Skip links

Main navigation

Los cuatro dragones

Four Dragons-Co

Ilustración: Gemma Font

Al principio de los tiempos, sobre la Tierra, no había ríos, ni lagos, únicamente existían las aguas del mar del Este, custodiadas por cuatro dragones: el dragón Largo, el dragón Amarillo, el dragón Negro y el dragón Perlado.

Un día, los cuatro dragones decidieron explorar el mundo, emergieron de las profundidades  marinas y  volaron hacia el cielo.

En las alturas, planearon con el viento, se persiguieron riendo y se divirtieron, hasta que, de pronto, el dragón Perlado refrenó su vuelo y rugió señalando hacia la Tierra:

—¡Mirad!

Sus compañeros se acercaron y, escondidos entre las nubes, dirigieron la vista hacia donde les indicaba su amigo.

Abajo, sobre la superficie, vieron una multitud de gente afligida que quemaba incienso, hacía ofrendas y suplicaba:

—Dios del cielo, envíanos agua para que no muramos de sed.

—Dios del cielo, danos agua para que no mueran nuestras cosechas.

Los cuatro dragones contemplaron los cuarteados campos de arroz, que ya hacía tiempo que se habían bebido hasta la última gota de agua; la verde hierba, que agachaba sedienta su marchita cabeza; y los árboles, desnudos de sus hojas, como tristes esqueletos abrasados por el sol. Hasta donde la vista alcanzaba, solo se veía un desolado paisaje, amarillo y adusto. Hacía demasiado que no llovía.

—Esa gente es piel y huesos —dijo el dragón Amarillo—. Morirán pronto si no llueve.

—Deberíamos ir a contarle al Emperador de Jade que la Tierra está sedienta —sugirió el dragón Largo—.  Ya es hora de que envíe lluvia.

Estuvieron todos de acuerdo y emprendieron el largo camino que conducía al Palacio Celestial, la morada del Augusto de Jadeel dios del cielo.

Molesto al verlos llegar, el todopoderoso Emperador, gruñó irritado:

—¿Cómo os atrevéis a presentaros ante mí sin ser convocados? ¡No permitiré que alteréis mi descanso! ¡Regresad al mar al instante!

—Gran Emperador, perdonad nuestra intromisión, pero debéis saber que la Tierra se muere. No llueve desde hace mucho, las cosechas se están secando y la gente tiene hambre y sed. ¡Enviad lluvia, por favor! —rogó el dragón Largo.

—Mañana, mañana… Mañana enviaré lluvia a la Tierra. Vosotros volved al mar —refunfuñó con desgana el Emperador, mientras con un suave balanceo de su mano derecha indicaba a los dragones que se alejasen de su presencia.

Durante los siete días siguientes, los cuatro amigos miraron esperanzados el cielo, pero ni una gota cayó.

Cada vez más débil y triste, la gente sobrevivía comiendo hierba seca, masticando tierra y lamiendo el rocío que la noche depositaba sobre las piedras.

Estaba claro que al Emperador de Jade, los humanos no le importaban. Solo pensaba en su propio bienestar y placer. Los cuatro dragones estaban apenados.

De pronto, mientras observaba apesadumbrado el mar del Este, al dragón Largo se le ocurrió una idea:

—¿Qué os parece si nos llenamos la boca con agua de mar y la lanzamos sobre la Tierra desde el cielo? Caerá como lluvia y así tal vez podamos salvar las cosechas para que la gente pueda comer.

A sus compañeros les pareció una idea brillante. Se apresuraron a llenar sus bocas de agua, alzaron el vuelo para alcanzar las nubes y, desde allí, la arrojaron.

Repitieron la misma operación muchas veces para pulverizar agua de mar,  que caía en forma de generosa lluvia, sobre la reseca Tierra.

—¡Llueve! ¡Llueve! —gritaban con alegría los niños chapoteando en los charcos.

—¡Llueve!, ¡Llueve! —gritaban los adultos dando gracias al cielo.

En los campos de arroz se formaron riachuelos y los pequeños brotes sedientos empezaron a reverdecer.

En la Tierra, renacía la vida.

Las oraciones de agradecimiento llegaron a oídos del Emperador de Jade que, furioso, comprendió que los cuatro dragones habían desobedecido.

Ordenó a sus emisarios que capturasen a los transgresores y los condujeran ante él:

—Vuestra osadía os costará cara. Os condeno al encierro eterno —Decretó airado.

Y, seguidamente, pidió al dios de las montañas que sobre cada uno de los dragones elevara una cordillera, de manera que jamás pudieran liberarse.

Los dragones quedaron atrapados para siempre bajo elevados montes, sin embargo, no renunciaron a ayudar a los humanos.

Para poder salir de su encierro, se convirtieron en caudalosos ríos, atravesaron su cárcel de rocas y, antes de regresar a su hogar en el lejano mar, bañaron las tierras por las que iban transcurriendo, hasta convertirlas en fértiles vergeles.

De este modo, nacieron los cuatro grandes ríos que, hasta hoy, dan de beber a la China: el Hēilóngjiāng o Amur, del dragón Negro; el Huáng Hé o río Amarillo, del dragón Amarillo; el Yangtsé o Cháng Jiāng, del dragón Largo;  y el Zhū Jiāng o Río de las perlas, del dragón Perlado.

FIN

Si quieres, también puedes escuchar “Los cuatro dragones” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Reader Interactions

Comments

  1. Siempre le tuve miedo a los dragones, a los reptiles, a esos seres que exhalan veneno, pero que sin duda pueden ser mejor de lo que imaginamos como pasa en el cuento. Un cuento que me ha hecho pensar en lo que fue el dragón para mi en mi infancia y en lo que es ahora el dragón de la fantasía… Me ha gustado mucho el cuento, Nona. Por eso, porque no sólo me ha hecho recordar, también pensar en esos animales fabulosos de la naturaleza que hasta se apiadan de las sequías, mientras el político vive en su apatía e indiferencia… Da para mucho el cuento y tu adaptación me ha encantado. Aquí te dejo mi décima doble para que te entretengas… :)) Mi abrazo fuerte.

    El Emperador no supo
    ser amable con los cuatro,
    y el pobre chiquilicuatro
    se desentendió del grupo…
    Y porque pienso, y me ocupo
    de fuentes y de rocíos,
    de los tedios, desconfío
    y agradezco a los dragones
    sus nobles transformaciones
    en lo que llamamos: ríos.
    Animales fabulosos
    dragones imaginarios
    que aunque parecen contrarios
    son entes maravillosos…
    Buenos, malos, poderosos
    fantasía de mi infancia
    eran una discordancia
    les tenía tanto miedo…
    y hoy que los miro… ya puedo
    aceptar su extravagancia.

    Julie Sopetrán

      • 😀 😀 😀 Los todopoderosos suelen estar muy lejos de la realidad de los simples mortales. Solo miran sus intereses y olvidan sus responsabilidades.
        Esto me recuerda aquello de que los poderosos son como los anaqueles de una estantería, cuanto más arriba están, más inútiles son 😀 😀 😀
        ¡Un abrazo!

    • Ciertamente, en nuestra infancia nos hacemos un plano del mundo que después, al crecer, tenemos que ir modificando. No siempre lo que pensamos que es malo, es tan malo. Ni tampoco, lo que creímos que era bueno, lo es completamente 😉
      Lo que sí es bueno, y en eso no hay discusión posible, son tus poemas. Siempre acertados, siempre certeros y siempre conduciéndonos un paso más allá en la interpretación de los cuentos.
      Es un lujo conocerte y. aún más, poderte llamar amiga 😉
      Millones de besos, Julie.

  2. Tengo la sensación de que primero fueron los ríos y luego los dragones porque la imaginación se basa en la naturaleza. La mitología grecorromana está basada en plantas y accidentes geográficos entre otras cosas.

    Pero, ¿qué importa? Es una bonita forma de recordar las cosas.

    Claro que, con dibujos tan bonitos como los de Gemma, la imaginación se desparrama por Isla Imaginada.

    • 😀 😀 😀 En el caso de los cuentos, no nos importa el orden, sino el resultado. Un resultado imaginativo que nos haga volar muy lejos 😉
      En cuanto a la ilustración de Gema, sin duda, Isla Imaginada ha crecido gracias a ella 😉
      Un abrazo, ratón.

      • Muchas gracias Jerby y Nona por vuestras palabras!! Soy muy feliz de poder pasearme por esta Isla Imaginada llena de cosas bellas y de compartir mis creaciones con todos vosotros!! un abrazo para los dos:)

  3. Los mitos o leyendas siempre son una buena fuente donde abrevar; la idea de justificar algo a través de un relato siempre tiene esas dos lecturas: la infantil (directa e inocente) y la adulta (interpretativa e inquisidora). ¡Es una fortuna poder formar parte de las dos!

    Un abrazo.

    • El tiempo agrega significados a las cosas que leemos. Es la inevitable hermenéutica de la vida 😉 Pero la parte positiva es que si no dejamos de leer cuentos en la edad adulta, podemos sorprendernos al descubrir nuevos significados. ¿Y acaso no es en la capacidad de sorprenderse donde radica uno de los secretos de no envejecer y seguir creciendo? ¡Dejémonos sorprender de nuevo por los cuentos!
      ¡Un abrazo!

    • Con esta, además, van a aprender, además, sobre geografía 😉
      Te agradezco muchísimo que te apoyes en «Martes de cuento» para abrir a tus nietos una ventana a la lectura.
      ¡Un abrazo inmenso, querida Felicitas! Y otro para tus pequeños lectores.

  4. Es interesante cómo los cuentos y su fantasía nos dan explicación a cosas reales. En este caso el nacimiento de los ríos. Preciosa historia. El personaje de Jade me ha recordado a Escarlata. Mañana, mañana…..y nunca llega. Menos mal que ahí estaban los buenos dragones!!! Saludos cuenteros!!

    • 😀 😀 😀 Escarlata y Rhett… ¡ya estamos todos! 😉
      Afortunadamente, los dragones orientales son buenos, cosa que no sucede con los occidentales, que suelen ser de lo más malo 😉
      ¡Un abrazo, Juani!

    • 🙂 Gracias por tus palabras, Natali. Como bien dices, este tipo de cuentos, además de dar una explicación fantástica de las cosas que nos rodean, suele exaltar la naturaleza en este caso, el agua. Y eso es algo que hace mucha falta para que las personas tomemos conciencia de la importancia de preservar el mediomabiente.
      ¡Feliz martes de cuento! 🙂

    • Bajo mi punto de vista, es la imaginación más grande la que produce esas historias, puesto que cuando inventamos de la nada no tenemos la dificultad añadida de que las cosas «cuadren» con la realidad, como en este caso se hace con los cuatro ríos.
      ¡Un abrazo, Toni!

    • 🙂 Gracias a ti, Isabel, por tener presentes los cuentos durante tu descanso estival 🙂 Me gusta imaginarte leyendo el cuento cerca de ese mar que tanto adoras.
      ¡Un abrazo, querida amiga!

  5. Me gustan mucho estos relatos o leyendas que sirven para interpretar el entorno, son muy poéticos.
    El emperador otra vez me ha vuelto a recordar a alguien, no diré el nombre.
    Este cuento además es muy ecológico.
    Besos

    • 😀 😀 😀 😀 Este Emperador es algo antipático, como tantos personajillos que corren por el mundo hoy y que se ocupan solo de mirarse el ombligo, sin darse cuenta de que el mundo necesita que dejemos de maltratarlo 🙁
      Un beso inmenso, querida Eva.

    • 🙂 Ten entiendo, porque son fascinantes.
      Tengo pendiente una entrada en la «Imaginopedia» para hablar largo y tendido sobre ellos. Estos seres se podría decir que habitan en todo el planeta. Los de hay de agua, de aire, buenos y malos. Guardianes de tesoros y raptores de princesas… ¡Pero seguro que ya lo sabes si eres aficionada a ellos!
      Cuando haga la entrada, te avisaré 😉

Trackbacks

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.