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Chorlitos en la cabeza

Ilustración:  Andrés Jullian

Robertito no era. un niño muy limpio que digamos. Y la verdad es que como sus padres siempre estaban muy ocupados en cosas importantes, cada día su mamá, al salir apurada a su trabajo en la Junta Nacional de Niños Desvalidos, le recordaba:

—¡Robertito! Báñate tú solito, ya eres grande y puedes hacerlo. ¡Ah! Y no te olvides de lavarte muy bien la cabeza.

—Sí, mamá —respondía el niño.

Entonces entraba al baño y echaba a correr el agua de la ducha, mojando el piso y la toalla para que pareciera que se había bañado.

Su papá, mientras tanto, tomaba el desayuno leyendo su periódico preferido. A veces escuchaba —y otras no— correr el agua de la ducha. Y cuando por la noche la mamá de Robertito le preguntaba:

—¿Se bañó el niño, Godofredo?

El papá asentía con un movimiento de cabeza, pues estaba muy ocupado mirando las importantes noticias en la televisión.

Y la mamá se quedaba tranquila.

Otras veces era el papá quien, al salir a su trabajo en la Comisión Pro Defensa de la Naturaleza, le decía:

—Robertito, báñate y acuérdate de lavarte muy bien la cabeza.

Su mamá, entre tanto, terminaba de arreglarse. A veces escuchaba —y otras no— correr el agua de la ducha. Y cuando por la noche el papá le preguntaba:

—¿Se bañó el niño, Estefanía?

La mamá asentía con un movimiento de cabeza pensando en ¡vaya a saber qué problema de su oficina!

Entonces el papá se quedaba tranquilo.

Y como nadie se aseguraba de que Robertito se hubiera bañado verdaderamente, ¿para qué hacerlo?, así las cosas, cada día se iba acumulando más polvo sobre su cabeza; pelusas, semillas, basuritas y cualquier cosa que cayera sobre su negro pelo enrulado ya no volvía a salir de allí nunca más.

En verdad, a Robertito le pesaba un poco la cabeza, pero no era como para preocuparse.

Un día. sin embargo, las cosas comenzaron a complicarse, pues esa mañana, cuando abrió el agua de la ducha, algunas gotas mojaron el polvo que había sobre su cabeza y la semilla empezó a germinar.  Echó raíces, un tallo, hojas … Y poco a poco un arbolito empezó a crecer sobre la cabeza del niño.

Por supuesto que ni la mamá ni el papá de Robertito se dieron cuenta de aquello. Y menos de los dos chorlitos que llegaron allí en busca de un lugar donde hacer su nido.

La verdad es que a Robertito le pesaba cada vez más la cabeza, pero no tanto como para preocuparse.

Y llegó la primavera …

La chorlito hembra puso tres pequeños huevos en su nido. Y no mucho tiempo después, tres hermosos polluelos piaban felices en el nido construido entre las ramas del arbusto que Robertito tenía sobre su cabeza.

Pero como su papá y su mamá estaban demasiado ocupados en la Comisión Pro Defensa de la Naturaleza y en la Junta Nacional de Niños Desvalidos, no se enteraron de lo que estaba pasando sobre la cabeza de su hijo.

Hasta que una noche, en medio de la oscuridad, se oyó un …

—¡Pío, pío, pío!

La madre de Robertito despertó.

—¡Godofredo! ¡Godofredo! Escucha …

—¿Qué pasa, mujer?

—Oigo ruidos extraños en la casa. ¿Por qué no vas a ver lo que sucede?

—¡Bah! No es nada. Yo no oigo nada.

—Oigo ruidos en el dormitorio del niño.

—Estás soñando, Estefanía. Vuelve a dormirte mejor.

Pero en ese momento se oyó un …

—¡Pío, pío, pío!

—¿Oíste?

—Sí, está bien. Iré a ver —aceptó el padre; y levantándose bastante a desganas fue a la pieza de Robertito y encendió la luz.

El niño, perturbado, se despertó y se sentó en la cama.

—¡Ouch! —exclamó el papá al ver lo que estaba viendo—. ¡Estefanía, Estefanía, ven rápido!

La señora se levantó y corrió a la pieza del niño:

—¡Auch! —no pudo menos que gritar al ver a Robertito sentado en la cama con cara de sueño, y con un árbol florido sobre su cabeza. Y entre sus ramas, un nido en el que tres pequeños chorlitos piaban hambrientos:

—¡Pío, pío, pío!

—¡Horror! —se escandalizó la mamá que hacía mucho, mucho tiempo que no miraba con detención a su hijo—-. Robertito tiene chorlitos en la cabeza. ¡Horror!

—Pero esto es espantoso —se alarmó Godofredo, que casi por primera vez veía realmente al niño—. ¿Cómo es que nadie se dio cuenta de esto a tiempo?

—Un doctor. ¡Hay que llamar a un doctor de inmediato!

Y llamaron a un médico de cabellera. Pero éste, después de comprobar que Robertito gozaba de excelente salud, se retiró diciendo:

—Lo siento, pero nada puedo hacer.

Luego llamaron a un ingeniero foresta-cabezal; y después a un cirujano de pelo y a un peluquero y a un leñador y a un ornitólogo y a … Pero todos movieron la cabeza y dijeron:

—Lo siento, pero nada podemos hacer.

Entonces, ¡no me lo van a creer! A Robertito mismo, a quien con el árbol y los tres chorlitos ya era demasiado lo que le pesaba la cabeza, se le ocurrió la solución.

Fue al baño, se mojó bien mojada la cabeza para soltar las raíces del arbusto, con sumo cuidado lo sacó de arriba de su cabeza y lo fue a plantar en el patio de la casa mientras los tres pequeños chorlitos continuaban piando felices:

—¡Pío, pío, pío!

FIN

Si quieres, también puedes escuchar «Chorlitos en la cabeza» con la voz de Angie Bello Albelda

Reader Interactions

Comments

  1. Que cuento mas divertido leer estos cuentos te despiertan el día con una sonrisa y eso no tiene precio.
    Estoy tan centrada en mi cocina que no le doy suficiente tiempo a leer mi dosis de cuento jejej
    Feliz semana
    bess

  2. Muy, muy, muy gracioso (por cierto, creo que deberé cambiarme el nombre). Me gustó mucho eso de “Y llamaron a un médico de cabellera” en lugar de “médico de cabecera”. Pequeños detalles que le suman encanto al relato.

    Un fuerte abrazo.

  3. Un cuento ideal para esta actualidad en la que vivimos, en la que vamos con prisas a todas partes, diciéndonos “esto es importante”; cuando realmente dejamos las cosas que si que son importantes: quedar con los amigos, escuchara nuestros pequeños, tomar un café sin mirar el móvil y un largo etc…

    • ¡Ay!, tienes toda la razón del mundo. Siempre con prisas y con falta de tiempo para todo. Al menos, en Isla Imaginada tenemos un ratito el martes para frenar, leer y comentar el cuento. ¡Algo es algo! Pero deberíamos dejar de lado algunas cosas y hacer más caso a las personas. ¡Un abrazo, querida amiga!

  4. Un excelente cuento, para padres e hijos con distintas lecciones. Me encantó.

    Más de una vez me dijeron
    “cabecita de chorlito”,
    y cuando me lo repito
    imagino lo que vieron
    los que tal me conocieron…
    Es importante asearte
    y del mundo formar parte
    y no ser un mentiroso
    porque te pondrás nervioso
    por practicar malas artes.

    Julie

    • ¿Verdad que es genial, Julie? Todos, de un modo u otro nos podemos ver ahí reflejados. Gracias por el enorme lujo de tus versos, que hacen a un más preciosos los martes de cuento. ¡Un gran abrazo, amiga mía!

  5. Me ha encantado el cuento! Tiene ritmo, es gracioso, y el protagonista me ha recordado a mi hija (o a mi misma a su edad) que también deja correr el agua y asegura que se ha lavado la mar de bien la cabeza mientras yo hago ver que la creo. El autor da en el clavo retratando esas pequeñas triquiñuelas inocentes que utilizan los niños, son las conquistas de sentirse un poco más listos que mamá y que acaban por ser una lección aun mas importante: aprender que somos responsables de nosotros mismos. Como Roberto que acaba por entender que lavarse no esta tan mal. Gracias Nona por descubrirnos tantas y tan buenas historias.

    • 😀 😀 😀 Espero que tengáis un buen jardín, aunque sea imaginado, para plantar esos arbolitos. Y si no es jardín, lindas macetas de colores. Me alegra que te haya gustado el cuento 😉 Este es una pequeña gran joya de cuyo autor, Saúl Schkolnik, e ilustrador, Andrés Jullián puedes leer más aquí.

  6. Delicioso cuento. De que forma más “inocente” el autor da un zasca a padres más entregados a sus proyectos personales (muy loables) que a sus hijos. Muy ingeniosos los personajes consultados, ingeniero floresta-cabezal, médico de cabellera etc. jejeje…….en fin, que me ha gustado ¡Feliz semana!

  7. Martes, me ha impresionado lo que hay detrás de este cuento: su autor, su ilustrador y su chorlito.

    Construir nidos en la arena es una locura. Pero, a veces, funciona. 🙂

    • ¡Marieta! 🙂 ¡Qué ilusión verte por aquí! Con el cambio de blog, los nuevos proyectos editoriales y mil cosas más, ando más por Isla Imaginada que por la tierra y casi ni leo blogs. A ver si me paso prontito para leer alguna de tus estupendas recetas.
      El cuento es precioso 🙂 No en vano su autor, recientemente fallecido, fue uno de los más importantes autores chileno. La ilustración también la hizo un gran artista. De ambos, puedes ampliar información aquí.

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