El hueso de la ciruela

Ilustración: Alexei Pakhomov

Una madre compró ciruelas para darlas de postre a sus hijos. Las ciruelas estaban en un plato. Vania no había comido nunca ciruelas y no hacía más que olerlas. Le gustaron mucho. Y sintió deseos de probarlas. Todo el tiempo andaba rondando las ciruelas. Y, cuando se quedó solo en la habitación, no pudo contenerse, tomó una ciruela y se la comió. Antes del almuerzo, la madre contó las ciruelas y vio que faltaba una. Se lo dijo al padre.

Durante el almuerzo, el padre preguntó:

—Decidme, hijitos, ¿no se ha comido ninguno de vosotros una ciruela?

Todos dijeron:

—No.

Vania se puso rojo como la grana y dijo también:

—Yo no me la he comido.

Entonces, el padre dijo:

—Uno de vosotros se la ha comido, y eso no está bien. Pero no es lo peor. Lo peor es que las ciruelas tienen huesos, y si alguien no sabe comerlas y se traga uno, se muere al día, siguiente. Eso es lo que temo.

Vania se puso pálido y dijo:

—El hueso lo arrojé por la ventana.

Todos se echaron a reír, pero Vania estalló en sollozos.

FIN

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Comments

  1. I laughed, too. Little Vania was naughty, but he’s also a quick thinker. He reminds me a lot of myself…

    Yo también me reí. La pequeña Vania era traviesa, pero él también es un rápido pensador. Él me recuerda mucho a mí mismo …

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