Una lista

Ilustración: Arnold Lobel

Una mañana, Sepo se sentó en la cama.

—Tengo muchas cosas que hacer —dijo—. Las escribiré todas en una lista para que no se me olviden.

Sepo escribió en una hoja de papel:

Luego, escribió:

—Ya lo he hecho —dijo Sepo. Y lo tachó:

Después, Sepo escribió más cosas en el papel:

—Bueno, ya está —dijo Sepo—. Ahora ya tengo anotado todo lo que tengo que hacer hoy.

Se levantó de la cama y desayunó.

Enseguida, Sepo tachó:

Sepo sacó su ropa del ropero y se vistió.

Después tachó:

Sepo se metió la lista en el bolsillo. Abrió la puerta y salió. Era una hermosa mañana.

Enseguida llegó Sepo a casa de Sapo. Sacó la lista del bolsillo y tachó:

Sepo llamó a la puerta.

—Hola —dijo Sapo.

—Mira la lista de cosas que tengo que hacer hoy —dijo Sepo.

—Oye, Sepo —dijo Sapo—, es una lista estupenda.

Sepo dijo:

—La lista dice que vamos a dar un paseo.

—Muy bien —dijo Sapo—, pues vamos.

Sapo y Sepo se fueron a dar un largo paseo.

Después, Sepo sacó otra vez su lista del bolsillo.

Y tachó:

En ese momento empezó a soplar un viento muy fuerte. Arrancó la lista de las manos de Sepo y se la llevó volando por los aires.

—¡Horror! —gimió Sepo—. Mi lista se va volando. ¿Qué voy a hacer sin mi lista?

—¡Ven, corre! —dijo Sapo—. Vamos de prisa y la atraparemos.

—¡No puedo! —exclamó Sepo—. ¡No puedo hacer eso!

—¿Por qué? —preguntó Sapo.

—Porque correr detrás de mi lista —explicó lloriqueando Sepo— no es una de las cosas que tengo escritas en mi lista de las cosas que tengo que hacer hoy.

Sapo corrió detrás de la lista. Corrió por valles y colinas, pero la lista volaba más y más lejos… Por fin, Sapo volvió junto a Sepo.

—Lo siento —jadeó Sapo—, lo siento, no he podido alcanzar la lista.

—¡Qué desastre! —dijo Sepo—.  No me acuerdo de ninguna de las cosas que había en mi lista de las cosas que tenía que hacer hoy. Así que tendré que quedarme aquí sentado sin hacer nada.

Sepo se sentó y no hizo nada. Sapo se sentó a su lado.

Después de muchísimo rato, Sapo dijo:

—Sepo, se está haciendo de noche. Deberíamos irnos a dormir ya.

—¡Dormir! —exclamó Sepo—. ¡Ésa era la última cosa que estaba escrita en mi lista!

Sepo escribió en el suelo con un palo:

Y luego tachó:

—Bueno, ya está —dijo Sepo—. Ahora ya he tachado la última cosa que tenía que hacer hoy.

—¡Cuánto me alegro! —suspiró Sapo.

Y enseguida, Sapo y Sepo se quedaron dormidos.

FIN

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