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La huelga de las hormigas

Hormigas en Huelga

Ilustración: Hermes

Érase una vez, una isla del Pacífico llamada Malpelo, en la que vivían un sinfín de animales. Era un remanso de paz y tranquilidad, en el que todos los habitantes tenían su espacio y no se molestaban los unos a los otros. Cada uno tenía asignadas sus responsabilidades y nadie se saltaba las normas, todos estaban siempre de acuerdo, y de no ser así —cosa que ocurría en contadas ocasiones—, convocaban una Asamblea, debatían, votaban y, finalmente, acataban de buen grado lo que decidía la mayoría.

Así transcurrían placidos los días, pero, hete aquí, que una mañana, cuando los primeros rayos de sol calentaban las piedras de la isla y con su calor empezaban a deshacer las gotas del rocío que durante la noche habían dormido en ellas, que un largo lamento despertó a todos los habitantes de aquel tranquilo paraíso.

El primero en escucharlo fue el cangrejo, que ya andaba atareado buscando su desayuno, pues era muy madrugador.

Después, el sollozo llegó a oídos de la lagartija, que levantó la cabeza para escuchar mejor, y del lagarto punteado, que, muy cerca de ella, intentaba cazar un mosquito. Ambos se miraron preocupados: había que averiguar de dónde procedía aquel extraño gemido que antes, nunca jamás se había escuchado en la isla.

—¿Quién tiene problemas? —preguntó el cangrejo.

—¿Quién necesita ayuda? —inquirió la lagartija.

—¿Quién se lamenta? —remató el lagarto punteado.

Deshecha en llanto, la Reina de las hormigas salió de debajo del musgo, se enjugó las lágrimas y les contó a los tres el porqué de sus quejas.

Las hormigas obreras de Malpelo se habían declarado en huelga porque no querían seguir transportando hacia el nido las semillas. El camino que llevaba hacia el hormiguero estaba lleno de obstáculos. Piedras, ramas caídas y algún que otro socavón, eran para ellas obstáculos casi insalvables que requerían un gran esfuerzo. Así, que se habían movilizado y, todas a una, habían decidido manifestar su disconformidad. Pintaron pancartas sobre hojas de helecho, en las que reivindicaban una mejora del camino o el cambio de ubicación del hormiguero, algo que la reina desestimó de inmediato, ya que estaba en el mismo lugar desde hacía generaciones.

Cangrejo, lagartija y lagarto, escucharon atentamente lo que contaba la Reina de las hormigas y decidieron que, siendo un asunto de tan extrema gravedad, no quedaba otro remedio que tratarlo en Asamblea Extraordinaria.

Convocaron a las aves marinas, que acudieron puntualmente con el alcatraz de Nazca en cabeza, custodiado, a derecha e izquierda, por el intrépido piquero enmascarado y el valiente piquero patirrojo.

La tiñosa negra y la gaviota reidora viajaron a lomos de la fragata real que, para no perderse, siguió la estela de la gaviota tijereta, que más que volar cortaba el aire.

Convocaron también a los peces de colores de los arrecifes coralinos, al tiburón martillo para que pusiera orden y al tiburón ballena, que delegó su voto en las tortugas marinas por miedo a quedar varado en las aguas someras cercanas a la isla.

Tampoco asistió el monstruo de Malpelo, que prefirió no aparecer, decisión que aplaudieron de forma entusiasta los delfines, ya que siempre provocaba altercados con su manía de morderles la cola.

Una vez reunidos todos los animales, cada una de las partes expuso sus razones.

La Reina de las hormigas hacía valer su rango y advertía que todas morirían de hambre si no le hacían caso y recogían semillas. También insistía en defender la ancestral ubicación del hormiguero.

Las hormigas obreras, que ganaban con creces por numero a la reina, mantenían sus quejas y volvían a manifestar, una y otra vez, lo penoso y arduo de su esfuerzo y la necesidad de mejoraras en el camino o el cambio de ubicación del nido.

Todo el mundo escuchó los argumentos, y como en todos los casos difíciles, con gran disparidad de opiniones, los animales decidieron que había que deliberar.

Los más ancianos de la isla de Malpelo se encerraron en una ostra gigante para intentar resolver el enfrentamiento. Sería complicado hallar el equilibrio y dar con una propuesta que fuera aceptada por ambas partes. Aquello no era tarea fácil. Finalmente, tras discutir durante horas, encontraron una solución.

Como cambiar el hormiguero de lugar hubiera sido muy complicado, no había otro remedio que mejorar el camino si querían mantener la paz en la isla; todos deberían colaborar para desbrozarlo y hacer más fácil para las hormigas el transporte de semillas hacia el nido.

Estuvieron de acuerdo en echar una mano, si bien, en este caso, echaron un pico las aves, una pata las arañas y demás insectos, sus colas los reptiles y cada uno colaboró como pudo en la limpieza de la vía.

En pocas semanas, el sendero quedo tan plano, que parecía una autopista y las hormigas pudieron transitar por ella sin tropiezos.

Ahora estaban felices, porque podían transportar en un santiamén las semillas al nido y aún les quedaba tiempo para descansar y divertirse. Y la Reina también estaba satisfecha, el nido seguía en el lugar de siempre y las provisiones para el invierno estaban aseguradas.

Gracias a la colaboración de todos, la calma y la tranquilidad volvieron a la Isla de Malpelo, y por lo que yo sé —y eso que ya han pasado muchos años—, el camino que limpiaron entre todos sigue igual de limpio, porque las brigadas de control que se formaron entonces, se encargan de impedir que la maleza invada de nuevo el sendero.

FIN

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Comments

    • ¡Claro!, aunque a menudo lo olvidemos y seamos individualistas y solo nos miremos el ombligo. Cuando los humanos somos capaces de superar los egos y colaborar, obtenemos resultados fantásticos 😉
      ¡Feliz día!

    • Los cuentos son una de las mejores formas de unir generaciones. Al releerlos, nosotros volvemos a ser niños, igual que nuestros hijos o nuestros nietos. Sin duda, son un legado precioso que pasa de generación a generación 😉
      ¡Disfruta de los pequeños, Felicitas!

    • 😀 😀 😀 ¡No puedes declararte en huelga! ¿Quién llevaría la maleta de Lili a los niños? ¿Qué haríamos sin el polvo de hadas y sin tus cuentos?
      Gracias por estar cerca.
      Un abrazo, amiga 😉

    • ¡Cuánta razón tienes, María! Cada vez necesitamos más de esos ingredientes para «cocinar» una sociedad mejor. Y si a eso añadimos comprensión, besos y abrazos, el guiso será perfecto 😀 😀 😀
      Besos calurosos y calurosos 😉

    • 😉 ¡Gracias por comentarlo, Jerby! Ya sabes que yo, muy a menudo, me quedo enganchada en las hierbas aromáticas del despiste de Isla Imaginada, así que me va de maravilla un ratón amigo que esté al caso de mis olvidos 😉
      ¡Un abrazo!

  1. El marxismo llegó al hormiguero ¡Me gusta eso!
    Y vaya, qué trabajo te has tomado con todos esos enlaces… Eso es respetar al lector, qué tanto…

    Un fuerte abrazo.

    • 😀 😀 😀 Salió tu parte reivindicativa 😉
      Me he pasado con los enlaces 😀 😀 😀 😀 pero no he podido evitarlo. ¡Me parece tan fascinante aprender gracias a los cuentos! No entiendo cómo los maestros no aprovechan más este recurso. Geografía, historia, botánica, medio ambiente, respeto a los animales y al entorno… Cuentas el cuento y luego profundizas en la temática. ¡Las posibilidades son infinitas y fascinantes!
      Lo dejo aquí, que me entusiasmo y luego los comentarios parecen enciclopedias 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo!

      • El asunto de la educación es interesante y fascinante. Tanto desde el punto de las nuevas tecnologías como de la curiosa negativa o desidia a la hora de su uso. Seguimos enseñando a nuestros niños y jóvenes con métodos del siglo pasado (o peor aún, del siglo anterior) cuando las mentes jóvenes ya están en el futuro.

  2. La moraleja del cuento por obvia y sencilla es de lo más difícil de cumplir. Trabajar en equipo para el bien común es lo ideal pero complejo. Ya sabemos, cada cual a lo suyo. Muy bonito y encantadores los personajillos. Las hormigas huelgistas de la ilustración son ideales. Felicidades a Amparo y a Hermes. Saludos!!!!

    • 😀 😀 😀 Ha sido un viaje a la naturaleza, a ver si con cuentos como este, empezamos a conocerla más y a respetarla, porque la pobre sufre mucho por culpa de nuestra mala cabeza.
      ¡Un abrazo, Eva!

  3. Me ha gustado mucho este cuento. Me ha gustado porque nos invita a ser mejores, a pensar en el otro, al diálogo, a ser solidarios, a lo que hoy parece olvidarse como es el respeto a los demás, la limpieza del entorno, la convivencia, etc. etc. y entre lo mucho que me sugiere, pues aquí os dejo mis pequeños pensamientos en verso… Un fuerte abrazo a su autora a Exudus999 por la estupenda ilustración y a tí, Nona, por traernos esta motivación que nos hace pensar… Un fuerte abrazo y siempre mi cariño.

    Respetar lo que es ajeno
    es una necesidad
    para convivir en paz,
    sea cual sea el terreno.
    Si fomentamos lo bueno
    y apreciamos lo distinto,
    si cuidamos el recinto
    y el lugar donde vivimos,
    si para el bien nos unimos…
    se mejorará el instinto.

    Julie Sopetrán

    • Cierto, querida Julie, estamos muy necesitados de respeto. Sabemos la teoría: «no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti», pero no hay forma de que la pongamos en práctica y así nos va 🙁
      Parece que los instintos de los que habla tu poema no mejoran.
      ¡Gracias, amiga, por mantener viva esta Isla Imaginada con tus comentarios preciosos!
      ¡Un millón de abrazos!

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