La gallinita roja

Érase una vez una gallinita roja muy amigable. Una hermosa mañana esta gallinita roja se encontró unos granos de trigo y, en lugar de picotearlos, decidió sembrarlos.

Para sembrar los granos de trigo llamó a sus tres amigos: el pato, el cerdo y el gato, para que la ayudaran. Los tres amigos de la gallinita roja no pudieron ayudarla a sembrar los granos de trigo porque estaban muy atareados.

El cerdo gruñó:

—¡Me gustaría ayudarte, pero no terminé mi comida! —Y se fue como había venido.

El gato ronroneó:

—¡Otro día te ayudaría con gusto, pero ahora tengo que volver a mi baño! —Y partió de nuevo sobre sus patas de terciopelo.

El pato graznó:

—¡Imposible!, tengo una cita con la pata Juanita —Y se fue pateando.

—Entonces plantaré estas semillas yo misma —dijo la gallinita roja.

Y eso es lo que hizo.

Pasó el tiempo y crecieron los granos de trigo. Llegó el día de la cosecha, el momento de ir a segar las grandes espigas de trigo y, por supuesto, la gallinita roja llamó a sus tres amigos para que la ayudaran.

El pato graznó:

—¡No tengo tiempo! ¡Tengo que ir a chapotear al lago! —Y se fue pateando.

El gato ronroneó:

—¡Qué mala suerte! Me hubiera gustado ir contigo, pero primero debo terminar de lamer toda la leche, de lo contrario se podría agriar —Y echó a andar sobre sus patas de terciopelo.

El cerdo gruñó:

—¡Con gusto te ayudaría, pero es el día de mi baño de barro! —Y se fue como había venido.

Entonces la gallinita roja se fue sola a cosechar las espigas de trigo. Una vez terminada la cosecha, la gallinita roja tenía que llevar el saco de granos de trigo al molino para molerlos hasta convertirlos en harina. Por supuesto, llamó a sus tres amigos para que la ayudaran.

El gato ronroneó:

—¡Me gustaría, pero creo que vi pasar un ratón! —Y partió de nuevo sobre sus patas de terciopelo.

El cerdo gruñó:

—¡Con mucho gusto en otro momento, pero ahora es imposible porque es la hora de la merienda! —Y se fue como había venido.

El pato graznó:

—Es mala suerte, tengo cita con el médico, por mi hígado —Y se fue pateando.

Entonces la gallinita roja fue sola al molino con su saco de trigo y volvió, sola, con su saco de harina. Al llegar a casa, tomó la harina, el agua, la sal y la levadura para preparar su masa de pan. Y, para ayudarla a amasar la masa, como debe ser, llamó a sus amigos.

El gato ronroneó:

—¡Oh, lo siento mucho, pero tengo que atusar mis bigotes! —Y partió de nuevo sobre sus patas de terciopelo.

El cerdo gruñó:

—¡Me hubiera encantado, pero hoy me toca enroscar mi cola de sacacorchos! —Y se fue como había venido.

El pato graznó:

—¡Perdona, pero no tengo tiempo, tengo que ahuecar mi collar de plumas! —Y se fue pateando.

Así que la gallinita roja amasó la masa ella sola, la dejó reposar, la dejó fermentar y luego horneó el pan en su horno, ella sola. Cuando el pan estuvo horneado, llamó a sus amigos:

—¿Alguien viene a ayudarme a comer el pan?

—¡YO! ¡YO! —gruñó el cerdo.

—¡YO! ¡YO! —graznó el pato.

—¡YO! ¡YO! —ronroneó el gato.

Pero, entonces, la gallinita roja que había sembrado el trigo sola, que había segado sola, que había llevado el saco de trigo al molino sola y que había preparado la masa de pan sola, les dijo:

—¡Pues no! Ya que hasta ahora lo he hecho todo yo sola, ¡voy a continuar así!

Y se comió su pan sola, y estaba… ¡delicioso!

FIN

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

Reader Interactions

Comments

  1. Yo a la segunda ni los llamo. Ya se sabe que los amigos deben estar para lo bueno y para lo malo, de lo contario no son amigos de verdad ¡Que vayan con viento fresco el gato, el cerdo y el pato! ¡Gallinita has hecho muy bien!

Nos encanta que nos cuentes

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.