Filotea

Filotea tenía que tomar una decisión importante.

—¿Me tiro o no me tiro?

Miró para abajo.

—¡Gggg! ¡Me da vértigo!

Volvió a mirar.

—¡Gggggggggg!

Se dijo a sí misma: «Filotea, coraje».

Juntó las manos, cerró los ojos, apretó la respiración, tomó impulso y… no se tiró.

—¿Qué hago?

Se puso rodilleras, muñequeras, zapatos de corcho, un almohadón en el traste.

—Ahí voy. Un, dos, trr…

No fue.

—¡Es tan alto! ¿Y si me estrello? Necesito más protección.

Se puso un chaleco neumático, un casco, un paracaídas en la espalda. Lo último fueron las antiparras.

Entonces sí: pegó envión y zzzzzzzz cayó planeando sobre la vereda sin romperse nada.

Las hojas como Filotea siempre exageran un poco, pero al final, en el otoño, se animan y zzzzzzzz caen.

Poema: Ema Wolf (1948)

Ilustración: agusmp

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