El sapo y la pasta de dientes

Ilustración: Marianna Strychowska

Había una vez un sapo que tenía siempre los dientes sucios. Y no solo estaban sucios, sino que estaban totalmente negros.

Esto era porque comía muchas moscas, y las moscas son negras. Pero también era porque vivía cerca de una mina de carbón. En ese lugar las moscas eran más que negras, eran absolutamente negras, tan negras como el carbón.

A ello hay que agregar que el sapo comía con locura chocolate negro. Le fascinaba colocar dos capas de chocolate, una encima de la otra, y entre ellas unas cuantas moscas aplastadas. Eso lo llamaba él un “pan con moscas”.

Un día al sapo le dio un terrible dolor de muelas, y debió ir, quisiera o no, al dentista.

Este, tras mirarle la boca, le preguntó si comía moscas negras.

El sapo calladito le dijo que sí moviendo la cabeza.

—¿Y también come chocolate negro? –siguió preguntando el dentista.

—Sí, croac –respondió el sapo con algo de vergüenza.

El dentista le entregó entonces una pasta de dientes blanca con rayas rojas.

—Límpiese con ella los dientes después de cada comida, y deje de inmediato moscas y chocolate –le advirtió.

El sapo estaba contento de que el dentista no le había pasado la maquinita.

Entonces se fue saltando a su casa en la laguna cerca de la mina de carbón, y probó de inmediato su nueva pasta de dientes.

Le gustó tanto, que desde ese momento siempre untaba medio tubo de pasta de dientes sobre su pan de moscas, antes de comerlo.

Eso, por supuesto, no le sirvió de nada, y así se le fueron cayendo uno tras otro todos los dientes.

¿Qué opinas tú? ¿Será por eso que los sapos no tienen dientes?

FIN

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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