El Árbol

mancha verdeCuando en la Tierra no se habían inventado todas las palabras —y de eso hace tanto tiempo que la Memoria apenas guarda recuerdo—, sobre nuestro planeta solo vivían árboles. Habitaban muy lejos, en un remoto jardín.

Debéis saber que, por aquel entonces, el mundo era muy pequeño. En realidad, solo era un proyecto de mundo, porque lo único que había en él era ese lugar, que no se sabe cómo, cuándo ni por qué apareció. Nada de lo que conocemos ahora existía. Para que lo entendáis; pensad en una gran hoja de papel en blanco y en un rinconcito, una diminuta manchita verde.

En ese espacio, había árboles, árboles y más árboles por doquier, que entrechocaban sus ramas y por el nombre de cuyos frutos eran conocidos.

Estaba el Árbol de la Vida, que daba vida; el Árbol de las Tormentas, de cuyas ramas pendían rayos y truenos; el Árbol del Bien y del Mal, en el que se mecían acciones buenas y malas. El Árbol de los Enfados, con gritos y rabietas balanceándose en él…

En fin, de cada uno de ellos colgaba algo: Sorpresas, Deseos Posibles e Imposibles, Pensamientos, Muerte, Conocimiento, Risa, Dolor, Envidia… Había tantísimos, que sería imposible nombrarlos sin olvidarse de alguno.

Los árboles lo cubrían todo, pero como en esa época tenían la facultad de caminar, se paseaban a sus anchas a lo largo y ancho de aquel territorio, sin molestarse entre ellos. Cuando se cansaban de un vecino, desenterraban sus raíces y se trasladaban a otro sitio, aunque nunca iban demasiado lejos y jamás, bajo ningún concepto, se atrevían a traspasar los límites marcados, porque más allá, hasta donde la vista alcanzaba, lo único que se divisaba era un inmenso desierto blanco.

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Ilustración: Enrique Carlos

Sin embargo, entre aquella verde multitud había uno que era distinto del resto. Un árbol que, por algún inexplicable fenómeno, no tenía ramas, sino que estaba coronado por brillantes lápices de colores, que al soplar el viento trazaban efímeros arcoíris en el aire.

Los otros árboles pensaban que era un poco raro y no se decidían a considerarlo uno de los suyos, ya que de sus estrafalarios brazos no pendía nada; y, según decían, un árbol sin ramas y sin frutos no podía ser un árbol de verdad. De él nada podía esperarse. Cierto es que era muy bonito, pero era inútil.

Por eso, aquel árbol solía vagar solo por el margen del jardín. Siempre un poco triste, con sus rama-lápices mustias a causa de la melancolía.

Suspirando, se sentaba justo allí donde empezaba el vacío blanco y pensaba sobre el porqué de su insólito aspecto, sin encontrar respuesta y sin comprender qué hacía él en aquel lugar, donde cada uno tenía su cometido.

Aquel árbol, por no tener, no tenía ni nombre, porque, aunque se llamaba Árbol de la Imaginación, nadie jamás había contemplado sus frutos.

Un día en el que estaba especialmente alicaído, sus lápices rozaron sin querer el blanco suelo exterior y, ¡oh, maravilla!, de pronto comprendió que, al fin y al cabo, no era un árbol inútil y que aquellos trazos multicolor debían de ser la Imaginación, aquel extraño fruto que nunca había visto, pero al que debía su nombre.

Al principio, tímidamente, dibujó cosas pequeñas: unas briznas de hierba; una hormiguita atareada sobre ellas; florecillas de vivos colores aquí y allá…

Al ver todo lo que era capaz de crear, se animó y, atreviéndose a ir más allá, traspasó los viejos límites. Saltó el margen y, con vertiginosos movimientos de la punta de sus ramas, fue dibujando sobre el inmaculado lienzo ahora un búho, luego un abrazo, olor a menta, un cocodrilo, un par de zapatos, un eclipse, demonios, una lágrima…

El Árbol de la Curiosidad, sin poder resistir el peso de sus frutos, se acercó a mirar. Tras él, siguieron los demás árboles. No daban crédito a lo que veían y, con grandes precauciones, se dispusieron a seguir la estela multicolor que iba dejando tras de sí el Árbol de la Imaginación, que ya se alejaba pintando un nuevo universo jamás visto.

El primero que puso sus raíces fuera de la seguridad del jardín fue el Árbol de la Vida y, a su contacto, todos los dibujos se animaron.

Tigre y león rugieron hambrientos, y se abalanzaron sobre el árbol más cercano, que resultó ser el de la Fiereza. Cuando mordieron sus rojos frutos, estos estallaron en sus fauces salpicando a un gato, que se apresuró a lamer las manchas que habían caído sobre su piel.

Una mariposa, tres urracas, un ángel y el resto de seres a los que el Árbol de la Imaginación había dibujado alas, picotearon granos del Árbol de los Altos Vuelos y echaron a volar, a excepción del pingüino, el kiwi, el dodo, los emús y alguno más, que se entretuvieron eligiendo vestido en el Árbol de las Plumas, llegaron tarde y no probaron ni un bocado.

El beso y la caricia se hartaron de comer del Árbol del Amor, lo mismo que los mimos y los apapachos, que no dejaron ni las migas.

El caracol comió bayas del Árbol de la Lentitud, e invitó al perezoso y a la tortuga, que se dieron un atracón de aquel pegajoso alimento.

El ser humano probó un poco de casi todo. Mordisqueó el escaso fruto del Árbol de la Sabiduría, pero como era muy duro, enseguida lo tiró, Probó las bayas del Árbol de la Tontería, que eran fáciles de pelar y muy dulces al paladar. Se atiborró de ellas y esparció las semillas a los cuatro vientos —es por eso que hay tanta tontería dispersa por el mundo—. También sorbió el picante néctar del Árbol del Poder, chupó las burbujeantes pepitas del Árbol de las Palabras y masticó un poco de goma del Árbol de la Compasión… Hizo tal mezcla de frutos, que aún anda recuperándose de aquel empacho.

Poco a poco, el blanco lienzo dejó de ser blanco y fue convirtiéndose en el mundo que ahora conocemos: ballenas, lirones y dragones, montañas nevadas, brujas, cielos estrellados…

El Árbol del Tiempo extendió sus espesas ramas para dar sombra; el Árbol del Recuerdo abrió con sus raíces largos túneles bajo la superficie; el Árbol de la Tristeza lloró lágrimas saladas que formaron mares, en cuyas aguas se sumergieron los peces; y el Árbol del Olvido… ¡ese lo olvidó todo!

Cada uno repartió lo que tenía y llegó el momento en el que no hubo ni más blanco que pintar, ni más frutos que ofrecer y los árboles fueron echando raíces allí donde quisieron, y ya nunca más volvieron a caminar sobre la Tierra.

Bueno, excepto uno: el Árbol de la Imaginación, que no agotó sus frutos y siguió caminando. Cuando llegó a los confines de la Tierra, se fue a explorar los senderos del Sueño y por allí anda todavía.

Es por eso, que al cerrar los ojos, pintamos los seres más hermosos, los monstruos más espantosos, los deseos más ardientes, las utopías más locas, las ilusiones más irrealizables y otras mil cosas extrañas más. Son los frutos del Árbol de la Imaginación que, en ocasiones, escapan de Isla Imaginada, penetran en nuestro mundo y se hacen realidad.

FIN

Reader Interactions

Comments

    • 🙂 Me encanta saber que a tus peques les gustó, Óscar. Sin duda, el hecho que tú dediques tiempo a leerles cuentos hará de ellos grandes lectores y grandes personas, como su papi 😉
      Un abrazo grande.

  1. He estado googleando un poco por posts de alta calidad o entradas en webs sobre estos contenidos. Explorando en Google por fin encontré este blog. Con lectura de esta articulo, estoy convencido que he encontrado lo que estaba buscando o al menos tengo esa extraña sensacion, he descubierto exactamente lo que necesitaba. ¡Por supuesto voy hacer que no se olvide este sitio web y recomendarlo, os pienso visitar regularmente.

    Saludos

  2. Hola, soy una fiel seguidora de la maravillosa poeta Julie Sopetrán y, leyendo su última entrada me di cuenta que su último poema estaba inspirado en tus doscientos cuentos. Una cifra increíble y que habla de tu bien dotada y maravillosa imaginación. Ahora, que acabo de leer el cuento, solo decirte ¡felicitaciones! y que ese árbol bendito que todavía camina -pese a sus años-, sigue dejando belleza y magia en todo aquel que se acerca y muerde de sus frutos.
    Precioso cuento.
    Un gran abrazo.

    • Compartimos la admiración por las letras de Julie aunque, sobre todo, yo la admiro también por su personalidad amable y generosa 🙂
      De los 200 cuentos de este blog, algunos, como este de «El Árbol», están escritos por mí. Otros los he editado o reescrito y otros son de otros autores amigos que han tenido la amabilidad de colaborar.
      Me alegra muchísimo que este te haya gustado por lo que significa.
      ¡Un gran abrazo, Taty!

  3. No puede ser más bonito este cuento. Ni más hermosa la metáfora de la creación de nuestro mundo. Espero que el árbol de la imaginación siga creando lugares y espacios maravillosos . Enhorabuena por estos 200 cuentos y por este espacio mágico. Un abrazo enorme

  4. Primero: Felicidades por llegar hasta los 200 cuentos martes a martes (ahora, como suele decirse, a por 2000 más)
    Es el Génesis más bonito que he leído nunca.
    Y de los frutos de los árboles primigenios deben quedar por ahí algunos, porque hay cosas que no se acaban por mucho tiempo que pase, menos mal que la imaginación es una de ellas.
    Precioso cuento una vez más. Gracias por compartirlo con nosotros.

  5. Un hermoso cuento, metáfora de las emociones de la vida, que algunas terminan, otras se olvidan, otras que no progresan, pero al que hay alimentar siempre es al árbol de la imaginación para que perduren los otros, desde que es uno pequeño, hasta la vejez, hasta la muerte.

    • 🙂 Gracias por tus palabras, mokattz. Sin duda, la imaginación es una de las características que nos hace mejores personas y nos ayuda a emprender el vuelo en busca de esas emociones de la vida. ¡Nunca hay que renunciar a ir tras ellas! De niños, de adultos y de ancianos siempre hay algo por lo que vale la pena luchar y siempre hay algo en lo que vale la pena soñar.
      ¡Un abrazo y gracias por visitarnos! 😉

  6. Me a encantado el cuento estaba superchuli a habido palabras que no entendía la parte mas encantadora del cuento para mi es cuando empieza a cobrar vida y a tomar los frutos de cada cualidad.
    Yuliana 11 años .

  7. Magnífico el cuento 200. La imaginación abre el camino, pero necesita a los demás árboles para darle vida a sus creaciones.

    No hay que olvidar que todo lo que existe en el mundo ha sido antes imaginado.

  8. Hermosa manera de explicar la génesis de nuestro planeta, y me ha encantado que el árbol de la imaginación siguiera su camino. Es claro que de la tristeza, del dolor, de las adversidades florezca la fortaleza que empuja la vida.
    Gracias a este imaginativo árbol y a los frutos que deja caer en la Isla Imaginada.
    Un abrazo fuerte.

    • 🙂 Mientras nuestro amigo Árbol siga andando, la Tierra y sus habitantes tendrán esperanza. Sin la imaginación, nada es posible 😉
      Ciertamente, las adversidades no son agradables, pero también es cierto que hacen que nos conozcamos mejor y sacan lo mejor de nuestro interior 😉

    • 🙂 Me alegra mucho que te haya gustado y te agradezco que lo hayas compartido en tu espacio. Los cuentos deben viajar y llegar a muchas personas. Cuantas más, mejor 🙂
      ¡Un gran abrazo!

  9. Es un cuento precioso, y tengo que felicitarte porque es, sí, un resumen de cuentos, de versos, de músicas, de arte, de creatividad. Me ha gustado mucho y hoy te mando este poema que me ha inspirado tu cuento… Y creo que no terminaría de escribir un poema larguísimo hablando de árboles. Hace tiempo otra compañera bloguera me pidió que escribiera algo de árboles y también lo hice. Te mando el link.
    https://eltiempohabitado.blog/haikus-para-ninos-aprender-de-los-arboles/

    Hoy mi poema es libre aunque intenté escribirlo en versos alejandrinos. Para ti especialmente.

    Yo fui un árbol de aquellos, con diferentes formas
    tilos, fresnos, laureles… nogal, encina, olivo,
    frutales de los huertos del viejo monasterio
    junto a la acacia anciana, nació al azar mi verso
    que luego fui a leerlo, raíces, tronco, copa,
    muy cerca del Guernica, junto a mi mar Cantábrico.
    Y me quedé soñando subida en un peral
    mirando al cielo, un mar… Barca mi fantasía
    Me sorprendió el granado y el kaki y la palmera
    y aún me abrazo a los chopos plantados por mi padre.
    Los almendros, los olmos, las hayas, los abetos
    todos fueron amigos de infancia junto al monte.
    Los cedros, los enebros, los robles, los cipreses
    todavía me dicen fabulosas historias
    de bosques y corales que atesoran ideas
    donde juegan los duendes, donde anidan los pájaros
    donde todo es la mezcla de las propias raíces.

    Julie Sopetrán

  10. ¡Me encantó el cuento! Muy original. A veces es así, uno no tiene muy en claro su propósito en la vida y de repente, por casualidad, allí está… Si el árbol no se hubiese sentido triste, nunca hubiese descubierto su verdadero destino. Bello, bello, bello. Lo aplaudo de pie.

    • Cuánta razón tienes, Capicuentos, al decir que, en ocasiones, uno no encuentra su sitio en la vida y es la casualidad la que nos lo hace ver.
      Te agradezco infinito tu comentario porque tú, que escribes buenos cuentos, sabes que uno nunca acaba de estar del todo convencido de lo que escribe 😉
      En este caso, la inspiración se la debo por completo a la ilustración de Enrique Carlos,

  11. Genial, Martes. Me ha entusiasmado el cuento, realmente bonito.
    Me identifico un poco con ese árbol que no sabe para qué sirve, ya lo has dicho tú pero todos los que creamos algo nos podemos sentir reflejados en el árbol de los lápices.
    Felicidades también al ilustrador, me gusta mucho el dibujo.

  12. Ahora entiendo porque tenías tanto empeño en que leyera este cuento.
    Ante todo, ¡muchas felicidades por tu cuento número 200! No me lo hubiese perdido, pero después de la pequeña coincidencia del otro día, menos aún.
    Un abrazo, querida Nona. Es preciocísimoooooooo. <3

  13. Una guinda maravillosa para celebrar los 200 cuentos 🙂 Imagino que pasará cuando publiques el cuento 1.000!!!!!!

    Que feliz me siento al poder formar parte de éste pequeño grupo afortunado que visitamos asíduamente nuestra Isla Imaginada. <3

    • Eres de los primeros que piso esta Isla Imaginada y, desde entonces, has seguido siempre a nuestro lado animándonos sin faltar ni un solo martes. Por amigos como tú es por lo que este espacio sigue respirando.
      ¡¡Gracias, Toni!!

      • Es una maravilla leerte. Toni me dio el enlace de alguno de tus cuentos, pero ahora intentaré recordar que cada martes tenemos un pedacito de ti que nos hace respirar hondo al notar un pellizquito en el corazón que te saluda y te da las gracias en forma de suspiro.
        Un abrazo!

        • 🙂 Pasa siempre que quieras, Maribel, que en Isla Imaginada tienes un espacio para desconectar del bullicio y regresar a la infancia, aunque sea por un rato.
          Toni es amigo de la Isla desde ya hace mucho tiempo y cualquiera de sus amigos lo es nuestro también 😉
          ¡Un abrazo grande!

  14. Hoy he tenido un bonito despertar!! He leído la historia verdadera de cómo se formaron todas las cosas que habitan nuestro mundo y es tan maravillosa que me ha llenado de energía para pasar un feliz día. Felicidades amiga!! Es un pequeño tesoro para releer con los niños mil veces. Un fuerte abrazo y mi admiración!!
    .

  15. De ese árbol somos hijos todos aquellos que, bien o mal, mucho o poco, creamos desde las palabras, desde el lienzo o desde un instrumento. Por cierto, me hizo recordar a los Ents, esos deliciosos personajes creados por Tolkien.

    Un fuerte abrazo.

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