Anjana

En la mitología cántabra, pequeño ser bondadoso del bosque.

Ilustración: Nadia Strelkina

La anjana, nombre que deriva etimológicamente de ‘jana’, término con que se designaba en la Edad Media a las brujas y hechiceras, es una especie de hada de la mitología de Cantabria.

Según los que las han visto, son de pequeña estatura, tienen el pelo largo, rubio o castaño, y lo llevan suelto o recogido con largas trenzas. Lo adornan con cintas de colores y con flores silvestres, con las que también hacen las coronas que llevan en la cabeza. Su rostro es hermosísimo, de piel muy blanca y sus ojos, verdes o negros, son de mirada tierna y plácida, transmiten serenidad y paz, puesto que las anjanas tienen todas las virtudes imaginables.

Hay quien dice que tienen alas totalmente transparentes, otros afirman que no tienen alas y aun hay quien afirma que las tienen, pero las esconden. Algunos dicen que calzan sandalias con hebillas de metal, otros que van descalzas.

Respecto a su origen, también hay información contradictoria, son descritas como seres enviados desde el cielo para realizar obras buenas durante cuatrocientos años, pasados los cuales, regresan a las alturas para no regresar.  Pero otros niegan esa naturaleza y dicen que son espíritus de los arboles encargados de cuidar los bosques.

En lo que sí están todos de acuerdo, es que las anjanas son aficionadas al canto y el baile, aunque en su repertorio solo hay dos canciones: una alegre y otra muy triste. Cuando cantan, es el mejor momento para verlas, sobre todo si la canción la entonan justo al salir o ponerse el sol. Durante el equinoccio de primavera se reúnen para bailar y cantar cogidas de la mano hasta la salida del sol. Durante su baile, van esparciendo rosas con pétalos púrpura, verde, dorado y azul. Se cuenta que el humano que encuentra el pétalo de una de esas flores es feliz hasta que muere.

Se alimentan de frutos del bosque y de miel.

Visten una larga túnica de color blanco y sobre ella llevan una capa celeste con brillantes estrellas bordadas.

En la mano derecha empuñan una vara hecha de madera de fresno o de espino, que usan para golpear el suelo y hacer brotar fuentes o llevar a cabo otros encantamiento cuando se pasean por los bosques o los caminos cercanos a ellos. La vara suele estar coronada de una luz brillante o una estrella y también algunos dicen que por una botella que contiene una medicina que cura cualquier enfermedad.

Su lugar preferido de descanso es a la orilla de ríos, fuentes o manatiales, lugares que también prefieren para vivir, cerca de los cuales buscan cuevas, que adornan como si fueran palacios. El suelo es de oro y las paredes de plata y plantan flores silvestres a la entrada y las cuidan con esmero. Dentro de las cuevas guardan grandes tesoros que, en ocasiones, utilizan para poner a prueba a los humanos, a los que premian o castigan por su comportamiento. Para probarlos a veces, recorre los pueblos transformadas en ancianas, ya que  pueden tomar el aspecto de cualquier persona o animal, de árbol, flor o, incluso de cualquier objeto inanimado. Cuando encuentra personas caritativas, les otorga riquezas; pero si encuentra personas egoístas, las castiga con picores espantosos.

No obstante, su carácter es bondadoso e inclinado al bien, por lo que suelen ayudar, sin que lo pidan, a las personas necesitadas o con problemas, ya sean enamorados, los que se pierden en el bosque, a los pobres y a los que sufren por cualquier otro motivo.

También socorren a los animales heridos, replantan los árboles arrancados por las tormentas o los ojáncanos, sus eternos enemigos, a los que se enfrentan, sobre todo si hay en juego la vida o la felicidad de un humano.

En algunos casos, ha habido noticias de anjanas malvadas, pero su poder es inferior y queda neutralizado por sus compañeras buenas.

Personajes parecidos a la anjana los encontramos en la mitología asturiana (xana), en la gallega (lamia y moura), en la mitología vasca (Mari o Maddi)…

En Cantabria se pide su auxilio con estos versos:

Anjana de la compasión
alíviame el corazón
dame un pocu de consuelu
del que diz bajas del cielu
dame un pocu de alegría
en las horas de esti dia
dame un pocu de la miel
y haz de la pena estiel
Anjana de la güena suerti
las mis penas son de muerti
dame tú la bendición
y alíviame el corazón.

Ilustración: Nadia Strelkina

Mitología cántabra

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