, suenan las agujas.

Dos segundos más tarde, había tejido el piso, y de ese problema se olvidó.

Pero ahora, ¿dónde conseguiría una cama o un sillón? De nuevo se puso a trabajar. Suenan, suenan las agujas. Tejió una cama, una almohada y un colchón. Tejió una funda, una colcha y una sábana.

Pero ¿cómo podría dormir sin una cortina? Y de nuevo se puso a trabajar. Suenan, suenan las agujas. Tejió una pared, una ventana y un mosquitero. Tejió una columna y luego otra y sobre ellas tejió el techo.

Pero, sin té ni tetera, ¿qué haría para desayunar? Entonces se puso a tejer una tetera y un pastel. Tejió tres tazas, pues sola ahí no quería vivir. Suenan, suenan las agujas.

La abuela supo qué quería, se tejió un nieto y una nieta.

Con hilo fino les agregó unas muecas de tristeza, otras de risa y mucha picardía. Afuera tejió césped y flores. Adentro, puertas con manijas. Y los dos nietos salieron a la terraza a brincar sobre hierba de estambre verde.

La abuela seguía tejiendo juguetes, estantes, roperos, mientras afuera dos pícaros traviesos algunas flores destejieron.

Luego el pícaro atrapó a la pícara y le rompió unos hilos del tobillo. Y ella a su hermano le descosió un pedazo de espalda.

La abuela tejedora no se enojó. Remendó el tobillo y el pedazo de espalda reparó.

Con estambre negro tejió un poco de oscuridad, acostó a los niños y los arropó. Y frente a la cama se sentó a tejer dulces sueños de fina trama.

Por la mañana tejió un libro para cada uno de sus nietos y a la escuela los llevó. Pero los maestros dijeron al verlos:

—No aceptamos niños de estambre.

La abuela contestó:

—Son niños lindos y encantadores. Vean lo que saben. Son tejidos, pero no es culpa de ellos.

—¿Niños de hilo y huecos? ¡No en nuestra escuela! ¡Eso no es respetable! —dijeron los maestros.

La abuela era obstinada Así que suenan, suenan las agujas.

Tejió un coche y en él viajaron a exigir una disculpa. El alcalde y sus consejeros escucharon a la abuela y decidieron que en una ciudad decente no podían aceptar niños llenos de agujeros.

—¿Qué clase de alcaldía es ésta? —preguntó la abuela y, de nuevo, se puso a trabajar.

Suenan, suenan las agujas. Tejió un avión, y en él volaron a la capital. Discutieron con el presidente y sus ministros

—¿Niños de hilo y huecos?

Fruncieron la nariz y declararon:

—El alcalde y los maestros no se equivocan, aquí no hay lugar para niños de estambre.

Ya para entonces la pequeña ciudad era famosa. De todas partes venían turistas a conocer la extraña casa y su jardín.

El alcalde y sus consejeros decidieron levantar una cerca para proteger la casa, pues en ninguna otra parte había una así, toda tejida. Pero la cerca no sirvió, pues la abuela tejedora, muy enojada, destejió en secreto por la noche la casa entera: las puertas, las paredes, la cerca, las flores, la tetera.

Ya no suenan las agujas.

Cuando desapareció todo, la abuela destejió a sus nietos también. Tomó su bastón y abandonó el lugar para siempre.

Pero la abuela encontrará otro lugar y tejerá todo nuevamente. Lo primero serán sus nietos, para que vuelvan a reír y a correr. Y si en aquel lugar encontrara gente agradable, que con gusto acepte a sus nietos, la abuela tejedora, sin preocuparse, se sentará a tejer y tejerá, tejerá, tejerá…

FIN

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan ¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Comments

  1. Hay necios a millares repartidos por el mundo, en vez de juzgar a los niños como niños, andaban quejándose de su aspecto, pero cuando las cosas tejidas les dieron dineros, bien que les gustaban. Pobre abuela siempre tejiendo y destejiendo. Espero que pronto encuentre dónde vivir con sus agujas y sus nietos.

  2. Entre sus múltiples interpretaciones, me quedo con la de los sueños, el recuerdo de las abuelas que tejen y tejen para que no se noten las realidades… Es un cuento increíblemente didáctico, nos enseña a pensar y a sentir. Cuántos sueños realizamos al escribir un poema, hacer una comida, envolver un regalo… Y cuánto tenemos que deshacer después al no ser aceptado, o que no guste ni la comida ni el regalo… por poner un ejemplo. Bueno, para no perder la costumbre y porque me gustó mucho el cuento, ahí te dejo esa seguidilla para la abuela especialmente.

    La tejedora es diosa
    teje que teje
    va trenzando deseos
    con sus haceres.
    ¡La tejedora es maga
    que inventa con agujas
    sueños con alma!
    La tejedora crea
    un mundo nuevo,
    muy diferente al otro
    lleno de peros.
    ¡Pobres niños de estambre
    ya todos destejidos
    de libertades…!

    Julie Sopetrán

    • Es hermosa tu reflexión. Tejer sueños debería ser una asignatura en la escuela.
      Y tu poema… esta lleno de alma, ternura y sentimiento, como solo los buenos tejedores de palabras consiguen hacer.
      Por muchas veces que te de las gracias por llenar esta espacio de rimas hermosas, no habrá suficiente. También con ellas has tejido nuestra amistad 🙂
      ¡Un abrazo, querida Julie!

    • Siempre nos pasa, Felicitas, nos da miedo lo «otro» y la manera más fácil y rápida de defendernos es atacándolo o destruyéndolo. No intentamos comprender lo que puede y podemos ofrecer en un intercambio.
      Es triste, pero es así y parece que los siglos y la historia no nos enseñan nada.

  3. Lo verdaderamente mágico -y necesario- serían agujas que pudieran destejer cualquier material. Me imagino a la abuela, con esas agujas, destejiendo muros, alambradas, vallas y sus puertas, fronteras…

    Gracias por traer este cuento y todos. Salud y agujas de futuro, Martes de Cuento

    • Me gusta especialmente tu reflexión. Sería estupendo poder prescindir de todo aquello que daña a las personas y hace del mundo un lugar inhabitable.
      Tal vez no podamos destejer lo malo, pero cada uno, a nuestro modo y el la medida que podamos, deberíamos tejer algo hermoso en nuestro paso por la vida 😉

      • Efectivamente. Es… ¿cómo decirlo?… un efecto secundario de ser una especie tan “particular”: nuestra consciencia -somos seres vivos, morimos y dejamos de existir- produce, entre otros, dos efectos secundarios: uno, pernicioso, lleva a muchos a comulgar con cuentos alucinatorios en los que no dejan de existir, sino que “cambian de estado”; otro, constructivo y beneficioso la mayoría de las veces y, en realidad, relacionado con el primero, nos lleva a querer dejar un rastro bien valorado por los demás, que nuestra vida sea recordada con agrado…

        ¡qué bien irían, a esos efectos, las agujas!

        Disculpad la parrafada. Tengo que cocinar sólo para la tripulación, y voy sobrado de tiempo.

        • A mi, las parrafadas, me encantan 😉 Y más cuando «derivan» a temas tan filosóficos 😀 😀 😀
          Te diré que, «a la estela» de lo que dices, creo que los humanos deberíamos aprender a hacer como las vacas, que dan en vida todo lo que tienen y, al morir, siguen ofreciendo a los demás y dejan un hermoso recuerdo de su paso por la Tierra. Pero, por desgracia, la mayor parte nos comportamos como los cerdos, que durante su vida van a la suya y solo al morir ofrecen lo que son y tienen.
          ¡Reivindico la mutación en vaca! 😀 😀 😀 ¿Será por eso que las adoran en India?
          Cambio radical de tema. ¿Qué piensas cocinar hoy? 😉 Espero que no ofrezcas un bistec de ternera a la tripulación 😀 😀 😀 :

  4. Hermoso cuento. Escucho desde este otro lado de la isla el sonido de sus agujas, su tejer y destejer la vida, pertinaz, sin decaer en sus empeños, sin dejarse comprar ni vender. Bravo por ella y por todas las abuelas que se le parecen.
    Un fuerte abrazo de cuento y poesía.

  5. Me encantaría poder tejir mi vida como la abuela, y si no estoy contento, poder destejerla y a empezar de nuevo.
    La intolerancia hacia los demás, forma parte por desgracia incluso en los cuentos, pobres niños de estambre.
    Feliz primer martes primaveral 🙂

    • No estaría mal poder tejer y destejer la historia, pero como los seres humanos nunca estamos satisfechos del todo, a lo peor nuestra vida se convertiría en una maraña enredada de hilos.
      ¡Feliz primer martes de primavera, Toni! Un abrazo tejido con nudos fuertes.

  6. Descalzo, casi desnudo. Empezar de cero de nuevo sin saber ni donde. En silencio al principio, que no sepan de donde eres.
    La no aceptación por sexo raza o religión de lo que más quieres duele en lo más hondo del alma. Puedes aguantar cambiar de país, levantar una nueva casa, pero que rechacen a tus niños no.

  7. Sería ideal tejer nuestra vida a medida. Y si no nos gusta, pues volver a empezar la labor. Supongo que es lo que hizo el autor. Deshacer su dura realidad y crear imaginación y ternura con sus cuentos. Animo a consultar “quien escribe y quien ilustra” para conocer mejor al autor.

  8. Para mi es un cuento de evasión, al leer la biografía del autor, te das cuenta de ello…me ha gustado mucho y la ilustración genial…felicidades Martes de cuento, cada semana te superas…..

    • Cierto, Jerby, muy buen paralelismo. Hay quien no sabe apreciar los tejidos y, entonces, lo mejor es deshacer la labor y empezar a tejer en otro sitio 😉
      Seguro que siempre será posible encontrar un rincón, real o 2.0. en el que se sepa apreciar el trabajo de uno.
      Feliz martes 😉

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