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El señor Korbes

Ilustración: Kristin Tercek

Érase que se era una vez, una gallinita y un gallito que decidieron salir juntos de viaje.

Construyeron un hermoso carruaje con cuatro ruedas encarnadas y engancharon cuatro ratoncitos para que tiraran de él.

La gallinita y el gallito montaron en el carruaje y emprendieron la marcha.

Al poco rato, se encontraron con un gato que les preguntó:

—¿Adónde vais?

Y ellos le respondieron:

Por el mundo vamos;

y del señor Korbes,

la casa buscamos.

—Llevadme con vosotros —suplicó el gato.

—Con mucho gusto —respondieron la gallinita y el gallito—. Siéntate detrás, no sea que te caigas por delante.

Y el carrito cantó:

Cuidado al saltar,

que mis ruedas coloradas

no se vayan a ensuciar.

Ruedecitas, rodad;

ratoncillos, silbad.

Por el mundo vamos

y del señor Korbes

la casa buscamos.

Durante el camino, subieron al carrito una piedra de molino; luego, un huevo; luego, un pato; luego, un alfiler y, finalmente, una aguja de coser. Todos se instalaron en el coche y siguieron viaje; y el carrito cantaba:

Cuidado al saltar,

que mis ruedas coloradas

no se vayan a ensuciar.

Ruedecitas, rodad;

ratoncillos, silbad.

Por el mundo vamos

y del señor Korbes

la casa buscamos.

Pero al llegar a la casa del señor Korbes, este no estaba.

Así que los ratoncitos aparcaron el coche en el granero; el gallito y la gallinita volaron a una percha; el gato se sentó junto a la chimenea; el pato fue a posarse en la barra del pozo; el huevo se envolvió en una toalla; el alfiler se clavó en un almohadón de la butaca; la aguja se instaló en la almohada de la cama y la piedra de molino se colgó sobre la puerta de entrada.

Llegó por fin el señor Korbes y se dirigió a la chimenea para encender el fuego; pero el gato bufó asustado y le llenó la cara de ceniza.

Corrió el señor Korbes al pozo para lavarse y el pato le salpicó de agua todo el rostro.

Quiso secarse con la toalla y se golpeó contra el huevo, que se rompió y se le enganchó en los ojos.

Deseaba descansar después de tantos tropiezos; sentóse en la butaca y lo pinchó en el trasero el alfiler.

Encolerizado, se echó en la cama y al apoyar la cabeza en la almohada, se clavó la aguja en el cogote.

Más que furioso, se dirigió a la calle; pero, al abrir la puerta, la piedra de molino le cayó en medio de la cabeza y casi lo mató.

¡Qué mala persona debía de ser ese señor Korbes para que le ocurriera tantas desgracias!

FIN

Si quieres, también puedes escuchar «El señor Korbes» con la voz de Angie Bello Albelda

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Comments

  1. El Sr. Korbes hizo su rutina diaria sin cambiar nada, pero se encontró con una serie de personajes que se iban añadiendo sin que él lo quisiera o pidiera.
    Al llegar a su casa se encuentra con una serie de acontecimientos previstos que él es incapaz de ver…Y ya dicen
    ” las prisas son malas consejeras” .

  2. Esta vez si me ha llegado el cuento al correo lo cual agradezco. Creo que el pobre Sr. Korbes no tenía por qué sufrir todas esas inconveniencias, fueron los otros los que se metieron en su casa y, ¿habrían sido invitados? En fin no se sabe donde está ese peligro provocado por los demás… Imagino al pobre Señor Korbes sufriendo con paciencia lo que los ocupas le hicieron sin saber por qué… Le canto a esa paciencia bonachona.

    ¿Qué te pide la conciencia?
    Paciencia.
    Quien vive paciente es
    Lo es.
    ¿Y qué supone existir?
    Sufrir,

    Después de tanto sentir
    no queda ni lo que fue;
    de tanto… tan solo sé
    que ser paciente es sufrir.

    Julie Sopetrán

    • Pues no creo que fueran invitados 😉 El pobre señor Korbes tuvo que sufrir sus impertinencias y yo creo que ni los conocía. Como dices en tu poesía, sufrió por ser paciente, si entran en casa de alguien menos paciente, no sé qué hubiera pasado.
      ¡Un abrazo, Julie!

    • Yo creo que ese final (en el original es peor, porque Korbes muere) es precisamente absurdo para poner de relieve la injusticia de suponer que era malo.
      La ilustración y su autora me conquistaron por completo 😉
      ¡Un abrazo, Isabel!

  3. El señor Korbes debe ser familiar del señor Murphy 🙂
    A veces las cosas son así.
    Gracias por el cuento semanal, hoy me ha llegado el e-mail 🙂

    • 😀 😀 😀 😀 ¡No había pensado en eso! Pero ahora que lo dices, ¡seguro que son primos hermanos!
      Perfecto que hayas recibido el mail. A ver si, poco a poco, voy normalizando la Isla, porque todo anda un poco patas arriba.

  4. ¡De fuera vendrán que de tu casa te echarán! No creo que el pobre señor Korbes fuera mala persona,simplemente se le llenó la casa de ocupas y ahora ¡A ver cómo los echas! Jaja…….delicioso.
    Ahhhhh creo que los héroes de la historia son los ratoncillos que tiraban del carro ¡Hay que ver que fuerza se gastaban para acarrear con semejante prole! ¡Saludos!

    • 😀 😀 😀 ¡Nadie en su casa debería ser atacado de ese modo! Pero creo que lo tiene difícil para echarlos. Son muchos y él está solo.
      Yo pensé también en los ratoncillos, no solo porque tiraban del carro, también porque ellos no atacan al pobre hombre 😉
      ¡Un abrazo, Juani!

  5. Pobre señor Korbes, se le llena la casa de extraños y casi pierde la vida. A veces hay gente que te pone la zancadilla y después te quiere convencer de que tienes mala suerte.

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