Cuento contemporáneo

Lila

lila

Un día, durante la noche, todo se volvió lila. Realmente todo. Desde el cielo y el mar y las montañas, hasta los árboles y los animales y las personas. Desde el edificio más alto, hasta la hormiga más diminuta. Las personas se miraban unas a otras y pensaban que estaban soñando, pero no despertaban y todo permanecía lila.

Al principio la gente se sorprendió, luego se alarmó y hubo también quien pensó que era muy divertido, porque incluso el presidente del país se volvió lila. Todas las familias eran lilas, y también los maestros, los médicos, los trabajadores de las carreteras, la reina de Inglaterra y el presidente de Mozambique, los conductores de taxis. Tooooooooooodos.

A excepción de un arrendajo azul que permaneció azul claro. Y como fue el único que no se volvió lila, lo capturaron y lo metieron en una jaula.

La gente viajaba de un lugar a otro en coches lila, en autobuses lila. Montaban en bicicletas lila y, en casa, se sentaban en muebles lila e incluso comían comida lila. ¡Hasta las tabletas de chocolate de volvieron lila! y también las pizzas, y el zumo de naranja.

Los científicos más eminentes del mundo se reunieron a fin de comprender qué estaba pasando. ¿Les había ocurrido algo a los ojos de la gente o se trataba de una broma pesada de la naturaleza?

Examinaron. Investigaron. Debatieron. Discutieron y escribieron un artículo tras otro, pero no pudieron explicarlo.

Poco a poco, la gente empezó a acostumbrarse. Algunos afirmaban que el lila era el color más importante del mundo puesto que todo era lila. Debatieron. Se reunieron en clubs. Convocaron reuniones. Escribieron libros y filmaron películas sobre la importancia o la no importancia del color lila.

En especial, discutieron sobre el color del arrendajo azul, porque eso era solo un poco de azul y ellos eran mucho lila.

La gente discutió sobre el significado de ese fenómeno. Hubo quien dijo que el arrendajo azul era un pájaro muy especial y que, tal vez, no era en absoluto un pájaro, puesto que había conservado su color.

Otros decían que eso era una tontería, porque el arrendajo azul comía semillas, bebía agua y acicalaba sus plumas como cualquier otro pájaro.

Y exactamente un año después de que el mundo se volviera lila, se despertó la gente por la mañana y vio que el mundo se había vuelto amarillo.

Todo excepto el arrendajo azul. De hecho, un mundo amarillo no es diferente de uno lila. Simplemente la gente decía “amarillo” en lugar de “lila” cuando hablaban entre ellos.

Sin embargo, el arrendajo azul aún fue más importante porque permaneció azul y la gente no comprendía qué significaba. Venían desde muy lejos y hacían largas colas para contemplarlo.

Y exactamente dos años después de que el mundo se volviera lila y un año después de que se convirtiera en amarillo, el mundo se vistió con un nuevo color. Cambió a naranja y después a rosa. Y el arrendajo azul causaba más polémica y suscitaba un interés aún mayor porque permanecía azul.

En el quinto año todo se convirtió en azul.

La primera cosa que la gente fue a ver fue al arrendajo. ¿Habría permanecido azul?

En efecto, era todavía azul. Ya no había dos colores en el mundo. Había un solo color: azul. Y como el arrendajo era azul como todos, la gente dejó de interesarse por él. Pronto dejó de ser importante y dejaron de ir a verlo.

Un día, seis meses después de que la gente se volviera azul, alguien abrió la jaula y el arrendajo voló. Feliz por su libertad.

Al día siguiente, el mundo volvió a recuperar todos sus colores. Como si no hubiera pasado nada.

Comenzaron, así, a ver cosas nuevas pero, con el tiempo, la gente se acostumbró y olvidó que una vez el mundo fue lila; después amarillo; y naranja; y rosa; y azul.

Se acostumbraron a hablar de hierba verde y de autobuses rojos.

Pero, alguna vez, pensaban en qué había pasado con el arrendajo azul y en qué haría y, sobre todo, en si todavía era azul y en el significado de todo ello.

FIN

La última presa

Leon color (36)

A los pies de una montaña se extendía una gran jungla. Era tan grande, que no se podía atravesar entera. El monte era gigante. No se divisaba su cima, y sus dos laderas visibles era como si no tuvieran fin.

El rey de la jungla era un león, famoso por su sabiduría y su buen juicio. Un pequeño grupo de animales de la jungla estaba bajo su mandato y lo servía. Otros vivían en paz lejos de la corte del rey.

Entre los animales de la corte, había un zorro inteligente y sagaz, que intentaba servir muy bien al león para conservar su vida.

Había también un lobo entre los animales de la corte real que pensaba que no era menos que el rey. El lobo odiaba al zorro e intentaba siempre dejarlo en mal lugar delante del monarca. El zorro, que lo sabía, se mostraba aún más encantador ante el león.

Un día, el león decidió ir de caza a la ladera de la montaña. El zorro se acercó a él y le preguntó:

—Majestad, ¿me permitís ir con vos para llevar sobre mi espalda todos los animales que cacéis?

El león aceptó.

El lobo, que quería tenderle una trampa al zorro, le dijo también al rey:

—Déjame acompañarte para ayudarte en la cacería.

El león puso mala cara, pero emprendió el camino con los dos acompañantes.

El lobo caminaba junto al león y el zorro un paso atrás.

Encontraron una liebre, y el león la cazó. Después vieron un ciervo y también el león lo cazó con facilidad. En la pradera vieron también un toro que intentó huir, pero también lo cazó el león.

—Tal vez ya hay suficiente caza para la comida de hoy —sugirió el lobo.

—¿En serio? —preguntó el león— ¿Por qué dices eso?

Respondió sonriendo el lobo:

—El toro que sea devorado por su majestad. El ciervo me lo como yo. Y el zorro ya tiene bastante con la liebre.

El león rugió enojado:

—¿Eso es lo que crees?

Entonces le preguntó al zorro:

—Y tú, ¿qué dices? ¿Dividimos así la caza?

El zorro hizo una gran reverencia y respondió:

—¡Ni pensarlo, Excelencia! Si me permitís que yo divida las presas, os serviré la liebre para desayunar, el toro para comer y el ciervo para cenar.

—¿Y qué comeréis tú y el lobo? —preguntó el león.

—El lobo comerá lo que cace y yo estaré contento con lo que tú me des.

El león asintió satisfecho y dijo:

—Si es así, te daré mi última presa.

—¡¿De verdad su majestad piensa darle el toro al zorro?! —preguntó el lobo muy sorprendido.

El león sonrió, y agarrando al lobo por el cuello exclamó:

—¡No! ¡Mi última presa serás tú!

FIN

Lily, la rana

Lily

Lily la rana estaba sentada sobre su vieja seta y se aburría mucho. Pensaba en mudarse pero, de momento, no se le ocurría nada mejor que su seta.

Un día, pasó junto a ella una tortuga muy grande y Lily vio una fantástica oportunidad para hacer turismo, así que saltó sobre la espalda de la tortuga. Durante el viaje vio muchas cosas nuevas. Vio una enorme flor roja, un gran árbol y muchos animales diferentes. Vio una ardilla que trepaba a un árbol.

—Desde allí tendría una hermosa vista del paisaje –pensó.

Pero bajar cada día y volver a subir otra vez sería muy pesado, así que decidió que una casa en un árbol no era adecuada para ella.

También vio una oruga encantadora que se asomaba de la tierra. El agujero de la oruga se veía agradable, y no era necesario trepar a él, pero era demasiado estrecho.

—No podría entrar ahí dentro -decidió.

No muy lejos, vio a un grupo de conejos jugando junto a sus madrigueras.

—Sí, este lugar es amplio y muy cómoda la entrada —se dijo a sí misma.

Pero estaba preocupada por sus vecinos. De hecho a ella le gustaba recibir visitas, pero vivir con los conejos… ¡No!, eso no era para ella.

Hacia el mediodía, la tortuga llegó a un gran estanque. En el centro del estanque, Lily pudo ver muchos nenúfares de grandes hojas.

— ¡Ay!, este sí es un lugar bonito para vivir —se dijo—. Si pudiera llegar a una de esas hojas.

Vio un gran pez que nadaba cerca de la orilla, pero parecía que la miraba con mucha hambre.

—Tal vez solo me lo parezca a mí, pero… ¡puede que le guste comer ancas de rana!

Cuando la tortuga se acercó al estanque, Lily saltó a tierra y empezó a buscar la forma de acercarse a las hojas de los nenúfares. De repente, vio una gran serpiente que se acercaba a un nido de pájaros en el que había unos polluelos.

—¡Tengo que ayudarlos! —pensó—. Pero, ¿cómo lo hago?

Entonces, vio que del árbol que había sobre el nido pendía un gran melocotón.

—Si pudiera llegar a él lo lanzaría sobre la serpiente —pensó.

Saltó rápidamente hacia el árbol y empezó a subir. Cuando llegó a la rama, vio que el melocotón estaba exactamente sobre la cabeza de la serpiente. Sacudió la rama y el melocotón cayó.

La serpiente huyó aterrorizada (a las serpientes no les gustan los melocotones volando sobre sus cabezas). Pero junto con el melocotón cayó también Lily del árbol. Y fue increíble, pero la rama voló y fue a caer en medio del estanque.

De repente, se encontró sentada en la gran hoja verde de un nenúfar.

—Este sí es un lugar bonito —pensó Lily—. Esta será ahora mi nueva casa.

FIN